viernes, 29 de junio de 2007

Domingo XIII del Tiempo Ordinario (C)

1-7-2007 DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO (C)
1 Re. 19, 16b.19-21; Slm. 15; Gal. 5, 1. 13-18; Lc. 9, 51-62

Queridos hermanos:
¿Qué es la libertad? ¿Hacer lo que quiera en cualquier momento sin tener ninguna cortapisa de nada ni de nadie? ¿Cuándo es uno libre? ¿Es libre una persona que tiene que entrar a trabajar a las 8 de la mañana, que sale a las 2 de la tarde, que se reincorpora al trabajo a las 4 hasta las 8 ó 9 de la tarde? ¿Es libre una persona que tiene dos hijos y ha de atenderlos por la noche y por el día? ¿Es libre una persona casada y que ha de estar volcada hacia su marido o mujer? ¿Es libre una persona enferma y postrada en cama?
El tema de la libertad humana es un tema complicado, del que se han escrito ríos y ríos de tinta, y que no podemos agotar en el espacio de una homilía.
- ¿Cómo se ha de entender la libertad en cristiano? El Señor nos deja a los hombres y a los cristianos en libertad. Libertad para el bien. Libertad para el mal. Libertad para seguirle. Libertad para no seguirle. Y, cuanto más libres nos deja Dios, la realidad es que más nos sometemos a El (hablo de las personas maduras en la fe). Tenemos como ejemplo de esto último la actuación de Eliseo, tal y como se nos narra en la primera lectura:
El profeta Elías le echa el manto. Aparentemente es un acto sin mayor transcendencia, pero Eliseo capta que, mediante este acto, el Señor lo llama para sí. Veamos la respuesta de Eliseo: * Deja los bueyes y corre tras Elías, es decir, Eliseo responde a la llamada de modo inmediato. * Eliseo pide permiso al profeta para despedirse de sus padres, lo cual nos indica en él una persona sensible y cariñosa con sus padres. Eliseo quiere explicarles a dónde se va, con quién y por qué. * Pero su intención, al ir hasta sus padres, es regresar con Elías y seguirle (“luego vuelvo y te sigo”), porque, siguiéndole a él, seguirá a Dios, su Señor. * Elías y el Señor nos deja en libertad: “Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?”, le dice el profeta. Dios nos llama al sacerdocio, a la vida religiosa, al matrimonio, a la soltería, a la santidad, al apostolado…, y no nos impide hacer nuestra voluntad, aunque vaya en contra de la suya. ¿Quién da más libertad, quién respeta más… que Dios, nuestro Señor? * Ante tanta confianza y respeto, según nos dice la primera lectura, Eliseo cogió la yunta de bueyes (de la que vivía y que era su posesión) y la sacrifica, lo ofrece a Dios. También S. Antonio de Egipto se desprendió de todos sus bienes para dedicarse sólo a Dios[1]. Eliseo cogió la carne de los bueyes y dio de comer a la gente. El sacrificio y la renuncia en libertad de un cristiano no debe servir para que crezca nuestro ego y nuestra soberbia, sino y sobre todo para que sirva para los demás y para una mejor y mayor entrega a Dios. Después de haberse desprendido de sus tesoros, de haberlos donado a los demás y de hacer todo esto por Dios, es cuando Eliseo puede levantarse, ir tras el profeta y ponerse a su servicio. Y todo esto en libertad; libertad de un día, libertad de todos y cada uno de los días. Cada día Eliseo y nosotros, para vivir en libertad y en entrega a Dios, no nos agarraremos a lo que encontramos por el camino, daremos todo a los que nos rodean, nos volveremos a Dios y nos pondremos a su servicio.
- Sigamos profundizando en la libertad. Nos dice S. Pablo en la carta a los Gálatas: “Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor.”
De este texto se desprenden varios puntos: * Existe una libertad buena y una libertad mala. La libertad mala es aquella en la que la “carne”, lo material se aprovecha: libertad para gastar lo que uno quiere; libertad para vivir egoístamente; libertad vivir en la pereza y que los demás me hagan las cosas; libertad para exigir derechos y no hacer deberes; libertad para recibir, pero no para dar… La libertad buena es la que sólo Jesús nos otorga; es El quien nos ha liberado. Por tanto, la libertad auténtica es un don y un regalo de Dios. * Se habla en este texto a los Gálatas de la esclavitud, pero también aquí hay una esclavitud buena y una esclavitud mala. Cuando S. Pablo nos dice que no nos sometamos más al yugo de la esclavitud, se está refiriendo al yugo de la esclavitud mala, haciendo uso de la libertad mala: de hacer lo que quiero, cuando quiero y como quiero, incluso de espaldas a Dios y a los demás. Cuando un poco más adelante dice que S. Pablo que seamos esclavos unos de otros por amor, en este caso ya se está refiriendo a la libertad buena, es decir, aquella que me construye como persona, que me humaniza, que me “cristianiza”, que me diviniza, porque pierdo de mí y de lo mío para ser de Dios y de los demás, y todo esto por amor a Dios y a los demás. La libertad mala y la esclavitud mala tienen como origen y meta el egoísmo puro y duro. La libertad buena y la esclavitud buena tienen como origen y meta el amor, el amor que procede de Dios y que tiende a Dios. S. Agustín entendió perfectamente esto y, por eso, dijo aquella frase suya tan famosa: “Ama, y haz lo que quieras”, porque, uno que ama y que ama de verdad y según Dios, sólo puede hacer el bien y nunca el mal.
- ¿Cuáles son los frutos de la libertad buena y de la esclavitud buena? Nos habla de ello el salmo 15 que acabamos de proclamar: * Hay frutos de alabanza hacia Dios y de confianza en El: “Yo digo al Señor: ‘Tú eres mi bien.’ El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente.” * Hay frutos de gozo, de serenidad, de paz (paz con Dios, paz con los demás, paz con la creación entera, paz con uno mismo) y de sanación: “Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena […] Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.”
[1] Recuerdo ahora la historia de Hernán Cortés que, al llegar a Méjico para su conquista, quemó todos sus barcos a fin de que nadie sintiera la tentación de volver atrás. ¡Cuántas veces hemos de quemar nuestras posesiones, tesoros, seguridades… para no sentir la tentación de volver a lo nuestro, a lo seguro!

miércoles, 27 de junio de 2007

Observaciones sobre "Educación para la Ciudadanía"

ASIGNATURA DE EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

A.- Aportación personal
Ante las preguntas de padres, profesores y cristianos sobre la nueva asignatura (Educación para la Ciudadanía) que el Gobierno español quiere que se imparta en los centros de enseñanza para este curso 2007-2008, y no queriendo hablar simplemente de oídas, he pedido a un amigo el texto o contenido de esta materia para poder leer atentamente y comentar mi impresión, que, ya he de subrayar, no es la de un experto en materias de pedagogía, de magisterio, de filosofía, de ética y/o otras materias afines.
Me han entregado el libro que escribió D. José Antonio Marina para la ESO (Proyecto Secundaria) en la editorial SM, y titulado “Educación para la Ciudadanía”. Voy a comentar algunos puntos, que, desde mi punto de vista, conviene resaltar. Los destinatarios de estos apuntes son padres cristianos, profesores y cristianos en general preocupados con este tema.
A.1.- El índice de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, en el libro arriba reseñado, es el siguiente:
Tema 1.- ¿Qué es la ciudadanía?
- La necesidad de vivir en sociedad.
- Ciudadanos de un Estado y ciudadanos del mundo.
- Una sociedad justa y feliz.
- Un gran proyecto humano.
- Educación emocional: La convivencia y los sentimientos.
- Razonamiento práctico. Pensar juntos: el debate.
- A fondo… El botellón.
Tema 2.- La resolución inteligente de conflictos.
- La inteligencia, los problemas y los conflictos.
- Grandes problemas y conflictos actuales.
- Las soluciones justas.
- Instituciones que ayudan a buscar la justicia.
- Educación emocional: Los sentimientos y los conflictos.
- Razonamiento práctico. Crear normas para resolver conflictos.
- A fondo… La violencia en la escuela.
Tema 3.- La lucha por la felicidad.
- La lucha contra la esclavitud.
- La lucha por la democracia.
- La lucha por la igualdad de la mujer.
- Los derechos humanos protegen los valores.
- Educación emocional: sentimientos convenientes.
- Razonamiento práctico. Ejercer el pensamiento crítico.
- A fondo… Un derecho muy especial: el derecho a la educación.
Tema 4.- La dignidad y los derechos humanos.
- La dignidad humana.
- ¿Cuáles son los derechos humanos fundamentales?
- Los deberes.
- ¿Podemos vivir sin normas?
- Educación emocional: el respeto y la autoridad.
- Razonamiento práctico. Desmontar prejuicios.
- A fondo… La violencia de género.
Tema 5.- ¿Cómo debe de ser el buen ciudadano?
- El buen ciudadano y la convivencia cívica.
- Ser responsable.
- Ser justo.
- Ser solidario.
- Educación emocional: ¿Cómo puedo hacer lo que no tengo ganas de hacer?
- Razonamiento práctico. Tomar decisiones.
- A fondo… Consumo responsable.
Tema 6.- ¿Quién soy yo?
- La psicología en el proyecto de una sociedad justa.
- La propia identidad.
- La afirmación de uno mismo.
- El mejor proyecto.
- Educación emocional: El miedo y la valentía.
- Razonamiento práctico. Analizar la publicidad: Crítica de los “modelos” de éxito.
- A fondo… Las drogas frente a la libertad.
Tema 7.- La convivencia con los cercanos.
- La amistad.
- La sexualidad.
- La familia (1).
- La familia (2).
- Padres, hijos, hermanos.
- Educación emocional: Los sentimientos en la convivencia íntima.
- Razonamiento práctico. Analizar los problemas de la comunicación.
- A fondo… Los jóvenes y la familia.
Tema 8.- La convivencia con los demás ciudadanos.
- La convivencia en la localidad.
- El trabajo.
- La emigración y la interculturalidad.
- La marginación.
- Educación emocional: Los sentimientos contrarios a la convivencia.
- Razonamiento práctico. Realizar una exposición oral para resolver un conflicto.
- A fondo… La globalización.
Tema 9.- La democracia.
- Los principios básicos de la democracia.
- Los poderes políticos.
- La Constitución española.
- El Estado de las Autonomías.
- El ciudadano.
- Educación emocional: Sentimientos creadores.
- Razonamiento práctico. Analizar y contrastar noticias.
- A fondo… ¿Quién manda en el mundo?

A.2.- Los comentarios que se me ocurren (sin ánimo de ser exhaustivo), a tenor del texto citado, son los siguientes:
- Aparentemente estamos ante un texto que trata de mantenerse neutral ante otras corrientes ideológicas, filosofías y doctrinas religiosas. Se reconocen las aportaciones del cristianismo en algún momento (cfr. Tema 1. ‘Ciudadanos de un Estado y ciudadanos del mundo’, p. 15[1]) y procura no resaltar o aludir a los aspectos más controvertidos de las religiones.
- A la hora de examinar el contenido de Educación para la Ciudadanía hay que mirar lo que se dice, pero también lo que no se dice o se omite, y que muchas veces es tan importante como lo primero. Además, se hacen afirmaciones fundamentales, que no se justifican ni razonan y se han de aceptar “porque sí”. Esto puede llevar a un voluntarismo (hay que hacer las cosas porque sí, porque está mandado, porque está acordado…), a un relativismo (no existe una verdad objetiva, sino que nada puede darse por verdad absoluta, o la verdad puede cambiar), a un exclusivismo (que rechaza a todos aquellos que no se adecuan a los planteamientos o normas aquí planteados). Al final y por este exclusivismo, se puede caer en un totalitarismo en nombre de la libertad, de la Ética universal y de los Derechos Humanos.
- Se trata de un texto muy farragoso y denso. Digo esto pensando para los chicos a los que va dirigido. Es mi impresión, aunque también es verdad que yo no tengo demasiada experiencia escolar con chicos de estas edades.
- Algunas de las afirmaciones que se hacen en el libro no pueden ser compartidas por la fe cristiana. Aparentemente sus afirmaciones pueden parecer inocuas, pero en realidad están en contra de palabras de Jesús en los evangelios. Por ejemplo, en el Tema 1, ‘Una sociedad justa y feliz, se dice que la felicidad personal prácticamente sólo puede conseguirse en un ambiente que no lo impida y a ser posible en una sociedad feliz. “Quienes viven en un país muy pobre, o muy inseguro, van a tener más dificultades para ser felices” (p. 16). De esta manera, los que viven en África, gran parte de Asia, Hispanoamérica, Europa del Este, y en las bolsas de pobreza del mundo occidental no puede lograr esa felicidad personal o les será muy dificultoso. Se insiste en la misma idea un poco más adelante (p. 18). Según esta afirmación, la felicidad depende en gran manera de las cosas externas y materiales, y Jesús nos ha dicho que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4, 4).
En otro lugar de este mismo punto y tema se define la felicidad personal como “un estado de satisfacción personal y de plenitud en el que podemos desarrollar nuestro proyecto de vida” (p. 17). En esta definición se alude únicamente a los sentimientos y logros subjetivos e individuales, sin mencionar a las demás personas que nos rodean, sin mencionar que nuestra felicidad está en sintonía con la felicidad de las demás personas, sin mencionar algo objetivo y una verdad a la que tienda nuestro proyecto y nuestra felicidad. La felicidad aparece como muy frágil, pues puede romperse esa “satisfacción” en cualquier momento o quedar frustrada por no alcanzar el proyecto individual. Además, parece que la felicidad que aquí se proclama es la de los vencedores.
- En algunos momentos los contenidos parecen sacados de un tratado de psicología y se dan pautas psicológicas de comportamiento y de acción para uno mismo y para los demás (Tema 1. ‘Educación emocional: La convivencia y los sentimientos’, pp. 20-21).
- En el Tema 1.’ Razonamiento práctico. Pensar juntos: el debate’, p. 22, se propone realizar un debate enfrentando argumentos, justificándolos y eligiendo “el que parezca más verdadero”. También se dice que en el debate es necesario llegar a conclusiones y votar los acuerdos. En principio no se ha de objetar nada a esta formulación, pero profundizando un poco nos damos cuenta que se trata simplemente de exponer razonamientos e ideas, y finalmente elegir, no la verdad, sino lo que nos parezca que es la verdad. Y a veces a esa verdad se llega por votación. La verdad es lo que diga la mayoría, que hoy puede ser una y mañana otra, con lo que caeríamos en el relativismo.
- En esta misma línea se encuentra una afirmación presente en el tema siguiente, ‘Tema 2. La resolución inteligente de conflictos’, concretamente en el apartado titulado ‘La inteligencia, los problemas y los conflictos’. En efecto, en la página 31 se dice: “Una solución es justa cuando atiende las razones de todos, las valora imparcialmente y permite resolver un conflicto, respetando las normas básicas necesarias para convivir.” Pero en ningún momento se hace alusión a la verdad. La justicia no es simplemente lo que convence a todos y respeta a todos, donde todos pierden un poco y ganan un poco. Si la justicia no se asienta en la verdad, su fundamento es endeble.
- En el Tema 2, concretamente en el apartado titulado ‘las soluciones justas’ (p. 35), se dice que las grandes soluciones para resolver los conflictos en la humanidad son la Moral; cada cultura, cada sociedad y cada religión tiene su propia Moral, lo cual ha ocasionado problemas. Por eso, es mejor –dice el texto- llegar a una Ética válida para todos. Ésta se formaría de coger un poco de un lado y otro poco de otro; de ganar todos un poco y perder todos un poco. Sería una Ética aceptada y consensuada por todos o por una mayoría, independientemente de que esté basada en la verdad o en lo justo, objetivamente hablando; con tal que esta Ética sea aceptada por todos o por la mayoría es suficiente. Luego aparece el Derecho, es decir, las normas y leyes que promulga un Estado. “La Ética y el Derecho son las mejores soluciones para resolver los conflictos humanos.” Con esta afirmación se endiosan la normativa estatal y las normas éticas aprobadas por la mayoría. Todo es fruto de pactos y acuerdos, que pueden ser cambiados más adelante. El modelo y medida es lo que apruebe la mayoría, y no la referencia a una verdad objetiva.
- En este mismo Tema 2, en el apartado de ‘los sentimientos y los conflictos’, se dice que los buenos sentimientos de las personas para resolver o evitar los conflictos son la empatía, la compasión y la tolerancia (p. 39), pero en ningún momento se hace referencia al amor. De esta manera se oculta u obvia una de las mayores motivaciones del ser humano en su relación con los demás: el amor. Por eso, vemos que la Ética aquí propuesta se queda muy corta frente a lo que propone el Evangelio: el amor universal entre los hombres. Amor que va más allá de la mera justicia, o de la mera empatía, o de la mera compasión, o de la mera tolerancia[2].
- En el Tema 3, ‘La lucha por la felicidad’, concretamente en el apartado titulado ‘Los derechos humanos protegen los valores’ (p. 55) se dice que los valores éticos más importantes son los bienes materiales y educativos, la libertad, la igualdad, la seguridad y la paz. En ningún momento se hace referencia a la verdad, como algo objetivo y válido a través de los tiempos y de las personas (p. 68).
- En este mismo tema 3, en el apartado ‘sentimientos convenientes’ (p. 57), se habla del optimismo y de pesimismo, pero se deja de lado el realismo de la persona y de sus circunstancias, y la aceptación de las mismas. Estos dos sentimientos (ser realista y aceptarse) son muy importantes en la lucha por la felicidad, tal y como titula el tema 3.
- Para terminar las observaciones a este tema 3, en el apartado ‘A fondo… Un derecho muy especial: el derecho a la educación’ (p. 61), se dice que “el Estado, en representación de los ciudadanos (en este caso de los padres) protege los derechos de los niños” y tiene el deber de asegurar que todos reciban una educación. Lo que puede esconderse detrás de esta afirmación, como la experiencia nos dice, es que es el Estado quien marca cómo debe de ser esa educación para los niños, incluso a veces en contra de la opinión de los propios padres. El Estado es subsidiario de los padres, pero, al final y en esta asignatura, se convierte en el ente que marca contenidos, criterios y directrices suplantando a los mismos padres.
- En el Tema 4, se reseñan unos derechos humanos fundamentales (p. 69), luego se habla de los deberes, pero la fundamentación de estos es francamente pobre: “los deberes éticos, que son los que contribuyen a la realización del proyecto ético común. El gran proyecto humano consiste en construir un mundo feliz y justo. Los deberes éticos, por tanto, derivan de un proyecto (el cual puede cambiar). Y tenemos que cumplirlos todos si queremos que el proyecto, la ‘casa común’, se realice (mero voluntarismo).”
El resto de observaciones a realizar irían en el mismo sentido de lo apuntado hasta aquí. Mi impresión personal es que nos encontramos ante una formulación ética que propugna el relativismo, el voluntarismo, obviando temas tan importantes como la verdad objetiva.

A continuación adjunto un documento que puede aclarar más las cosas, incluso más que mi aportación. Se trata de la declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española.

ADJUNTO
B.- Nueva declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española sobre la Ley Orgánica de Educación (LOE) y sus desarrollos: Profesores de religión y "Educación para la Ciudadanía". Madrid, 20 de junio de 2007
II. “Educación para la ciudadanía”
11. La LOE ha introducido en el sistema educativo español una nueva asignatura obligatoria, conocida como “Educación para la ciudadanía”, cuyo objetivo, tal como resulta articulada en los Reales Decretos, es la formación de la conciencia moral de los alumnos. La publicación de las correspondientes disposiciones de las Comunidades autónomas y de algunos manuales de la materia ha venido a confirmar que ése es el objetivo de la nueva asignatura. En nuestra Declaración del 28 de febrero expusimos los motivos por los que tal disposición implica una lesión grave del derecho originario e inalienable de los padres y de la escuela, en colaboración con ellos, a elegir la formación moral que deseen para sus hijos. Se trata de un derecho reconocido por la Constitución Española (art. 27, 3). El Estado no puede suplantar a la sociedad como educador de la conciencia moral, sino que su obligación es promover y garantizar el ejercicio del derecho a la educación por aquellos sujetos a quienes les corresponde tal función, en el marco de un ordenamiento democrático respetuoso de la libertad de conciencia y del pluralismo social. En cambio, con la introducción de la “Educación para la ciudadanía” de la LOE –tal como está planteada en los Reales Decretos– el Estado se arroga un papel de educador moral que no es propio de un Estado democrático de Derecho. Hablamos de esta “Educación para la ciudadanía”. Otra diferente, que no hubiera invadido el campo de la formación de la conciencia y se hubiera atenido, por ejemplo, a la explicación del ordenamiento constitucional y de las declaraciones universales de los derechos humanos, hubiera sido aceptable e incluso, tal vez, deseable.
12. Las disposiciones de la LOE y de sus desarrollos sobre “Educación para la ciudadanía” han causado una creciente y comprensible preocupación en los padres de alumnos. También han puesto en dificultades a los centros educativos. Por un lado, los centros católicos o inspirados en la doctrina católica se verían obligados por la Ley a introducir en su programación una asignatura que no resulta coherente con su ideario, puesto que –según el actual currículo– no es conforme con la Doctrina Social de la Iglesia, tanto por su carácter de formación estatal obligatoria de las conciencias como por sus contenidos. Por otro lado, los centros educativos del Estado, perdiendo su obligada neutralidad ideológica, impondrán a quienes han optado por la religión y moral católica otra formación moral no elegida por ellos, sin que éstos puedan gozar de la protección que el carácter propio otorga a quienes estudian en centros de iniciativa social católica. En los centros estatales estudian la mayor parte de los hijos de padres católicos. En cualquier caso, todos los alumnos, católicos o no, quedan afectados en sus derechos, ya que a ninguno se le puede imponer una formación moral no elegida por él o por sus padres: “ni una supuestamente mayoritaria, ni la católica, ni ninguna otra” (Declaración de 28 febrero).
13. En esta situación, se han planteado muchas dudas acerca del modo adecuado de responder a tal desafío. En nuestra Declaración de febrero hemos exhortado a todos a actuar de modo responsable y comprometido ante una asignatura inaceptable tanto en la forma como en el fondo. Los medios concretos de actuación de los que disponen los padres y los centros educativos son diversos. No hemos querido ni queremos mencionar ninguno en particular. Deseamos, en cambio, recordar que la gravedad de la situación no permite posturas pasivas ni acomodaticias. Se puede recurrir a todos los medios legítimos para defender la libertad de conciencia y de enseñanza, que es lo que está en juego. Los padres harán uso de unos medios y los centros, de otros. Ninguno de tales medios legítimos puede ser excluido justamente en ninguno de los centros en los que se plantea este nuevo desafío: ni en los centros estatales ni en los de iniciativa social.
Cuando está en cuestión un derecho tan fundamental, como el de la libertad de conciencia y de enseñanza, todos –y los católicos, en particular– debemos mostrarnos unidos en su defensa.
Confiamos de nuevo a María, Madre de la Iglesia, la tarea de todos los educadores, en particular de los padres y de las escuelas.
[1] “Los filósofos griegos y latinos, y también el cristianismo, fueron los primeros en defender la fraternidad entre todos los humanos.”
[2] A este respecto, resultan muy clarificadoras las palabras del Papa Benedicto XVI en su encíclica “Dios es amor”, en el número 28: “El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo. El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido —cualquier ser humano— necesita: una entrañable atención personal […] Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material. La afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive « sólo de pan » (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepción que humilla al hombre e ignora precisamente lo que es más específicamente humano.”

viernes, 22 de junio de 2007

Domingo de la Natividad de S. Juan Bautista (C)

24-6-2007 LA NATIVIDAD DE S. JUAN BAUTISTA (C)
Is. 49, 1-6; Slm. 138; Hch. 13, 22-26; Lc. 1, 57-66. 80
Queridos hermanos:
Os decía hace unos domingos que la fe de los cristianos es una fe teísta (es decir, en un Dios que nos crea y que está pendiente de nosotros cada segundo de nuestra vida) y no una fe deísta (o sea, en un Dios que nos crea, pero que no se preocupa más de nosotros, pues El está en su cielo, allá arriba, y nosotros estamos aquí abajo tratando de apañárnoslas por nosotros mismos). Pues bien, tenemos un buen ejemplo con la celebración de hoy y con las lecturas que la Iglesia nos propone para confirmarnos en nuestra fe teísta, de un Dios que se preocupa por nosotros y nos acompaña desde siempre y para siempre, y hasta en los más mínimos detalles.
Examinemos en las lecturas de hoy esa presencia cercana de Dios en S. Juan Bautista. De este modo, podremos descubrir también la presencia de Dios en nuestras vidas.
- Dice el salmo 138, un salmo precioso: “Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque […] conocías hasta el fondo de mi alma. No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.” Isabel, la madre de S. Juan Bautista era estéril; no podía tener hijos. Además, ya era mayor de edad y ya había tenido la menopausia. En estas circunstancias queda embarazada. Por eso, S. Juan puede orar con toda propiedad este salmo: “Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno.”
Asimismo S. Juan Bautista puede orar a Dios de este modo: “Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.” S. Juan se siente inmerso en Dios y en su amor, tanto al estar en las entrañas de su madre, como al nacer, como al ir creciendo, como cuando es adulto. Percibe en su oración y en su espíritu que el Señor le conoce y está con él en todo momento.
- Una vez que nace S. Juan Bautista el evangelio nos narra que Dios vela por el niño y éste vive para Dios: “Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.” S. Juan debió de sentir muy pronto la presencia y cercanía de Dios en su vida, y debió de sentir muy pronto la necesidad de vivir sólo para El. Por eso, S. Juan se fue al desierto. Este fue su universidad. Y allí sintió la llamada del Señor y vio clara la misión a la que estaba llamado.
Sí, Dios nos crea; Dios vela sobre nosotros; Dios nos educa…, pero Dios tiene un designio de salvación para nosotros y para otras personas que se encontrarán o que se han encontrado con nosotros a lo largo de la vida.
- Se dice en la primera lectura: “Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: ‘Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.’” S. Juan descubre en su oración que no vino a este mundo simplemente para dar una gran alegría a unos padres viejos y sin hijos. Su misión en esta vida va más allá de alegrar a sus padres. La misión que Dios le encomienda trasvasa las paredes de su casa familiar. S. Juan supo ya esto en el vientre de su madre, Isabel, cuando llegó la prima de ésta, María, y al encontrarse las dos mujeres embarazadas S. Juan saltó de alegría en el vientre materno, porque sintió la cercanía en otro vientre materno de su Dios y Señor: Jesucristo.
- El profeta Isaías especifica en la primera lectura en qué va a consistir la misión de S. Juan Bautista: “Ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: ’Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.’” Sí, S. Juan no ha nacido sólo para alegrar a sus pobres y ancianos padres. Tampoco ha nacido y venido a este mundo para ser un profeta más del pueblo de Israel. S. Juan Bautista ha nacido y tiene como misión anunciar al Salvador del mundo, de todos los hombres y no sólo de los israelitas. Y para preparar la venida de este Salvador nos dice el evangelio que medios usó: “Antes de que llegara (Jesús), Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión.”
- Me quedan dos rasgos por comentar de S. Juan Bautista a raíz de las lecturas que acabamos de escuchar. S. Juan fue un hombre fracasado. No logró casi nada. Casi nadie le hizo caso. No salió de un trozo de desierto y de al lado de un río: el Jordán. Se enemistó con los fariseos, con los sacerdotes, con la familia real, y sólo le siguieron como discípulos unos pocos. El sintió la tentación de la oscuridad, del fracaso, de haber errado. Pero un día descubrió que no era él quien trabajaba ni quien daba frutos, sino el Señor. Así, se dice en la primera lectura: “Mientras yo pensaba: ‘En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas’, en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.”
- El segundo rasgo que quiero comentar es la profunda humildad de S. Juan Bautista. Todos debemos ceder el puesto ante Jesucristo, el Hijo de Dios, y él así lo hizo: “Cuando estaba para acabar su vida, decía: ‘Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.’”
Yo debo examinarme en el espejo de S. Juan Bautista y descubrir que, lo mismo que él, yo he sido elegido a la vida, formado en el seno materno, velado y educado por Dios desde antes de mi nacimiento. Yo he venido a este mundo con una misión. Una misión que sobrepasa mis intereses, egoísmos o ilusiones. Tengo una misión que es más que mi propia familia o mis propios conocidos. Tengo una misión que, en realidad, no realizo yo, sino que la hace El en mí. Una misión para la que he de utilizar dos herramientas: la confianza absoluta en Dios y la total humildad ante Dios.
Al final, después de reconocer todo esto, no nos queda más remedio que, desde lo más profundo de nuestro corazón, exclamar las palabras de respuesta del salmo de hoy: “Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.”

viernes, 15 de junio de 2007

Domingo XI Tiempo Ordinario (C)

17-6-2007 DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO (C)
2 Sam. 12, 7-10.13; Slm. 31; Gal. 2, 16.19-21; Lc. 7, 36-8, 3
Queridos hermanos:
- La primera lectura y el evangelio de hoy nos hablan del mismo tema: del perdón de Dios y de su misericordia para con todos nosotros. Así, el profeta Natán le dice al rey David: “El Señor perdona tu pecado. No morirás.” Y Jesús en el evangelio narra la parábola de un prestamista que tenía dos deudores: uno le debía 500 denarios (al cambio de hoy pueden ser unos 24.000 €) y otro le debía 50 denarios (al cambio de hoy pueden ser unos 2.400 €; más o menos, no soy demasiado bueno en matemáticas). Jesús nos dice que el prestamista perdonó las dos deudas. ¡Imaginaros que llega a casa una carta del banco, en donde se dice que la deuda pendiente de la hipoteca queda cancelada! ¡Qué alegría y que noticia más estupenda sería para tanta gente! También Jesús perdona en el evangelio a la mujer pecadora, que le riega los pies con sus lágrimas. Las palabras de Jesús son éstas: “Tus pecados están perdonados […] Tu fe te ha salvado, vete en paz.”
Supongo que conocéis la historia del rey David, de Urías el hitita y de su mujer. La primera lectura de hoy nos cuenta el final de esta historia. Al narrar los hechos sucedidos, me voy a ir fijando en todos los pecados de David. Y voy a hacerlo así, porque, si no comprendemos la enormidad de los pecados de David (de nuestros pecados), podemos pensar que el perdón de Dios es una bagatela o una nadería: 1) David se queda en el palacio, mientras envía a los demás a la guerra. A pasar frío, calor, sed, hambre, sufrimientos, heridas, incertidumbres, muerte, lágrimas. El está bien, mientras los demás están mal (pecados de egoísmo, de asesinato, de robo, de desprecio hacia los demás…); 2) David disfruta de un palacio, de varias mujeres, de comida… Un día se levanta de la siesta y sale a dar un paseo por los torreones de su palacio. Observa a una mujer bañándose en una casa cercana. Sabe que es una mujer casada, pero pide que se la traigan. La mujer obedece, porque es el rey quien lo ordena. David comete adulterio y encima lo hace abusando de su poder, de su fuerza sobre una mujer que tiene a su marido luchando por aquel que va a abusar de ella (pecados de abuso, de adulterio, de violación, de pereza, de lujuria…); 3) cuando la mujer avisa a David que está encinta, él busca tapar su falta mandando avisar a Urías con el pretexto de que le informe cómo va la guerra. David emborracha a Urías, lo agasaja con regalos y le manda a dormir con su mujer para tapar su falta. Pero Urías no puede, en conciencia, acostarse con su mujer y dormir en cama blanda sabiendo que sus compañeros de armas están pasando penalidades (pecados de engaño, abuso de poder, doblez en la intención…); 4) al ver que no va lograrse lo que David quiere (tapar su falta, ya que, si se descubre ésta, quedará mal ante sus súbditos), entonces en una carta, que manda por el propio Urías, ordena su muerte (pecados de instigación al asesinato, de abuso de poder, de doblez de corazón, de desprecio de la vida humana, de soberbia y, por no perder su fama, está dispuesto a lo que sea…).
Así y todo, a pesar de todos estos pecados, David no es capaz de verlos en sí mismo. Y es cuando se le acerca el profeta Natán y le cuenta la siguiente historia: “‘Había dos hombres en una misma ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía una enorme cantidad de ovejas y de bueyes. El pobre no tenía nada, fuera de una sola oveja pequeña que había comprado. La iba criando, y ella crecía junto a él y a sus hijos: comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su regazo. ¡Era para él como una hija! Pero llegó un viajero a la casa del hombre rico, y este no quiso sacrificar un animal de su propio ganado para agasajar al huésped que había recibido. Tomó en cambio la oveja del hombre pobre, y se la preparó al que le había llegado de visita’. David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: ‘¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión’. Entonces Natán dijo a David: ‘¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. ¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas. Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita’”. David no fue capaz de ver su pecado, pero vio enseguida el pecado del que robó la oveja al otro y lo condenó inmediatamente sin posibilidad de apelación: “¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión.” Nosotros somos, en muchos casos como el rey David: Pecamos y no vemos nuestro propio pecado, pero sí que vemos enseguida el de los demás. Vemos la mota de polvo en el ojo ajeno, cuando en nosotros no vemos la viga.
Ante las acciones pecaminosas de David, Natán presenta las acciones de Dios para con David: le ungió como rey de Israel, le libró de sus enemigos, le entregó miles de posesiones y le va a dar aún más. David ha pagado los dones de Dios con pecado y con el desprecio de su Palabra. ¿Cuál será el castigo de David? La lectura nos narra que David vio sus pecados y los reconoció: “He pecado contra el Señor.” Y el Señor perdonó sus pecados; todos ellos. Dios nos pide no pecar, pero, si pecamos, Dios nos pide el reconocimiento de tales pecados, el abajarnos ante el Señor, el sentir el dolor de estos pecados como los siente el Señor. Nadie reconoce de verdad los pecados propios, tal y como Dios quiere, si no percibe en su interior el dolor de los pecados como a Dios le duelen. Y sentir esto es un don de Dios. Ya os conté una vez que un padre dominico, Julio Figar, lloraba cuando le confesaban los pecados, aunque fuesen simplemente haber dicho tacos, haber murmurado, haberse enfadado con la mujer o el marido… Julio sentía en su espíritu el dolor de Dios, porque su espíritu era uno con el Espíritu de Dios.
¿Cuáles son los frutos del perdón de Dios en el hombre pecador? Como hemos visto más arriba, el perdón de Dios nos salva, nos da la paz, impide nuestra muerte, porque el hombre en pecado es un hombre muerto interiormente.
- El otro día estuve en casa de unos amigos. Coincidió también en aquel momento un conocido suyo. Mis amigos procuraron que yo pudiera hablar y/o confesar con este conocido, que no es practicante y es creyente “a su manera”. El decía que no tenía nada que confesar, que no tenía pecados. Igualmente llegó a decirme que veía como muy injusto una cosa que mantiene la Iglesia y/o Dios: que una persona muy mala, muy mala se arrepintiese en la última hora de su vida y se salvase. Este hombre parte de una concepción pelagiana de la salvación, es decir, que ésta depende de nuestras acciones, buenas o malas. Esta concepción no la tiene simplemente esta persona, sino que está muy extendida, incluso entre los que llamamos cristianos practicantes. Y lo que nos dice la segunda lectura de hoy es que la salvación no depende de nuestras obras, sino de muerte y resurrección de Jesús. Varias veces lo dice S. Pablo: “el hombre no se justifica (salva) por cumplir la ley (las buenas obras)”. Si fuera esto así, entonces la salvación provendría de las obras que hacemos, provendría de nuestro buen comportamiento. Entonces sería yo quien me salvara y no sería Dios o Cristo quienes me salvaran y me llevaran al cielo. Como dice S. Pablo, “la muerte de Cristo sería inútil.” La salvación –nos dice esta segunda lectura- proviene de Jesús, que me amó hasta entregarse por mí; la salvación proviene de que Jesús vive en mí; la salvación proviene de que vivo para Dios; y la salvación proviene de la fe que tengo en Jesús, y que El y sólo El me ha dado.

viernes, 8 de junio de 2007

Corpus Christi (C)

ME COMENTAN ALGUNAS PERSONAS QUE DESEAN HACER COMENTARIOS, PERO QUE NO LES ES POSIBLE. NO SE LO PERMITE EL ORDENADOR O EL BLOG O INTERNET. EN ESTOS CASOS, OS PROPONGO QUE, SI OS PARECE, ME MANDEIS EL COMENTARIO A MI DIRECCION (andrespd1984@gmail.com) Y YO OS "SUBO" EL COMENTARIO AL BLOG.
10-6-2007 CORPUS CHRISTI (C)
Gn. 14, 18-20; Slm. 109; 1 Co. 11, 23-26; Lc. 9, 11b-17
- Celebramos hoy el día del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo. Esta festividad procede de la Edad Media. Su origen histórico es el siguiente: Berengario de Tours (+ 1088) negó la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Igualmente los herejes cátaros, albigen­ses y valdenses negaron esta verdad de fe. Como reacción la Iglesia, los fieles fomentaron mucho la devoción eucarística y, en esta época, abundan las noticias sobre milagros eucarísticos (por ejemplo, Bolzano es una villa italiano un tanto al norte de Roma. En la Edad Media venía en peregrinación un sacerdote alemán a Roma. Este sacerdote tenía serias dudas de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Un día celebrando la Misa en una iglesia de Bolzano, este sacerdote tenía entre sus manos el pan eucarístico y, dudando que allí estuvieran realmente Jesús resucitado, dicho pan eucarístico se convirtió en un trozo sangrante de corazón humano. La sangre manchó el ara o el corporal sobre el altar, y el sacerdote ya no tuvo jamás dudas. Aún hoy se venera en Bolzano ese ara o ese corporal manchado en sangre. También está el famoso caso de S. Antonio de Padua y el asno que adoró el Santísimo haciendo una genuflexión).
Pues bien, una religiosa belga (la beata Juliana de Canillon), a través de unas revela­ciones del Señor, luchó por difundir la devoción a la presencia real de Cristo en las especies consagradas. De este modo, el Papa Urbano IV, con la bula ‘Transiturus’ del 11-VIII-1264, manda que se celebre en toda la Iglesia la fiesta de los Santísimos Cuerpo y Sangre de Jesús en el jueves posterior a la Santísima Trinidad. Rápidamente se extendió la celebración de esta festividad. Así, en Cataluña se introdujo en 1314, en Inglaterra en 1325, en Roma en 1350. El Papa no había dicho nada de proce­siones después de la Misa, pero en seguida se introdujeron y, al principio, se hacían en copones o custodias cubiertos, pero pronto se pasó a las custodias actuales para que el pueblo pudie­se ver y adorar al Cristo Eucarístico.
- Después de esta breve introducción histórica y, si me lo permitís, hoy os voy a dar otra clase de derecho canónico sobre el sacramento de la Eucaristía:
En el canon 898 dice que los fieles hemos de tributar la máxima veneración a la santísima Eucaristía y reseña el canon tres modos de hacerlo:
1) tomando parte activa en la celebración de la Misa. Parte activa con cantos, oraciones vocales en alto, silencios, posturas de atención y adoración[1];
2) recibiendo la Sagrada Comunión frecuentemente y con mucha devoción;
3) dándole culto con suma adoración. Quedándose un poco después de la Misa para adorar al Cristo Eucaristía que llevamos en nuestro pecho. Llegando un poco antes a la Misa para serenar nuestro espíritu y nuestra mente de las tensiones de la calle y de la casa y poder así preparar nuestro ser para recibir a Cristo Eucaristía.
En el canon 910 se dice que los ministros ordinarios para dar la comunión son el obispo, el sacerdote y el diácono. Los ministros extraordinarios son aquellos fieles laicos designados establemente por el Obispo y aquellos que, en casos de necesidad, el sacerdote celebrante les dé este encargo para cada caso, por ejemplo, cuando hay bastante gente para comulgar y necesita que se le ayude a repartirla. Estos ministros extraordinarios han de ser fieles laicos de experiencia de Dios, de formación adecuada y de rectitud en su vida moral.
En el canon 912 se dice que pueden recibir la Sagrada Comunión los bautizados, pero con las debidas disposiciones espirituales y morales. No pueden recibirla las personas que no estén bautizadas, ya que el Bautismo es la “puerta de entrada” para los demás sacramentos.
En el canon 913 se dice que se puede dar la Comunión a los niños con las siguientes condiciones: que tengan suficiente conocimiento racional, que tengan una preparación cuidadosa, que entiendan el misterio de Cristo en la medida de su capacidad, y que puedan recibir el Cuerpo del Señor con fe y devoción. Antes de recibir la Comunión, deben de haber confesado sacramentalmente (canon 914). Reseño este último canon ante los abusos que se dan en ciertas parroquias, en donde no permiten que los niños se confiesen, porque a esa edad (dicen los párrocos o catequistas) no se tiene pecados y para no traumatizar a los niños. Todo lo más, se les dice a los niños que escriban las cosas malas que hacen en un papel y que echen los papeles en un fuego, para que dicho fuego haga desaparecer sus pecados. Por todo esto, no es demasiado extraño que haya jóvenes, que se acercan a casarse con 29 ó 34 años, y no se hayan confesado en su vida, ni siquiera para hacer la Primera Comunión.
No se puede admitir a la Comunión eucarística a los excomulgados (por ejemplo, por un aborto sin haber recibido antes la absolución del Obispo o de un sacerdote dotado de la potestad de quitar una excomunión) ni a los que perseveren en pecado grave (por ejemplo, por robo y no devolución de lo robado, por rencor hacia otras personas[2], etc.) (canon 915).
En el canon 916 se dice que, quien tenga conciencia de pecado grave, no debe de acercarse a comulgar sin haberse confesado antes (por favor, que no nos pase más de dos meses sin confesarnos). Sin embargo, hay una excepción a esta norma, ya que puede acercarse a comulgar el fiel, si hay un motivo grave (por ejemplo, el funeral o la boda o la Primera Comunión de un familiar muy cercano) y no haya posibilidades de confesarse en ese instante. Pero el fiel ha de hacer un acto de contrición perfecta y proponerse confesarse sacramentalmente cuanto antes.
Quien recibió ya una vez la Eucaristía, puede de nuevo en el mismo día, una vez más recibirla. Si el fiel estuviera en peligro de muerte, después de haber comulgados dos veces en un mismo día, puede volver a comulgar ese día como viático (canon 917).
Antes de recibir la Comunión se ha de guardar una hora de ayuno. No rompe el ayuno eucarístico el agua o las medicinas. Los ancianos, enfermos y quienes los cuidan no están obligados a guardar la hora de ayuno (canon 919).
Se puede comulgar en la boca o en la mano. En este último caso, se ha de procurar tener las manos limpias y llevar la Sagrada Forma a la boca delante del sacerdote y nunca yendo de vuelta para el banco. El sacerdote deposita la Forma en la palma de la mano (nunca el fiel la coge de los dedos del sacerdote), y sólo entonces el fiel la recoge de su palma y se la lleva a la boca.
[1] Recuerdo que en cierta ocasión estaba celebrando una Misa para niños y les hacía preguntas en la homilía. De repente, uno niño de unos 7 años alzó la mano y, sin que viniera a cuento con lo que se estaba hablando en ese momento, dijo al micrófono: “Mi hermano mayor, de 10 años, no quiere venir a la Misa, porque dice que se aburre.” Todos quedamos cortados. Enseguida le pregunté: “¿Y tú no te aburres?” A lo que el niño respondió: “No, yo no me aburro, porque yo atiendo.”
[2] “Si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda” (Mt. 5, 23-24).

viernes, 1 de junio de 2007

Santísima Trinidad (C)

ME COMENTAN ALGUNAS PERSONAS QUE DESEAN HACER COMENTARIOS, PERO QUE NO LES ES POSIBLE. NO SE LO PERMITE EL ORDENADOR O EL BLOG O INTERNET. EN ESTOS CASOS, OS PROPONGO QUE, SI OS PARECE, ME MANDEIS EL COMENTARIO A MI DIRECCION (andrespd1984@gmail.com) Y YO OS "SUBO" EL COMENTARIO AL BLOG.
3-6-2007 SANTISIMA TRINIDAD (C)
Prov. 8, 22-31; Slm. 8; Rm. 5, 1-5; Jn. 16, 12-15
Queridos hermanos:
En el día de hoy se celebra el domingo de la Santísima Trinidad y también en este día se celebra el domingo “Pro Orantibus”, es decir, por todos aquellos dedicados a la vida contemplativa: los fieles que están en conventos de clausura o fuera de ellos, y que su misión preferente es la de orar; orar al Dios Uno y Trino, y orar por toda la Iglesia y por todo el mundo.
A primeros del mes de mayo acudí a un monasterio de clausura de la archidiócesis para hacer dirección espiritual con una religiosa. Esta me comentó que el día de la Santísima Trinidad era el día de la vida contemplativa y que lo mencionara en la homilía. A lo que yo le contesté que mejor preparaba ella ese día la “homilía” y yo la predicaría adaptándola en lo que estimare oportuno. Sin cambiar casi nada de lo que me ha remitido, aquí está el resultado:
Cuenta S. Jerónimo de sí mismo que, siendo ya sacerdote y llevando una vida de privaciones, había algo de lo que no podía desprenderse: su biblioteca. Preciosa y valiosa biblioteca. Dice S. Jerónimo que ayunaba de comer manjares exquisitos, pero no podía pasar un solo día sin leer a Cicerón y otros clásicos de la literatura pagana. Hasta tal punto que, si intentaba leer los profetas o los evangelios, le horrorizaba su lenguaje inculto y los despreciaba en su interior. “Al no ver la luz, pues tenía los ojos ciegos, no me acaba de convencer que era por culpa de mis ojos y no del sol”, decía S. Jerónimo. Sucedió que, en una Cuaresma, cayó gravemente enfermo. Ya le daban por muerto y comenzaron a prepararle el entierro. En esta situación, S. Jerónimo se vio llevado ante Dios y allí le preguntaron de qué condición era, a lo que él respondió que era cristiano, pero se le replicó que eso era falso, que en todo caso él era ‘ciceroniano”, pues donde estaba su tesoro, allí estaba su corazón. Jerónimo no tenía razones para alegar, y se quedó sin palabras. Aquello era verdad. Sentía que su conciencia le atormentaba por haber buscado la alabanza y la gloria humana, y haberse recreado en ella. Así que comenzó a gritar al Señor y a pedir misericordia. Se le concedió retornar a la vida humana con gran sorpresa de los que ya le tenían por muerto. Fue tal el vuelco que dio a su vida, que puso su corazón y, por tanto, su tesoro en la Sagrada Escritura y ha pasado a la historia de la Iglesia como un gran comentador de la Escritura. A él se debe la traducción al latín de la Biblia; es lo que se conoce como la Vulgata.
Donde está tu tesoro, allí está tu corazón. Hoy la Iglesia, nuestra Madre, en su liturgia nos abre su Tesoro. ¿Cuál es el Tesoro de la Iglesia? Es Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nos lo abre y nos dice: 1) Tu corazón ponlo en el Padre. No busques otros apoyos, otras referencias. Confía en Dios, confía en su Providencia y su amor sobre ti. El te guía y te acompaña siempre. El Padre del cielo cuida de ti. 2) Tu corazón ponlo en el Hijo. No busques otros señores. El es nuestro único Señor. Jesús es la perla preciosa, y el tesoro escondido de que nos habla el Evangelio. Sólo El es el camino de la felicidad. 3) Tu corazón ponlo en el Espíritu Santo. No busques la vida en otras partes ni en otras cosas. El Espíritu es Señor y dador de vida. Sólo El puede darte la paz y el gozo verdadero.
La Iglesia, además de abrirnos su Tesoro, también hoy nos abre su corazón y nos dice: En mi corazón están los hermanos y hermanas contemplativos. Hoy debéis rezar por ellos. Recordadlos y ayudadlos; ellos también necesitan de vuestra oración y cariño. El corazón de nuestra Iglesia diocesana está latiendo con la ofrenda de la vida y con la oración de los contemplativos. En nuestra archidiócesis hay monjes cistercienses en Valdediós, monjas dominicas en Cangas de Narcea, clarisas en Villaviciosa. En Gijón hay agustinas y carmelitas descalzas, y en Oviedo hay benedictinas, salesas, agustinas, pasionistas y carmelitas descalzas. También hay seglares que llevan una vida apartada de oración, de silencio y de trabajo.
Los contemplativos no os olvidamos ante el Señor. No hace mucho me decía una amiga: “Tú te has ido, nos has dejado. Tú tienes vocación, pero a nosotros qué nos va en ello…” Es verdad que me he ido, pero no me he alejado.
No os he dejado. Al contrario. Estoy más cerca, aunque, como el corazón, esté más dentro y, por eso, más escondida. Dios me ha dado esta vocación, porque me ama, porque ama a la Iglesia, porque ama a la humanidad, porque os ama a vosotros, porque te ama a ti. Os va mucho en ello: mi vocación os pertenece y es para vosotros.
No me he alejado. Cuando estoy con Jesús en la oración, durante el día o durante la noche, vosotros estáis aquí, conmigo y con El, como en una mesa de familia que El, el Señor, preside y en la que nos está regalando su amor. Yo procuro serviros, como una madre sirve a la mesa de sus hijos. Así, en la mesa de mi corazón y de mi oración estáis vosotros –con vuestras vidas, vuestras necesidades, vuestras preocupaciones, dudas, enfermedades, desesperanzas…- para ser presentados y escuchados por el Señor. Y El, tan bueno, quiere que os sirva amor en abundancia, alegría de Espíritu, paz y paciencia. De este modo, desde el Corazón del Señor llego a vuestro corazón.
No os he dejado. Sí, es verdad, a muchos hermanos no los conozco ni nunca sabrán de mí, pero han llegado a ser tan importantes que por cada uno y por todos ofrezco con Jesús mi vida cada día. Nadie debería sentirse solo; siempre, con nuestra oración, os echamos un cable, os tendemos la mano.
¿Es difícil darse cuenta de esta realidad? A veces sí, porque habitualmente no nos paramos a pensar que nuestro corazón está latiendo y regando nuestro cuerpo. Pero un día nos hacemos una herida y empieza a chorrear sangre y entonces nos percatamos que el corazón nos envía sangre a todo el cuerpo y tenemos vida. Por eso, a veces necesitamos tener heridas en el alma: insatisfacción, decepciones, fracasos, contrariedades, sufrimientos… para levantar nuestro corazón al cielo y saber que nuestra Vida es Dios. Sólo Dios. Todo pasa y caminamos hacia El. Pero estamos sostenidos, somos ayudados; alguien, una hermana o un hermano contemplativo, se acuerdan hoy de mí y puedo seguir caminando con confianza y llevar con paz y hasta con alegría mi cruz de cada día.
Allí donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón. Fijaos lo que nos dice hoy la Iglesia: allí donde está mi tesoro, es decir, mi Dios Uno y Trino, allí está mi corazón, es decir, los hermanos y hermanas contemplativos. Los hermanos y hermanas contemplativos tenemos nuestro corazón en el Tesoro de la Iglesia, y allí os tenemos a vosotros, nuestros hermanos, en el amor del Señor.