miércoles, 10 de enero de 2018

Domingo II del Tiempo Ordinario (B)



14-1-2018                              DOMINGO II TIEMPO ORDINARIO (B)
Homilía de audio
Queridos hermanos:
            Preguntas que el ser humano se hace o se debería hacer:
            ¿Cuál es la misión o el objetivo que tengo en esta vida?
¿Para qué quisiera vivir?
¿Para qué vivo?
¿Cuál es el futuro que deseo para mí?
El presente que vivo, ¿se parece al futuro que deseaba en mi juventud?
            - Existen varias maneras de vivir la vida: 1) Que las circunstancias y los hechos alrededor de uno se lleven sin ningún tipo de control ni de voluntad por parte del hombre. En esta forma de vida, uno decide sobre cosas accidentales (compra de ropa, ver la televisión…), pero en realidad las malas decisiones anteriores han conducido a estas personas a una especie de cárcel: pocos estudios y… sin posibilidad de promocionarse en el ámbito laboral, deudas… a consecuencias de gastos excesivos que tienen a la persona en un pozo sin posibilidad de salida, relaciones afectivas (de amistad o de matrimonio o de pareja) no satisfactorias y de las que es muy difícil salir por los hijos, por miedo, por falta de ingresos… En esta forma de vida, uno se limita a vegetar y todos los días son casi iguales. No existe ningún horizonte ni expectativa para los que viven así.
            2) Se tiene un control sobre la vida, pues se sabe lo que se quiere de ella y se trabaja y esfuerza para conseguirlo. Se quieren unos estudios determinados, un trabajo determinado, una familia o relación determinada, una serie de cosas materiales determinadas. Uno sabe lo que quiere, cuando lo quiere y cómo lo quiere. La única ‘pega’ a esta forma de vida es que uno vive muy ‘de tejas para abajo’. Sus ideales y sus horizontes son meramente materiales, en los que el egoísmo y la satisfacción del mismo es lo que prima. Importa uno mismo, y los demás… en tanto en cuanto acompañan, no estorban y, si hay que usarlos como pañuelos de papel, pues se hace. En este modo de vida hay un problema: si no se consigue lo que se desea y anhela, eso produce una gran frustración, sensación de fracaso, amargura, victimismo…
            3) Existe otra forma de vida en la que uno no se para solamente en las cosas materiales o en vivir ‘de tejas abajo’, sino que busca algo más de la vida. Busca otro sentido. Aquí puede entrar el altruismo en favor de los demás, una solidaridad humana… Pero aquí también entraría quien siente que la vida no es sólo esto que vemos y tocamos, sino que hay algo más: hay una realidad espiritual que colma todos nuestros anhelos y deseos más profundos, y que nuestra vida no se acaba aquí.
            - Pues bien, toda esta larga introducción de la homilía me ha sido revelada por la lectura del evangelio que acabamos de escuchar. 
            En efecto, el evangelio de hoy nos habla de dos discípulos de Juan el Bautista. Se trataba de Andrés y de Juan (el que escribió precisamente el evangelio de hoy). Ellos tenían su vida resuelta (materialmente hablando): eran pescadores (tenían un oficio y un modo de sustentarse a sí mismos y a sus familias), pero no les bastaba. Por eso dejaron sus barcas y sus familias, y siguieron a Juan Bautista, que les hablaba de Dios y del Mesías. Por eso, en cuanto les fue indicado que Jesús era el Mesías de Dios, dejaron a Juan el Bautista y se fueron en pos de Jesús. Es más, no contentos con esto, poco después se fueron a sus casas para contar su experiencia con Jesús a Pedro, hermano de Andrés. Pedro también estaba en esa situación de la vida en que tenía todo resuelto: tenía su oficio, su familia…, pero no le bastaba. Quería algo más de la vida. Y así, cuando Andrés le dijo que habían encontrado al Mesías, dejó todo y se fue con su hermano hasta Jesús. Hizo esto porque estaba en actitud de búsqueda. Si no llega a estar en esta actitud, estoy convencido de que Pedro se hubiera burlado de su hermano Andrés, y de que no hubiera ido con él hasta Jesús.
            - El domingo pasado por la mañana, cuando Michel (chico senegalés que quiere ser sacerdote y que ha estado estas Navidades conmigo en Tapia de Casariego) y yo hablábamos de las enormes diferencias que existen entre las gentes de su pueblo y las de Asturias, decíamos que aquí la gente joven no espera nada ni busca nada en el ámbito espiritual. No se mueven por la fe, y por otras cosas… tampoco mucho. Me decía Michel, por lo que ha observado, que, si los chicos y chicas de Asturias fueran a vivir una temporada a su pueblo, lo pasarían terriblemente mal, porque aquí todo les es dado y no tienen que esforzarse por alimentarse ni por vestirse ni por trabajar. Todo les es hecho y dado por sus padres o familiares. En su pueblo (me decía Michel), sin embargo, hay supervivencia pura. Me decía también Michel que, si él hubiera tenido las oportunidades de estudio y de formación que tienen aquí los jóvenes, él sería ahora un genio.
            Por todo esto, entiendo que mucha gente de la que nos rodea vive la vida al estilo del modo primero (las circunstancias de la vida les marcan lo que hay que hacer) o al estilo del segundo (luchar y esforzarse por cosas meramente materiales). Quien vive así es difícil que busque lo espiritual, que busque a Dios, que esté receptivo para las cosas de Dios. Por eso, para estas personas la ilusión que mostraron Juan, Andrés y Pedro y que nos narra el evangelio de hoy les resulta incomprensible. Para estas personas la prontitud de Samuel en responder a la llamada de Dios y levantarse de la cama a las 2 ó 3 de la madrugada, no una ni dos veces, sino hasta cuatro veces les resulta incomprensible. Asimismo, para estas personas la respuesta del salmo 39: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, igualmente les resulta incomprensible. Dirían estas gentes: ‘¿Por qué tengo yo que hacer la voluntad de Dios, si Él no hace la mía cuando le pido algo que yo considero que es razonable y bueno?’
            Termino con las preguntas con las que comencé la homilía:
            ¿Cuál es la misión o el objetivo que tengo en esta vida?
¿Para qué quisiera vivir?
¿Para qué vivo?
¿Cuál es el futuro que deseo para mí?
El presente que vivo, ¿se parece al futuro que deseaba en mi juventud?
Y añado otras preguntas: ¿Me reconozco como Juan, Andrés, Pedro y Samuel, que están en una actitud de búsqueda de lo espiritual y de Dios, o más bien con una actitud de vegetar y de buscar sólo lo material?