sábado, 29 de diciembre de 2007

Sagrada Familia (A)

30-12-2007 SAGRADA FAMILIA (A)
LA EDUCACION CRISTIANA (I)
Eclo. 3, 2-6.12-14; Slm. 127; Col. 3, 12-21; Mt. 2, 13-15.19-23
Queridos hermanos:
- Hace unos tres años celebré la boda de unos amigos. Después de la celebración del sacramento estábamos los invitados en el aperitivo y se me acercó un matrimonio de mediana edad. Me preguntaron cosas de la homilía y me decían que había cosas, de las que yo había dicho, con las que no estaban de acuerdo. Se estableció un diálogo y en un determinado momento les pregunté: ‘Sabiendo lo que sabéis ahora, si pudierais volver atrás, ¿os casaríais de nuevo entre vosotros?’ La mujer se quedó pensativa un momento y enseguida contestó que lo había pasado bastante mal en el matrimonio, pero que sí se casaría de nuevo con su marido. Luego ella y yo miramos para el hombre y éste, de modo inmediato y firme, contestó que no se casaría en modo alguno. No se casaría ni con ella ni con ninguna mujer.
En bastantes ocasiones hay matrimonios, o maridos y/o mujeres que afirman estar pesarosos de diversas cosas sucedidas en su matrimonio, o con la educación de sus hijos, o por haber tenido menos hijos o por haber tenido de más, etc.
Sabiendo lo que sabéis ahora –os pregunto yo-, ¿os casaríais con vuestro marido o con vuestra mujer? ¿Por qué sí o por qué no? (Yo no necesito saberlo; os lo planteo para que reflexionéis y os contestéis vosotros mismos).
Sabiendo lo que sabéis ahora, ¿os habríais comportado con vuestros cónyuges como lo hicisteis? ¿Diríais lo que dijisteis? ¿Callaríais lo que callasteis?
Sabiendo lo que sabéis ahora, ¿os habríais casado u os habríais quedado solteros?
Sabiendo lo que sabéis ahora, ¿tendríais más hijos o menos hijos?
Sabiendo lo que sabéis ahora, ¿educaríais a vuestros hijos como lo habéis hecho? ¿Qué cosas cambiaríais?

- Con esta última pregunta quiero entrar propiamente en el núcleo de la homilía de hoy, es decir, quiero hablaros de la educación que se da o que se debe dar en una familia cristiana y, desde mi punto de vista, en toda familia. Pero no se ha de entender la educación simplemente como aquella que dan los padres a los hijos, sino como aquella que viven, recrean y buscan todos los miembros que forman parte de la familia, padres incluidos. Para ello la Iglesia nos propone hoy que nos miremos en el espejo de la Sagrada Familia formada por S. José, por la Virgen María y por Jesús.
Llegados a este punto creo necesario decir una palabra sobre lo que se ha de entender por educación, pues, de otro modo, podemos hablar en los mismos términos, pero de cosas muy distintas. Entiendo por educación aquello que viene contenido en el Concilio Vaticano II, concretamente en el número 1 de la Declaración “Gravissimum educationis” y que recogió posteriormente el Código de Derecho Canónico en su canon 795: “Como la verdadera educación debe procurar la formación integral de la persona humana, en orden a su fin último y, simultáneamente, al bien común de la sociedad, los niños y los jóvenes han de ser educados de manera que puedan desarrollar armónicamente sus dotes físicas, morales e intelectuales, adquieran un sentido más perfecto de la responsabilidad y un uso recto de la libertad, y se preparen a participar activamente en la vida social.” Es muy importante que la educación sea integral, no sólo en conocimientos académicos, sino también en el ámbito físico, en el moral y en el espiritual. En caso contrario tendríamos monstruos que, sabiendo mucho o siendo muy fuertes o siendo muy espiritualistas, carecerían de los otros aspectos necesarios para el correcto crecimiento de toda la persona. Además, en esta definición se destacan los fines de la educación en los hombres: 1) el bien común de toda la sociedad y 2) su objetivo último, o sea, la salvación o lo que es lo mismo la entrada en el Reino de Dios.
Para aterrizar más este tema, pienso que es muy importante que los matrimonios y las familias eduquen en valores, pero valores que nos hagan crecer como personas, como ciudadanos y como cristianos o personas de fe. Pienso que nunca es tarde para empezar a vivirlos personalmente primero, para comenzar a transmitirlos a los demás después.
* El primer valor que reseñaría es el del cariño. El amor debe estar presente en toda familia, pues de otro modo la convivencia se convierte en un infierno o aquella casa es simplemente ‘la pensión del peine’. El amor debe de ser del esposo hacia la esposa y de ésta hacia aquél. El amor debe de ser de los padres hacia los hijos y de éstos hacia aquéllos. El amor debe de ser entre los hermanos y demás familiares. Recuerdo que hace unos años una maestra de Oviedo, que ejercía en una escuela de la zona de La Tenderina, pidió a sus alumnos, de unos 8 años, que hicieran un dibujo sobre las primeras palabras que oían al despertarse. Uno de ellos se dibujó a sí mismo en la cama y a su madre entrando en la habitación para despertarlo mientras ella le decía: “O te levantas o de doy una os...” Cuando la maestra enseñó el dibujo a la madre, ésta se puso todo colorada. Signo de que debía de ser cierto.
A continuación voy a leeros una bonita historia que me vino por Internet y que refleja perfectamente lo que quiero decir en este punto: “En una junta de padres de familia de cierta escuela, la directora resaltaba el apoyo que los padres deben darle a los hijos. También pedía que se hicieran presentes el máximo de tiempo posible. Ella entendía que, aunque la mayoría de los padres y madres de aquella comunidad fueran trabajadores, deberían encontrar un poco de tiempo para dedicar y entender a los niños. Sin embargo, la directora se sorprendió cuando uno de los padres se levantó y explicó, en forma humilde, que él no tenía tiempo de hablar con su hijo durante la semana. Cuando salía para trabajar era muy temprano y su hijo todavía estaba durmiendo. Cuando regresaba del trabajo era muy tarde y el niño ya no estaba despierto. Explicó, además, que tenía que trabajar de esa forma para proveer el sustento de la familia. Dijo también que el no tener tiempo para su hijo lo angustiaba mucho e intentaba redimirse yendo a besarlo todas las noches cuando llegaba a su casa y, para que su hijo supiera de su presencia; él hacía un nudo en la punta de la sabana que lo cubría. Eso sucedía religiosamente todas las noches cuando iba a besarlo. Cuando el hijo despertaba y veía el nudo, sabía, a través de él, que su papá había estado allí y lo había besado. El nudo era el medio de comunicación entre ellos. La directora se emocionó con aquella singular historia y se sorprendió aún más cuando constató que el hijo de ese padre era uno de los mejores alumnos de la escuela. El hecho nos hace reflexionar sobre las muchas formas en que las personas pueden hacerse presentes y comunicarse entre sí. Aquel padre encontró su forma, que era simple pero eficiente. Y lo más importante es que su hijo percibía, a través del nudo afectivo, lo que su papá le estaba diciendo. Algunas veces nos preocupamos tanto con la forma de decir las cosas que nos olvidamos de lo principal, que es la comunicación a través del sentimiento. Simples detalles como un beso y un nudo en la punta de una sábana, significaban, para aquel hijo, muchísimo más que regalos o disculpas vacías.”
El próximo martes, día 1 de enero, continuaré diciendo más valores en los que se debe de basar la educación familiar.

10 comentarios:

monti dijo...

me ha emocionado la historia de la sabana, yo me siento todos los dias en su cama cuando se ha dormido y me pregunto si sabe cuanto le quiero, y si algun dia entendera las decisiones que he tomado, ojala supiese hacer un nudo en su sabana, creo que la unica manera sde quererlos y educarlos es desde el amor de dios, solo cuando comprendamos cuanto nos quiere El, sabremos querelos a ellos.

Anónimo dijo...

Esta extraordinaria homilía de D. Andrés, es una auténtica carga de profundidad en mi vida.
Reflexionando sobre el matrimonio, encuentro que con el paso de los años, uno se va dando cuenta de los fallos y errores cometidos, de los silencios dolorosos, en ocasiones debidos a la inexperiencia, a la falta de preparación, y también a la propia pobreza personal. Aun así, yo volvería a casarme una y mil veces, con la misma persona, lo único que modificaría sería mi propia conducta, que con toda probabilidad era la incorrecta, sería menos igoista, más tolerante, mas valiente, habría más demostraciones de cariño, menos silencios, más transparencia, más verdad.
De la persona con la que me casé no cambiaría nada, el Señor puso en mi camino una bendición; de esa persona aprendí la tolerancia, la paciencia, un determinado grado de ingenuidad, necesario para caminar con ilusión, y sigo aprendiendo hoy de su especial bondad, de su manera de ver la voluntad del Señor, sin protestar, sin cuestionar. Mis hijos han visto amor, pero no lo han visto todo, confieso que a ellos siempre les presenté un mundo diferente " el todo es maravilloso ", algo bueno quedará de todo esto, pues son unos chicos estupendos y generosos, ésto último creo que les prepara para ser unos seres humanos preocupados por los demás, atentos al que sufre, y esponjados para captar lo que la vida les ofrece, y devolverlo con amor a su prójimo.
Espero con impaciencia la próxima homilía, seguro que me impactará mucho, como ésta.
Muchas gracias D. Andrés por esta lección magistral.Un abrazo para Vd. y los hermanos del blog.
¡ Feliz y Santo 2008 "

Olga dijo...

Generalmente me ha gustado leer la homilía después de escucharla y a la vez llevarla a mi oración personal y a continuación hacer el comentario: Hoy la leí antes y quiero hacer el comentario con algo que me ha llegado por Internet referente a la educación de los hijos y es lo siguiente:
“Los buenos padres no le dan a su hijo todo lo que necesita…
Le enseñan que él es capaz de conseguir lo que quiere.
Los buenos padres no buscan hacer feliz a su hijo…
Le enseñan que la felicidad depende de cada uno.
Los buenos padres no le dan oportunidades a su hijo…
Le enseñan a buscarlas, a crearlas y a aprovecharlas.
Los buenos padres no le dan a su hijo lo mejor para que sea feliz…
Le enseñan a disfrutar y a encontrar lo mejor, aún en lo más sencillo.
Los buenos padres no le enseñan a su hijo a superar siempre a los demás…
Le enseñan a superarse a sí mismo.
Los buenos padres no le enseñan a su hijo a decir todo lo que piensa…
Le enseñan que lo que pensamos no es la verdad absoluta y que debemos ser cautelosos al expresar nuestras opiniones, teniendo en cuenta los sentimientos de los demás.
Los buenos padres no le resuelven los problemas a su hijo…
Le enseñan a asumir responsabilidad y a aprender de sus errores.
Los buenos padres no le enseñan a sus hijos a evitar los fracasos…
Le muestran que el fracaso es parte del camino hacia el éxito.
Los buenos padres no convencen a su hijo de su importancia en la sociedad…
Le enseñan que sirviendo se volverá importante para ella.
Los buenos padres no le enseñan a su hijo a ser crítico y resentido ante las injusticias…
Le enseñan a contribuir en paz y a construir la justicia”.
El Evangelio de este domingo nos habla de cómo San José escucha lo que Dios le dice a través del ángel y él obedece para proteger a su familia de las amenazas y los peligros que corrían. Hoy nos invita también a orar a la Sagrada Familia de Jesús, María y José, que proteja a las familias de tantos peligros y dificultades y como nos dice Andrés a que en ellas haya mucho AMOR, porque es la única forma de vencer todos los obstáculos que se presenten.
Gracias Andrés y a todos los amigos del blog.
Para todos un abrazo muy fuerte y que el nuevo año que inicia sea Un SANTO Y FELIZ AÑO.
Olga

José Manuel dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Es triste escuchar a un matrimonio decir estas cosas. Y todo viene motivado a que sin tener presente la LEY DE DIOS en nuestra vida, no hay nada que hagamos que merezca la pena, ni matrimonio, ni solteria, ni sacerdocio, ni nada.

Sin DIOS será quizás mejor estar muerto, muerto a todo, porque nada funciona, porque todo es tedioso y gris.

Muertos a la esperanza de que el amor, la comprensión y la felicidad son siemprte posible si lo miramos un poco desde el punto desde donde DIOS, JESUCRISTO, la VIRGEN MARIA y SAN JOSE lo miraron un día.

Pepitina dijo...

Hoy después de comer tuvimos la oportunidad, y por ser la fiesta de la Sagrada Familia, de leer tu homilía Pater. Gracias. Nos llevó a dialogar,abrirnos, emocionarnos..vivir el ser familia, y sobretodo agradecerlo. Gracias también a ti Olga, pues el texto que publicaste, se lo he enviado a mis hijos con esta pregunta al final: ¿en cuál de estos valores te sientes educado?; espero que la pregunta dé lugar a continuar el tema, que nos gustó a todos y es una buena manera de comenzar el Año Nuevo: dialogando y con cariño, aunque surjan correcciones fraternas...
Gracias a todos por estar ahí, gracias por vuestros comentarios sinceros que me enriquecen...Estais en mi oración.
un fuerte abrazo y ¡¡FELIZ AÑO!!

Anónimo dijo...

La homilía de hoy he tenido que “tomarla” en varias dosis. Primero la he leído y pensado, y después la he escuchado y pensado…Las preguntas previas, son duras y para responderlas se necesitan unas buenas dosis de valor y de sinceridad. Digo esto amparada en el convencimiento de que un porcentaje grande de matrimonios no repetiría la experiencia. La visión puede parecer apocalíptica, pero los humanos, habiendo sido creados como seres sociales, en las distancias cortas, somos difíciles para relacionarnos.
Al matrimonio habría que ir después de haber hecho un master (y haberlo aprobado) en AMOR. Cuando el amor es profundo, todo lo demás viene por añadidura. El amor te vacía de ti mismo para vivir para el otro, el amor comprende y te evita mentir, el amor no es rencoroso y no tiene en cuenta las faltas del otro, el amor te hace sentir seguro estando con el ser amado y no entiende esa necesidad que he oído a algunas personas de independencia, porque estar juntos te llena de libertad…Con todos estos ingredientes, tener un proyecto en común, crear una familia, tener hijos y educarlos codo con codo, hacen del matrimonio una bendición de Dios, pero la realidad actual es otra muy distinta. Se ha perdido el respeto, se imponen voluntades, la escala de valores morales es tomada a la ligera y prima por encima de todo la realidad materialista, entonces, lo que fue creado para realización del hombre en plenitud, se convierte en un autentico infierno.
Soy madre y quisiera para mi hija la felicidad que Dios puso a disposición del hombre en este mundo.
Espero la “segunda entrega” el próximo martes con ansia. A veces debemos de tocar estos temas para mover nuestras conciencias y recuperar (si se puede) el tiempo perdido.
Muchas gracias D. Andrés. Un abrazo para todos.

Pepitina dijo...

Espero que os guste.

El libro de tu vida

En pocos minutos, cierras un volumen más del libro de tu vida: ha pasado un año.
Cuando comenzaste este libro todo era tuyo,
te lo puso Dios en las manos,
podías hacer con él lo que quisieras:
un poema, una pesadilla, una blasfemia,
un sistema, una oración, un trabajo, una vocación, unos ideales.
Podías... hoy ya no puedes; no es tuyo,
ya lo has escrito, ahora es de Dios.
El te lo va a leer todo
el mismo día en que cierres los ojos a la vida con todos sus detalles.
Ya no puedes corregirlo ha pasado al dominio de la eternidad.

Piensa unos momentos, en estas últimas noches del año.
Toma tu libro y hojéalo despacio,
deja pasar sus páginas por tus manos y por tu conciencia.
Ten el gusto de verte a ti mismo. Lee todo.
Repite aquellas páginas de tu vida en las que pusiste tu mejor estilo.

No olvides que uno de tus mejores maestros eres tú mismo.
Lee también aquellas páginas que nunca quisieras haberlas escrito.
No.... no intentes arrancarlas, es inútil ten valor para leerlas,
son tuyas y no puedes arrancarlas, pero puedes anularlas
cuando escribas tu siguiente libro.
Si lo haces, Dios las pasará de largo
cuando te lea tu libro en el último día.

Lee tu libro viejo en la última noche del Año.
Hay en él trozos de ti mismo;
es un drama apasionado en el que,
el primer personaje eres tú.
Tú en escena con Dios, con tu familia,
con tu trabajo, con la sociedad.
Tú lo has escrito con el instrumento asombroso
de tu libre albedrío sobre la superficie
inmensa y movediza del mundo.

Es un libro misterioso, que en su mayor parte,
la más interesante, no puede leerlo
nadie más que Dios y tú.
Si tienes ganas de besarlo, bésalo,
si tienes ganas de llorar,
llora fuerte sobre tu viejo libro
en la ultima noche del año.

Pero, sobre todo, reza sobre tu libro viejo.
Tómalo en tus manos, levántalo hacia el cielo
y dile a Dios solo dos palabras:
¡Gracias! ¡Perdón!.
Después dáselo a Cristo. No importa como esté,
aunque tenga páginas negras, Cristo sabe perdonar.

En el primer día del año, Dios te va a dar otro libro completamente blanco y nuevo.
Es todo tuyo. Vas a poder escribir en él lo que quieras.

Pon el nombre de Dios en la primera página.
Después dile que no te deje escribirlo solo.
Dile que te tenga siempre de la mano... y del corazón.
Dile que te enseñe a escribir firme y derecho.
Dile que, aun con borrones, te ayude a seguir adelante siendo consciente de tus errores.
Dile que te ayude a pensar que es más importante escribir poco y bien que llenar páginas sin contenido.
Dile que te enseñe a dejar cierto margen para la fe y la libertad, la esperanza y los sueños.
Dile que cuando se te acaben las ideas nunca se te olvide que Dios dicta desde los cielos.
Dile que nunca desesperes y que te ayude a recordar que Dios, de vez en cuando, escribe derecho en renglones torcidos.

¡FELIZ AÑO 2008!

Any dijo...

Cuando lei esta historia ¡¡¡ recorde mucho a mi padre ¡¡ que hoy tiene 83 añitos ¡¡y yo 52 ... siempre fue un hombre muy recto ¡¡¡ pero por mas enojado que estuviese conmigo .. esperaba que yo me durmiera y venia despacito a darme un beso ¡¡¡ y yo de niña me dormia feliz ¡¡¡ y ese recuerdo vive en mi ¡¡ Any de argentina

soco dijo...

Después de leer y oír la homilía y de volver a emocionarme como cada vez que leo el relato del padre y el nudo en la sábana, me pongo a mirar el periódico y la primera noticia que salta a la vista es: “un chaval abofetea a su madre porque no quiso plancharle una camisa para salir por la noche”.

Se me ocurre que ambas historias son la cara y la cruz de la misma moneda, la familia.

¿Qué está pasando en la familia para que tantos padres tengan que pedir ayuda porque no pueden controlar a sus hijos?.

Me resisto a pensar que haya alguna madre/padre incapaz de dar amor a sus hijos por eso salen rebeldes.

Posiblemente la cuestión esté en que se equivocan los conceptos y palabras como corregir, encauzar, orientar, se vean como desprovistas de valor educacional.

Os deseo un feliz año a tod@s.

mariorejas dijo...

No tengo el gusto de conocerlo y le felicito por sus homilias sobre todo las habladas

Maria José