domingo, 31 de diciembre de 2006

Santa María, Madre de Dios (C)

1-1-2007 SANTA MARIA, MADRE DE DIOS (C)
Num. 6, 22-27; Slm. 66; Gal. 4, 4-7; Lc. 2, 16-21
Queridos hermanos:
Celebramos hoy a Santa María, la Madre de Dios, la Madre de nuestro Salvador. Pero también hoy es el primer día del año 2007. Ayer terminó el 2006. Estos días atrás, cuando pensaba en esta homilía, se me vino a la mente y al espíritu el poder dar gracias, desde Dios, por todo el año 2006 y prepararnos, desde Dios, para este año nuevo que comienza. Y precisamente en estos días he recibido un correo por Internet, que contenía una oración sobre este tema. La transcribo a continuación. Dice así:
“Al terminar el año, Señor, te diré sólo dos palabras. Quiero que sean sinceras y sencillas.
En el silencio de la soledad te digo desde lo más profundo de mi corazón: ¡Gracias, Señor!
Gracias… por todo lo que este año (2006) me has concedido, porque te lo he pedido. Por todo lo que me has dado, sin habértelo rogado. Por todo lo que me has otorgado, sin haberlo merecido.
Gracias… por la salud y el bienestar. Por las alegrías y las satisfacciones.
Gracias también… por la enfermedad. Por las penas y sufrimientos. Aunque me cueste trabajo, Señor, te agradezco esto último. ¡Tú sabes lo que hiciste!
Gracias… por el rayo de esperanza que me iluminó. Por aquella mano que me levantó. Por ese consejo que me guió. Por aquellas palabras que me alentaron.
Pero sobre todo… te doy las gracias, Señor: por la fe que tengo en Ti. En este tiempo, un tanto confuso, aunque lleno de esperanza, es a veces difícil creer.
Te confieso sinceramente: no siempre he sabido cómo actuar, qué hacer, a dónde ir. Sin embargo, mantengo mi fe en Ti.
Te doy gracias, porque en las tinieblas me has iluminado. Porque en las caídas me has levantado y has perdonado mis pecados.
Y sobre todo, Señor…, te doy las gracias por todo aquello que ignoro que has hecho por mí y de lo cual debo estarte profundamente agradecido.”
Si me lo permitís, voy a comentar algunas partes de esta oración y que pueden ayudarnos a nosotros para colocarnos ante Dios y ante los acontecimientos, buenos o malos:
- Se trata de una oración que está encuadrada en una situación concreta: el fin de un año. Y es que nadie se pone ante Dios o en oración de modo abstracto, sino en un lugar concreto, en un tiempo concreto, en un estado de ánimo concreto, con unas dificultades y disposiciones concretas. Pues bien, esta persona se sitúa ante Dios al final del año y quiere dialogar con su Amado. Esta persona abre a Dios su corazón y sus labios.
- En cuanto esta persona se pone en silencio, dejando a un lado los ruidos externos (Tv, coches, voces…) e internos, aparece únicamente su corazón y Dios; aparece lo más íntimo de esta persona y Dios. ¡Qué importante es el silencio en nuestras vidas y qué difícil de conseguir, aunque es algo tan sencillo…!
- En el silencio de todo, en la presencia de su ser más íntimo y en la presencia del Amado surge enseguida una exclamación: “¡Gracias, Señor!” “Gracias” porque todo lo recibido es gratis, “gracias” porque todo lo recibimos sin merecerlo; “gracias” porque todo es gracia, regalo y don. Y dando las gracias nos desenfocamos de nosotros mismos, dejamos de ser (y de considerarnos) el centro de todo y de todos. Dando las gracias nos volvemos más humildes y más necesitados de los demás. Dando las gracias caminamos más en la verdad y no en la apariencia y el maquillaje.
- La persona de la oración, en esta situación y perspectiva que estoy diciendo, da gracias a Dios por todo lo bueno que ha recibido de Dios, porque se lo ha pedido a El, porque lo ha recibido de El sin habérselo pedido. Pero, en definitiva, todo lo bueno que uno tiene procede únicamente de El, y esta persona lo reconoce y lo confiesa.
- Esta persona también da gracias a Dios por lo malo que le ha sucedido (“Gracias también… por la enfermedad. Por las penas y sufrimientos. Aunque me cueste trabajo, Señor, te agradezco esto último”), pues visto desde Dios, hasta lo malo… es bueno. Ya nos lo dice bien claramente S. Pablo en el Nuevo Testamento: “Para los que aman a Dios, todo les sirve para el bien” (Rm. 8, 28).
- Esta persona da gracias a Dios por la ayuda y acción de Dios, pero no sólo la que le viene directamente de El, sino también la que le llega viene a través de los otros (“Gracias… por aquella mano que me levantó. Por ese consejo que me guió. Por aquellas palabras que me alentaron”). Y es que, desde Dios, los demás son signo del amor de Dios para con nosotros y eso lo podemos reconocer en la oración. ¿Por qué? Porque es el mismo Dios quien nos lo muestra.
- Esta persona da gracias a Dios por… Dios mismo; por la fe que ha recibido de Dios; por la luz de Dios, que le ha iluminado en la oscuridad; por el perdón de los pecados; y por todo lo que Dios hace por esa persona, que no reconoce ahora, sino pasado un tiempo, a veces años, y otras veces sólo lo sabrá y reconocerá allá, en el cielo. Ya sabéis aquella famosa historia de la playa y las huellas en la arena: Cuando había un par de huellas en los momentos de sufrimiento, no eran huellas del hombre doliente, sino las de El (le dice Dios al que protestaba de que El lo había dejado solo en aquellos momentos).
Y para terminar esta homilía de hoy os bendigo con las palabras del mismo Dios de la primera lectura. Es lo que Dios mismo nos desea para este año 2007 que empieza: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz.”

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabes que me cuesta mucho concentrarme y escribir.-Tambíén yo doy gracias a Dios siempre, y procuro estar alegre siempre, aun con dolor, porque " Dominus prope est".-

Anónimo dijo...

Qué bueno es cuando se reconoce que TODO nos viene de Dios, Andrés. Esa paz que se siente que, a la vez, es don, no se compensa con nada, se ven las cosas de otra manera y todo contribuye a sentirse más feliz, más alegre, más a tono con Dios y con los hermanos.
Eso sí, necesitamos de ese silencio para darnos cuenta y reconocer todo esto que, en definitiva, es lo que nos hace caminar en la FE con esperanza y alegría.
Gracias Andrés, por la bendición y por ayudarnos air descubriendo y sintiendo todas estas cosas que tanto bien nos hacen. ¡Feliz Año!
Pilar

Pepitina dijo...

-"Gracias Señor", bonita oración para comenzar el día y recordar que, "Para los que aman a Dios, todo les sirve para el bien” (Rm. 8, 28).; sin importarme lo que vaya ocurriendo a medida que transcurra mi día, que de mi corazón surja él agradecimiento, recordando que en TODO estas Tú, Señor.-
Preciosa homilía Pater;"GRACIAS, SEÑOR" y qué fácil de resumir para recordarla durante la semana."Gracias también por la mano que la escribió", qué tan acertada es en desmenuzar Tu Palabra, para el bien de todos.