viernes, 1 de junio de 2007

Santísima Trinidad (C)

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3-6-2007 SANTISIMA TRINIDAD (C)
Prov. 8, 22-31; Slm. 8; Rm. 5, 1-5; Jn. 16, 12-15
Queridos hermanos:
En el día de hoy se celebra el domingo de la Santísima Trinidad y también en este día se celebra el domingo “Pro Orantibus”, es decir, por todos aquellos dedicados a la vida contemplativa: los fieles que están en conventos de clausura o fuera de ellos, y que su misión preferente es la de orar; orar al Dios Uno y Trino, y orar por toda la Iglesia y por todo el mundo.
A primeros del mes de mayo acudí a un monasterio de clausura de la archidiócesis para hacer dirección espiritual con una religiosa. Esta me comentó que el día de la Santísima Trinidad era el día de la vida contemplativa y que lo mencionara en la homilía. A lo que yo le contesté que mejor preparaba ella ese día la “homilía” y yo la predicaría adaptándola en lo que estimare oportuno. Sin cambiar casi nada de lo que me ha remitido, aquí está el resultado:
Cuenta S. Jerónimo de sí mismo que, siendo ya sacerdote y llevando una vida de privaciones, había algo de lo que no podía desprenderse: su biblioteca. Preciosa y valiosa biblioteca. Dice S. Jerónimo que ayunaba de comer manjares exquisitos, pero no podía pasar un solo día sin leer a Cicerón y otros clásicos de la literatura pagana. Hasta tal punto que, si intentaba leer los profetas o los evangelios, le horrorizaba su lenguaje inculto y los despreciaba en su interior. “Al no ver la luz, pues tenía los ojos ciegos, no me acaba de convencer que era por culpa de mis ojos y no del sol”, decía S. Jerónimo. Sucedió que, en una Cuaresma, cayó gravemente enfermo. Ya le daban por muerto y comenzaron a prepararle el entierro. En esta situación, S. Jerónimo se vio llevado ante Dios y allí le preguntaron de qué condición era, a lo que él respondió que era cristiano, pero se le replicó que eso era falso, que en todo caso él era ‘ciceroniano”, pues donde estaba su tesoro, allí estaba su corazón. Jerónimo no tenía razones para alegar, y se quedó sin palabras. Aquello era verdad. Sentía que su conciencia le atormentaba por haber buscado la alabanza y la gloria humana, y haberse recreado en ella. Así que comenzó a gritar al Señor y a pedir misericordia. Se le concedió retornar a la vida humana con gran sorpresa de los que ya le tenían por muerto. Fue tal el vuelco que dio a su vida, que puso su corazón y, por tanto, su tesoro en la Sagrada Escritura y ha pasado a la historia de la Iglesia como un gran comentador de la Escritura. A él se debe la traducción al latín de la Biblia; es lo que se conoce como la Vulgata.
Donde está tu tesoro, allí está tu corazón. Hoy la Iglesia, nuestra Madre, en su liturgia nos abre su Tesoro. ¿Cuál es el Tesoro de la Iglesia? Es Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nos lo abre y nos dice: 1) Tu corazón ponlo en el Padre. No busques otros apoyos, otras referencias. Confía en Dios, confía en su Providencia y su amor sobre ti. El te guía y te acompaña siempre. El Padre del cielo cuida de ti. 2) Tu corazón ponlo en el Hijo. No busques otros señores. El es nuestro único Señor. Jesús es la perla preciosa, y el tesoro escondido de que nos habla el Evangelio. Sólo El es el camino de la felicidad. 3) Tu corazón ponlo en el Espíritu Santo. No busques la vida en otras partes ni en otras cosas. El Espíritu es Señor y dador de vida. Sólo El puede darte la paz y el gozo verdadero.
La Iglesia, además de abrirnos su Tesoro, también hoy nos abre su corazón y nos dice: En mi corazón están los hermanos y hermanas contemplativos. Hoy debéis rezar por ellos. Recordadlos y ayudadlos; ellos también necesitan de vuestra oración y cariño. El corazón de nuestra Iglesia diocesana está latiendo con la ofrenda de la vida y con la oración de los contemplativos. En nuestra archidiócesis hay monjes cistercienses en Valdediós, monjas dominicas en Cangas de Narcea, clarisas en Villaviciosa. En Gijón hay agustinas y carmelitas descalzas, y en Oviedo hay benedictinas, salesas, agustinas, pasionistas y carmelitas descalzas. También hay seglares que llevan una vida apartada de oración, de silencio y de trabajo.
Los contemplativos no os olvidamos ante el Señor. No hace mucho me decía una amiga: “Tú te has ido, nos has dejado. Tú tienes vocación, pero a nosotros qué nos va en ello…” Es verdad que me he ido, pero no me he alejado.
No os he dejado. Al contrario. Estoy más cerca, aunque, como el corazón, esté más dentro y, por eso, más escondida. Dios me ha dado esta vocación, porque me ama, porque ama a la Iglesia, porque ama a la humanidad, porque os ama a vosotros, porque te ama a ti. Os va mucho en ello: mi vocación os pertenece y es para vosotros.
No me he alejado. Cuando estoy con Jesús en la oración, durante el día o durante la noche, vosotros estáis aquí, conmigo y con El, como en una mesa de familia que El, el Señor, preside y en la que nos está regalando su amor. Yo procuro serviros, como una madre sirve a la mesa de sus hijos. Así, en la mesa de mi corazón y de mi oración estáis vosotros –con vuestras vidas, vuestras necesidades, vuestras preocupaciones, dudas, enfermedades, desesperanzas…- para ser presentados y escuchados por el Señor. Y El, tan bueno, quiere que os sirva amor en abundancia, alegría de Espíritu, paz y paciencia. De este modo, desde el Corazón del Señor llego a vuestro corazón.
No os he dejado. Sí, es verdad, a muchos hermanos no los conozco ni nunca sabrán de mí, pero han llegado a ser tan importantes que por cada uno y por todos ofrezco con Jesús mi vida cada día. Nadie debería sentirse solo; siempre, con nuestra oración, os echamos un cable, os tendemos la mano.
¿Es difícil darse cuenta de esta realidad? A veces sí, porque habitualmente no nos paramos a pensar que nuestro corazón está latiendo y regando nuestro cuerpo. Pero un día nos hacemos una herida y empieza a chorrear sangre y entonces nos percatamos que el corazón nos envía sangre a todo el cuerpo y tenemos vida. Por eso, a veces necesitamos tener heridas en el alma: insatisfacción, decepciones, fracasos, contrariedades, sufrimientos… para levantar nuestro corazón al cielo y saber que nuestra Vida es Dios. Sólo Dios. Todo pasa y caminamos hacia El. Pero estamos sostenidos, somos ayudados; alguien, una hermana o un hermano contemplativo, se acuerdan hoy de mí y puedo seguir caminando con confianza y llevar con paz y hasta con alegría mi cruz de cada día.
Allí donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón. Fijaos lo que nos dice hoy la Iglesia: allí donde está mi tesoro, es decir, mi Dios Uno y Trino, allí está mi corazón, es decir, los hermanos y hermanas contemplativos. Los hermanos y hermanas contemplativos tenemos nuestro corazón en el Tesoro de la Iglesia, y allí os tenemos a vosotros, nuestros hermanos, en el amor del Señor.

8 comentarios:

María Cristina dijo...

Andrés:
Que cierto es que: "Donde está tu tesoro está nuestro corazón" que con tu acompañamiento espiritual vivamos esta realidad.

Hoy día de la vida contemplativa ore por los que el Señor ha llamado a esta vocación, en especial por la religiosa que te dió la reflexión para la homilía de hoy.

Confío mucho en sus oraciones y ofrezco las mías por ella y su comunidad.

Para ti y para todos los que acompañas y los que leen tu homilía deseo:
1)Que con la gracia de Dios hagamos ESPACIO DENTRO DE NOSOTROS" a DIOS UNO Y TRINO.
2)Que lo acojamos dentro de nosotros
3) Que nos dejemos "TRANSFORMAR POR ÉL..."

De nuevo Andrés gracias por tu homilía y por tantos medios con los que me ayudas y ayudas a otros.

Tu mensaje adjunto de: "Cosas de Mamá" me ayudó a orar y a compartirlo con mis hermanas y con un sacerdote el que expresó que le motivó y ayudo mucho.

A todos mi recuerdo en la oración.

Cristina

Pepitina dijo...

Me ha gustado la oración de esta religiosa desde --la mesa de mi corazón y de mi oración --, que me situó rapidamente ante la mesa del altar a la que cada día tengo la suerte de poder acercarme. Palabra y Pan de Vida...¡¡cómo no compartirlos !! Ciertamente allí y alrededor del altar son muchos los nombres, problemas, actitudes e intenciones que van quedando a lo largo de la Eucaristía con la confianza de que el Señor,acoge todo en Su corazón desde mi oración confiada y lo transforma como hostia viva ofreciéndolo al Padre. Quisiera ser mas consciente de que cada vez que me santiguo, cuanto hago, pienso, gozo ó lloro, lo hago todo en NOMBRE de mi Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son mi tesoro,pues en ellos, Trinidad Santa, está mi corazón y éste si es consciente de que Sin ELLOS nada soy y nada puedo.
Has tenido buena idea Pater, de CEDER la homilía a esta religiosa, que nos ha hecho vivir Su Clausura con tal apertura de fe; ha sido un gesto sencillo, natural y humilde como lo eres tu. Agradezco a este Dios Familia-comunidad, que nos haya sentado a Su mesa junto a tí, a todo este querido Blog, que desea ser familia en un mismo Espíritu.
un abrazo para todos

Olga dijo...

Leyendo el folleto titulado Un Silencio Elocuente. Los Contemplativos, un lenguaje de Dios, que con motivo de la celebración del domingo “Pro Orantibus” ha llegado a nuestras manos, ha resonado mucho, me ha puesto en alerta y me ha llevado a hacer un examen sobre mi oración, un testimonio de vida contemplativa hecho por Daniel Martí Mocholí Ermitaño Diocesano de la Archidiócesis de Valencia y es el siguiente párrafo: “Las personas que previa llamada del Señor, hemos optado por esta forma de vida, hemos recibido implícitamente una llamada a la simplicidad, a la sencillez en nuestra forma de vida.
No pretendía ser de otra manera, puesto que nuestro lugar en el “Cuerpo Místico de la Iglesia” es la oración. Nos dice el Señor “cuando oréis entrad en vuestro aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6,6)

Ciertamente que la oración de un ermitaño no sólo se esconde en su celda o aposento, sino en el conjunto de su vida, que sin lugar a dudas se desarrolla día a día en lo secreto.
La austeridad, reducida a disponerse solamente de lo indispensable en su ermita y en su forma de vida, constituye el soporte principal para una oración interior continuada, porque encuentras pocas cosas en la ermita que te puedan distraer. El trabajo en artesanía indispensable para vivir, el rezo de las horas canónicas, el aseo de la ermita y entornos… todo esto aderezado con una soledad absoluta, te lleva a una relación de familiaridad continua con el Señor y su “Buena Noticia”, su “PALABRA”, dando sentido a la Consagración Religiosa, especialmente la eremítica.
…. Santa Teresa y otros santos: San Bruno, San Romualdo, San Francisco de Paula, también escogieron el camino del silencio, de la penitencia y las privaciones de todos los encantos del mundo, para hacer vida sus creencias y su fe.
Las luces, a veces excesivas, que alumbran las noches nos deslumbran porque no nos interesa lo que no se ve. Quizás también nos asusta la austeridad de la noche. Por eso mismo nos asusta quizás la vida de oración, porque solo valoramos lo que se ve.
…. A la soledad actual le sobran las palabras que no vayan acompañadas de vida. Los contemplativos trasmitimos vida, no palabra”.

Me ha impactado, me ha impresionado y una vez mas resuena que “mi vida se tiene que deshacer de pensamientos, palabras, obras, cosas que están obstaculizando el paso de DIOS para adentrarme en una profunda vida de oración“. Llegar a esa austeridad, disponerme solamente de lo indispensable para no distraerme y perderme en el mundo de la comodidad, para que pueda entrar DIOS A POSEERME.
Pidámosle ¡QUE ÉL NOS CONCEDA ESTE DON, ESTE REGALO DE SER VERDADEROS CONTEMPLATIVOS!
Los contemplativos trasmiten vida, no palabras y esto lo hemos visto hace unos días en una visita que hicimos al Monasterio del Sagrado Corazón a las monjas Clarisas de Cigales, en Valladolid, donde el rostro de paz, de serenidad, de sencillez, de transparencia y de una profunda alegría, revelan el verdadero Rostro de Dios en sus vidas, lo vimos cuando salieron a saludarnos al locutorio, recorrías todos los rostros y veías como trasmitían vida, no palabras.
Igualmente lo he visto en las Benedictinas y en otros monasterios que he visitado. Todas ellas son una expresión elocuente e imperecedera, testimonio vivo, del Misterio de Dios. Corazones que se consagraron a Dios en el despojo de todo aquello que pudiera distraerles y por ello muestran cual es su verdadero tesoro: DIOS PADRE, HIJO y ESPÍRITU SANTO.
Que esta semana sea nuestro único interés adentremos en el verdadero y GRAN TESORO DE: DIOS PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO Y QUE SEA ALLÍ DONDE ESTÉ NUESTRO CORAZÓN.
Un abrazo muy fuerte:
Olga

Asun dijo...

Al escuchar y leer esta homilía, mi corazón se transporta en el tiempo y revive una jornada, para mi inolvidable.

En Abril, tuve la inmensa fortuna de viajar a Valladolid (Cigales) y pasar un domingo en compañía de dos personas muy queridas, humana y espiritualmente por mi. La finalidad del viaje era la visita al monasterio de las Clarisas (clausura).

Soy una madre de familia que, vulgarmente hablando, está en el mundo, con todo lo que esto conlleva.

Cuándo atravesamos la verja de los jardines, una atmósfera de paz nos envolvió. ¡¡Qué cierto es que para tener “trato” directo con el Señor, todo es superfluo!!

La austeridad del convento, del locutorio, hace que no exista la distracción. Asistimos a la Eucaristía con la predisposición a la que ayuda ese ambiente y los cánticos de la hermanas.

Nuestra visita era para una monja en concreto, pero toda la comunidad (45) nos recibió con una alegría sincera. Viéndolas tras las rejas, la reflexión llenó mi mente. Mujeres como yo, que toman la decisión de apartarse del mundo para siempre…Sienten la llamada de Dios, como en toda vocación, y eligen el DESAPEGO TOTAL…si, incluso de su familia ante situaciones terminales. Toda su vida es la relación íntima y continuada con el Señor, toda su vida se reduce a El.

La sociedad actual, puede pensar en lo inútil de esta vida, dónde ni siquiera se ejerce un trabajo social. ¡¡Nada más lejos de la realidad!! Y quién así piense, no entiende lo que es un encuentro con el Señor en la oración. Los beneficios de su oración son recibidos por personas que estamos lejos, geográficamente, y cuyo conocimiento real, importa poco. Su generosidad para con toda la humanidad no tiene límites, en el Señor, nos aman y piden por todos sin que el cansancio haga mella en ellas.

Día tras día…en el frío invierno y en el caluroso verano, interceden por todos ante Dios, y sienten dentro de sí la ALEGRIA que solo las personas “tocadas” por El, reflejan.

¡¡Claro que hay que pedir por ellas y ellos!! Su abnegada entrega hace que veamos la calidad de la, tan denostada, condición humana.

.

No olvidaré nunca ese día que hizo que una persona “corriente” palpase lo que es la SERENIDAD del Señor a través de ellas.

Todo mi agradecimiento a mis queridas Olga y Luciola por llevarme con ellas, y también mi admiración por su vocación que, sin clausura, hace que sean los brazos y las manos en tantas tareas apostólicas y sociales.

Este es mi relato y mi impactante experiencia. Espero que os sirva.

Siempre gracias a mi Padre y a mi director espiritual.

Un fuerte abrazo para todos.
Asun

aloya dijo...

En mi infancia, recuerdo, que en el libro de oraciones de mi madre, leía que la primera y fundamental verdad de nuestra santa fe, es el dogma de la Santísima Trinidad, misterio imcomprensible, profundísimo, pero verdadero, según el cual hay en Dios tres personas distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y un solo Dios verdadero. Las lecturas y los Sacerdotes, nos aproximan a este misterio insondable, en el que se sostiene toda nuestra fe y esperanza, solo en la Santísima Trinidad está la fuente de todo bien; sólo Ella, es bien inmutable e infinito.
En algunas ocasiones de mi vida, recé el Trisagio a la Santísima Trinidad y suelo hacer muy amenudo la invocación : Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, tened misericordia de nosotros. Esta invocación se hacía en la antiguedad, en situaciones desesperadas y se debe a que en una de ellas, un gran terremoto que asoló Constantinopla, en tiempos del Emperador Teodosio, el cual, en compañía de su hermana Pulqueria y San Prócolo, Patriarca entonces de aquella Iglesia y todo el Clero reunidos en un paraje llamado CAMPO, dirigían al Cielo, súplicas para que cesara el movimiento de tierra, pidiendo socorro, en esta situación sucedió un prodigio extraordinario. Un niño de pocos años, fué arrebatado por los aires, a la vista de todos los del CAMPO, que le vieron subir hasta perderlo de vista. Después de largo rato, descendió a tierra del mismo modo que había sido arrebatado al Cielo, y puesto en presencia del Patriarca y el Emperador, así como de la multidud pasmada, contó como siendo admitido en los coros celestiales, oyó cantar a los ángeles, la advocación antes mencionada, una vez terminada de decir, el niño murió. San Prócolo y el Emperador, mandaron a todos los asistentes, que entonasen inmediatamente este sagrado cántico y el terremoto cesó. De ahí proviene el uso del Trisagio, que el Concilio General Calcedonense, prescribió a todos los fieles, como un formulario para invocar a la Santísima Trinidad en todas las situaciones de la vida, y muy especialmente en las desesperadas. A mí, me gustó siempre esta bella historia.

D. Andrés nos habla del día " Pro Orantibus ", dedicado a los hermanos/as contemplativos/as. Me atrevería a decir, que es el día de la Generosidad por excelencia. Saber que personas que no conocemos, están ahí, encomendando nuestras vidas, nuestros avatares, olvidándose de sí mismos, sacrificando su vida, para hacer la de los demás más llevadera, sin tener la recompensa del agradecimiento, solo orando por toda la humanidad. Me parece precioso y extraordinario, que nuestras vidas, estén mediatizadas por estos hermanos tan generosos, que no conocen la pereza, ni se riden ante las dificultades del día. Se entregan al Señor, para nuestro bien.
Deseo que donde esté mi Tesoro, mi Dios, siempre esté mi corazón, sin concesiones.
Gracias D. Andrés, porque cada día me ayuda a descubrir, aspectos maravillosos de la vida y del Señor.
Un abrazo para todos los amigos del Blog.
Aloya.

jose manuel dijo...

Monjas y frailes de clausura.

¿Que hacen con tanto como hay por hacer en este Mundo de penalidades?

Y entonces es cuando debemos de meditar que nada depende de nosotros, y que hay tantas cosas que si solo las hicieramos por nosotros mismos sin la ayuda de DIOS, saldrían mal.

¿Que es el hombre para que se crea indispensable.

Rogad por nosotros monjas y frailes de clausura a DIOS y JESUCRISTO para que tengan misericordia y paciencia con nosotros pobres pecadores.

Este Mundo va peor porque cada vez hay menos oración.

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRISTO!

samalea dijo...

Agradezco este testimonio que hoy nos ofrece esta hermana contemplativa que me hace presente el amor de Dios y me ayuda a comprender el misterio de la Santísima Trinidad. Pues yo entiendo este misterio como un misterio de amor (como dice S. Juan: “¡Dios es Amor!”) y el amor crea una comunión de personas. ¡Dios es comunidad!
Y pienso que el misterio de la Santísima Trinidad, más que para ser especulado, es para ser amado y vivido en mi interior.
Me doy cuenta, leyendo la lectura del libro de los proverbios, qué diferente es la sabiduría de Dios y la sabiduría de los hombres. La sabiduría de Dios está cerca de Él: "...yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres."
Y ¿dónde puedo encontrar a Dios? En lo profundo de mi ser, en lo más recóndito de mi corazón. El amor de Dios está en mi interior porque ahí ha sido puesto por "el Espíritu Santo que se nos ha dado" Y ese mismo Espíritu me guiará hasta la verdad plena.
Como el salmista me pregunto: "¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?, lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad”.
¿No es todo esto lo máximo a lo que puedo aspirar? Creo que sí. Y, sin embargo, no soy capaces de mantener esa proximidad por culpa de mis abandonos, de mis faltas y pecados.
Me hace falta un poco de paz, de sosiego, de serenidad, de humildad para aislarme del ruido del mundo y así aprender lo que nos Dios me manda. Debo sentir a Dios en mi interior y luego salir al mundo --y a grandes voces-- contárselo a quienes no le encuentran, o no le sienten.
La oración me ayuda a tomar conciencia de este don y a vivirlo y expresarlo en mi vida. Por eso estoy agradecida por la oración de estos hermanos contemplativos que no me olvidan ante el Señor y a los que tendré presente en mis oraciones.
¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo!

Ana dijo...

Me gustaron las palabras de esta hermana contemplativa. No sabía que el domingo de la Santísima Trinidad era su día, se merecen estar presentes en cada oración que haga. Desde hace unos meses voy a visitar a las Clarisas de Villaviciosa, la paz y la alegría que te transmiten es de gran ayuda en este camino que hacemos tan difícil. Las conocí gracias a un amigo que me llevó un día allí porque buscaba una congregación para llevar a los jóvenes que acompañaba en la catequesis y que se confirmaron el pasado mes de Abril, para que conocieran como era esa vida contemplativa que tardamos tanto en entender. Su acogida fue tan buena y su testimonio tan coherente y cercano, que esos mismos jóvenes me pidieron volver a llevarlos después de su confirmación para que la Madre Superiora les guiara en un retiro que hicimos como Acción de Gracias y como “parón” para discernir cómo debe de seguir nuestra labor en la Iglesia. Coincidió que era el mes de Mayo, y la Madre Mª Luisa nos hizo una pláctica sobre María, su llamada y su compromiso como primera misionera.

Yo sigo manteniendo comunicación con ellas, y aprovecho cada vez que tengo ocasión en ir a verlas. Su labor me impresiona, como también me impresiona su vocación, su fidelidad a Dios, su Amor a Dios y a los hermanos.

Lo que sí me parece triste es esperar a tener heridas en el alma para levantar nuestra alma al cielo, de ser esclavos de miserias que nos rodean y no ver a Dios Uno y Trino como ese TODO que llena nuestra vida.

Esta semana pidamos por todos los fieles que están en conventos de clausura, con esa vida tan entregada a Dios, tan pendientes de la Iglesia y sus necesidades, como es la que hoy en día se palpa: la necesidad de vocaciones, por eso pido por aquellas personas que hoy están discerniendo por su vocación, para que sientan cercana esa llamada de Dios, como también la sintamos nosotros en nuestras vida.