viernes, 22 de junio de 2007

Domingo de la Natividad de S. Juan Bautista (C)

24-6-2007 LA NATIVIDAD DE S. JUAN BAUTISTA (C)
Is. 49, 1-6; Slm. 138; Hch. 13, 22-26; Lc. 1, 57-66. 80
Queridos hermanos:
Os decía hace unos domingos que la fe de los cristianos es una fe teísta (es decir, en un Dios que nos crea y que está pendiente de nosotros cada segundo de nuestra vida) y no una fe deísta (o sea, en un Dios que nos crea, pero que no se preocupa más de nosotros, pues El está en su cielo, allá arriba, y nosotros estamos aquí abajo tratando de apañárnoslas por nosotros mismos). Pues bien, tenemos un buen ejemplo con la celebración de hoy y con las lecturas que la Iglesia nos propone para confirmarnos en nuestra fe teísta, de un Dios que se preocupa por nosotros y nos acompaña desde siempre y para siempre, y hasta en los más mínimos detalles.
Examinemos en las lecturas de hoy esa presencia cercana de Dios en S. Juan Bautista. De este modo, podremos descubrir también la presencia de Dios en nuestras vidas.
- Dice el salmo 138, un salmo precioso: “Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque […] conocías hasta el fondo de mi alma. No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.” Isabel, la madre de S. Juan Bautista era estéril; no podía tener hijos. Además, ya era mayor de edad y ya había tenido la menopausia. En estas circunstancias queda embarazada. Por eso, S. Juan puede orar con toda propiedad este salmo: “Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno.”
Asimismo S. Juan Bautista puede orar a Dios de este modo: “Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.” S. Juan se siente inmerso en Dios y en su amor, tanto al estar en las entrañas de su madre, como al nacer, como al ir creciendo, como cuando es adulto. Percibe en su oración y en su espíritu que el Señor le conoce y está con él en todo momento.
- Una vez que nace S. Juan Bautista el evangelio nos narra que Dios vela por el niño y éste vive para Dios: “Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.” S. Juan debió de sentir muy pronto la presencia y cercanía de Dios en su vida, y debió de sentir muy pronto la necesidad de vivir sólo para El. Por eso, S. Juan se fue al desierto. Este fue su universidad. Y allí sintió la llamada del Señor y vio clara la misión a la que estaba llamado.
Sí, Dios nos crea; Dios vela sobre nosotros; Dios nos educa…, pero Dios tiene un designio de salvación para nosotros y para otras personas que se encontrarán o que se han encontrado con nosotros a lo largo de la vida.
- Se dice en la primera lectura: “Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: ‘Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.’” S. Juan descubre en su oración que no vino a este mundo simplemente para dar una gran alegría a unos padres viejos y sin hijos. Su misión en esta vida va más allá de alegrar a sus padres. La misión que Dios le encomienda trasvasa las paredes de su casa familiar. S. Juan supo ya esto en el vientre de su madre, Isabel, cuando llegó la prima de ésta, María, y al encontrarse las dos mujeres embarazadas S. Juan saltó de alegría en el vientre materno, porque sintió la cercanía en otro vientre materno de su Dios y Señor: Jesucristo.
- El profeta Isaías especifica en la primera lectura en qué va a consistir la misión de S. Juan Bautista: “Ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: ’Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.’” Sí, S. Juan no ha nacido sólo para alegrar a sus pobres y ancianos padres. Tampoco ha nacido y venido a este mundo para ser un profeta más del pueblo de Israel. S. Juan Bautista ha nacido y tiene como misión anunciar al Salvador del mundo, de todos los hombres y no sólo de los israelitas. Y para preparar la venida de este Salvador nos dice el evangelio que medios usó: “Antes de que llegara (Jesús), Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión.”
- Me quedan dos rasgos por comentar de S. Juan Bautista a raíz de las lecturas que acabamos de escuchar. S. Juan fue un hombre fracasado. No logró casi nada. Casi nadie le hizo caso. No salió de un trozo de desierto y de al lado de un río: el Jordán. Se enemistó con los fariseos, con los sacerdotes, con la familia real, y sólo le siguieron como discípulos unos pocos. El sintió la tentación de la oscuridad, del fracaso, de haber errado. Pero un día descubrió que no era él quien trabajaba ni quien daba frutos, sino el Señor. Así, se dice en la primera lectura: “Mientras yo pensaba: ‘En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas’, en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.”
- El segundo rasgo que quiero comentar es la profunda humildad de S. Juan Bautista. Todos debemos ceder el puesto ante Jesucristo, el Hijo de Dios, y él así lo hizo: “Cuando estaba para acabar su vida, decía: ‘Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.’”
Yo debo examinarme en el espejo de S. Juan Bautista y descubrir que, lo mismo que él, yo he sido elegido a la vida, formado en el seno materno, velado y educado por Dios desde antes de mi nacimiento. Yo he venido a este mundo con una misión. Una misión que sobrepasa mis intereses, egoísmos o ilusiones. Tengo una misión que es más que mi propia familia o mis propios conocidos. Tengo una misión que, en realidad, no realizo yo, sino que la hace El en mí. Una misión para la que he de utilizar dos herramientas: la confianza absoluta en Dios y la total humildad ante Dios.
Al final, después de reconocer todo esto, no nos queda más remedio que, desde lo más profundo de nuestro corazón, exclamar las palabras de respuesta del salmo de hoy: “Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.”

7 comentarios:

Pepitina dijo...

El 24 de junio de 1984 recibiste el orden sacerdotal Pater, es decir que mañana cumplirás 23 años de sacerdote,¡¡cuántos dones recibidos!! ¿a qué si?,alegrías y sinsabores, satisfacciones y desilusiones...¡¡de todo has tenido!! pero ¡¡CUÁNTO AMOR te ha mostrado EL AMADO !!! oro por ti, por tu fidelidad a la misión que te ha sido encomendada, por tu carisma como director espritual, para que sigas siendo Luz en el camino de tantos, que como yo, el Señor ha puesto en tu vida. ¡¡¡Mil enhorabuenas!! qué pases un día feliz en Covadonga y el Señor y la Santina te llenen de Sus bendiciones.
Es un día especial y también de forma especial te escuchará hoy la Madre, acuérdate de pedir ante Ella por tu BLOG.
Mi cariño y agradecimiento,
Pepitina

jose manuel dijo...

Estimados Don Andrés y demás hermanos.

Hay algo que nos supera y nos deja con la boca abierta y es la actitud de DIOS para con el hombre.

¿Quieres ser mi hijo? Es la propuesta continua de DIOS a nosotros. Porque el amor de DIOS es diferente, es un amor de respeto tan grande que llega hasta esa pregunta.

DIOS de la humildad, de la generosidad y de la entrañabilidad, el nos ha creado para pasarse toda la eternidad como embobado con sus hijos.

Yo he creado tus entrañas cuando estabas en el seno materno, para preguntarte después ¿Quieres aceptarme como PADRE?

¿Que debemos de contestarle? ¿Se merece un NO por respuesta? ¿O ya lo dejaré para más tarde?

¿Convertiremos a DIOS en un SAN JUAN BAUTISTA "LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO"?

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRISTO!

Aloya dijo...

Los pasajes de la vida de S. Juan Bautista, tienen para mí una dimensión extraordinaria.Me impresiona su nacimiento,su vida y su muerte. Los dos encuentros de S. Juan con Jesús, son de una belleza sobrecogedora. El primero en el vientre de su anciana madre, cuanda salta de alegría al recibir la visita de la prima María, encinta de Jesús. Le reconoce, se siente ya siervo para siempre del Señor. El segundo encuentro, se produce cuando ya Juan y Jesús están en la plenitud de su vida, 30 años más o menos, Juan 6 meses mayor que El. Me lo imagino, cuando entre la muchedumbre que quería bautizarse, entremezclado entre ella, Jesús pide ser bautizado también, y en ese momento, Juan, vuelve a descubrir por segunda vez, al humanado Dios, al Mesías prometido, cuando sus miradas se cruzan, el Bautista, siente un estremecimiento sobrenatural, y en su profunda humildad, labrada durante años de vida en el desierto, privado de bienes, sin pertenencias, haciendo penitencia y oración, solo hacierta a decir ¿ Cómo ? Soy yo, el que tiene necesidad de ser bautizado por tí, ¿y vienes tú a mí ?
El, que a disuelto la confusión que pudieran tener las gentes con respecto a su persona, dice : Yo os bautizo con agua, pero el que viene es más poderoso que yo, al que yo no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias: éste os bautizará con es Espíritu Santo y el fuego. Ni siquiera se siente digno de ser esclavo del Señor.
Me imagino a S. Juan, un varón corpulento, vestido de saco, mal nutrido, pero con la fuerza necesaria para anunciar la venida del Redentor. Su tarea ha sido la de un misionero excepcional, escogido por Dios, para la gran " Misión ". Juan con valentía, en aquellos convulsos tiempos, del emperador Tiberio y de Poncio Pilato y Herodes, no deja títere con cabeza, poniendo de manifiesto los pecados de aquella sociedad de la comarca del Jordán, lo que le costó al final el martirio. Su vida breve, sirvió para el anuncio de la venida del Salvador de los hombres. El, sí conocía el proyecto de Dios en su vida, y lo vivió con valentía, austeridad y sumisión total al Señor.
A mi, me gustaría tener
solo un poquito de la fuerza del Bautista, para desenmascarar mis pecados, para ver y comprender lo que Dios quiere de mí, y llevarlo a cabo con valentía, tomando el ejemplo de este jóven Juan, de su humildad, de su desapego por la vida y todos sus atractivos, de su entrega total al Señor.
Gracias D.Andrés, por mostrarme con claridad, el camino que siguió S. Juan Bautista, y la misión que Dios tenía para él. Yo también quiero descubrir mi propia misión en esta vida, para que cuando en algún momento, me encuentre con la mirada de Dios, le pueda decir, que no soy digna de nada, pero que a pesar de ello, estoy segura de que su bondad y misericordia me salvarán, porque soy su obra, el me quiere antes de que yo existiese. Eso me conforta, ya que por mis méritos, si es que tengo alguno, no lograré nada.
Un abrazo para los amigos del blog.
Feliz semana para todos.
Aloya.

Aloya dijo...

Leyendo los comentarios del blog, me entero por el de Pepitina, de que hoy celebra D. Andrés,el aniversario de su Ordenación Sacerdotal. También yo deseo agradecer al Señor, el regalo que nos ha hecho poniendo en nuestro camino a D. Andrés, y a él, le deseo una larga y fructífera vida sacerdotal. Mi recuerdo también va para sus padres y hermanos, porque han ayudado a tejer en el seno familiar, la personalidad de nuestro querido Sacerdote. Que el Señor y la Virgen María, lo protejan y lo bendigan, como haremos todos nosotros.
¡ Enhorabuena y feliz día !
Un abrazo. Aloya.

María Cristina dijo...

La festividad de San Juan Bautista hoy me ha motivado tanto que apenas puedo expresar todo lo que el Señor me ha regalado a través de su palabra en la Eucaristía. Os confieso a todos los de “La comunidad de las once…” que sentí envidia de vosotros, porque mucho deseé estar en la Eucaristía con vosotros escuchando al Señor a través de las palabras que nos dirige y envía nuestro Padre Espiritual.

En la Eucaristía que yo participé me tocó leer la primera lectura y el Señor puso muy dentro de mi su palabra, la proclamé con énfasis: “Estaba yo en el vientre materno y el Señor me llamó… Me escondió en la sombra de su mano, me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba…

• Gracias Andrés por recordarnos que nosotros como Juan hemos nacido con la misión de “Anunciar al Salvador” con la palabra y con nuestro testimonio.
• Gracias por hacernos caer en la cuenta que San Juan fue “un hombre fracasado aparentemente”, pero descubrió que no era él quien trabajaba, ni quien daba frutos, sino que era el Señor; que él ni siquiera merecía desatarle la correa de las sandalias.
• Nos recuerdas muchos elementos fundamentales para nuestra vida Espiritual: La Humildad, la confianza en Jesús, el reconocimiento de que Él nos ha tejido en el seno materno, nos conoce y nos sondea y sobre todo nos invitas a vivir agradecidos porque: Nos ha escogido portentosamente.

Andrés hoy en la oración de la mañana oré por ti y agradecí al Señor tu sacerdocio; hoy que hace años recibiste el ministerio del Orden Sagrado; le agradecí el don de haberte puesto en mi camino y en el camino de tantos que acompañas y que hacemos parte de “La comunidad de las once…” como yo la llamo, los que estamos en sintonía con la Eucaristía que tú celebras, unos que tiene la alegría de estar personalmente y otros a través del espíritu y de la homilía que nos envías por Internet.
Os invito a todos a que demos gracias a Dios por este gran regalo para cada uno de vosotros. Feliz semana para todos.

María Cristina

Olga dijo...

“…Mira, también Isabel, tu pariente ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios”. (Lc..1, 36-37).
Lo que para el hombre muchas cosas son imposibles, para Dios todo es posible, nos lo dice el Evangelio. Para Dios todo es posible: de una mujer ya avanzada en edad, estéril como lo era Isabel, nace el PRECURSOR, UN GRAN PROFETA, UN GRAN HOMBRE, S. JUAN BAUTISTA.
De la esterilidad, de la vejez surge por obra de Dios, la GRANDEZA de aquel que anuncia la venida del Salvador del mundo, de nuestro Salvador. De una mujer estéril nace un GRAN HOMBRE cuya vida fue humilde, transparente, austero, penitente, dedicado a la oración, fiel, sensible y exigente que predicó y llevó a muchos a la conversión en su tiempo.
De esta misma manera Él, SOLO ÉL, CON SU GRACIA, puede hacer de nuestra esterilidad, de nuestra vejez, de nuestra nada…, un campo fértil dónde pueda habitar Él, vayamos creciendo y nuestro carácter se vaya afianzando y vayamos sintiendo como Juan, la cercanía de Dios en nuestra vida y la necesidad de ser SOLO PARA EL. Y REALIZAR LA MISIÓN QUE NOS TIENE ENCOMENDADA.
El Salmo 138 que es tan precioso y que mucho mas precioso nos lo hizo oír, gustar el Señor a través de Andrés en esta Eucaristía, me lleva a AGRADECERLE porque desde el seno materno me ha escogido, me ha formado y me ha ido entretejiendo, ha velado y educado siempre. Y me invita a PEDIRLE que siempre sea esa luz que ilumine a los que están a mi lado, refleje con mi vida, con mis actitudes con el testimonio que lo llevo en mi SER y así como S.Juan saltar de gozo y que otros salten porque perciben la presencia de Dios en mi vida.
Imposible terminar este comentario sin darle GRACIAS A DIOS POR LOS AÑOS DE VIDA SACERDOTAL DE ANDRÉS.
GRACIAS SEÑOR POR LA MISIÓN QUE LE HA ENCOMENDADO, POR SER NOSOTROS LOS DEL BLOG Y MUCHOS, MUCHÍSIMOS MÁS QUIENES TENEMOS LA ALEGRÍA DE FORMAR PARTE DE LOS QUE ÉL SEÑOR LE HA DADO PARA QUE COMO S.JUAN NOS LLEVE A LA CONVERSIÓN Y NOS ACERQUE CADA VEZ MAS A ÉL.
¡Que preciosa Homilia! Como nos ayuda a descubrir tantos detalles y nos lleva a Dios. GRACIAS AL SEÑOR Y a ANDRÉS por ser el instrumento.
Un abrazo muy fuerte para todos y que seamos luz en toda ocasión, a tiempo y a destiempo.
Olga

Anónimo dijo...

”… En realidad mi derecho lo llevaba El Señor…” Estas palabras que he escuchado tantas veces se han quedado grabadas hoy en mí. Andrés me enseña que mi esfuerzo debe dirigirse a tener siempre a punto mis herramientas: no perder un milímetro de la confianza que tengo en Dios y luchar con todas mis fuerzas contra las zancadillas a la humildad.