viernes, 14 de diciembre de 2007

Domingo III de Adviento (A)

16-12-2007 3º DOMINGO ADVIENTO (A)
Is. 35, 1-6a.10; Slm. 145; Sant. 5, 7-10; Mt. 11, 2-11
Queridos hermanos:
- Nos cuenta el evangelio de hoy que S. Juan Bautista estaba en la cárcel. Él, que era un hombre de desiertos y de amplios horizontes, estaba entre cuatro paredes húmedas y malolientes. Juan oyó en la cárcel hablar de Jesús y de las obras que éste hacía, pero no sabía si Jesús era el Mesías esperado o no. Ciertamente, cuando lo bautizó en el Jordán, pensaba que era él, pero ahora parece que no estaba del todo seguro. Esto mismo nos pasa a nosotros: ¡Cuántas veces hemos tenido la certeza de la presencia de Dios en nuestras vidas, cuántas veces le hemos dicho que no le fallaremos nunca…, pero las dudas nos asaltan en determinados momentos o etapas de nuestra vida!: ‘Parece que ahora estoy más frío en la fe’, ‘antes rezaba más’, ‘no avanzo nada y siempre confieso los mismos pecados’, ‘¿tendrán razón aquellos que dicen que Dios no existe?, ‘y es que el mal triunfa siempre’…
Por todo esto digo que es normal que dudemos, pues lo mismo le pudo suceder a S. Juan Bautista. De hecho, él envió a unos discípulos suyos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Es decir, se le pregunta a Jesús si realmente es él el Mesías esperado, el salvador de los hombres. Si no es Jesús, entonces habrá que buscar en otra parte…
El jueves me enseñaban unas hojas firmadas, en donde una persona pedía su baja de la Iglesia Católica y quería que le borrasen de todos los archivos de la parroquia, por ejemplo, del libro de bautismos. Esto está siendo bastante habitual últimamente en España. En los años que estuve en Alemania, de capellán de españoles emigrados o ayudando en una parroquia alemana, observé cómo bastante gente, sobre todos jóvenes, pedía su baja de la Iglesia Católica. También he de decir que de igual modo muchas personas se daban de baja de las iglesias protestantes. Y pienso que todas estas personas se dan de baja, porque no esperan que la Iglesia Católica sea su salvadora ni su ayuda; tampoco lo esperan de las iglesias protestantes ni de otras religiones. Pero se me plantea una pregunta: De acuerdo, la Iglesia Católica y las iglesias protestantes y otras religiones no les ayudan ni les dan sentido a sus vidas, pero estas personas, ¿esperan que Dios, y sólo El, fuera de cualquier religión organizada, les salve y dé sentido a su vida? La impresión que tengo es que se rechazan las religiones organizadas, pero también se rechaza a Dios y, si esto no se hace teóricamente, sí que se hace en la práctica. Quizás mucha gente esté hoy en un sálvese el que pueda, en un individualismo muy fuerte, y viva sólo de lo material (ansiando lo material y apoyándose sólo en lo material): un buen empleo, un buen sueldo, buena salud, buena casa… y no se plantee nada más.
Pero ahora voy a circunscribir la pregunta a quienes estamos hoy aquí y ahora: En este tiempo de Adviento, ¿creemos y esperamos realmente que sea Jesús nuestro salvador, nuestro Mesías, nuestro Dios? ¿En qué se nota esto? ¿Esperamos en otro lado lo que no recibimos de Jesús?
- Veamos qué contesta Jesús a la pregunta[1] que le hacen de parte de S. Juan Bautista: "Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan lim­pios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia". Y en la primera lectura se nos dice qué les pasa a aquellos que ven a Dios: "Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios... Pena y aflicción se alejarán".
Sí, hemos de contestarnos a nosotros mismos, pero también a todos aquellos que nos pregunten y nos vean, que realmente es sólo Jesús quien nos hace ver y nos quita la ceguera de nuestro ser; es sólo Jesús quien nos hace caminar y nos da fuerzas para seguir adelante en nuestra vida diaria; es sólo Jesús quien nos hace oír las palabras de Dios y las necesidades de los hombres que tenemos a nuestro alrededor; es sólo Jesús quien nos resucita cada día y nos da realmente vida; y es sólo Jesús quien nos da la alegría de vivir el día de hoy.
Si me permitís, voy a transcribiros una vez más palabras de esta mujer enferma, de la que ya os hablé el primer domingo de Adviento y a la que fui otra vez a ver este lunes pasado. Repito lo ya dicho: hay que estar a su lado con una grabadora, pues no tiene desperdicio nada de lo que dice, y ver su rostro transido de paz y de serenidad es una gozada. Lo dicho; ahí van más perlas de esta mujer:
* Me decía que la otra vez, cuando recibió la unción de enfermos, no notó el efecto en aquel instante, pero al día siguiente se sentía más fuerte, físicamente hablando, y más animosa. Y esto lo achacaba al sacramento recibido.
* Decía que se encontraba algo mejor y que, si finalmente se curaba, sería gracias a Dios. Pero si Dios la llevaba con Él, entonces también era gracias a Dios. “Yo siento paz y, mientras la sienta, quiere decir que Dios me lleva con El.”
* Decía: “Noto que nada de lo que me hacen o me dicen me parece mal. Sin ningún esfuerzo por mi parte, todo lo disculpo. También es verdad que todos me tratan muy bien y son muy buenos conmigo.”
* “¡Cuánto noto la oración que hacen por mí! ¡Qué poder tiene la oración!”
* “¡Qué alegría poder recibir otra vez los tres sacramentos (penitencia, unción y comunión)!”, dijo esta mujer al llegar yo este lunes.
Yo creo que en esta mujer se ha cumplido perfectamente el evangelio de hoy, pues ella siente y vive cómo Jesús le anuncia la Buena Nueva. También se cumple en ella la profecía de Isaías: "Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios... Pena y aflicción se alejarán". En efecto, ella, desde el lecho del dolor, ve la gloria de Dios y la belleza de Dios. Ella, desde el lecho del dolor, siente cómo la pena y la aflicción se alejan de sí. Esta mujer no espera por otro Mesías ni por otro salvador distinto de Jesús, el Hijo de Dios. Para ella el Adviento, la preparación de la venida de Jesús, está siendo este mes de diciembre de 2007 una hermosa realidad.
¡Señor Jesús, nosotros también esperamos por ti y no por ningún otro! ¡Abre nuestros ojos, nuestros oídos, limpia nuestro ser lleno de lepra, haznos andar, danos vida y anúncianos la Buena Noticia!
[1] “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”

9 comentarios:

José Manuel dijo...

Estimados Don Andrés y demás hermanos:

¿Es Jesucristo el verdadero Mesías? Para aquel que no tenga fe, El puede ser "Un cuento de curas".

Hasta ahí bien pero es que la vida de Cristo no es una historia de hechura humana, hay un desprendimiento por su parte y una idea de libertad, que se salta la posibilidad de ser inventado por el hombre.

En todas las religiones menos el Cristianismo en las cuales hay un "Dios", que esclaviza al hombre y en este es al revés.

¿Quien es capaz de tanto amor que sobrepasa el límite del entendimiento humano, tanto como para dar la vida por sus hijos y no la suya sino de la del ser que más ha amado y amará, Jesucristo?

Esperar a otro Cristo y seguir en medio de tanto odio y desesperanza.

El tren pasará por nuestra vida y no habrá otro.

"Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan lim­pios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia".

¿Algien ha visto un "Tren" igual? Yo no y me alegro de ir en él, atrancas y barrancas, pero sabiendo que El me lleva hacia Dios?

¡Catolico, apostólico y romano!

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRISTO!

Aloya dijo...

Cuando me llega la noticia de personas que abandonan la Iglesia, de apóstatas, me siento especialmente triste, porque pienso que posiblemente esas personas reniegan de la Iglesia, porque yo, como parte de la " Iglesia Universal ", les he fallado, no les he dado un testimonio coherente con mis actos, desvirtuando el mensaje que Jesús nos legó, así que en estas circunstancias, me siento parte de esa ruptura, y de ese fracaso.

Nuestro Dios, es un Dios de bondad, que nos envió a su Hijo Jesús como Salvador, como testimonio vivo de su amor, y con el regalo infinito de la redención de todos los hombres. Yo creo que el Señor nos acompaña siempre, y que su Misericordia de Padre es tan grande, que nadie se quedará varado en la orilla.

Gracias D. Andrés por esta Misa de las 11 en la Catedral, y por todo lo que aprendo en su catequesis.

Un abrazo a los hermanos del blog y feliz semana.
Aloya.

Pepitina dijo...

¡¡Cuánta Esperanza hace brotar en mi la lectura de Isaías!¡cuántas veces se hace notar en mi, fortaleciendo mis manos débiles cuando las uno para orar, cuándo mis rodillas se doblan en súplica y adoración y encuentro sentido a mi vida desde la Fe y la Esperanza que me empuja a seguir caminando.
Al leer este texto en la Biblia, las notas-que son tan aclaratorias- me enviaron a Is.41,8ss y decía que Israel retornaba del exilio..encuadrando el pasaje:-- El regreso del Exilio iba a ser obra de pequeñas caravanas -dice- que se toparían con muchas dificultades. Sin embargo, gracias a ellas la nación se levantaría y la historia sagrada seguiría su curso. Aquí tenemos la figura de lo que Dios ofrece a las minorías de creyentes, las pequeñas comunidades que no reniegan de las esperanzas del Evangelio: toda la aventura del Reino está en juego en nuestra voluntad de existir.-- Me pareció tan real y cercano a lo que vivimos como creyentes en estos momentos de la historia, que facilmente metí a este querido Blog en una de esas pequeñas caravanas de las que habla la nota, y sentí -y deseé para todos- el gozo y la alegría de la comunidad que comparte su fe desde la Palabra y su explicación-homilía- y también los comentarios de unos y otros que tanto nos enriquecen.
Precioso el texto sobre la paciencia. Gran virtud -esa que TODO LO ALCANZA- y que perdemos con facilidad con nuestras quejas y prisas por ver los frutos..el sufrimiento y la paciencia de nuestra amiga enferma es un ejemplo, ella está siendo hoy Testigo de Esperanza para nosotros.En su última encíclica el Papa nos pone de ejemplo de Esperanza dos personas, una de ellas: Sta. Josefina Bakhita, (africana)quién desde niña sufrió la esclavitud hasta conocer un "dueño" que la había creado, la conocía y la amaba y en ese momento se llenó de "esperanza" una esperanza que supo que tenía que trasmitir a todos. Es preciosa esta encíclica. En ella el Papa también nos dice como la Oración es uno de los lugares de aprendizaje de la Esperanza, por eso al decir esta amiga: “¡Cuánto noto la oración que hacen por mí! ¡Qué poder tiene la oración!”, comprendí mejor las palabras del Papa; pues sé que es mucha, no sólo su oración personal sino la que otros hacemos por ella.
No dudamos en que Jesús sea nuestro Salvador, no sólo porque vino y vendrá sino y sobretodo porque está viniendo continuamente a nosotros como amigo, médico y esposo, si no, ¿qué sería de nosotros? y de ¡¡nuestra caravana!!
un abrazo para todos

Anónimo dijo...

Llegan a mí corazón de una manera especial, la actitud y las "perlas" dichas por la señora conocida de D. Andrés.
Quisiera que fuera consciente, por si lee este blog, de la misión que el Señor le ha encomendado: ser motivo de reflexión para un alma mediocre como la mía.
Doy las gracias a D. Andrés por hacernos partícipes de esta experiencia que nos prepara, nos dá luz y nos ayuda a discernir lo verdaderamente importante de lo que no lo es tanto.
Aprendamos, con ella , a vivir una santa Navidad.
Un abrazo para todos.

Anónimo dijo...

Resuena en mí la pregunta que aparece en la homilía ¿en qué se nota en mi vida que Jesús es el Salvador? Aparentemente mis días transcurren con la normalidad de la gente que me rodea e incluso hay personas que hacen las cosas mucho mejor, con más entrega que yo y no son cristianas...pero hay un fondo en cuestiones esenciales que nos diferencia sustancialmente y que no están tan a la vista; por ejemplo vivir la Navidad esperando en el Señor o esperando los regalos, comilonas, adornos.¡Cuánta gente (y joven) dice que la Navidad es triste porque no es como la vivieron en su niñez, o porque ya la vida le quitó ilusiones,sueños, proyectos.
Que nos acerquemos al Misterio de la Navidad con ojos de niño, abiertos a la entrega y alegres de la cercanía y presencia de Dios en nuestra vida a través de su nacimiento.

Olga dijo...

Ante la pregunta que Juan le manda a hacer a Jesús por medio de dos de sus discípulos: “¿Eres tú el que has de venir o tenemos que esperar a otro?” Y que de otra manera nos la hace hoy a través de Andrés en esta homilía: “En este tiempo de Adviento, ¿creemos y esperamos realmente que sea Jesús nuestro salvador, nuestro Mesías, nuestro Dios?”. Mi respuesta es que a pesar de mi débil condición de mi fragilidad e infidelidad YO ESPERO QUE ES JESÚS mi salvador, el Mesías, “EL ES MI DIOS”. Esto desde niña me lo enseñaron, mi abuela, mis padres, lo aprendí en la catequesis y en el colegio en las clases de religión, lo observaba a través de mucha gente buena que estaba a mi lado que con sus actitudes me lo decían, y poco a poco del saberlo, el mismo Jesús me ha regalado con su gracia el irlo experimentando y viéndolo de mil formas y maneras hasta llegar a pedirle insistentemente que esté siempre a mi lado, que no se me escape, le he prometido no fallarle pero también ha habido momentos fuertes en los que le he fallado, me he hundido en el mal, me ha asaltado la duda y hasta he llegado a esperar en otro lado, en otras cosas.
Sé también que mi respuesta a este DON de Dios no ha sido de fidelidad, pero a pesar de todo esto ESTOY TOTALMENTE CONVENCIDA QUE ES ÉL, EL ÚNICO QUE ME PUEDE SALVAR y hoy concretamente le pido que cuando llegue me encuentre VELANDO y me siga asistiendo con su gracia para que no le falle, me regale esas actitudes de espera en Él como lo está haciendo en este momento esta señora amiga de Andrés, a ella que sabe cuánto poder tiene la oración y que yo también estoy convencida de ello, le digo que rezo por ella, me encomiendo a su oración, que me incluya en ellas y en su dolor para que mi vida sea de entera respuesta a Dios, sepa yo aceptar su voluntad, ser paciente y mantenerme firme como nos lo dice hoy el apóstol Santiago.
“ven señor, a salvarnos”, ven a salvarme, ven a salvar a la humanidad para que así podamos caminar con tu fuerza y sepamos vivir y ver los acontecimientos de cada día, de cada momento como obra tuya y que tu nos los das para nuestra salvación por muy difíciles, fáciles, claros u obscuros que se nos.
Esta semana podemos incluir también en nuestra oración en nuestros pequeños sacrificios, a todos aquellos que ya no esperan en Dios, que están desahuciados y no quieren nada más de Él ni de la iglesia para que algún día se acojan al AMOR QUE DIOS LES OFRECE.
Un abrazo muy fuerte y una III semana de Adviento muy llena de esa ESPERA en el ÚNICO en quien tenemos que esperar.
Olga

Mª Ángeles dijo...

¿por qué se quieren borrarse de la Iglesia?, no lo entiendo, pues aunque todos lo papeles desaparezcanan han sido bautizados y quieran o no nunca podrán limpiarse del agua que en el Bautismo recibieron. Admiro a la señora enferma, por su amor a Dios,por su paciencia. El otro día leí algo sobre la paciencia que me gustó y he comentado durante la semana mas de una vez .. "la paciencia tiene unas raíces muy amargas pero dá un fruto muy dulce". ¿somos capaces de ser pacientes?
desde Valdemoro deseo a todos una FELIZ NAVIDAD, y que el Niño que va a nacer traiga al mundo y sobre todo a España la Paz y el Amor que tanto necesitamos

María Cristina dijo...

El domingo pasado tuve la experiencia de oír la homilía antes de leerla y me supo a gloria.
Quiero detenerme en dos aspectos:
1º La persona de Juan el bautista un hombre austero, que supo llevar a cabo su misión con fidelidad: “Mostrar el camino del Señor...” Estando en la cárcel dudó de que Jesús fuese el Mesías y envió a sus discípulos a preguntarle: ¿Eres Tú el Mesías? En su caminar hacia Jesús dudó, pero acudió a Él para reafirmar su fe.

2º. Andrés el caso de la señora enferma me llamó mucho la atención por su paz y por la madurez de su fe. Nos contaste de las perlas que adornan su vida y he pensado estos días que nuestro Amado Jesús nos adorna con muchas perlas, pienso en tantas personas buenas (del blog) y las que llevan un proceso de dirección espiritual y que con la gracia de Dios van creciendo en santidad, personas por todo el mundo que tienen como objetivo fundamental de sus vidas: “Amar a Dios y a los hermanos”.

La homilía me ha motivado a agradecer a Dios las perlas que ha puesto en mi vida. Esta semana al prestar un servicio a una persona me dijo que lo hacía con mucho amor, a lo que le respondí que lo hacía con el amor que Dios ha puesto en mi corazón y pensé es una perla
Que Dios deposita en mi vida. Para hacer felices a muchas personas.

A todos los del blog y los “De la comunidad de las once” os deseo que cultivemos esas perlas que Dios ha puesto en nuestro corazón para que le descubramos en todo momento y como Juan lo “Mostremos y anunciemos al mundo”.

Andrés gracias por ayudarnos a leer nuestra vida en clave de Fe. Feliz navidad para ti y para todos.


María Cristina

Pepitina dijo...

Aprovecho el Blog queridos amigos para desearos a todos,

¡FELIZ NAVIDAD!

Que los caminos se abran a tu paso,
Que el sol brille templado sobre tu rostro,
Que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
Que el viento sople siempre a tu espalda,
Y que, hasta que volvamos a encontrarnos,
Dios te tenga en la palma de Su Mano.


Que guardes en tu corazón con gratitud
El recuerdo precioso de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca en ti
Y te ayude a llevar alegría
a los corazones de cuantos amas.

Que tus ojos reflejen un brillo de amistad,
Gracioso y generoso como el del sol
Que sale entre las nubes
Y calienta el mar tranquilo.

Que la fuerza de Dios te mantenga firme,
Que los ojos de Dios te miren,
Que los oídos de Dios te oigan,
Que la mano de Dios te proteja.
Así sea

Con todo mi cariño

PEPITINA