lunes, 31 de diciembre de 2007

Santa María, Madre de Dios (A)

1-1-2008 SANTA MARIA, MADRE DE DIOS (A)
LA EDUCACION CRISTIANA (II)
Núm. 6, 22-27; Slm. 66; Gal. 4, 4-7; Lc. 2, 16-21
Queridos hermanos:
Seguimos con el mismo tema del domingo pasado, es decir, con los valores que deben de estar presentes en la educación que ha de existir en las familias. El primer valor al que aludí fue el del amor y el cariño. Continuamos…
* Libertad y responsabilidad. Educar en libertad no puede separarse nunca de educar en responsabilidad. Libre no es aquel que siempre puede hacer lo que quiere, sino aquel que, sopesando las circunstancias y lo que desea alcanzar, opta por emprender un determinado camino, y procura ser fiel y constante con la decisión adoptada. Vivir en libertad y educar en libertad es difícil, pues implica -por ejemplo, por parte del hijo- una capacidad de escucha a lo que se le diga; también implica un decir, por parte de los padres, y permitir que los hijos se equivoquen. Uno de los frutos inmediatos de vivir en libertad es la adquisición de la responsabilidad, lo cual supone crecer como personas y asumir las consecuencias de los propios actos. Por tanto, a mí entender es una pésima educación “tapar los agujeros” que hacen los hijos, sin enseñarles a ver la gravedad de sus actos y las consecuencias de los mismos. Voy a poner un ejemplo de esto último. El ejemplo es parcial, pero puede ser ilustrativo de lo que trato de decir: un hijo, que tiene un trabajo más o menos estable y un sueldo suficiente, decide independizarse y vivir aparte de sus padres. Se va a vivir sólo o con su pareja. Entiendo que este hijo no debería venir por casa de sus padres de modo sistemático para comer, o llevar la compra que le hace y le paga su madre, o para dejar la ropa sucia y llevársela limpia y planchada… Cuando uno toma una decisión libremente, ha de asumir las consecuencias y responsabilidades propias de su decisión, y de este modo podrá crecer como persona.
* Otro de los valores en que se ha de educar en la familia es en la laboriosidad. En la familia cada uno tiene sus propias tareas, adecuadas a la edad y a las circunstancias propias de cada miembro. No podemos educar ni permitir que haya vagos en nuestras familias. No podemos permitir que las tareas recaigan sobre una sola persona y los demás se dejen “servir”. En la casa cada uno ha de recoger sus propias cosas (zapatillas, libros, papeles, ropas…); cada uno ha de hacer su propia cama y habitación; cada uno ha de recoger sus propios platos, tazas y vasos una vez que ha terminado y posarlos en el fregadero y lavarlos; cada uno ha de hacer su propia tarea de estudiar, de atender el hogar, de llevar la administración económica…
* Hay que educar en la honestidad. Ser honrado con los de casa, pero también con los de fuera sin buscar el provecho personal por encima de cualquiera y a cualquier precio. Recuerdo que, cuando mi hermano tenía unos 11 años, cogió dos o tres cosas de un quiosco. En cuanto mi padre lo supo, le cogió de la mano con aquellas cosas y le acompañó hasta el quiosco para que las devolviera. Creo que nunca más se le ocurrió coger nada que no fuera suyo, que no se lo dieran, o que no lo comprara.
* Otro valor es la servicialidad. Esto significa estar pendiente de los demás y de sus necesidades. Aprende uno esto cuando ve a sus padres que se vuelcan con los demás para ayudarles a atender a los niños, para acompañarlos al hospital, para hacerles la compra o la comida. En este sentido –perdonad que os cuente cosas que yo he vivido en mi casa- he visto cómo mi padre, después de venir reventado de trabajar, se iba a ayudar a construir una casa a un vecino (mi padre era albañil); he visto cómo mi madre, al ir al economato de la ENSIDESA, aprovechaba las ofertas y traía dichas ofertas para sí y para una vecina, y venía “cargada como una burra”. Por cierto, en el tiempo de Navidad una vez vio una oferta de cava, a 13 pts. la botella, y trajo para nosotros y para la vecina. Luego se extrañó del enorme coste al ir a pagar y revisando en casa el tique cayó en la cuenta que la oferta del cava no era de 13 pts., sino de 130 pts. Quiso mi madre ir a devolver las botellas: las que había comprado para nosotros y las que había comprado para la vecina, pero el marido de la vecina no la dejó. Dijo que nosotros también podíamos beber como los demás de ese cava.
* Evitar la murmuración es otro valor que se ha de cultivar en la familia. Como dice un refrán indio, para comprender a una persona hay que andar con sus propias zapatillas, es decir, hay que estar en las mismas circunstancias que esa persona. Quizás, si nosotros pasáramos por lo mismo, lo haríamos igual o peor que esa persona. Es muy importante aprender a disculpar y a no “cebarnos” sobre los errores ni las desgracias de los demás.
* En toda relación humana, y la familia lo es, existen siempre situaciones de fricción y de disputas. Si no perdonamos, es fácil que los problemas se enquisten y el resentimiento se adueñe de todos. Por ello, el perdón es un valor que hemos de practicar y que ha de ser enseñado en la familia. Conozco una persona que procura no herir en su casa, pero, cuando lo hace, pide humildemente perdón a todos, incluso a sus hijos más pequeños.
* La familia ha de enseñar también a utilizar buenas palabras. No quiero decir simplemente con esto que se han de evitar las blasfemias y los tacos, sino incluso las voces y los gritos, las palabras hirientes o despectivas. Esta semana pasada en el tribunal eclesiástico decía una chica cómo su marido la hacía de menos y se mofaba de ella constantemente delante de los amigos e invitados y, por supuesto, delante de los hijos. Así los hijos, de corta edad, han perdido el respeto a su madre. Lo que no sabe el padre es que también se lo perderán a él…, en cuanto crezcan y le dejen de tener miedo. Con buenas palabras quiero decir el respeto y la amabilidad que ha de presidir la relación familiar. Recuerdo que un amigo mío decía que en su casa le enseñaron enseguida tres palabras: ‘gracias’, ‘perdón’ y ‘por favor’.
(Tengo que ir ya más rápido, pues se está esto alargando demasiado).
* De igual modo en la familia se ha de educar a vivir en la austeridad. Pienso que no es nada bueno poseer tantas cosas como tenemos, ni para mayores ni para pequeños. Ya nos decía Jesús que “no sólo de pan vive el hombre…” Con esto se refería Jesús a las cosas materiales. Recuerdo que una vez habló conmigo un chico de unos 35 años con novia, con empleo fijo, con 1.800 € de ingresos mensuales, con un buen coche, con una moto de gran cilindrada, con un piso a su nombre, con vacaciones a sus espaldas en sitios paradisíacos…, pero no era feliz. Algo le faltaba.
* Una familia ha de educar en el compartir y no aferrarse a lo de aquí. Sin ello vinimos a este mundo y sin ello nos marcharemos. Pienso ahora en las peleas familiares por herencias. No merece la pena. ¿No recordáis aquellas palabras de Jesús?: “Uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.’ El le respondió: ‘¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’ Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’” (Lc. 12, 13ss).
* Una familia ha de educar en los grandes valores de la fe en Dios y en su Santa Iglesia. Como me decía una madre un día: ‘será lo más grande que puedo dar a mis hijos y les valdrá para siempre y en todas las circunstancias de la vida.’ Todos los demás valores de los que he hablado antes son preparatorios para este valor, el valor de la fe y del amor a Dios y a su Iglesia.
Esto es lo que pedimos al Señor, por intercesión de la Sagrada Familia. ¡Que así sea!

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Felicitar a D. Andrés por la claridad de su exposición sobre los valores que deben cultivarse en la familia, para la formación integral de los hijos.
La vida familiar la entiendo como una escuela de formación continuada, a lo largo de todo el tiempo que los hijos permanecen en casa, y también como una maravillosa oportunidad para los padres, de adentrarse en el mundo de sus hijos, de recibir también de ellos aportaciones muy válidas sobre la vida, que enriquecen el núcleo familiar. Muchas veces los hijos, nos sorprenden con hechos, o conductas que tambien son pautas de observación para los padres, en el mejor de los sentidos. Aunque los padres tenemos la obligación de formar, todos podemos crecer con las experiencias de unos y otros, pero sin el ingrediente básico del AMOR, no se puede avanzar en ninguna dirección.

Al día de hoy, sí me replantearía algunos aspectos de la formación de mis hijos, no obstante, he de agradecer a la Providencia, que haya suplido con creces mis carencias. Vivimos en un mundo donde los hombres y las mujeres trabajan, con horarios dispares, esto hace que el reencuentro diario de la familia sea muy breve, con poco tiempo para el diálogo, con sobrecargas emocionales, cansancio, etc., aspectos que cortocircuitan las relaciones familiares y las deterioran, de ahí lo difícil que lo tienen los padres y los hijos, en la actualidad. Es árduo encontrar el sosiego para enseñar, hay mucha prisa en todos nuestros actos, y esa imágen es la que podemos a veces transmitir a los hijos, yo veo el problema de la " falta de tiempo ", como un gran obstáculo para el crecimiento armónico de la vida familiar.

El tema de las " herencias ", siempre me llama la atención, conozco algunos casos dónde una herencia mal repartida o mal administrada, no solo logró separar a familias para siempre, ( con sentimientos de : odios, renconres, envidias ) sinó que además hizo desgraciados a un buen número de ellos ( marginados, empobrecidos, olvidados ), y al final, si uno se detiene para ver los efectos devastadores de estas historias, el móvil " el dinero o los bienes ", no han servido para nada o a lo sumo, para poco, siempre hay alguién que se encarga de derrocharlo o malvenderlo. Personalmente creo que una buena manera de evitar dolor, es hablar con tranquilidad en vida de este asunto con los posibles beneficiarios y llegar a acuerdos, que permitan, que lo mucho o lo poco llegue con justa medida a todos sus destinatarios, esa será la mejor de las herencias, la paz y el recuerdo agradecido.
Muchas gracias D. Andrés por todo lo que puedo aprender, y descubrir en sus homilías. Le felicito por la excelente familia en la que creció, salta a la vista el buen ejemplo familiar.
Feliz semana para los hermanos del blog.

José Manuel dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Gracias por estos sermones siempre diferentes y llenos de anécdotas aplicadas al evangelio del día. Los ejemplos de la vida de los demás, dan más énfasis a las predicaciones.

Es momento de que los padres prediquen con el ejemplo, está muy bien hablarles a los hijos pero no hay que olvidar que lo que al final queda siempre son los hechos. De nada sirve educar en valores, si después nuestros hijos nos ven a hacer lo contario.

De acuerdo que hay que recordar la teoría, pero brille siempre más el ejemplo, de lo contrario los cansaremos y no nos harán caso.

Cuantas veces nosotros no hicimos caso a sus consejos, pero lo que importa es que recordamos sus hechos y cuando un día falten, llevaremos a la práctica aquellos recuerdos que no se borrarán jamás de nuestra memoria y permanecerán como una roca en nuestro corazón, aunque nos desborde el alzheimer.

Felices Pascuas y próspero Año Nuevo a todos y en todos los aspectos.

¡Benditos sean Dios y Jesucristo!

Anónimo dijo...

Santo año 2008.Sólo deseo darle las gracias a D. Andrés un día más por sus palabras y sus vivencias.Desde luego se nota cuando en una familia se vive teniendo presente todo que nos ha espuesto;algo que no resulta nada fácil,para ello es necesario tener mucho amor, AMOR con mayúsculas;ese al que hace referencia Jesús en el evangelio:el que pierde su vida la encontrará.Si te olvidas de ti misma para pensar en los que tienes cerca, es más fácil que esto se pueda dar;y encontrarás esa vida, cuando puedas ver que con la gracia de Dios, has formado una familia CRISTIANA.Bendito sea DiosA

samalea dijo...

¡Felices Pascuas y próspero año nuevo!
Estas fiestas de una manera muy especial mi deseo es que el AMOR, que se hace presente en un NIÑO, pueda nacer de un modo nuevo en mi corazón y me ayude a caminar con esperanza a la LUZ de la VERDAD.
Por eso me ayudan estas reflexiones sobre la familia y me llevan a bendecir y dar gracias a Dios por mi propia familia. Se hacen muy presentes en estas fechas los miembros que ya están gozando en la presencia del Señor.
Y se suceden en mis pensamientos tantos momentos vividos y compartidos en familia. Todo el trabajo y el amor puesto por mis padres para poder darnos una educación y unos estudios que ellos no habían tenido la posibilidad de realizar. Pero sobre todo su ejemplo de vida donde les he visto compartir, ayudar, olvidar, perdonar, servir a los demás, enseñarnos a ser sobre todo personas honradas y trabajadoras, y, por encima de todo, dejarnos como herencia la FE.
A veces oigo comentar que por el trabajo tienen poco tiempo para dedicarlo a sus hijos. Mi padre trabajó duro y muchas horas para poder educarnos y para ayudar a hermanos y padres. Y yo no note que fuera poco el tiempo que me dedicaba porque sabia que siempre contaba con el y que tenia tiempo para atender a todo el que lo necesitara. Recuerdo compartir lo que teníamos para todos o para el que mas lo necesitara en aquel momento, y lo comprendíamos porque ellos eran los últimos en cubrir sus necesidades. Sé que no tendré un capital en el banco como herencia, pero no renunciaría a ningún momento vivido con mis padres y hermanos.
La paz

Pepitina dijo...

¡¡Cuán importantes son los valores sobre los que reflexionas!
Esta mañana cuando mi hija Angela despertó, tiene 20 años, apareció por el office a desayunar muerta de risa, pues se había encontrado con una "gran nudo" en su sábana (lo hice antes de irme a misa temprano), y como el otro domingo habíamos leido juntos en la mesa la homilía, "le prestó" un montón.
Son cosas, detalles que hacen familia, ¡no hay duda!.
De esta semana me quedaría con el primer y el último valor que propones, creo que los otros-siendo muy importantes- se desprenden de estos dos. No obstante cada uno tiene su lugar...Es importante que para lograr esta educación en valores, seamos dos- padre y madre- y es la mayor dificultad en la mayoría de los casos, no des-decirse, ni tapar uno al otro la realidad que tenemos en nuestra propia familia, pues cuando se hace esto, no se puede ni corregir, ni enseñar, ni educar.
Lo mas importante es vivir aquello en lo que queremos educarles, eso desde luego es el primer paso, el fundamental. Eso creo y me lo demuestra lo que hasta ahora hemos inculcado a nuestros hijos, y que vemos que ellos reconocen.
un abrazo

Pepitina dijo...

Dices amiga Samalea que,
--no renunciaría a ningún momento vivido con mis padres y hermanos.--,es bonito; tampoco yo. El día del Concierto de Año Nuevo, recordaba yo con Dioni, mi marido, como mi madre ya mayor con 75 años, se sentaba ante la TV.- como un rito- con su bata larga de terciopelo verde (que yo guardo con gran cariño) y hacía que mi padre esa mañana escuchase y compartiese con ella sin dejarle leer el periódico.. lo que solía hacer él.Mi padre siendo alguien maravilloso, manso y humilde de corazón,- como pocos he conocido- no tenía la sensibilidad de ella y a pesar de su edad mi madre insistía en compartir con él, la belleza de la música...mi padre siempre cedía y..aprendía. De esta escena,¡¡cuántas lecciones saco yo en estos momentos para mi vida!! ¡¡Cuánto les agradezco los valores tanto cristianos como humanos que nos trasmistieron!!
¡¡FELICES REYES MAGOS!! Dios se nos manifiesta grande en Su humildad y pobreza.
Abrazos..