sábado, 26 de mayo de 2007

Pentecostés (C)

27-5-2007 PENTECOSTES (C)
Hch. 2, 1-11; Slm. 103; 1 Co. 12, 3b-7.12-13; Jn. 20, 19-23
Queridos hermanos:
Como hemos visto el domingo pasado, domingo de la Ascensión del Señor, nosotros, los cristianos, somos teístas (creemos en un Dios que está entre nosotros y se implica con nosotros: en las pequeñas cosas y en las grandes) y también somos monoteístas (creemos en un solo Dios). Pero igualmente es cierto que nosotros creemos en un solo Dios, mas con tres personas divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los dos primeros son más conocidos y orados por nosotros que el tercero. El tercero, el Espíritu Santo, es el gran desconocido.
Acabamos de escuchar la SECUENCIA DE PENTECOSTÉS. Este un texto precioso, tanto literaria como religiosamente hablando. Sólo se puede hablar del Espíritu Santo de un modo alegórico y con ejemplos, o narrando las sensaciones que percibe la persona de fe, pero este “hablar” y este “narrar” no logran expresar toda la riqueza de lo que sucede en quienes reciben este Espíritu. Veamos lo que se dice en la Secuencia de Pentecostés. Haré algunos comentarios:

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.

El Espíritu ha de ser pedido y suplicado a Dios Padre y a Dios Hijo. No se puede fabricar el Espíritu aquí, en la Tierra. Su lugar es el cielo, en donde están el Padre y el Hijo, y es a ellos a quienes se lo hemos de pedir. ¿Cómo sé yo que el Padre y el Hijo han escuchado mi oración y me han dado o me dan su Santo Espíritu? El Espíritu Santo está en mí cuando tengo luz para ver la realidad de mi vida. Vamos a ver un ejemplo de una chica que no tenía el Espíritu Santo y de otra que sí lo tenía: La primera se trata de una chica de Taramundi. Cuento el primer caso porque fue público y notorio. Esta chica iba a casarse y, preparando las cosas y los papeles en la sacristía, le dije que tenía que confesarse antes de la boda. Ella me contestó que no le hacía falta, que ella no tenía pecados. Yo le dije que sí los tenía, que todo el mundo los teníamos. Entonces ella insistió en que no tenía pecados. Le dije que sí tenía algunos, y le puse algunos ejemplos a partir de su propia vida: su madre, viuda y jubilada por enfermedad se levantaba todos los días hacia las 6 de la mañana a dar de comer a las vacas y a ordeñarlas a mano; luego su madre cogía el cántaro de leche y, en invierno y en verano, se lo cargaba a su espalda y a pie lo llevaba desde la casa en que vivían unos 4 km. hasta la carretera de Taramundi-Vegadeo por donde pasaba el camión de la leche. Allí su madre esperaba al camión con lluvia, viento, nieve o frío. Luego su madre de nuevo cargaba con el cántaro vacío y regresaba a casa, y al llegar le preparaba el desayuno a la hija, la cual se levantaba hacia las 12 del mañana y veía la telenovela de turno (Cristal), mientras su madre estaba en la huerta sembrando o escarbando las patatas y otras verduras. Encima de la cabeza de la chica, en la cocina, estaba la ropa tendida, que su madre había primero lavado y que plancharía más adelante. Luego su madre regresaba de la huerta y preparaba la comida, que servía a la chica, y con exigencias de ésta, si la comida no le gustaba. Después su madre fregaría, y la chica seguiría viendo la tele esperando a que diera la hora de vestirse y salir con su novio, que la vendría a buscar al pueblo. En este comportamiento yo distinguía los pecados de egoísmo, de pereza, de ira, de desamor hacia su madre. Le dije a la chica que, si le parecían pocos estos pecados, que miraríamos más. Veamos ahora el segundo caso; se trata de la chica que sí tenía la luz del Espíritu Santo. Lo tomo de un escrito de la propia chica: “An­tes... yo nunca veía mis pecados, sólo los de los demás, y sobre todo los de mis padres; hasta sentía satisfacción en criticar y humillar a mi madre... Todo ha cambiado. Ahora, si obro mal, lo reconozco y pido perdón. Y cada día voy descubriendo más cualida­des buenas en mi madre".

Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

El Espíritu Santo, con su luz lee, en nuestro interior. Ante El no hay engaño ni maquillaje. Pero, al penetrar el Espíritu en nuestras almas hasta lo más profundo, no nos humilla ni nos abochorna, sino que, en medio de nuestra mediocridad y pecado, nos produce el mayor de los consuelos. Nada en este mundo se puede parecer a la sensación de paz y serenidad y alegría que nos produce el tener el Espíritu Santo en nosotros. Narra un sacerdote que, dando un retiro, explicaba a los asistentes que “Dios te quiere tanto, porque te mira con ojos de madre. No se fija en tu pequeñez, en tus defectos y fallos; sólo ve en ti un trozo de cielo; un reflejo de su propia luz, belleza y bondad... Entre los participantes de ese retiro se encontraba una señorita muy acom­plejada por su desmesurada talla. Al día siguiente esta señorita dio un testimonio así: ‘Anoche, estando en la capilla, podía sentir la mirada de Dios sobre mí. Y de lo más hondo de mi cora­zón surgió espontánea esta oración: ‘Te doy gracias, Señor, porque me has creado así, como un trozo de cielo, ¡y menudo trozo!’ Y por primera vez en mi vida pude reírme a gusto pensan­do en mi talla. Además, me parecía oír a Jesús riéndose conmigo. El caso es que todos mis complejos se los llevó el viento’". ¡Cuánto nos hacen sufrir nuestros fracasos personales y nuestros complejos! Por eso, podemos decir que el Espíritu Santo es el “padre amoroso del pobre”, de los pobres de este mundo, de los que sufren por cualquier cosa física, moral o espiritual.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Ante esta riqueza y ante tantos dones y regalos (descanso, tregua, brisa, gozo, consuelo, agua en la sequía, salud en la enfermedad, limpieza, calor, guía del que no sabe…) como nos otorga el Espíritu Santo no es extraño que uno vuelva a clamar al Padre y al Hijo por este Espíritu.

9 comentarios:

Asun dijo...

Llevo varios días teniendo como lectura de meditación, la maravillosa
Secuencia de la Misa de Pentecostés.
¡Qué desconocido es para mí el Espíritu Santo! Quizá sea por la
dificultad, o imposibilidad de comprensión, sin embargo, humildemente,
empiezo a ver un rayito de luz. Os explico: ahora comprendo mejor, Quién
mueve mi mano ante el ordenador cuándo escribo los comentarios; Quién habla
por mí, a través de mis labios, cuando consuelo o alegro a un amigo; Quién
me empuja a querer profundizar más en la fe, a desear saber más... Quién da
a mi alma la fuerza necesaria cuando tengo momentos de sufrimiento y me
ayuda a comprender mejor el de los demás.
Ruego al Señor, la capacidad para ser consciente de todo lo que me ha
dado: Su Reino; la esperanza; su Hijo; la Salvación; su Espíritu; la Fuerza.
Para terminar os reproduzco unas estrofas de este poema, maravilloso en la
forma, pero sublime en el fondo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Termino con una petición a nuestro Padre común:" Entra hasta el fondo del
alma, divina luz, y enriquécenos".
Siempre gracias a mi Padre y a mi director espiritual.
Un fuerte abrazo a todos.
Asun

Aloya dijo...

Nada de lo que pueda hacer bien, se debe a mis capacidades, solo a través de la luz que me llega del Espíritu, puedo avanzar, puedo ser útil a mi prójimo, puedo recomponer los trocitos mi vida cuando se rompe, puedo sentir la emoción de ver un niño sonreir, puedo sentir un paz especial y una fuerza, que a veces me sorprende y a la vez, me da confianza para intentar dar nuevos pasos en mi vida.
En mis oraciones diarias, pido al Señor, que no solo me envíe su Espíritu a mí, a mis seres queridos, para que ilumine nuestra vida y nos permita tener un corazón generoso, capaz de amar, comprender, perdonar y compartir, sino que también, que lo envíe a toda la Humanidad, a los pobres y ricos de la tierra, a los investigadores, científicos, políticos, docentes, comunicadores, legisladores, fuerzas del orden, gobernantes, sacerdotes y religiosos, amigos del blog, a los que sufren y a los que son felices, para que todos, tengamos luz en nuestro camino, para que habite siempre en nosotros.
La presencia del Espíritu en mi vida, hace que mis dudas, mis fracasos y mis avatares cotidianos, encuentren la solución oportuna, la fuerza para levantarme cuando caigo, y la destreza para avanzar en el día a día, pero sobretodo, he descubierto no hace mucho, un aspecto que incluso me da un poco de vértigo, puedo estar serena en la adversidad, e incluso, sentirme feliz a pesar de todo, porque el Espíritu, vacía mi pobre corazón de sentimientos adversos, esos que hacen, que justamente no seas feliz, aligera mi carga.
Me parece precioso el poema que nos pone D. Andrés. Gracias a él, yo voy descubriendo aspectos inéditos en mi vida personal, y he aprendido, a invocar al Espíritu en mi vida, para pedir y para agradecer.
Todos los amigos del blog, tienen unos sentimientos extraordinarios, y son capaces de expresarlos de forma bella y brillante, intentaré aprender.
Feliz semana para todos.
Gracias D. Andrés, por sus enseñanzas y gracias a Dios, que le ilumina con su Espíritu.
Aloya

José Manuel dijo...

Espíritu Santo, el gran olvidado y sin embargo el espíritu del bien que puede hacer cambiar nuestras vida, el que procede del PADRE y del HIJO. Lo más valioso que ellos nos envían el que nos acompañará durante toda la ETERNIDAD.

El Espíritu Santo aquél que nos hace sentir la necesidad de mejorar a cada momento y permite librar una batalla personal contra EL MAL.

EL ESPIRITU DE LA VICTORIA en nosotros pobres pecadores.

nieves dijo...

Es preciosa la secuencia al Espíritu que se lee en esta celebración, que es un momento capital en la historia de le Iglesia, y que renovamos cada día en la Eucaristía con la invocación del Espíritu.
"Ven Espíritu divino" sobre el hoy de tu Iglesia, que está comenzando y renovándose cada día, en cada uno de nosotros.
Que al igual que los apóstoles carecían de fuerza y conocimiento pero que a través del Espíritu lo recibieron, que así también podamos recibirlo nosotros, que somos en nuestros días, herederos de esa misma promesa de la que el Señor nos habla " El Espíritu será el que os enseñe todo y os vaya recordando todo lo que yo os he dicho"
A nosotros aquí y ahora reunidos, aunque cada uno estemos en nuestra casa, y usemos los medios de nuestro tiempo para comunicarnos y estar juntos en el Señor, también ahora el Espíritu nos llama y nos lleva a acercarnos a este blog y a hablarnos de una forma tan publica, para comunicar nuestro espíritu unos a otros y fortalecernos y enseñarnos y compartir de una forma tan sincera.
También hoy, hay que tener un poco de valor para entrar en esta ventana tan abierta al mundo y dar testimonio de nuestra experiencia de fe.
Feliz semana a todos.

Pepitina dijo...

¡¡Cuánto he invocado este Espíritu preparando la Fiesta de Pentecostés!! y ¡cuán presentes os he tenido a todos este domingo!!
Qué bien ha dicho José Manuel sobre nuestro protagonista:-EL ESPIRITU DE LA VICTORIA en nosotros pobres pecadores.- Victorioso se manifiesta al ir vaciándonos de nosotros mismos, de nuestro egoismo, vanidad, soberbia, susceptibilidad...tantas cosas y todo para ir llenándonos, PLENIFICÁNDONOS DE DIOS. Cierto que esta plenitud solo será perfecta en el cielo, pero aqui vamos haciendo el camino; aquí le DEJAMOS a ÉL hacerLo en nosotros, siempre que no le ESTORBEMOS.
¡¡VEN ESPÍRITU SANTO LLENA NUESTROS CORAZONES!! tu descanso, tregua, brisa y gozo nos son tan necesarios, ¡¡VEN A TU IGLESIA DE ASTURIAS QUE VIVE EN SÍNODO!! Hazte presente en ella con tus dones.
un abrazo para todos.

Olga dijo...

Ven, Espíritu Divino,
Manda tu luz desde el cielo.

Es esta luz la que necesitamos para ver y entender lo que Dios nos pide a través de sus acciones y designios para con nosotros. Es esta luz la que nos capacita para hacer su voluntad y obrar como EL nos lo susurra al corazón.
El Espíritu nos capacitará no sólo para conocer en profundidad, sino para dar testimonio de lo que hemos conocido y entendido.
solamente podremos ser verdaderos testigos con la fuerza del Espíritu, como dice Pablo: “nadie puede decir Jesús es Señor si no es bajo la acción del Espíritu Santo”.
Por eso debemos constantemente, como dice la oración de la secuencia pedir el don del Espíritu para que penetre nuestras almas y nos conforte con su fuerza dándonos su dones y su aliento.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos. Te lo clamamos hoy y siempre
don, en tus dones espléndido;
Necesitamos de tus dones:
Bendito Espíritu de Sabiduría, ayúdame a buscar a Dios. Que sea el centro de mi vida, orientada hacia Él para que reine en mi alma el amor y armonía.
Bendito Espíritu de Entendimiento, ilumina mi mente, para que yo conozca y ame las verdades de fe y las haga verdadera vida de mi vida.
Bendito Espíritu de Consejo, ilumíname y guíame en todos mis caminos, para que yo pueda siempre conocer y hacer tu santa voluntad. Hazme prudente y audaz.
Bendito Espíritu de Fortaleza, vigoriza mi alma en tiempo de prueba y adversidad. Dame lealtad y confianza.
Bendito Espíritu de Ciencia, ayúdame a distinguir entre el bien y el mal. Enséñame a proceder con rectitud en la presencia de Dios. Dame clara visión y decisión firme.
Bendito Espíritu de Piedad, toma posesión de mi corazón; inclínalo a creer con sinceridad en Ti, a amarte santamente, Dios mío, para que con toda mi alma pueda yo buscarte a ti, que eres mi Padre, el mejor y más verdadero gozo.
Bendito Espíritu de Santo Temor, penetra lo mas intimo de mi corazón para que yo pueda siempre recordar tu presencia. Hazme huir del pecado y concédeme profundo respeto para con Dios y ante los demás, creados a imagen de Dios.
QUE NUNCA ME OLVIDE QUE ERES: (descanso, tregua, brisa, gozo, consuelo, agua en la sequía, salud en la enfermedad, limpieza, calor, guía del que no sabe…)
¡QUE GRAN FIESTA! ¡CUÁNTO ME HA RECONFORTADO LA SECUENCIA DE PENTECOSTÉS!.
Gracias al Señor porque su Espíritu Ilumina a Andrés para que por su medio nos llegue a nosotros su Palabra y nos guié para dar testimonio de lo que hemos conocido y entendido.
Gracias a TODOS LOS DEL BLOG ¡Cuánto me enseñan y me iluminan con sus comentarios!
Un abrazo.
Olga

samalea dijo...

Recuerdo de cuando estudiaba el catecismo que los dones del Espíritu Santo son 7:
Sabiduría. Inteligencia. Consejo. Fortaleza. Ciencia. Piedad. Santo Temor de Dios. Y quisiera poseerlos todos, y no por avaricia, sino porque no sabría decir de cual de ellos prescindiría, pues todos me parecen importantes e imprescindibles para poder vivir.
En la profesión de fe, decimos "Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida"
Por eso esta vigilia de Pentecostés la viví con gran esperanza pues deseaba que el Espíritu descendiera en medio de nosotros inundándonos con sus dones. Y he pensado en cuantas veces me ha bendecido con ellos y he gustado de este dulce huésped del alma.
Me ha penetrado su luz para poder iluminar las tinieblas de mi corazón, que estaba en la oscuridad por el pecado, la tristeza y la angustia.¡Cuántas veces parece que estamos inconsolables porque todo lo humano está en nuestra contra! Sin embargo, ahí está Dios quien, por medio del Espíritu Santo, fue la fuente de todo consuelo para mí.
Cuando mi alma está atribulada, cansada, fatigada, ahí se presenta quien es pausa en el trabajo Ahí está el Espíritu Santo quien me conforta en todo momento.
Y recuerdo las palabras de Jesús en el Evangelio de hace dos semanas: "Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a hacer en él nuestra morada" (Jn 14,23).
Y quiero tener abierto mi corazón a la voz de Dios y estar abierto a su amor y dejar que el Espíritu Santo habite dentro de mí.
La tradición de la Iglesia enumera doce frutos del Espíritu Santo que nos ayudan a saborear la gloria eterna: Caridad . Gozo . Paz . Paciencia . Generosidad . Bondad . Benignidad . Mansedumbre . Fidelidad . Modestia . Continencia . Castidad
Estoy aún lejos de dar estos frutos pero no pierdo la esperanza de que algún día, con la ayuda del Espíritu Santo, mi vida cambie.

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu Creador. Y renueva la faz de la Tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.
Amén.

Cova dijo...

Ante tantos dones y regalos que sé que nos otorga el Espíritu, si que es EXTRAÑO que yo no clame por él en cada momento y situación que vivo sintiendo la necesidad que siento de ese descanso, de ese consuelo, brisa, gozo, agua, salud, limpieza ,guía que solo el Espíritu puede dar.
Ojalá que viviendo la presencia del Espíritu en el día a día renovemos los ambientes en los que vivimos, por ejemplo mirando el trozo de cielo que tengo delante de mí o a mi lado, en las personas que me rodean.

Pepitina dijo...

Trás leer estos dos últimos comentarios, aunque ya lo pensé al abrir el blog trás aparecer la homilía, me confirmo en que el Espíritu Santo está trabajando firmemente en todos los que en un mismo Espíritu nos unimos como comunidad orante con María en este blog, para invocar insistentemente su venida- día a día, haciendo más presentes sus dones- y su presencia entre nosotros, Su Iglesia de Asturias,
y desde esta familia que ese Mismo Espíritu ha suscitado en la Catedral, valiéndose de nuestro querido director espiritual.
Sigamos unidos en ese Espíritu que tanto desea llevarnos a la Plenitud; Todo esto es un Don, pero ante todo Don de Dios, nosotros tenemos una Tarea que realizar. A ello.