viernes, 15 de junio de 2007

Domingo XI Tiempo Ordinario (C)

17-6-2007 DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO (C)
2 Sam. 12, 7-10.13; Slm. 31; Gal. 2, 16.19-21; Lc. 7, 36-8, 3
Queridos hermanos:
- La primera lectura y el evangelio de hoy nos hablan del mismo tema: del perdón de Dios y de su misericordia para con todos nosotros. Así, el profeta Natán le dice al rey David: “El Señor perdona tu pecado. No morirás.” Y Jesús en el evangelio narra la parábola de un prestamista que tenía dos deudores: uno le debía 500 denarios (al cambio de hoy pueden ser unos 24.000 €) y otro le debía 50 denarios (al cambio de hoy pueden ser unos 2.400 €; más o menos, no soy demasiado bueno en matemáticas). Jesús nos dice que el prestamista perdonó las dos deudas. ¡Imaginaros que llega a casa una carta del banco, en donde se dice que la deuda pendiente de la hipoteca queda cancelada! ¡Qué alegría y que noticia más estupenda sería para tanta gente! También Jesús perdona en el evangelio a la mujer pecadora, que le riega los pies con sus lágrimas. Las palabras de Jesús son éstas: “Tus pecados están perdonados […] Tu fe te ha salvado, vete en paz.”
Supongo que conocéis la historia del rey David, de Urías el hitita y de su mujer. La primera lectura de hoy nos cuenta el final de esta historia. Al narrar los hechos sucedidos, me voy a ir fijando en todos los pecados de David. Y voy a hacerlo así, porque, si no comprendemos la enormidad de los pecados de David (de nuestros pecados), podemos pensar que el perdón de Dios es una bagatela o una nadería: 1) David se queda en el palacio, mientras envía a los demás a la guerra. A pasar frío, calor, sed, hambre, sufrimientos, heridas, incertidumbres, muerte, lágrimas. El está bien, mientras los demás están mal (pecados de egoísmo, de asesinato, de robo, de desprecio hacia los demás…); 2) David disfruta de un palacio, de varias mujeres, de comida… Un día se levanta de la siesta y sale a dar un paseo por los torreones de su palacio. Observa a una mujer bañándose en una casa cercana. Sabe que es una mujer casada, pero pide que se la traigan. La mujer obedece, porque es el rey quien lo ordena. David comete adulterio y encima lo hace abusando de su poder, de su fuerza sobre una mujer que tiene a su marido luchando por aquel que va a abusar de ella (pecados de abuso, de adulterio, de violación, de pereza, de lujuria…); 3) cuando la mujer avisa a David que está encinta, él busca tapar su falta mandando avisar a Urías con el pretexto de que le informe cómo va la guerra. David emborracha a Urías, lo agasaja con regalos y le manda a dormir con su mujer para tapar su falta. Pero Urías no puede, en conciencia, acostarse con su mujer y dormir en cama blanda sabiendo que sus compañeros de armas están pasando penalidades (pecados de engaño, abuso de poder, doblez en la intención…); 4) al ver que no va lograrse lo que David quiere (tapar su falta, ya que, si se descubre ésta, quedará mal ante sus súbditos), entonces en una carta, que manda por el propio Urías, ordena su muerte (pecados de instigación al asesinato, de abuso de poder, de doblez de corazón, de desprecio de la vida humana, de soberbia y, por no perder su fama, está dispuesto a lo que sea…).
Así y todo, a pesar de todos estos pecados, David no es capaz de verlos en sí mismo. Y es cuando se le acerca el profeta Natán y le cuenta la siguiente historia: “‘Había dos hombres en una misma ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía una enorme cantidad de ovejas y de bueyes. El pobre no tenía nada, fuera de una sola oveja pequeña que había comprado. La iba criando, y ella crecía junto a él y a sus hijos: comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su regazo. ¡Era para él como una hija! Pero llegó un viajero a la casa del hombre rico, y este no quiso sacrificar un animal de su propio ganado para agasajar al huésped que había recibido. Tomó en cambio la oveja del hombre pobre, y se la preparó al que le había llegado de visita’. David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: ‘¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión’. Entonces Natán dijo a David: ‘¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. ¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas. Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita’”. David no fue capaz de ver su pecado, pero vio enseguida el pecado del que robó la oveja al otro y lo condenó inmediatamente sin posibilidad de apelación: “¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión.” Nosotros somos, en muchos casos como el rey David: Pecamos y no vemos nuestro propio pecado, pero sí que vemos enseguida el de los demás. Vemos la mota de polvo en el ojo ajeno, cuando en nosotros no vemos la viga.
Ante las acciones pecaminosas de David, Natán presenta las acciones de Dios para con David: le ungió como rey de Israel, le libró de sus enemigos, le entregó miles de posesiones y le va a dar aún más. David ha pagado los dones de Dios con pecado y con el desprecio de su Palabra. ¿Cuál será el castigo de David? La lectura nos narra que David vio sus pecados y los reconoció: “He pecado contra el Señor.” Y el Señor perdonó sus pecados; todos ellos. Dios nos pide no pecar, pero, si pecamos, Dios nos pide el reconocimiento de tales pecados, el abajarnos ante el Señor, el sentir el dolor de estos pecados como los siente el Señor. Nadie reconoce de verdad los pecados propios, tal y como Dios quiere, si no percibe en su interior el dolor de los pecados como a Dios le duelen. Y sentir esto es un don de Dios. Ya os conté una vez que un padre dominico, Julio Figar, lloraba cuando le confesaban los pecados, aunque fuesen simplemente haber dicho tacos, haber murmurado, haberse enfadado con la mujer o el marido… Julio sentía en su espíritu el dolor de Dios, porque su espíritu era uno con el Espíritu de Dios.
¿Cuáles son los frutos del perdón de Dios en el hombre pecador? Como hemos visto más arriba, el perdón de Dios nos salva, nos da la paz, impide nuestra muerte, porque el hombre en pecado es un hombre muerto interiormente.
- El otro día estuve en casa de unos amigos. Coincidió también en aquel momento un conocido suyo. Mis amigos procuraron que yo pudiera hablar y/o confesar con este conocido, que no es practicante y es creyente “a su manera”. El decía que no tenía nada que confesar, que no tenía pecados. Igualmente llegó a decirme que veía como muy injusto una cosa que mantiene la Iglesia y/o Dios: que una persona muy mala, muy mala se arrepintiese en la última hora de su vida y se salvase. Este hombre parte de una concepción pelagiana de la salvación, es decir, que ésta depende de nuestras acciones, buenas o malas. Esta concepción no la tiene simplemente esta persona, sino que está muy extendida, incluso entre los que llamamos cristianos practicantes. Y lo que nos dice la segunda lectura de hoy es que la salvación no depende de nuestras obras, sino de muerte y resurrección de Jesús. Varias veces lo dice S. Pablo: “el hombre no se justifica (salva) por cumplir la ley (las buenas obras)”. Si fuera esto así, entonces la salvación provendría de las obras que hacemos, provendría de nuestro buen comportamiento. Entonces sería yo quien me salvara y no sería Dios o Cristo quienes me salvaran y me llevaran al cielo. Como dice S. Pablo, “la muerte de Cristo sería inútil.” La salvación –nos dice esta segunda lectura- proviene de Jesús, que me amó hasta entregarse por mí; la salvación proviene de que Jesús vive en mí; la salvación proviene de que vivo para Dios; y la salvación proviene de la fe que tengo en Jesús, y que El y sólo El me ha dado.

9 comentarios:

José Manuel dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

El hombre es un ser obstinado y experto en probar continuamente la paciencia de DIOS.

El rey David, aquel que un día siendo un chiquillo en el nombre de DIOS, venció a la soberbia de Goliat, que ofendía al SEÑOR y se reía de la cobardía de los israelitas incapaces de aceptar su reto.

El rey David quien escribió una gran parte de los salmos contenidos en la Biblia.

El rey David el elegido de DIOS y con el que hizo un pacto de perpetuarle tras generaciones en una larga dinastía de reyes.

El rey David que tanto amó al SEÑOR, fue capaz de olvidarse de LA LEY DE DIOS y cometer en ese hecho los pecados más graves.

Así es el hombre, así somos, capaces de atentar la misericordia de DIOS, menos mal que DIOS antes que JUEZ JUSTO es PADRE MISERICORDIOSO. Por que si no .......

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRSITO!

Aloya dijo...

Algunos llevamos un Rey David dentro de nosotros. El Señor nos colma de su amor y de dones en abundancia, y muchas veces nuestra respuesta a tanto cuidado y desvelos del Señor, es el pecado, la ofensa, la indiferencia, la temida soberbia, con el agravante, de que no nos queremos dar cuenta de esta situación pecaminosa de nuestra vida, y si nos la damos, somos muy benévolos a la hora de juzgarnos. Otra cosa, es la vara de medir que empleamos para con el resto de los humanos, ahí, nos convertimos en los espadachines justicieros, capaces de arreglar el mundo y de poner " firmes " a los otros, sin darnos cuenta, de que al fin y al cabo, son nuestros propios espejos. La falta de caridad con nuestro prójimo, es una afrenta permanente al Señor, que es todo misericordia. Es una situación de desprecio continuado, al amor parternal que Dios tiene a todos sus hijos.
El pecado enferma nuestra vida, la desgasta, la vuelve estéril, le quita totalmente el sentido, la desestabiliza, la ensucia, y aún así, el Señor nos está esperando siempre, nos tiende su mano de Padre, nos ofrece el perdón sin límites, solo nos pide un mínimo acto de misericordia hacia El, el arrempetimiento sincero de nuestras culpas, de ese acto, depende nuestra salvación. Cada vez que pecamos, abofeteamos el rostro de Cristo, que dió su vida en la Cruz por nosotros, y aún sabiéndolo, le provocamos una y mil veces, tentamos su paciencia divina y siempre, tenemos la misma respuesta, El nos quiere, a pesar de nuestro olvido. Dios, no cambia su ofrecimiento de Misericordia infinita para con la humanidad, pero nosotros, vamos y venimos, olvidándo, una y mil veces, que el Perdón, cura no solo el alma, sino también el cuerpo, nos hace más ligeros, nos da paz, alegría, esperanza, fe, y esas sensaciones, creo sinceramente, que son la Bendición de Dios.
Un abrazo para los amigos del Blog.
Muchas gracias D. Andrés, por su homilía, que como siempre, hace camino en mi vida.
Aloya.

ana dijo...

“El Señor ha estado grade con nosotros y estamos alegres”. En un día como hoy, donde la misericordia de Dios se nos vuelve a presentar nuevamente, ya que en el Evangelio de cada día se nos muestra el Amor de Dios ante los más pobres como somos nosotros, estamos alegres y sentimos paz en nuestro corazón.

Es cierto que muchas veces juzgo a los demás y por supuesto, me molesta cuando a mí se me juzga injustamente, la mota de polvo verla en los demás nos es más fácil, pero ¿ cuánto hacemos nosotros Señor?.

Últimamente me es muy grato ayudar a los demás sintiendo que no es algo que yo hago por mis virtudes , sino que es Dios quien a través de mí , utilizándome como instrumento suyo, ayuda y da Amor a los demás. ¿No da más alegría cuando damos un abrazo a alguien que lo necesita de verdad que darlo por darlo? A mí sí, aunque me cuesta mucho darlo a quien ”no puedo ver”, al que siento como enemigo. Ciertamente la fe es la que me puede ayudar a Amar con los ojos de Dios, lo que pasa es que no le dejo entrar en mí muchas veces y el pecado y la tentación se me ponen de obstáculo , y claro es más fácil querer a quien te quiere, pero sin embargo el Señor actúa y me enseña que no es así como debo obrar, mis obras sin fe no me dan la salvación, trabajar en la Iglesia para esperar una recompensa tampoco me ayuda, sólo me ayuda el trabajar para mayor Gloria de Dios.

El pecado sólo me ayuda a estar triste, a no ver las grandezas que Dios tiene para mí, pero sin embargo sigo pecando, y no veo repuestas a lo que yo llamo”injusticias” , pero el Evangelio de hoy me abre las puertas a ver que la solución la tengo en mis manos, que el perdón de Dios me espera sin pedir nada a cambio, que me entrega su misericordia gratuitamente.

Hoy daré gracias a Dios por su misericordia y su perdón, por su paciencia conmigo y por seguir queriendo que esté cerca de Él, porque sigue contando conmigo para trabajar en su Reino, y por todos los sacerdotes, que gracias a ellos se me entrega ese perdón. Y también en el Padre Nuestro repetiré más de una vez que eso que rezamos y no damos testimonio: “ perdona nuestras ofensas como también perdonamos a los que nos ofenden”.

Pepitina dijo...

¡¡Qué lecturas tan preciosas las de hoy!! Es dificil que no lleguen al corazón.
Me he visto reflejada en ese David, que tantos dones recibió de Dios y cuya respuesta fue como la mia en tantas ocasiones. Ayer sin mas tras escuchar las lecturas en la misa de la tarde -aunque ya las había meditado- fue como un latigazo- que mi hizo repetir como David: "he pecado contra el Señor". ¡¡cuánto agradecimiento brota de mi corazón ante la claridad, ternura y misericordia con que el Señor me lo muestra!! No hay duda de que nuestro Dios es todo amor y misericordia y Su Palabra, ¡Cuán viva y eficaz!!

Cova dijo...

A veces siento la necesidad de confesar, de ponerme bien con Dios,(de cumplir con algo que tengo que hacer), pero no siempre siento el dolor de mis pecados como los siente el Señor. Si fuera asi, quizá mejorarían algo mis constantes fallos.
Esta homilía me hace situarme más humildemente y agradecida ante el Señor, pues no depende de mí la salvación sino que es un don de Dios, que vive en mí, cuando yo vivo para Dios desde la fe .

Olga dijo...

Desde el domingo en la celebración de la Eucaristía, escuchando, reflexionando y orando sobre la Homilía durante los días siguientes, surge en mi corazón un sentimiento de GRATITUD AL SEÑOR porque me ha impresionado, ha resonado mucho la figura de Natán, Profeta de la corte del Rey David. Natán acusa con valentía, sin miedo al rey: ¡ese hombre eres tú!. Él, lo reprendió por sus pecados, le hace ver por medio de una sencilla historia el mal que ha cometido y que está cometiendo. También ante las acciones pecaminosas de David; Natán le muestra, le recuerda, le enumera las acciones de Dios, entre muchas de esas acciones le dice: “El Señor perdona tu pecado. No morirás”. David no fue capaz de ver su pecado pero Dios puso a Natán para que lo ayudase a ver sus pecados, a reconocerlos, a cambiar, a arrepentirse. David clama arrepentido, con profunda lucidez: ¡he pecado contra el Señor! Dios le perdona.
Hoy doy infinitas GRACIAS al Señor por haber tenido en mi vida aquellos “Natán” que en muchas ocasiones me han ayudado a ver mis pecados, mis infidelidades, mis fallos, con el ánimo de ayudarme a cambiar de actitud y reconocer como David mi pecado.
Que nunca nos falte esos Natán que nos espabilen,nos alerten ante nuestras actitudes que nos alejan de Dios.
¡Qué preciosa y profunda homilía! Muchas serían los comentarios que podríamos hacer de ella…y pienso que a través de esos mismos comentarios podemos hacer las veces de “Natán”
GRACIAS AL SEÑOR, que a través de Andrés, nuestro NATÁN ACTUAL que con tanto amor, cariño, dedicación, paciencia nos ayuda a descubrir por medio la dirección espiritual, del sacramento de la Penitencia, de las Homilías, de sus archivos adjuntos, de sus mensajes, de…y de esta Homilía, cual o cuales pueden ser nuestros pecados, nuestras actitudes, nos enseña con mucha pedagogía, nos ayuda a reconocer las acciones de Dios en nuestra vida, a caminar en la Presencia del Señor a pesar de nuestra flaqueza y debilidad. PORQUE EL AMOR, LA MISERICORDIA Y LA PACIENIA DE DIOS SON INMENSAMENTE GRANDES.
Feliz semana y que seamos en toda ocasión a tiempo y a destiempo esos NATÁN para quienes nos rodean.
Un abrazo.
Olga

Pepitina dijo...

¡Con cuánta claridad nos habla Dios! en mi comentario anterior compartía con vosotros como Su Palabra igual que a David,me llevó a postrarme ante el Señor al ver claramente mi pecado y ahora,trás haberme hablado desde David,lo hace desde Olga quien nos invita a ser "Natán" para otros hermanos.Dificil tarea..pues hemos de hacerla con tanto amor y sobretodo haciéndole ver al hermano,¡¡cuántos dones nos ha dado nuestro Dios! Creo que es desde ahí donde comienza nuestra conversión y la del hermano.
Gracias y mi cariño para todos.

Anónimo dijo...

Sólo me siento capaz de dar gracias a Dios por su perdón y amor gratuitos. Ni siquiera me atrevo a decirle: -no lo haré más. Dudo de mi sincero arrepentimiento y jamás intentaría ejercer de "Natan" con nadie.

Asun dijo...

Maravillosas lecturas y maravillosa homilía.
Despierta primero mi propia conciencia para reconocerme pecadora. Primera lectura.
Descubro después lo fundamental a los ojos de Dios: la FE.En la segunda lectura, Pablo nos quiere dejar claro que el cristianismo, no es solamente "juridico", eso sería casi negar la fé en Dios, causa esta, la fé que nos salva.
El evangelio es la práctica de los conceptos anteriores, es la escenificación de lo único y verdadero ante Dios: el AMOR y la FE, o dicho correctamente: el AMOR a través de la FE.
Leo en mi misal esta reflexión que es todo esperanza:" Un pecador que ama, está más cerca del perdón que un falso "justo" que renuncia orgullosamente a todo gesto de amor".
El AMOR es la clave. Dios creó al hombre por AMOR, y por AMOR, nos hizo a su imagen y semejanza. Su generosidad, también por AMOR, nos hizo libres. Se arriesgó y el hombre hiza mal uso de la libertad dada. Pecado original. Por AMOR, otra vez, nos redime mediante su Hijo, y nos dá otra vez el perdón. Es puro AMOR y ESPERANZA.
Por tanto:"Dichoso el que está absuelto de su culpa,a quién le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quién el Señor no le apunta el delito".
Siempre gracias a mi Padre y a mi director espiritual.
Un fuerte abrazo para todos.
Asun