viernes, 4 de mayo de 2007

Domingo V de Pascua

6-5-2007 DOMINGO V DE PASCUA (C)
Hch. 14, 21b-26; Slm. 144; Ap. 21, 1-5a; Jn. 13, 31-33a.34-35
Queridos hermanos:
Supongo que ya os habéis dado cuenta que, desde el domingo de Pascua, como primera lectura en los domingos, leemos trozos del libro de los Hechos de los Apóstoles. En este libro, escrito por S. Lucas, se nos narra la vida de los primeros cristianos, la vida de la Iglesia primitiva. Y es que la Iglesia de Dios surge y empieza a crecer desde la muerte y resurrección de Cristo. Veamos algunas características de esta Iglesia:
- La Iglesia es una comunidad de hombres y de mujeres. La Iglesia no está formada por ángeles, ni por gente sin pecados. En ella hay hombres y mujeres, corrientes y molientes, con sus defectos y sus virtudes, con sus luchas y con sus caídas, con sus victorias y con sus logros, con sus dolores y alegrías. En la Iglesia hay ancianos y niños, adultos y adolescentes, maduros e inmaduros… Alemanes y españoles, vascos y castellanos, andaluces y catalanes, nigerianos y estadounidenses, ricos y pobres, sanos y enfermos, casados y solteros… Yo había leído que la Iglesia era católica, es decir, universal, pero esto lo experimenté cuando fui a estudiar a Roma y veía gentes en las celebraciones con el Papa de todos los colores y culturas.
Hemos de darnos cuenta que la Iglesia no es simplemente un grupo o conjunto de hombres y mujeres. La Iglesia es una comunidad, es decir, la común-unión de hombres y mujeres entrelazados entre sí de una manera misteriosa, pero real. Fijaros en este templo: hay personas a las que no conocemos; hay personas que vienen a esta Misa, porque están de paso por Oviedo; hay personas que vivimos en la misma ciudad de Oviedo, pero no nos conocemos o no nos tratamos. Sin embargo, todos estamos unidos entre nosotros. ¿No lo percibís? ¿No percibís que los que nos reunimos en esta Misa de once formamos una comunidad, una familia? Pues esto es lo que se llama tener una experiencia de Iglesia, y de una Iglesia viva.
- La Iglesia es una comunidad unida en la fe y por la fe. ¿Qué es lo que hace que los hombres y mujeres sintamos y vivamos esta común-unión dentro de la Iglesia? Es la fe en Jesús; la fe en nuestro Amado Dios y Señor. Cuando alguien se siente alcanzado por Dios con su gracia, enseguida surge la respuesta del hombre. La respuesta del hombre es la fe. ¿Recordáis al chico del que os hablaba el domingo pasado, que quería casarse por la Iglesia por su novia creyente, pero que él no creía? Pues bien, este chico se sintió alcanzado por Dios en su corazón y la fe brotó de su interior. Ahora se siente unido a su novia de una forma que no lo estaba antes. Antes la amaba, la deseaba, tenían aficiones comunes, lo pasaban bien juntos en los mismos lugares…, pero ahora hay un aspecto más que los une: la misma fe. Y es que la fe puede unir más que la sangre, más que las aficiones, más que la profesión, más que el cariño meramente humano… La misma y única fe en Cristo Jesús hace que hombres y mujeres muy distintos entre nosotros formemos una comunidad. Es nuestra fe quien nos une, pero sobre todo es la gracia de Dios la que nos une a través de nuestra fe en El.
- La Iglesia es la esposa de Dios. Fijaros cómo describe S. Juan en el Apocalipsis a la Iglesia y lo que Dios hace con esta Iglesia, es decir, con esta comunidad de creyentes, con todos y cada uno de ellos: "Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva... Vi la ciudad santa... que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: -Esta es la morada de Dios con los hombres... Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor". Dios mima a su Iglesia como una madre mima a su bebe, como un novio tiene detalles de delicadeza con su novia.
- La Iglesia es una comunidad organizada. Cuando Cristo Jesús asciende al cielo y deja solos a los discípulos, surge enseguida una organización dentro de la comunidad: hay quienes predican y rigen la comunidad, como los apóstoles; hay quienes sirven y predican en la comunidad, como los diáconos (Felipe y Esteban); hay quienes hacen obras de caridad y repartía limosnas, como Tabita; hay quienes se dedican a la oración y tienen visiones de Dios, como Ananías, el que curó a Pablo de su ceguera; hay quienes están al frente de las comunidades que van surgiendo, como los episcopoi (obispos) y los presbíteros (de estos últimos se nos habla en la primera lectura de hoy);… S. Pablo ya escribía en sus cartas algunas de las cualidades que debían tener los ministros sagrados: “Es, pues, necesario que el epíscopo sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios? […] Es necesario también que tenga buena fama entre los de fuera, para que no caiga en descrédito y en las redes del Diablo. También los diáconos deben ser dignos, sin doblez, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios; que guarden el Misterio de la fe con una conciencia pura […] Los diáconos sean casados una sola vez y gobiernen bien a sus hijos y su propia casa” (1 Tm 3, 2-13).
- La Iglesia está impregnada de amor. Cuando la Iglesia es auténtica comunidad de fe en el mismo Dios, Creador y Salvador nuestro, surge inmediatamente el amor. Amor hacia Dios, pero amor también entre los creyentes. Por eso decía Cristo en el evangelio de hoy: "La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros". No amor de boquilla, sino amor concreto: que nos hace llorar con el que llora y reír con el que ríe; que nos hace compartir las penas y las alegrías, los bienes materiales y las necesidades espirituales, morales o materiales; que nos hace escuchar al que necesita hablar y acompañar al que se siente solo. Recuerdo un domingo de 1988, creo que era el 10 de junio. Estaba yo de cura en Taramundi y, después de celebrar las Misas en las parroquias, un matrimonio mayor de la villa de Taramundi me invitó a comer y en la sobremesa jugábamos a las cartas. Nos reíamos y lo estábamos pasando muy bien. En esto, hacia las 7 de la tarde, me vinieron a buscar el médico y el juez de paz. Resultó que un chico, de unos 26 años, se había ahorcado en una de mis parroquias y quisieron que los acompañara. Fuimos los tres a buscar al padre del chico y al hermano pequeño. Encontramos el cadáver aún colgado. No se podía mover nada hasta que el médico y el juez de paz dieran la orden. El chico llevaba desaparecido desde las 10 de esa mañana, le echaron de menos a la hora de comer, le salieron a buscar y le encontraron como a las 5 ó 6 de la tarde. Tenía la cuerda bien incrustada en su cuello, los labios llenos de saliva, pero ya verde y con moscas entre sus labios. Entre el padre, el hermano pequeño y yo lo descolgamos. Lo metimos en un Land Rover y las piernas sobresalían por detrás, pero no se doblaban por la rigidez de la muerte. Lo más terrible, sin embargo, fue cuando metimos al chico en la casa y la madre lo vio. Allí estaban acompañándola varias mujeres; mujeres cristianas que habíamos estado celebrando la Misa por la mañana. Acompañaban a esta madre desconsolada. Cuando regresé a Taramundi, el matrimonio mayor me esperaba para que siguiera jugando con ellos a las cartas, pues rara vez tenían visita y mucho menos al cura para que echara “unas manos” a las cartas con ellos. Amor concreto que comparte las penas y las alegrías

9 comentarios:

ALOYA dijo...

Comparto plenamente con D. Andrés, ese sentimiento de universalidad de la Iglesia. Para mí, se hizo patente hace algunos años, en una peregrinación al Santuario de Lourdes, allí había personas de todo el mundo y de muy diversas culturas, pero, al atarceder, en el rezo del rosario, aunque en lenguas distintas, éramos una sola voz, camino de la Gruta. Fue maravilloso sentirse parte de esa familia universal, integrarse en una comunidad tan plural, y todos con el mismo fin, alabar a nuestro Señor, a través de su Madre María.

La Fe, no solo mueve montañas, la Fe en el Señor Jesús, une a los seres humanos de condiciones más diversas, de culturas y razas diferentes y en las situaciones vitales más extremas, de pobreza o riqueza, de salud o enfermedad, porque es un regalo del amor que nos profesa nuestro Padre Celestial.

¡ Suerte han tenido en Taramundi con D. Andrés ! Es realmente bonito comprobar como a través de estos regalos que nos hace D. Andrés llamados Homilías, Taramundi está muy presente en muchas de ellas. Hay un goteo de situaciones que desgrana, unas veces con fino humor, y otras como experiencias duras de vida, para un Sacerdote en su primera Parroquia. Ha sido una gracia para estos parroquianos tenerle y aprender de de su bondad y su sabiduría. Taramundi pues, adquiere también caracteres de universalidad, en la Catedral de Oviedo, muchos Domingos, en la Misa de 11, y en esa comunión, yo me siento plenamente integrada.

Compartir las penas y las alegrías con nuestros hermanos, no solo es un acto de caridad, sino también es una posibilidad que nos brinda la vida, para hacer un seguimiento de situaciones especiales, por las que podemos atravesar todos, de aprender a comprometerse con causas que nos ocuparán tiempo, que nos restarán a veces libertad, pero que siempre nos depararán alegría o el sentimiento de haber hecho lo posible por ayudar a un hermano, y cuando la ayuda es sincera, aunque no dé frutos aparentes, quien la recibe, acaba percibiendo, sino la solución a su problema, sí la bondad del acto en sí.
Feliz semana,un abrazo para todo los amigos del Blog.
Gracias D. Andrés,por otro Domingo extraordinario.
Aloya

nieves dijo...

El Evangelio de hoy me toca muy hondo. Ese "HIJOS MÍOS" seguido de una información y un mandato, me hace estremecer.
Cuando salgo de viaje por algunos días, yo también informo a mis hijos y también les doy un mandato. Les pido que se comporten mejor que si yo estuviera en casa, les pido más y espero más de ellos que cuando estoy allí, y confío en que así sea.
El Señor nos da un mandamiento nuevo: "Que nos amemos como él nos ha amado".
Amarnos como él nos amó, amarnos hasta el extremo, amarnos hasta dar la vida por el otro.
Y no solo por el amigo, sino también por el que nos hace mal, por el que nos fricciona, el que nos lija, que al fin, puede que estos sean nuestros mejores amigos en este caminar.
Los discípulos cuando escucharon este mandato de boca de su Señor, seguramente no sabían lo que se les venia encima. Pero llegaron a amar hasta entregar su vida.
Ahora el Señor nos lo pide a nosotros sus discípulos, me lo pide a mí.
Me parece algo tan lejano, tan inalcanzable. Sé que esta valoración la hago desde mi fuerza, desde mis capacidades, fuerza y capacidades que debo abandonar si quiero que sea el Señor el que me guíe. Y que dura estoy, que aferrada a las cosas de este mundo, cuanto camino me queda por hacer.
Espero que el Señor sea paciente conmigo, pues con mis fuerzas, bien sé, que no podré cumplir su mandato.
Confío en el Señor.

Rubén dijo...

Gracias Andrés. Vivir y hacer vivir la iglesia en cada circunstancia. Lo recordaré para esta semana.

Pepitina dijo...

Comienzas la homilía, Pater, recordándonos que la Iglesia surge y empieza a crecer a partir de la muerte y resurrección de Cristo,así también nosotros sentimos ese "ser Iglesia"-esa pertenencia- cuando comenzamos -ó al menos somos conscientes de tener que hacerlo- a morir a nosotros mismos (opiniones, gustos, derechos...)y nos unimos a Cristo resucitado y vivo en Su Iglesia; a partir de ahí podemos decir que amamos a la Iglesia de la que formamos parte. Hay tantas cosas que sabemos, y es necesario escuchar nuevamente...porque el Espíritu las hace nuevas, según las circunstancias de cada uno."Todo lo hago nuevo",es cierto; lo creo pero sobretodo lo vivo porque el Señor lo hace presente en lo ordinario de mi vida.
Estuve dos dias en Covadonga y ¡¡¡qué regalo recibimos Olga y yo!! ¿a qué sí querida amiga? Allí nos encontramos en la Basílica y en aquel abrazo estabais todos vosotros amigos del Blog.
¡¡cómo nos evangeliza el Señor!! ¿os dais cuenta?..incluso desde un Blog; aqui se hace presente entre nosotros, desde Su Palabra y la interpretación de ella, y se hace realidad aquello de que "donde dos ó más se reunen en mi nombre ahí estoy YO en medio de ellos."
Pero además de encontrarme con Olga, un momento antes sentí la alegría de hacerlo con un matrimonio con quién a diario me encuentro en la misa de 9 de las Carmelitas de la Providencia.(alguno conocereis el convento). Es curioso la sorpresa y alegría que nos dió vernos en la Casa de la Madre--Ella reune, une a los hijos-; la FE une, hace familia y comunidad...por eso hemos de transmitirla. Estoy segura que quienes vieron el saludo afectuoso que nos dimos-este matrimonio y yo- y el gran abrazo con Olga hizo pensar a alguno:"cuánto se aman" y nosotros sin saberlo en ese instante estábamos siendo testigos de la "señal por la que concerán que sois mis discípulos."
Me pareció escueto, Pater, el párrafo dedicado a la Iglesia como esposa de Dios..es tan maravilloso sabernos cada uno como iglesia que somos, "arreglada como una novia que se adorna para su esposo." Me encanta esa imagen de la Jerusalén Celeste y esa relación que desea el Señor con las almas, como nos narra el Cantar de los cantares.
Un abrazo para todos y la Bendición de la Santina, que para el BLOG le pedí.Seguro que ya os llegó.

Anónimo dijo...

Mi opinión es que nuestra asignatura pendiente es el amor.Debemos trasmitir esa imagen,para que los "paganos" de hoy se asombren, cuando menos, ante nuesra Iglesia.

José manuel dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Tantas veces hemos oído esta expresión yo creo en Dios pero no creo en los curas. Personas que no admiten a la IGLESIA, ellos tienen un sentido de DIOS un tanto particular, desde el individualismo y el egoísmo. No hay hermanos tan solo la persona y DIOS, desmarcandose del precepto ".... y al prójimo como a tí mismo" ¿Para que ese tipo de DIOS, para sentir siempre la necesidad de pedir y no dar nunca?

Una fe sin hermanos sin afectividad, sin amor sin el sentimiento de familia. No me imagino a DIOS sin estar rodeado de una multitud de hijos, sin esa LUZ tan potente que hay en el Cielo y que es el amor de DIOS hacia sus hijos y de estos hacia EL y entre sus hermanos, una LUZ que todo lo inunda.

¿Que es la IGLESIA sino la antesala del Cielo? La preparación de la otra vida. IGLESIA un trozo de CIELO aquí en la tierra ¿Como? Con la misma luz de amor que se irradia en el CIELO, que irradiaremos nosotros también allí.

Un abrazo Don Andrés.

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRSITO!

Asun dijo...

Una frase de la homilía del domingo, ha quedado en mi mente:” Iglesia es una comunidad, es decir, la común-unión de hombres y mujeres, entrelazados entre si de una manera misteriosa, pero real”.
¡Qué verdad! De qué extraña forma, unas personas que proceden de los más diversos ámbitos y, que nunca se conocerían, empiezan a verse y a relacionarse con una profundidad que, incluso en familia, no se consigue. Aún, teniendo diferentes inquietudes, según el momento de cada cuál, podemos hablarnos claramente y entendernos con facilidad. Sin ir más lejos, tengo que deciros, que espero vuestros comentarios en el blog y, aunque a una gran parte no os conozco, pertenecéis ya a mi vida y contáis con mi mayor afecto. El Señor es nuestro nexo de unión
.
Siento en mi también la afirmación de la homilía: “esto es lo que se llama tener una experiencia de Iglesia, y de una Iglesia viva “.
Como obra de Dios, la Iglesia está impregnada de Amor, que es la señal de la fe en Cristo. Amor mutuo, y nuestro amor por Ella no nos debe de dejar impasibles ante los ataques que, desde diversas partes de la sociedad la Iglesia recibe. Como tampoco debe de escandalizar la crítica, si esta es constructiva, respetuosa y sirve para acercar más y más a Nuestro Señor.
Pido porque el Espíritu derrame su inspiración sobre nuestra Iglesia, y el Sínodo sea muy aclarador.

Siempre, gracias a mi Padre y a mi director espiritual.
Para todos vosotros, mis hermanos en la fe, un fuerte abrazo
Asun

Olga dijo...

“La Iglesia es una comunidad, no es un simple grupo”. Así lo siento, lo percibo, lo experimento, soy miembro de esta comunidad, de esta familia y me siento muy unida a ella y es una Iglesia viva. Para mí no es lo mismo celebrar, vivenciar mi fe un domingo en Sama o en Cabañaquinta, o en Salas o en…, que cuando estoy en la Misa de once en la Catedral de Oviedo; porque me he dado cuenta que me siento plenamente integrada con esta mi familia, con esta mi comunidad de la que yo formo parte todo los domingos esté o no esté allí, porque con mi oración y con mi pensamiento me uno siempre.
Desde que estoy viviendo en Oviedo porque el Señor me lo ha permitido, me ha dado este GRAN REGALO de llegar hasta aquí, de ENCONTRARME NUEVAMENTE CON EL SEÑOR A TRAVÉS DE ANDRÉS y de formar parte de esta familia de esta comunidad de la Catedral, en ella me ha hecho experimentar SU AMOR, SU MISERICORDIA, ME HE SENTIDO INTERPELADA, ALCANZADA POR DIOS, ha hecho que crezca mi fe, mi entrega, mi compromiso, mi amor a EL a través de su Palabra, de la Eucaristía, del Sacramento de la Penitencia. Al escuchar las Homilías (que no es lo mismo leerlas que escucharlas), desde lo mas profundo El Señor se hace presente con nuevas exigencias, con nuevos detalles para mi vida, siento que me mima y que me exige.
Es aquí donde la fe me ha unido a ASUN, a Pepitina, a José Manuel, a Aloya, Rubén, Nieves, que aunque no los conozco sé que allí están, a los anónimos y a otros amigos de este blog que me ayudan a crecer con sus comentarios y que juntos caminamos hacia la plenitud del AMOR, en lo sencillo de cada día con nuestras luchas y caídas, nuestras victorias, logros y también con los desaciertos, porque esta es la Iglesia formada por hombres corrientes y molientes que queremos ayudar a CONTRUIR LA IGLESIA.

Por último quiero unirme al testimonio que ha dado Pepitita de nuestro encuentro en la Basílica de Covadonga, porque así fue mi reacción, de alegría, de regocijo muy grande al verla, al encontrarme nuevamente con ella después de que nos conociéramos también en un momento especial en nuestra vida de fe, los Ejercicios Espirituales. Y TODO ELLO PORQUE LA FE UNE MÁS QUE LA SANGRE, MÁS QUE LAS AFICCIONES, MÁS QUE LA PROFESIÓN, MÁS QUE EL CARIÑO MERAMENTE HUMANO…
ES MOTIVO DE DARLE SIEMPRE GRACIAS AL SEÑOR.
Un abrazo.

Pepitina dijo...

Queridos amigos del Blog:
Hoy quería daros las gracias por vuestras aportaciones en los comentarios, pues el martes- y hoy jueves lo haré nuevamente- en el rato de oración ç
(de una catequesis de adultos que coordino) trás la lectura de la Palabra y la reflexión de ésta, desde la homilía del Padre Andrés, y después de explicarles lo que es un Blog a mi grupo de señoras, las invité a hacer su cometario como si lo estuviesen escribiendo. Estuvo bien, pues fueron más concretas-que otros momentos de "compartir" que solemos tener y quizás nos alargamos demasiado. A continuación les presenté como testimonio -- de esa única FE que profesamos, ese sólo SEÑOR a quien amamos, y ese mismo ESPÍRITU en el que caminamos--, vuestros comentarios de este último domingo y estos fueron la prueba concreta de la acción del Espíritu en Su Iglesia, a la que siempre trae novedad haciendo nueva la Palabra en cada uno. ¡¡cuánto me ayudais!!
Gracias a todos. También a los que sois fieles-igual que yo-, acudiendo al blog diariamente en espera de más....como Carmen, que aunque no se atreve a escribir¡¡ya lo hará!!, se enriquece y reflexiona desde nuestros comentarios también. Ayer nos encontramos en una conferencia de D. Carlos sobre el Sínodo, y ¡¡cuánto nos prestó!! ¿a qué sí, Carmen? Ya nos habíamos conocido y "puesto cara" en los Ejercicios Esp. de este año en Meres.
Recordemos hoy a nuestros sacerdotes en el día de su patrono San Juán de Ávila.
un abrazo para todos.