viernes, 5 de diciembre de 2008

Domingo II de Adviento (B)

7-12-2008 2º DOMINGO ADVIENTO (B)
Is. 40, 1-5.9-11; Slm. 84; 2 Pe. 3, 8-14; Mc. 1, 1-8
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Queridos hermanos:
Se dice en la segunda lectura: Esperad y apresurad la venida del Señor”.
- ESPERAD. El tiempo de Adviento en que estamos es un momento de preparación, de vigilancia y de espera, pero ¿qué hemos de esperar o a quién hemos de esperar? Nos dice S. Pedro en la segunda lectura: “Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia”.
Estamos hartos de tanta injusticia, de tantas lágrimas, de tanto dolor sin sentido y de tanto dolor sin fin. Hace un tiempo se me presentó una mujer mayor, de unos 75 años. Su vida era un auténtico fracaso: el hijo mayor con esquizofrenia y sin posibilidad de curación, el pequeño con un alcoholismo tan fuertemente arraigado que, a pesar de haber visitado varios centros de desintoxicación y de curación a lo largo de España, recaía una y otra vez. El marido de esta señora se la está “pegando” con una mujer más joven, que lo único que hace es “sacarle” el dinero que se precisa para atender tantas necesidades de la familia. Esta mujer sufre por esta situación y sufre pensando qué será de sus hijos el día en que ella falte y no haya quien mire por ellos. Sí, estamos hartos de tanto dolor sin fin, de tantas familias y matrimonios rotos.
Estamos hartos de tanta injusticia en gente que ha luchado toda la vida por tener algo y, en medio de esta crisis, se queda sin trabajo, sin el piso para el que había ahorrado toda su vida y se queda sin horizonte.
Estamos hartos de tanto engaño, porque se nos ha dicho, por activa y por pasiva, que poseyendo cosas materiales: casa, coche, dinero, máquinas… seríamos felices o estaríamos más contentos, y ahora resulta que todo eso se nos quita, o no podemos alcanzarlo, o no somos más felices al tenerlo.
Por todo esto y por mucho más “esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia”. Sí, estoy completamente seguro que estos años de miedo, de incertidumbre, de crisis, de mayor pobreza… a mucha gente le hará tener una perspectiva distinta de sí mismos, de los demás, de la vida, de las cosas. Todo esto nos ayudará a crecer como personas, a ser más humildes…
Nosotros, los cristianos, sabemos que este cielo nuevo, esta tierra nueva y esta justicia nueva no vendrán porque la traigan los poderosos de la economía o de la política. También es cierto que nosotros, los cristianos, sabemos que este cielo nuevo, esta tierra nueva y esta justicia nueva no vendrán sólo por el mero fruto de nuestro esfuerzo personal y comunitario. No vendrán tampoco porque sí. Este cielo nuevo, esta tierra nueva y esta justicia nueva nos serán dados por el Señor. Todos necesitamos de Dios, necesitamos al Señor y por eso lo ansiamos y lo esperamos. Sí, el Señor viene. Ya lo anunciaba S. Juan Bautista en el evangelio de hoy: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo”.
- APRESURAD. Os recuerdo que decía S. Pedro en la segunda lectura: “Esperad y apresurad la venida del Señor”. Y es que para los cristianos la espera no debe de ser algo pasivo, como estar sentados en una silla en la estación de tren haciendo tiempo hasta que éste llegue. Hemos de apresurar esta venida del Señor. Pero ¿cómo? En las lecturas que nos propone hoy la Iglesia se nos presentan varias acciones para apresurar la llegada del Señor a nosotros y a este mundo:
* “Consolad, consolad a mi pueblo”. No tengamos el corazón duro e insensible ante tanto sufrimiento que nos rodea y nos rodeará. El jueves me hizo daño la fotografía que vi en los periódicos en donde se mostraba a varios hombres en un bar alrededor de una mesa y jugando una partida a las cartas. Por lo visto eran los compañeros de partida del hombre asesinado por ETA. El hueco dejado por este hombre fue ocupado por otro y continuaban la partida como si tal cosa. Me hizo daño esto. Hay un himno de Vísperas (la oración de la liturgia de las horas) que dice así: “que el corazón no se me quede desentendidamente frío”. No quiero un corazón frío ni ante la muerte de un hombre a manos de ETA, ni ante un niño asesinado en el vientre materno, ni ante el dolor de una mujer, feligresa mía de Taramundi, que me llamó este día porque su hijo sufría acoso escolar y pedía mi mediación para que lo admitiesen en un determinado colegio, ni… Por eso, quien escucha, consuela y se compadece (padece con) de los que sufren está apresurando la venida del Señor.
* “Procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables”. Apresuro la venida de mi Señor Jesucristo cuando busco la paz: paz con los de lejos, paz con los de cerca; paz con los demás, paz conmigo mismo; paz en el exterior, paz en el interior de mi ser. Y estoy en paz cuando pido perdón a Dios de mis pecados, cuando pido perdón a los demás, cuando perdono a los demás, cuando me perdono a mí mismo, cuando acepto a los demás, cuando me acepto a mí mismo. Es tan importante la paz en la vida de un hombre que en todas las Misas, tras orar el Padrenuestro, se pide dicha paz de modo constante, hasta 8 veces: ‘Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días…’; ‘Señor Jesucristo, que dijiste a los discípulos: la paz os dejo, mi paz os doy, no mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y, conforme a tu palabra, concédele la paz…’; ‘la paz del Señor sea siempre con vosotros’; ‘daos fraternalmente la paz’; ‘Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz’; ‘podéis ir en paz’.
* “Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”. Apresuro la venida del Señor cuando más austeramente vivo; cuando pongo mi corazón en los valores humanos más que en los materiales, cuando pongo mi corazón en los valores que no se ven ni se tocan más que en los valores que se ven y se tocan, cuando pongo mi corazón en los valores divinos y eternos más que en los valores mundanos y perecederos.
Termino con el himno de Vísperas al que aludí antes y que es precioso. Quisiera que fuera como una oración para esta semana de Adviento:
Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.
Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dices que estás muerto!...).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo.
Amén.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta Homilía de por sí, ya me partió el corazón. Realmente, ¿cuántas veces en la vida retraso la llegada del Señor, con mis actitudes y mis pecados ?
Todo ese universo de desdichas que explica D. Andrés es cierto, y aun hay más..., pero el hombre tiene esa capacidad de la voluntad, que es un regalo maravilloso que nos hace el Señor, para cambiar el curso de los acontecimientos, y hay que ponerla en marcha. Voluntad, para perdonar, para aceptar, para confiar, para servir, para acompañar, para sacrificar egoismos, para amar, para construir, para llorar y reir con nuestros hermanos, para sembrar paz y armonia, para crear nuevos horizontes, para ORAR, para abandonarse en las manos del Señor, para luchar contra el mal,
para mantener el ánimo, para caminar por el desierto...

Mañana, en un pueblecito de la montaña asturiana, al pié de un Santuario Mariano, después del Rosario, rezaré ese precioso Himno de Visperas que nos regaló hoy D. Andrés, y en ese momento, también encomendaré a D. Andrés y a los queridos hermanos del blog, para que se extienda el efecto contagioso y multiplicador de la buena voluntad por todo el mundo.
" Paz en la tierra, a los hombres de buena voluntad ".

Anónimo dijo...

Estimado D. Andrés y demás hermanos:

Vivimos en una sociedad llena de mentira y engaño en el cual es muy fácil caer. Cuando descubrimos la realidad de lo que nos ofrece la materia viene la gran decepción de su efímera posesión. Es tiempo de espiritualidad porque esta es tan inmortal como el alma que Dios nos ha dado.

Amontonaos más bien tesoros en el Cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni
ladrones que socaven y roben. (San Mateo 6, 20)

Chony dijo...

¡Tremenda homilía! Tremenda sí, porque nos pone delante una cruda y
triste realidad. Es cierto, estamos hartos de tanto dolor, de tanto sufrimiento, parece que cada día se nos cierra una puerta,dando paso a la desesperanza, y vemos un horizonte muy obscuro; ¿Que nos está pasando? El hombre ha querido borrar a Dios de su vida, porque se cree autosuficiente, no necesita a Dios para nada; ya que él solito es capaz de grandes logros, de conseguir una buena situación, y vivir a lo grande; eso sí, a costa de lo que sea. Si hay que hundir a un semejante, se le hunde, si se puede quedar uno con lo ajeno, pues ¿por qué no? Mis gastos pueden sufragarlos todos, y casi ni se nota; si
hay que segar vidas ¿qué importancia tiene? somos demasiados, así que uno menos... Que hay que matar a seres indefensos e inocentes, en
el único lugar donde deberían sentirse absolutamente seguros, pués se les quita de en medio, porque según algunos, solo son un montón de células; y a mí me produce unos grandes beneficios. A la madre ya se le pasará el susto, y le hemos quitado un problema de encima. Y un largo ecétera, porque cuando se prescinde de Dios, el hombre es capaz de las mayores atrocidades y abominaciones.
Por eso, por triste que nos parezca, no es de estrañar, que los
compañeros de partida de la última víctima de eta, hayan seguido tan
ricamente jugando su partida, tras haber sustituído a su compañero
asesinado a sangre fría.
¡¡Qué duro y gélido se nos ha vuelto el corazón!! Y me incluyo en esto, porque creo que en mas de una ocasión, mi corazón ha permanecido indiferente ante alguna necesidad ajena; y
también, porque creo que si hoy yo me conmuevo ante todas estas cosas,
no es precisamente, porque sea distinta del resto, sino por pura misericordia de mi Dios, que me ha preservado, me ha guardado de vivir estas situaciones; porque quizás si yo estubiese en el
pellejo de esas personas, es posible que actuara de igual manera. ¡Qué horror! Gracias, Dios mio, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa. La que he cometido y la que pude cometer.
Desde luego necesitamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que
habite la justicia. Necesitamos a Dios, necesitamos volver a nuestras
raíces cristianas, necesitamos olvidarnos de nuestras soberbias y
gritar al Señor que tenga misericordia de nosotros. Nada ocurre por casualidad, es absolutamente cierto que necesitamos a Dios, pero no lo es menos, que tenemos que saber que le necesitamos, que sin Él nos hundimos cada día mas y mas, que solos no podemos caminar sobre este mar tan encrespado; es por eso que tenemos que llamarle, gritale ¡Salvanos Señor que perecemos! Que El nos conceda la humildad necesaria para comprender que Él es el único Dios y Padre, que por su misericordia, seamos capaces de doblar nuestra cerviz, y suplicarle que no tenga en cuenta nuestros pecados.
"Que el corazón no se nos quede desentendidamente frio" ante la
adversidad ajena; Padre bueno, míranos con compasión, y cambia este corazón tan duro, en otro mas esponjoso y cálido, que sea capaz de conmoverse, de dar consuelo, cariño, de poder compadecernos de todo el que necesita ser escuchado, y de un poco de nuestro tiempo. Que sepamos prescindir de tantas cosas superfluas, para poder compartir con nuestros hermanos necesitados. El Señor Jesús viene, nos lo recuerda este tiempo de adviento, así que con todo lo dicho confiemos en que venga presto y contento; El es
nuestra esperanza. Yo al menos, a pesar de todo, también confío en que esta situación nos ayude a todos a reaccionar. Particularmente parece que siento en mi interior una fuerza desconocida que me empuja a
cooperar, para que el reino de Dios venga a este mundo pecador. Por eso sé que con la gracia de Dios, he de ser "sal de la tierra y luz del mundo", así como cuento también, con la ayuda e intercesión de la Virgen María, nuestra Madre. Estas situaciones de crisis no me son ajenas, ya que se padecen en mi propia familia; pero yo conservo la paz, gracias a Dios; y esa es la mayor riqueza que poseo.
Queridos hermanos, un fuerte abrazo; preparemos entre todos el camino al Señor. Apresurémoslo.
A ti Andrés, todo mi agradecimiento. La paz de Jesucristo Señor nuestro.
BENDITO SEA DIOS.
Chony

Pepitina dijo...

Estas dos palabras de la homilía: ESPERAD y APRESURAD, han ido llenando mi semana apenas sin darme cuenta, y dejando el comentario de un día para otro, por querer compartirlo de forma mas profunda con todos. Ha sido S. Pedro, quien con sus palabras,
“Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia, confiados en la promesa del Señor", ha ido dando pequeñas luces ante tanto chabacano, inmoral y con tan poco respeto que veo y escucho alrededor, y que por estas fechas se hacen mas visibles aún a las personas sensibles. Ante cada uno de estos gestos -sin Dios- que me rodean mis oración ha sido: --Señor, yo creo en ese cielo nuevo y en esa tierra nueva que me has prometido..Tu eres fiel a tus promesas.- Hace dos dias al escuchar el nuevo anuncio que ayudará a nuestros jóvenes a "ser responsables de sus actos",(condón-bombo) me sentí dolida, indignada y ofendida. Ese "bombo" que ha sido portador de vida para tantas madres, ahora es motivo de risa y burla. Ese "bombo".. en el que tantos hemos sido acogidos, acariciados y amados, por nuestros padres, ó ¿será que algunos no han salido a ver la luz primera desde él? --Yo espero Señor, esperamos que un día "habite la justicia" en esta sociedad que te ha arrinconado y olvidado--.
Di gracias a S. Pedro por primera vez porque en varias ocasiones sus palabras no dieron entrada a la tristeza.
APRESURAD la venida del Señor.. y percibí claramente cómo Él mismo lo hacía en mi, al permitir el Silencio en mis labios, sin palabras de justificación, ni queja. Lo hizo el mismo, y me lo hizo percibir como algo Suyo. Apresuró Él mismo su llegada a mi corazón una vez mas.
Yo Espero,
yo Espero Señor.
Este blog que Tu bendices,“Espera y apresura la venida de Su Señor”.
Buena semana para todos.