viernes, 8 de junio de 2007

Corpus Christi (C)

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10-6-2007 CORPUS CHRISTI (C)
Gn. 14, 18-20; Slm. 109; 1 Co. 11, 23-26; Lc. 9, 11b-17
- Celebramos hoy el día del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo. Esta festividad procede de la Edad Media. Su origen histórico es el siguiente: Berengario de Tours (+ 1088) negó la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Igualmente los herejes cátaros, albigen­ses y valdenses negaron esta verdad de fe. Como reacción la Iglesia, los fieles fomentaron mucho la devoción eucarística y, en esta época, abundan las noticias sobre milagros eucarísticos (por ejemplo, Bolzano es una villa italiano un tanto al norte de Roma. En la Edad Media venía en peregrinación un sacerdote alemán a Roma. Este sacerdote tenía serias dudas de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Un día celebrando la Misa en una iglesia de Bolzano, este sacerdote tenía entre sus manos el pan eucarístico y, dudando que allí estuvieran realmente Jesús resucitado, dicho pan eucarístico se convirtió en un trozo sangrante de corazón humano. La sangre manchó el ara o el corporal sobre el altar, y el sacerdote ya no tuvo jamás dudas. Aún hoy se venera en Bolzano ese ara o ese corporal manchado en sangre. También está el famoso caso de S. Antonio de Padua y el asno que adoró el Santísimo haciendo una genuflexión).
Pues bien, una religiosa belga (la beata Juliana de Canillon), a través de unas revela­ciones del Señor, luchó por difundir la devoción a la presencia real de Cristo en las especies consagradas. De este modo, el Papa Urbano IV, con la bula ‘Transiturus’ del 11-VIII-1264, manda que se celebre en toda la Iglesia la fiesta de los Santísimos Cuerpo y Sangre de Jesús en el jueves posterior a la Santísima Trinidad. Rápidamente se extendió la celebración de esta festividad. Así, en Cataluña se introdujo en 1314, en Inglaterra en 1325, en Roma en 1350. El Papa no había dicho nada de proce­siones después de la Misa, pero en seguida se introdujeron y, al principio, se hacían en copones o custodias cubiertos, pero pronto se pasó a las custodias actuales para que el pueblo pudie­se ver y adorar al Cristo Eucarístico.
- Después de esta breve introducción histórica y, si me lo permitís, hoy os voy a dar otra clase de derecho canónico sobre el sacramento de la Eucaristía:
En el canon 898 dice que los fieles hemos de tributar la máxima veneración a la santísima Eucaristía y reseña el canon tres modos de hacerlo:
1) tomando parte activa en la celebración de la Misa. Parte activa con cantos, oraciones vocales en alto, silencios, posturas de atención y adoración[1];
2) recibiendo la Sagrada Comunión frecuentemente y con mucha devoción;
3) dándole culto con suma adoración. Quedándose un poco después de la Misa para adorar al Cristo Eucaristía que llevamos en nuestro pecho. Llegando un poco antes a la Misa para serenar nuestro espíritu y nuestra mente de las tensiones de la calle y de la casa y poder así preparar nuestro ser para recibir a Cristo Eucaristía.
En el canon 910 se dice que los ministros ordinarios para dar la comunión son el obispo, el sacerdote y el diácono. Los ministros extraordinarios son aquellos fieles laicos designados establemente por el Obispo y aquellos que, en casos de necesidad, el sacerdote celebrante les dé este encargo para cada caso, por ejemplo, cuando hay bastante gente para comulgar y necesita que se le ayude a repartirla. Estos ministros extraordinarios han de ser fieles laicos de experiencia de Dios, de formación adecuada y de rectitud en su vida moral.
En el canon 912 se dice que pueden recibir la Sagrada Comunión los bautizados, pero con las debidas disposiciones espirituales y morales. No pueden recibirla las personas que no estén bautizadas, ya que el Bautismo es la “puerta de entrada” para los demás sacramentos.
En el canon 913 se dice que se puede dar la Comunión a los niños con las siguientes condiciones: que tengan suficiente conocimiento racional, que tengan una preparación cuidadosa, que entiendan el misterio de Cristo en la medida de su capacidad, y que puedan recibir el Cuerpo del Señor con fe y devoción. Antes de recibir la Comunión, deben de haber confesado sacramentalmente (canon 914). Reseño este último canon ante los abusos que se dan en ciertas parroquias, en donde no permiten que los niños se confiesen, porque a esa edad (dicen los párrocos o catequistas) no se tiene pecados y para no traumatizar a los niños. Todo lo más, se les dice a los niños que escriban las cosas malas que hacen en un papel y que echen los papeles en un fuego, para que dicho fuego haga desaparecer sus pecados. Por todo esto, no es demasiado extraño que haya jóvenes, que se acercan a casarse con 29 ó 34 años, y no se hayan confesado en su vida, ni siquiera para hacer la Primera Comunión.
No se puede admitir a la Comunión eucarística a los excomulgados (por ejemplo, por un aborto sin haber recibido antes la absolución del Obispo o de un sacerdote dotado de la potestad de quitar una excomunión) ni a los que perseveren en pecado grave (por ejemplo, por robo y no devolución de lo robado, por rencor hacia otras personas[2], etc.) (canon 915).
En el canon 916 se dice que, quien tenga conciencia de pecado grave, no debe de acercarse a comulgar sin haberse confesado antes (por favor, que no nos pase más de dos meses sin confesarnos). Sin embargo, hay una excepción a esta norma, ya que puede acercarse a comulgar el fiel, si hay un motivo grave (por ejemplo, el funeral o la boda o la Primera Comunión de un familiar muy cercano) y no haya posibilidades de confesarse en ese instante. Pero el fiel ha de hacer un acto de contrición perfecta y proponerse confesarse sacramentalmente cuanto antes.
Quien recibió ya una vez la Eucaristía, puede de nuevo en el mismo día, una vez más recibirla. Si el fiel estuviera en peligro de muerte, después de haber comulgados dos veces en un mismo día, puede volver a comulgar ese día como viático (canon 917).
Antes de recibir la Comunión se ha de guardar una hora de ayuno. No rompe el ayuno eucarístico el agua o las medicinas. Los ancianos, enfermos y quienes los cuidan no están obligados a guardar la hora de ayuno (canon 919).
Se puede comulgar en la boca o en la mano. En este último caso, se ha de procurar tener las manos limpias y llevar la Sagrada Forma a la boca delante del sacerdote y nunca yendo de vuelta para el banco. El sacerdote deposita la Forma en la palma de la mano (nunca el fiel la coge de los dedos del sacerdote), y sólo entonces el fiel la recoge de su palma y se la lleva a la boca.
[1] Recuerdo que en cierta ocasión estaba celebrando una Misa para niños y les hacía preguntas en la homilía. De repente, uno niño de unos 7 años alzó la mano y, sin que viniera a cuento con lo que se estaba hablando en ese momento, dijo al micrófono: “Mi hermano mayor, de 10 años, no quiere venir a la Misa, porque dice que se aburre.” Todos quedamos cortados. Enseguida le pregunté: “¿Y tú no te aburres?” A lo que el niño respondió: “No, yo no me aburro, porque yo atiendo.”
[2] “Si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda” (Mt. 5, 23-24).

9 comentarios:

aloya dijo...

La Festividad del Corpus Christi, está siempre presente en mi vida. En ese día hice mi primera comunión. La preparación que en mi infancia recibíamos para la Sagrada Comunión, era muy intensa, ( se nos hablaba de forma un poco complicada), quizás demasiado, para nuestras edades. Solíamos hacerla a los 7 años. Recuerdo los " ensayos " previos para la primera confesión. La distancia de los Sacerdotes, a la hora de comunicarse con nosotros, eran tan grande, que yo iba atemorizada a confesar. La idea de un Dios implacable y castigador, planeaba siempre en nuestras mentes infantiles. La percepción del Padre Celestial, amoroso, caritativo, bondadoso, capaz de acoger al débil, al pecador, al humillado... Llegaría mucho más tarde a mi vida. No obstante, no culpo a los pobres Sacerdotes de la época, pues ellos hacian lo preceptivo entónces. Personalmente, tuve mucha suerte, pues mi confesor del colegio,( D. Julian Cuntín ) era bondadoso y paciente.
El acto de amor supremo que realiza Jesús, al abandonar este mundo, es no dejarnos huérfanos. Tomando pan, lo consagró y dijo, este es mi Cuerpo; y después consagró el Cáliz, diciendo, esta es mi Sangre, haced esto en memoria mía, con lo cual quedó instituido el Santísimo Sacramento. Los que tenemos fe, creemos que Jesucristo está realmente en el Santísimo Sacramento. Ahí, tenemos al médico de nuestras almas, al amigo fiel, al padre amoroso, al hermano, al Rey inmortal de la Gloria.
Santa Teresa decía que después de la Comunión, es el momento mejor para pedirle a Señor dones y gracias, para negociar con El, nuestra salvación, para amarle, para hablarle con ternura, para contarle nuestras preocupaciones, para rogarle su consuelo. Cuando recibimos la Forma consagrada, recibimos al mismo Dios humanado, su Cuerpo y su Sangre, Alma y Divinidad. Yo reconozco, que en muchas ocasiones de mi vida, no era todo lo consciente de este hecho extraordinario, y siento pena por mi tibieza e ignorancia.
Como siempre, D. Andrés, me devuelve a la realidad, con otra clase magistral sobre el Sacramento de la Eucaristía. Me parece precioso conocer la forma de administrar y recibir este Sacramento por excelencia. Agradezco mucho esta clase de docencia, como ya me sucedió en anteriores veces. Me da mucha luz, y me ayuda a comprender con claridad, todos esos aspectos del Sacramento de la Eucaristía que no conocía de forma tan directa.
Muchas gracias D. Andrés por su ayuda. Que el Señor le siga iluminando.
Un abrazo para todos los amigos del blog.¡ Feliz semana !
Aloya.

Olga dijo...

Hoy nuevamente con esta Homilía, viene a mi mente la historia que nos reseñaba Andrés en una de las charlas de los Ejercicios Espirituales y que también en una de sus Homilías nos había contado, de la niña china que “con su testimonio de amor a la Eucaristía inspiró al Obispo Sheen a prometer a Dios una hora santa de oración frente a Jesús Sacramentado todos los días. Esta pequeña le enseñó al Obispo el verdadero valor y celo que se debe tener por la Eucaristía. Aquella pequeñita pudo dar testimonio con su vida de la real y hermosa Presencia de su Salvador en el Santísimo Sacramento“.
Lo recordaba al leer en la Homilía de este domingo de Corpus Christi, lo referente al canon 898. Y también la impresionante historia de este sacerdote que dudó de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
¡Cuántos actos de reparación tendríamos que hacer durante toda la vida por la forma como hemos recibido la Sagrada Comunión y por el modo o la manera como intimamos o tratamos con El!.
Este sábado lo dediqué a hacer Retiro Espiritual y tomé como uno de los temas de reflexión la petición del Padrenuestro (DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA), de los Ejercicios Espirituales que Andrés nos había dado en Meres y me llevó mucho a la interiorización, a la oración y a volver nuevamente a examinarme sobre mi actitud frente a la Eucaristía.
Me permito con el permiso de Andrés, hacer uso de la reflexión que sobre ella nos hacía y que a mi hoy me ha hecho tanto bien y se que puede ayudar a quienes entran en el Blog.

…Por eso, el sentido específicamente cristiano de esta cuarta petición se refiere al Pan de Vida: la Palabra de Dios que se tiene que acoger en la fe, el Cuerpo de Cristo recibido en la Eucaristía (cf. Jn. 6, 26-58).

La Eucaristía es nuestro pan cotidiano. La virtud propia de este divino alimento es una fuerza de unión: nos une al Cuerpo del Salvador y hace de nosotros sus miembros para que vengamos a ser lo que recibimos...
El Padre del cielo nos exhorta a pedir como hijos del cielo el Pan del cielo (cf. Jn. 6, 51). Cristo “mismo es el pan que, sembrado en la Virgen, florecido en la Carne, amasado en la Pasión, cocido en el Horno del sepulcro, reservado en la Iglesia, llevado a los altares, suministra cada día a los fieles un alimento celestial” (San Pedro Crisólogo, serm. 71)

Pedimos que se nos dé cada día este pan, a fin de que, los que vivimos en Cristo y recibimos cada día su Eucaristía como alimento saludable, no nos veamos privados, por alguna falta grave, de la comunión del pan celestial y quedemos separados del cuerpo de Cristo
ya que El mismo nos enseña: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo” (Jn. 6, 51). Por lo tanto, si El afirma que los que coman de este pan vivirán para siempre, es evidente que los que entran en contacto con su cuerpo y participan rectamente de la Eucaristía poseen la vida; por el contrario, es de temer, y hay que rogar que no suceda así, que aquellos que se privan de la unión con el cuerpo de Cristo queden también privados de la salvación, pues el mismo Señor nos conmina con estas palabras: “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn. 6, 53). Por eso, pedimos que nos sea dado cada día nuestro pan, es decir, Cristo, para que todos los que vivimos y permanecemos en Cristo no nos apartemos de su cuerpo que nos santifica (S. Cipriano, jueves de la XI semana del Tiempo Ordinario, Oficio de Lectura).
Gracias Andrés por ayudarnos a ser cada día mas concientes de este GRAN SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA.
¡Qué bien nos viene la clase de derecho canónico!
Os pido disculpas por lo extensa.
Un abrazo para todos
Olga

María Cristina dijo...

Gracias Andrés porque en muchos momentos nos motivas a AMAR CON LOCURA EL ENCUENTRO CON JESUS EN LA EUCARISTÍA. Este encuentro que nos fortalece, nos da seguridad, nos ayuda a crecer en la fe; aunque haya días que delante del sagrario estemos parados, sin saber que decir, o sin saber escuchar... Gracias porque nos motivas a vivir este encuentro “Desde la Fe”, que sea Él el que goce con nosotros…

Seguros que muchos de los que entráis al blog orasteis hoy el himno de laudes que muy bellamente dice:
Por descubrirte mejor cuando balabas perdida,
Dejé en un árbol la vida
Donde me subió el amor;
Si prenda quieres mayor,
Mis obras hoy te la den.
¿Cuál dará mayor asombro,
o el traerte yo en el hombro
o el traerme tú en el pecho?

Gracias de nuevo Andrés por invitarnos a tantos a vivir muy cerca del Sagrario.
Feliz semana para ti y para todos los que estamos en sintonía entre nosotros y con Él.

Cristina

José Manuel dijo...

¿Como es posible que JESUCRISTO este en la SAGRADA FORMA después de ser consagrada? ¿como esposible que eso que adoramos llamado SAGRARIO contenga al mismísimo JESUCRISTO?

Respuesta: ¿Creemos que JESUCRISTO tiene el PODER para esto? Lo tiene y para más. "Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado".

"Yo estaré con vostros hasta el fin de los tiempos" "Haced esto en conmemoración mía"

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRSITO!

Asun dijo...

Pienso en la vida con mis padres y lo que significaba la hora del almuerzo. Todo un ceremonial, sin sofisticaciones, que hacía que aquel momento fuese de relevancia dentro de la cotidianidad. Era hora de encuentro y de compartir.El Señor da importancia al hecho de compartir mesa y alimento, hasta el punto de elegir una cena para instituir la Eucaristía, y compartir y darnos su propio cuerpo.No se puede racionalizar el misterio de la Eucaristía pero, cuando comulgo siento una sensación intensa dentro de mi, y soy consciente que El es el alimento de mi alma. Su presencia se hace PLENA y llega a sobrecogerme...Al comulgar participamos de la misma vida de Dios:"Yo vivo por el Padre, así también el que me come, él mismo vivirá por mi". La Comunión nos deifica, no por naturaleza, sino por participación.El sacramento de la eucaristía es para mi el mas "grande": me obliga a pedir perdón previamente a Dios, pero luego es Dios mismo el que se me da.Siempre, gracias a mi Padre por hacerse alimento para mi.Gracias a mi director espiritual por su dedicación, y también por las lecciones de derecho canónico que imparte en algunas homilías y son tán aclaratorias.Un fuerte abrazo para todos.Asun

Socorro dijo...

En ésta, como en algunas otras ocasiones, Andrés ha hecho doble salto mortal uniendo el eje de nuestra vida como cristianos y algunos cánones de Derecho Canónico, los relativos a la Comunión.
Particularmente, me ha gustado mucho.
Me parece importante tener una sólida formación aparte del convencimiento y la experiencia personal de cada uno de Dios.
Por otro lado,me ha llamado la atención la sencillez con la que dice ese niño que "no se aburre porque atiende". ¡Que sencillo para ese niño y qué dificil para los adultos!.
Atender. Sencillamente, atender.
Si atendiéramos más, si pusiéramos más atención, si escucháramos más, estoy segura que la vida sería mucho más fácil y, como el niño de la homilía, no nos aburriríamos porque entenderíamos mucho mejor al otro y a nosotros mismos.
Gracias por vuestras opiniones.

Anónimo dijo...

Confieso que la Misa es para mi un placer. Procuro ir a diario. Si al llegar me encuentro que hay organista y acompaña nuestra celebración aún disfruto mas cada momento. Me resulta dificil conseguir que algunas personas, incluso cercanas, lo comprendan; pero también es cierto que no siempre ha sido asi.
Espero la Gracia de Nuestro Señor para que nunca pierda este Don que sin duda procede de Él.

Pepitina dijo...

"No, yo no me aburro, porque yo atiendo.”
Qué testimonio tan bonito y sencillo el de este niño..y que ejemplo para tantos adultos, que se quejan de no entender; dificil entender algo si no ponemos la atención suficiente. No dudo que le demos importancia a la Eucaristía pero, ¡¡qué poco la preparamos, siendo la Fiesta mas hermosa en la que podemos participar!! Porque el Pan que recibimos es Pan de Vida Eterna, comida y bebida de salvación...si atendiésemos un poco mas, si escuchásemos las lecturas, si llegásemos a la misa con ellas meditadas, sabríamos apreciar y agradecer mas este sacramento.
Estos dias he tenido la oportunidad de hablar sobre los puntos indicados en la homilía y ante mi sorpresa, esas personas agradecieron el tener mas claros algunos conceptos. Sí es cierto Pater, que no debemos dar nunca por sabidas las cosas.Aunque seamos repetitivos en ocasiones, no debe de importarnos, pensando en el bien que a nosotros nos hace escuchar las mismas cosas en distintas ocasiones.
¡qué importante es la formación!
¡¡cuánto aprendo de todos!! gracias

Anónimo dijo...

lei la parte donde se habla del canon 916 y no me parece muy acorde el comentario, tomando en cuenta lo que dice Mons. Julián Herranz, Presidente del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos legislativos: “Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; y en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes” (CIC, can. 916) (6). Respecto a estas circunstancias excepcionales, es útil recordar que la doctrina moral considera «motivo grave» el peligro de muerte o el de infamia, mientras que la « contrición perfecta » no sería tal ni produciría por tanto el perdón de los pecados si fuese excluido o hecho culpablemente ineficaz el propósito de acudir cuanto antes al Sacramento de la Penitencia.
http://www.iuscanonicum.org/articulos/art015.html

Dios les bendiga siempre