sábado, 22 de diciembre de 2007

Domingo IV de Adviento (A)

23-12-2007 4º DOMINGO ADVIENTO (A)
SAN JOSE- LA FE
Is. 7, 10-14; Slm. 23; Rm. 1, 1-7; Mt. 1, 18-24
Queridos hermanos:
Hace unos días, ya en este tiempo de Adviento, una persona me comentó que en su oración se había detenido a considerar a S. José. Pensó que él siempre quedaba como en penumbra, pero que era alguien muy importante. Pues bien, vamos a reflexionar en la homilía de hoy sobre S. José, el marido de la Virgen María.
Empezaremos diciendo que en el tiempo de Adviento destacan las figuras de María, de S. Juan Bautista, del profeta Isaías, pero también de S. José. Ellos supieron preparar la venida de Jesús y acogerlo.
- Nos dice el evangelio de hoy: “María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.” Es decir, S. José y la Virgen María eran novios formales y ya tenían el compromiso firme de matrimonio, lo cual, en la cultura judía de entonces, significaba que en cierta manera ellos dos eran ya marido y mujer. En estas circunstancias S. José conoce que María estaba encinta. ¿Cómo llegó a saberlo? Pudo ser porque ella misma se lo dijera o porque él viera que el vientre de María empezaba a abultar, aunque no por intervención de él. Si fue María misma quien se lo contó, S. José no debió de entender mucho: ¿qué es eso de que ‘un Espíritu Santo’ fecunde el vientre de una mujer? Si fue lo segundo, o sea, que María le había engañado con otro hombre, entonces S. José estaba desolado, pues nunca lo hubiera esperado de ella. Por lo tanto, en un caso o en otro, en S. José surge enseguida el asombro, la duda, la perplejidad y el temor.
- Ante esta situación “José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.” El problema que origina la decisión de S. José no radica en si cree inocente o culpable a María, pues en cualquiera de los dos extremos de este dilema su decisión no sería honrada. En efecto, si cree culpable a María, ha de denunciarla legalmente; si la cree inocente, ¿por qué la repudia, aunque sea en secreto? Dicen los Santos Padres que quizás su perplejidad consistiría más bien en que, aun conociendo de labios de María el secreto de la concepción virginal operada en ella, no entendió el misterio que encerraba la acción de Dios. Por eso no quiso interferirse en los planes del Señor a los que él no daba alcance. S. José no sabía cuál es el papel que le tocaba desempeñar si él no era el padre de esa criatura tan extraordinaria, Hijo de Dios, que iba a nacer de María su mujer; por eso le parecería lo más honrado retirarse discretamente en silencio.
- Es entonces cuando interviene el ángel del Señor, es decir, Dios mismo, el cual le confirmaría y aclararía el misterio que María le pudo haber desvelado: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.” Dios confía a S. José una misión sublime: ser el padre legal del Niño que nacerá. Termina el evangelio de hoy diciendo que, “cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.” ¿Por qué S. José no entendió la explicación de María sobre su embarazo y sí entendió la explicación de Dios? Suele pasar… Los hombres explicamos las cosas a los demás para la mente y para el corazón. Dios las explica para la mente, para el corazón y para el espíritu, y además nos ayuda a interiorizar y aceptar totalmente sus palabras.
Dios encomendó a S. José el cuidado de los dos tesoros más grandes que tenía: Jesús y María. S. José protegió y enseñó al mismo Dios Hijo. En aquella casa de Nazaret fue S. José quien ‘mandaba’; él era el cabeza de familia. En una familia judía no podía ‘mandar’ un niño; tampoco las mujeres ‘mandaban’. Era S. José quien ‘mandaba’. Por eso, pienso que será bueno seguir encomendándonos a él, porque S. José tiene mucho ‘mando’ en el cielo, en la casa de su Hijo. Cuenta Sta. Teresa de Jesús que, cualquier cosa que pedía a S. José, siempre le fue concedida, por eso le tenía tanta devoción. De hecho, el primer convento de las carmelitas descalzas que fundó lo llamó de S. José.
- Con estas pocas pinceladas que nos da el evangelista S. Mateo sobre S. José nos damos cuenta que éste es modelo de fe. S. José no cede a la tentación de abandonar, se adentra en la oscuridad luminosa del misterio de Dios, ya que se fía de la Palabra del Señor. S. José se incorpora al plan salvador de Dios con plena disponibilidad, renunciando a todo protagonismo y a estar en la primera fila.
La figura de S. José en el Adviento es ejemplo para todos los cristianos. Nuestra vida es llamada, proyecto y prueba de Dios en la fe, y a ello debemos responder. No pidamos evidencias. Ante la pregunta, ante la duda, sólo contamos con la palabra-respuesta de Dios, de quien hemos de fiarnos plenamente. Y esto a pesar de que las señales de Dios no siempre parecen lógicas, ni tienen una evidencia aplastante; es más, únicamente pueden captarse por la fe.
* De este modo la fe supone entrar en contacto con el misterio oscuro y luminoso, tremendo y fascinante de Dios, que irrumpe en la historia humana como el Dios con nosotros: un Dios altísimo y cercano a la vez: un Dios que es hombre.
* La fe también supone riesgo y renuncia a toda seguridad palpable.
* La fe es un compromiso tan serio que condiciona toda nuestra vida, creando un estilo y un modo de ser y de actuar en el ámbito personal, familiar, laboral y social.
* La fe es un reto constante y diario para vivir en plena disponibilidad ante Dios y en apertura hacia todos los hombres.
* La fe es ser para los demás una señal del misterio de Dios y de su amor desbordante. Supe hace poco que un fraile misionero en América, con fama de santidad, venía alguna vez a visitar a su familia al pueblo, aquí en Asturias. Cuentan que había un hombre (oriundo de otro lugar) en aquel pueblo que era ateo, y se fijó que toda la gente iba a escuchar a este fraile. El sintió curiosidad y también fue a escucharlo. Quedó encandilado y luego procuraba hablar a solas con el fraile. Después era el primero en ir a la Misa que el fraile celebraba y en hacer las oraciones. Cuando el fraile se marchó a América, el ‘ateo’ siguió yendo a la Misa y a la oración. ¿Por qué? Porque el fraile fue para este hombre señal del misterio de Dios y de su amor desbordante.
* La fe es aceptar los planes de Dios sobre nosotros, con los heroísmos pequeños, o tal vez grandes, de la existencia vivida en cristiano, al estilo de Jesús.
* La fe es respuesta a la llamada de Dios y a vivir como amigos fieles que estiman, valoran y gozan la gracia de Dios. En este verano me hablaron de una chica sudamericana, que estaba de asistenta en una casa y que no había hecho la 1ª Comunión. Manifestó su deseo de hacerla, pero, en cuanto supo que tenía que prepararse y cambiar de modo de vida, se echó para atrás. ¿Por qué? Porque su fe no es tan grande como para valorar y gozarse en la gracia de Dios: la gracia que supone recibir el perdón de los pecados en el sacramento de la Penitencia; la gracia que supone el escuchar la Palabra de Dios; la gracia que supone el recibir a Cristo mismo; la gracia que supone el celebrar la fe con otras personas que creen lo mismo y aman al mismo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

... Y seguimos a veces sin darnos cuenta de que es Dios el que nos busca y nos encuentra. Por eso pienso que esta chica sudamericana no ha tenido todavia la suerte de ser encontrada por Dios y al querer propiciar el encuentro no ha recibido la fuerza del espíritu Santo y se le ha hecho una montaña inexpugnable el encuentro con Dios. Ojalá tenga otra ocasión.

José Manuel dijo...

Estimados Don Andrés y demás hermanos:

Es fácil de suponer como pasó aquel día San José después de enterarse que su querida y amada María, aquella chica tan angelical que iba a ser su mujer, tendría un hijo de "otro", seguro que se durmió agotado del disgusto que se llevó. Aunque de seguro que la Virgen María no lo pasó mejor.

Pero surge Dios para arreglar la situación, es EL quien entra en nuestras vidas por que siempre tiene un plan para nosotros.

Dios no deja nada al azar, un día descubriremos la intricada partida de ajedrez que jugó con nosotros. El mismo nos contará su gugada maestra. Como hizo encajar todas las piezas del puzzle de nuestra vida de forma asombrosa. De qué forma nos llevó hacia EL y como le servimos además de influencia a la vez en ese mismo "juego" en la vida de otros, para también conducirlos hacia su amor, nos quedaremos con la boca abierta.

¡MAGISTRAL!

Anónimo dijo...

La devoción a S. José, la tengo muy arraigada en mi vida, y también está en la de mi familia, como apunte, desde hace generaciones, los recordatorios de aniversario de los fallecimientos, llevan una reproducción de un cuadro( desconozco el autor ), del tránsito del Patriarca San José.
Su papel en la historia de Jesús, fue extraordinario, todo un ejemplo de sabiduría y humildad. El Señor, también hizo maravillas con él.
Me parece preciosa la idea de recordar en esta homilía de D. Andrés, la figura de este Santo de Santos, y hacerlo de esa manera tan tierna, donde se nos muestra un S. José próximo, un marido ejemplar, y un padre abnegado, a veces superado por los acontecimientos extraordinarios que suceden en su vida, pero sin perder la fe, y haciendo siempre la voluntad de Dios.
S. José integra para mí de forma especial las virtudes de, Varón justo, de la obediencia, de la virginidad,( Custodio de la Virgen María ), de la paciencia, de la caridad y de la prudencia, todas ellas y más, con excelencia.
Me acojo siempre a su patrocinio, ya que ha sido distinguido entre todos los Santos, con el inefable don de ser el Padre de la Sagrada Familia.
Feliz semana para D. Andrés y todos los hermanos del blog.

soco dijo...

Qué buena comparación hace Jose Manuel en cuanto a los planes de Dios para cada uno de nosotros. Que simil mas oportuno el de la partida de ajedrez, con la diferencia de que nunca quedará en tablas, estoy segura que alguna vez nos hará creer que le hemos ganado pero lo tiene todo bien planificado.
Quiero desear una feliz Navidad a toda la gran familia del blog y daros las gracias por todo lo que me aportáis con vuestros comentarios.
Un fuerte abrazo.

Olga dijo...

¡Que preciosa Homilía! Cuanto he gozado al leerla y luego al escucharla en audio. Muchos días y mucho tiempo tendríamos que contemplar la figura de San José, el papel tan indescifrable que desempeñó en la historia de la Salvación, sus virtudes: MAESTRO Y MODELO DE NUESTRA FE, justo, discreto, se fía de Dios, confía en Él, supo dejar el camino a Dios, se mete en Dios que es todo luz y a la vez todo oscuridad, se muestra disponible, renuncia a toda seguridad, supo aceptar los planes de Dios.
Mucho ha resonado en mis oídos esta frase: la fe Supone ser una señal de Dios y del amor de Dios para los hombres. Fe también es aceptar los planes de Dios para nosotros.
Esta semana asistía al funeral de Miguel el chico que trabajaba en el arzobispado y al final de la Eucaristía Silvia su mujer fue para mí y pienso que fue para todos los que asistimos al funeral esa señal de Dios y del amor de Dios para todos los que allí estábamos, al escucharla como trasmitía esa fe y esa confianza en Dios, con la paz y serenidad que ella aceptó el plan de Dios sobre Miguel y sobre ella y sus hijos. El sufrimiento, el dolor, la adversidad, la oscuridad la adentraba más a Dios. Silvia le respondía a Dios que la sorprendía con este momento de incertidumbre y de dolor que la poseía y que no entendía. Eso es la fe respuesta a la llamada de Dios, es aceptar con los grandes o pequeños heroísmos los planes de Dios.
Que El Señor que ya se acerca nos traiga esta fe autentica, que sepamos ser señal de Dios para todos aquellos que están a nuestro lado.
Para todos los amigos del blog un abrazo muy fuerte y UNA FELIZ NAVIDAD.
Olga