sábado, 8 de diciembre de 2007

Domingo II de Adviento (A)

9-12-2007 2º DOMINGO ADVIENTO (A)
Is. 11, 1-10; Slm. 71; Rm. 15, 4-9; Mt. 3, 1-12
Queridos hermanos:
¿Cómo se hace una homilía? Pues es muy sencillo: en un lado se pone el evangelio de Jesucristo y en otro la vida ordinaria. La homilía es juntar las dos cosas en una. ¿Qué me dice el evangelio para mi vida? ¿De qué manera mi vida se puede adecuar al evangelio?
Recibía el jueves un correo de una madre preocupada por uno de sus hijos. Este está casado, tiene un niño pequeño y su mujer está embarazada de varios meses. Este joven matrimonio tiene una hipoteca por pagar y hace muy pocos días que a él lo han despedido del trabajo. Aquí va el relato de la madre: “no sé aún si llevará mi hijo a juicio a la empresa por despido improcedente. La causa es desobediencia a superior, que le dijo a las 7:25 p.m. (la salida es a las 7:30, y está allí desde las 8:30 a.m.) que hiciera un inventario en un lugar al aire libre y sin luz, que le hubiera llevado unas tres horas. Mi hijo alegó para no hacer el inventario esto y, además, que tenía que llevar al niño al médico-¡cierto!-, que su mujer estaba embarazada y que al día siguiente estaría allí a primera hora. A las 4:30 a.m. estaba allí para iniciarlo y también su jefe con el finiquito en mano... que si no se iba inmediatamente llamaba ¡al guarda! Que pasase al día siguiente por el despido; así lo hizo y al entregárselo le alabó mucho su profesionalidad, interés, trabajo bien hecho..., pero con el despido en mano. ¿Qué te parece? Lo siento por su curriculum, pero quizás haya sido lo mejor, ya no lo sé. Si gana el juicio me imagino que su imagen quedará limpia…”
Hace unos días saltaba una noticia a los medios: había varios detenidos por la práctica de abortos ilegales en diversas clínicas privadas de Barcelona. Entonces leí una información en el diario ABC, en donde una chica, con el seudónimo de Sole, relataba su experiencia de abortar: “‘Fue en fin de semana para no faltar al trabajo. Acudí con mi pareja y quedé sobrecogida’, relata. Sole refiere la frialdad de estas clínicas y de algunos de sus profesionales. El centro estaba ‘de bote en bote; había muchas chicas, la mayoría iberoamericanas y solas’. En la sala ‘hay que esperar a que te llamen y, cuando eres requerida, pasas a una estancia donde te toman una muestra de sangre (para saber tu grupo y calcular el precio) y te hacen una ecografía que precise las semanas de gestación’. Una vez comprobado el tiempo de embarazo, es un psicólogo el que recibe a la paciente, y ‘me aseguró que mi decisión no tendría consecuencias psicológicas’. A los especialistas no les gusta que les interroguen y Sole lo hizo con profusión: ‘Tanto, que ya me miraban mal y llegaron a decirme que estaba a tiempo de irme’. La última consulta, a la que le permiten entrar con su novio, es con un internista que rellena un formulario sobre las enfermedades de la paciente. Pero ni palabra de los supuestos legales a los que puede acogerse: ‘Aunque yo estaba dentro de la legalidad, la información fue escasa’. Finalmente, y una vez garantizado el paso que Sole va a dar, es el momento de abonar el importe (500 €). Tras el desembolso, ha llegado el momento. La joven es trasladada a una salita con otras pacientes que esperan su turno. ‘A mí me pareció de una falta de intimidad tremenda. Abortamos de cuatro en cuatro. Fue tan frío como entrar en una fábrica de tornillos’. A Sole la condujeron a una sala, donde esperaban otras tres chicas. ‘En esa habitación, algunas lloraban’, recuerda. A las cuatro se les informó que el método que se iba a usar es el de succión. Y continúa: ‘Miré el reloj al ir al quirófano y eran las 9:55. Cuando desperté no eran las 10:10. Me sentí fatal pero todo había pasado’. Y la despedida: ‘Me pidieron que me bajara la ropa interior en medio de la sala para comprobar que no manchaba. Después, me hicieron andar por si me mareaba, me dieron un caramelo y, hala, a casa. Fue tan frío y humillante que no volvería a hacerlo. Quiero olvidar.’” Sí, fue frío y humillante para las chicas, para las mujeres, pero… PARA LOS NIÑOS MUERTOS ¿QUÉ FUE?, añado yo.
Me preguntaréis que a qué vienen estos dos relatos. Pues vienen a lo que se nos pide en el evangelio de hoy por labios de S. Juan Bautista: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.” Sí, Dios nos pide en este tiempo de Adviento una conversión de nuestra vida. Decía S. Francisco de Asís que, cualquier pecado que hiciera cualquier hombre, era él mismo capaz de hacerlo. Cualquiera de nosotros puede ser el jefe de ese chico y desde la soberbia y desde la ira somos capaces de despedir a alguien y hundirlo laboral, económica, familiar y psicológicamente. Cualquiera de nosotros puede quedarse embarazada, o dejar embarazada o tener una hija o una nieta embarazada, y decidir que lo más corto, que el mejor atajo es abortar. Yo nunca me he creído que los nazis alemanes de la 2ª guerra mundial fueron muy malos… por ser nazis y por ser alemanes. NO. Para mí ESO (los crímenes cometidos entre 1930 y 1945) lo hicieron los hombres, y no simplemente los nazis alemanes. Pues también fueron hombres (seres humanos) los serbios que violaron sistemáticamente a mujeres bosnias hacia 1994; también fueron seres humanos los iraquíes que, con un destornillador, sacaban los ojos a los prisioneros kuwaitíes en el verano 1990, y un largo etcétera.
Por todo esto, la llamada a la conversión de S. Juan Bautista y, en definitiva, de Dios no va dirigida simplemente a los nazis alemanes, ni a los serbios, ni a los iraquíes, ni a los jefes de las empresas, ni a las mujeres que abortan, ni a los que trabajan en estas clínicas abortistas… Su llamada a la conversión va dirigida a todos los seres humanos, es decir, a nosotros, a quienes estamos hoy aquí, en la catedral de Oviedo, o en cualquier otro lugar y en cualquier tiempo.
Para lograr y trabajar por esta conversión hemos de mirarnos en el espejo de S. Juan Bautista: 1) Nos dice el evangelio que “Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.” Sí, como os decía el domingo pasado, es necesario escapar del consumismo desaforado en que se no quiere meter. Juan vestía humildemente y se alimentaba sencillamente. Ninguno de nosotros podrá convertirse a Dios si antes no deja el consumismo, los gastos superfluos y no pone su corazón en las cosas materiales que tiene o que le rodean. 2) Si queremos caminar hacia la conversión, hemos de seguir leyendo el evangelio de hoy: “Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.” Sí, es necesario salir de donde estamos y caminar hacia Dios. Una vez que estemos ante Dios ya viviendo en austeridad, podremos ver nuestras faltas y pecados, y confesaremos a Dios estos pecados. Y entonces el nos bautizará con su perdón y con su paz. Mmm, ¡qué gusto sentir el perdón y la paz de Dios en nuestro corazón y en nuestro espíritu! Mmm, ¡qué gusto sentirse libre de “cacharritos”, de viejas culpas y de viejas esclavitudes, y percibir el perdón, la paz y el amor de Dios!
Si hacemos todo esto, entonces sí que se cumple en nosotros el mandato de S. Juan Bautista: “‘Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.’” Por ello, es bueno elaborar y tratar de cumplir el plan de Adviento que os proponía el otro domingo; porque ese plan nos sirve para preparar el camino del Señor, para allanar los senderos por los que Él viene a nuestras vidas, a nuestras familias, a nuestra ciudad, a nuestra sociedad.
Pero, ¿de qué convertirnos? Del pecado profundo que anida en nuestro corazón y tiene múltiples manifestaciones: egoísmo, soberbia, agresividad, violencia, lujuria, mentira, desamor, clasismo, doblez, apatía, desesperanza… para empezar a ser altruistas, generosos, humildes, pacíficos, castos, serviciales, acogedores, sinceros y testigos de la esperanza. Ser cristiano, estar convertido al Reino de Dios, es un reto exigente, es tensión perenne, es algo siempre inacabado porque no es un título de fin de carrera. Nunca somos buenos definitivamente, pues el ideal de perfección está muy alto: sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

7 comentarios:

José Manuel dijo...

Hay un camino que lleva hacia DIOS y no es nuestro camino, sino SU CAMINO. Nuestro itinerario es cambiante y lleno de dudas. Desde aquí abajo es difícil ver bien las cosas, tan siquiera llegar a percibir cual el final según el trayecto elegido.

Hay que ver las cosas con los ojos del espíritu para intentar ver las cosas con los ojos de DIOS. Desde la materialidad del egoísmo poco podremos ver por que nuestra vista solo ve a ras del suelo.

¿Que pensaran esos niños de tu historia Don Andrés? ¿Y que pensará DIOS y que les habrá contado a esos niños? ¿Que son hijos de unos padres que les asesinaron porque sus padres no les querían? ¿Cuantos son? ¡MILLONES!

Conversión porque el amor de DIOS por sus hijos no se merece la indiferencia y el desprecio de estos.

aloya dijo...

Me impresiona a dónde puedemos llegar los seres humanos con nuestra soberbia, con nuestra falta de sensibilidad, y con la falta de Dios.
Los crimenes horrendos de la humanidad, cometidos por la propia humanidad. D. Andrés, nos habla de los nazis, de los bosnios, etc., ¿ dónde nos encontrábamos todos en esos momentos ? Independientemente del tiempo,¿ qué hacíamos para parar esta locura o para denunciarla de forma activa? Todos somos parte. Artículos periodísticos más o menos encendidos, ténue denuncia internacional..., etc. A mi no me tocó el nazismo, siplemente porque no había nacido, pero otros episodios de enfrentamientos crueles sí, como Viet-Nam, el Muro de Berlin, Irak, Bosnia, los Emiratos, y..., ¡ Pobres ! No me acuerdo tan siquiera si les incluí en mis plegarias. El dolor a distancia es menos dolor. Tengo la sospecha de que pertenezco a una sociedad acomodaticia, que vive dentro de un sistema llamado " democracia ", que lo permite todo, incluido el aborto, la eutanasia encubierta, la prostitución en vías de "profesionalizarse", término éste que no acabo de entender, profesionalizar la pérdida de la dignidad de una mujer o de un hombre, y reconocer como trabajo una situación personal, basada en la humillación, una sociedad que se enorgullece de poner en marcha los matrimonios gays, ( respeto a los homosexuales, por supuesto ), pero no acepto dicho matrimonio contra natura, y el " bautizo civil ", como novedad.
Quizás hay mucha prisa, no miramos hacia atrás, estamos inmersos en el " tener ", en el " aparentar ", en " trepar socialmente ", y uno se va olvidando del hermano que sufre, de la chica que aborta, y que se convierte a su vez en una criminal anónima, consentida por esta sociedad, e incluso alabada por su " valentía ", al tomar lo que se denomina la " decisión correcta ". Esa decisión que va a destrozar su vida para siempre, y que ha matado un niño más en este mundo, no solo el hambre termina con ellos, también nuestra protectora sociedad lo hace, en nombre de la ley de los hombres, que no es para nada la Ley de Dios.
Con todo esta problemática, me parece que un punto de inflexión y de partida para nuevos rumbos, sería poner en marcha la austeridad, como bien nos recomienda D. Andrés. Desde las cosas pequeñas y simples, se percibe mucho mejor a Dios. La austeridad, nos hace valorar la vida de forma diferente, fijándonos en el detalle, es un comienzo para que aflore la sensibilidad, y desde ella, conoceremos mejor al hermano que sufre, y si no podemos aliviar su dolor, sufriremos con él, pero a su lado, y habremos dado un gran paso en nuestra vida, que nos puede hacer más valientes para denunciar los abusos, la intolerancia, la prepotencia del hermano equivocado.
Personalmente me parece importantísimo comenzar con urgencia el reto de vivir lo sencillo, lo simple, compartir, dedicar más tiempo a mis hermanos, pararme y contemplar el gran espectáculo de la naturaleza, como una fuente sanadora que es, ver cada día de forma pormenorizada, el gran regalo que nos hace Dios en todo lo que tocamos, observamos, sentimos y vivimos, y especialmente en el tiempo que compartimos con nuestros hermanos, en la alegría y en dolor.
Aprender a conjugar algunos verbos que se nos olvidan, como: alegrarse , agradecer , serenarse , bendecir, perdonar...
Una denuncia anónima no para un conflicto bélico, pero una actitud personal comprometida con la paz de Jesús, puede llegar al corazón de la chica que quiere abortar, puede impedir que alguien tome decisiones vitales equivocadas, puede hacer la vida más agradable y justa en el trabajo a un subordinado, a los compañeros, puede dar consuelo al afligido, puede compartir tu camino, enseñar al que no sabe, mostra la VIDA de forma diferente, desde el conocimiento del mensaje de Jesús.
Si cambiamos nosotros y recuperamos los valores perdidos, esos valores que nos acercan a Dios, podremos cambiar el mundo. El camino más largo, comienza con el primer paso.
Gracias D. Andrés por estos testimonios tan tremendos, que ponen de manifiesto una vez más, lo débiles que somos los seres humanos, y lo huérfanos que nos encontramos si nos falta Dios.
Un abrazo a los amigos del blog y feliz semana.
Aloya.

Anónimo dijo...

Sentada en los bancos de la Catedral, he escuchado la homilía de hoy, que a mi entender fue especialmente dura.
Ya la reflexión primera, hace que nos reconozcamos capaces de ser tan pecadores como cualquiera y eso es fuerte y VERDADERO. La debilidad del otro puede ser la mía en un determinado momento, de ahí la inutilidad de juzgar, la poca fuerza moral.
Fuertes fueron también los dos casos expuestos por D. Andrés. En el primero mi corazón sufrió por la injusticia del joven despedido, pero… eso puedo hacerlo yo. El segundo caso me pareció tremendo, en él la protagonista va narrando la “frialdad” que rodea a un aborto. Fría clínica, fríos médicos, frío trato, y hasta frío momento el de abonar los honorarios. Mi mente empezó a reciclar todo lo que ella contaba y nada me pareció tan frío como ella misma.
Al hacer esta aseveración , sé que entro en contradicción con la reflexión hecha antes pero, no he acabado… Quiero pensar que esta chica no está en la creencia de que un ser humano existe desde el momento de la concepción y el desconocimiento de
“ese pequeñito de talle” le permite tomar la terrible decisión, no puedo juzgarla , por tanto.
Un saludo a los compañeros del blog

Pepitina dijo...

Quizás sea esta la única forma de dar testimonio con nuestra vida y convencer.. que anunciamos a Cristo:
--sencillo: en un lado se pone el evangelio de Jesucristo y en otro la vida ordinaria.--; si van unidos, vamos bien. Buena receta también para hacer un buen examen de conciencia, con las lecturas de los Domingos de Adviento: en una mano lo que vivo cada día y en la otra La Palabra.
A veces queremos ir nosotros camino de Belén, y es El Señor el que Viene, como Niño en esta ocasión; por eso nuestra Conversión será mas bien limpiar los "escallos" del camino, para que el Señor que viene no encuentre obstaculos; NO LE ESTORBEMOS. Estas palabras me suenan tanto...Ven Señor no tardes.VEN QUE TE ESPERAMOS.
fELIZ SEMANA A TODOS

Anónimo dijo...

...Lo que me maravilla es que Dios a todos y a uno por uno de los autores de estas barbaridades los ama y los perdona, ahí está Su grandeza. Dios espera la conversión de todos sus hijos y con que desprecio lo tratamos.

meupi dijo...

A mi tambien me llama la atención que siendo como soy,el Señor siga teniendo paciencia conmigo y me permita rezar casi todos los dias,escuchar su Palabra y ahora poder confesar más seriamente que lo hacia antes.

Olga dijo...

Es realmente asombroso hasta donde podemos llegar. Las dos situaciones de las que nos habla Andrés en esta homilía son impresionantes, pero la ausencia de Dios en nuestra vida nos puede llevar a cometer todo este tipo de barbaries.
Cuando veo a través de los medios de comunicación tantos atentados, tantas muertes, tanto daño, cuando paso al lado de un alcohólico, un drogadicto, una prostituta, cuando percibo el mal tan cerca de mí, me horrorizo pero a la vez pienso que a estas mismas situaciones puedo llegar si no me dejo llevar por la acción de Dios en mi vida.
Me espanta tanto pecado, tanta maldad, pero a la vez me tiene que preocupar la apatía, el sinsentido, la mezquindad, esto va aniquilando mi vida y me lleva a cometer los peores crímenes y delitos.
No hay otro camino más que el del seguimiento de Jesús y este seguimiento nos pide estar en constante vigilancia, alerta, sin pararnos un instante, en permanente conversión. “¡Sí, es necesario salir de donde estamos y caminar hacia Dios. Una vez que estemos ante Dios ya viviendo en austeridad, podremos ver nuestras faltas y pecados, y confesaremos a Dios estos pecados. Y entonces el nos bautizará con su perdón y con su paz”.
Que el Señor con su gran bondad y misericordia nos sostenga y aleje de nosotros tanta maldad, cambie nuestro corazón de piedra en un corazón de carne y durante el adviento nos dé la fortaleza para estar en permanente conversión preparando el camino, allanando los senderos, ayudados por las constantes privaciones y así salir del pecado que anida en nuestro corazón y crezcamos en su amor.
Gracias al Señor que a través de Andrés suscita en nuestro corazón deseos de cambio, de conversión. Gracias también a todos los amigos del blog, cuanto me habla el Señor a través de ellos.
Un abrazo para todos
Olga