jueves, 7 de diciembre de 2006

Homilía de la Inmaculada Concepción 2006

8-12-06 INMACULADA CONCEPCION (C)
Gen. 3, 9-15.20; Slm. 97; Ef. 1, 3-6.11-12; Lc. 1, 26-38
Queridos hermanos:
* El evangelio de hoy nos habla del embarazo de María. María quedó embarazada en primer lugar en su mente, en segundo lugar en su corazón y en su espíritu, y en tercer lugar en su vientre.
1) María quedó embarazada en su mente. El embarazo no fue algo impuesto por Dios en María, y eso que podía ordenarlo y hacerlo, dado que Dios es todopoderoso y ella era apenas una niña. El ángel enviado por Dios expone y explica a María todo lo que va a pasar: le dijo que la noticia que le traía era motivo de gran alegría, que Dios estaba con ella desde siempre, que Dios la había llenado de dones en su persona y que era bendita entre todas las mujeres, las que había habido hasta entonces y las que habría a partir de ella.
Le fue diciendo cosas de su hijo: el nombre que le pondría, y qué sería de él en esta vida. Lo mismo que una pareja o una mujer o un hombre piensa en el hijo o hijos que tendrán un día y qué nombres les pondrán y qué será de ellos y a qué colegio los mandarán y cómo los educarán, y dónde los bautizarán, y dónde harán la primera comunión… Lo mismo que una pareja o una mujer o un hombre tiene planes para su hijo, también Dios tenía planes hechos para su Hijo, Jesús. Por esto, el ángel logró, con sus palabras y con su relato, que María pensase en un hijo; logró que pensase cómo podía ser su hijo y qué podría hacer en este mundo su hijo… como cualquier mujer que esté abierta a la maternidad.
2) María quedó embarazada en su corazón y en su espíritu. Las palabras del ángel no se quedaron simplemente en cabeza y en la mente de María, sino que pasaron a su corazón y a su espíritu. En efecto, cuando ella oyó al ángel, María notó que su ser deseaba aquello; deseó a ese hijo para sí y preguntó el modo en que podía llegar a alcanzar lo que deseaba. Preguntó: “¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?” El ángel no engaña a María ni le da falsas esperanzas. Tampoco deja que María se quede a ras de tierra, ya que ella pensaba (como cualquiera de nosotros) que, para tener un hijo, necesitaba un hombre que la dejara encinta. El ángel le dice que su embarazo será cosa de Dios; será Dios quien ponga la semilla en su vientre, pues para Dios todo es posible. Por eso digo que María quedó embarazada en su corazón, porque ante la descripción que el ángel le hacía de su futuro hijo, ella empezó a amarlo. Pero María también quedó embarazada en su espíritu, pues el Padre de su hijo, su Esposo no iba a ser un varón humano, sino el mismo Dios. Su espíritu se llenó del Espíritu, y ella creció y profundizó en su relación con Dios.
3) María quedó embarazada en su vientre. Una vez que María conoce en su mente lo que puede pasar en su persona y con el fruto del embarazo; una vez que María ama, desea y anhela en su corazón y en su espíritu lo que puede pasar en su ser y con el fruto de su embarazo, entonces ella dice las palabras mágicas de toda criatura ante su Creador, ante Dios: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” Y en ese momento, Dios que había fecundado ya su mente, su corazón, su espíritu, en ese momento Dios fecundó su vientre y María quedó embarazada del Hijo de Dios, del que conoceríamos tiempo después como Jesús.
* Quisiera ahora fijarme en la primera lectura que hemos escuchado, del libro del Génesis. En un primer momento de mi vida yo pensé que las palabras de la Biblia se referían siempre a hechos pasados, pero ahora sé que esto no es toda la verdad. La Biblia es un libro tremendamente actual y que nos habla también de nuestra vida aquí y ahora, de nuestro pasado, de nuestro presente y de nuestro futuro.
En la primera lectura se nos muestran las consecuencias del pecado de Adán y de Eva:
- Del pecado viene un sentimiento de vergüenza. “Entonces se les abrieron los ojos, se dieron cuenta de que estaban desnudos, entrelazaron hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores.” Nuestros ojos dejan de tener limpieza y vemos nuestros defectos y sobre todos los defectos de los demás. Vemos nuestros “michelines” y los de los demás. No queremos que nos vean tal y como somos para que nadie nos juzgue, porque nosotros también juzgamos a los demás, y los demás se tapan, se esconden, se maquillan… lo mismo que nosotros.
- Del pecado viene el esconderse de Dios. “Oyeron pasos del Señor Dios que se paseaba por el huerto al fresco de la tarde, y el hombre y la mujer se escondieron de su vista entre los árboles del huerto.” El pecado nos aparta de Dios y de las cosas de Dios. Luego me justifico diciendo que la Iglesia no se moderniza, que los curas hacen esto o lo otro, que la religión provoca las guerras y los actos de terrorismo…, pero, sobre todo, esa justificación me esconde de Dios y de lo sagrado ante mi propia vida, que no es la más correcta.
- Del pecado viene la acusación y el echar las culpas a los otros. Adán le echa la culpa a Eva (“La mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol, y comí”)[1]; Eva le echa la culpa a la serpiente (“La serpiente me engañó, y comí”).
- Del pecado se siguen consecuencias para la serpiente (“serás maldita entre todos los animales y entre las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida”); consecuencias para Eva (“multiplicaré los dolores de tu preñez, parirás a tus hijos con dolor, desearás a tu marido y él te dominará”); consecuencias para Adán (“con fatiga comerás los frutos de la tierra todos los días de tu vida. Ella te dará espinas y cardos, y comerás la hierba de los campos. Con el sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, de la que fuiste formado, porque eres polvo y al polvo volverás”[2]).
De la misma manera cualquier pecado que cometamos trae una serie de consecuencias para nosotros mismos… y para los demás. Voy a reseñar aquí un caso que me dio mucho que pensar y que es bastante ilustrativo de estas ideas que os estoy diciendo. Recuerdo que, estando yo de cura en Taramundi (1987), una chica de unos 16 años me preguntaba que por qué no podía relaciones sexuales con un chico, por qué la Iglesia era tan “carca” en sus ideas sobre este tema. Yo le exponía razones, pero no quedó convencida. Al poco tiempo me llamaron sus padres para que fuera a su casa y me encuentro a los padres, a la chica y a un chico de su misma edad. Habían tenido los dos relaciones sexuales y ella estaba embarazada. Los padres insistían en que debían de casarse (en otros casos se sigue el aborto). En definitiva, de practicar el sexo a los 16 años, vino en este caso concreto un embarazo no deseado, de éste vino un matrimonio acelerado con una inmadurez importante en ambos adolescentes, vino un sufrimiento en los padres y en los mismos adolescentes, vino el no terminar sus estudios y tener que ponerse a trabajar, vino el truncar su juventud en sus inicios, vino una convivencia calamitosa en el matrimonio y posterior fracaso, vino el traer a la hija de estos adolescentes de un lado a otro para las visitas reglamentarias, vino el que la chica se vio a los 18 años con una hija, con un matrimonio, con una separación, con una vida rota…
[1] Cuando Adán conoció a Eva era “hueso de mis huesos, y carne de mi carne” (¡qué piropo más precioso, de un hombre para una mujer!) y, sin embargo, ahora es “ésa”, la que me hizo caer; era “ésa” que Tú me diste. También Adán le echa la culpa a Dios.
[2] En estas últimas palabras se indica que el ser humano morirá. Antes del pecado no moría; ahora sí.

1 comentario:

pepitina dijo...

La homilía es preciosa y el texto del Génesis te ha dado pie para explicarnos con claridad el pecado- que creo que se trata con poca frecuencia..Decías al comienzo: "María quedó embarazada en primer lugar en su mente, en segundo lugar en su corazón y en su espíritu, y en tercer lugar en su vientre". Pues al leer estas lineas y sin saber la última explicación he de confesar- que acababa de tener una dicusión sobre el pecado precisamente con una persona y vi entonces con claridad -y a través del embarazo de María- como éste- nuestro pecado- entra en nosotros por nuestra mente- cuando nos justificamos, entretenemos y dedicamos tiempo dialogar con el-,luego pasa a nuestro corazón, pues aunque sólo le permitimos "echarle una ojeada" él se aprovecha- que astuto es- y cuando nos damos cuenta ya le estamos "dando a luz" en nuestra vida. Ojalá , como María podamos "darle a luz" a ÉL.¡¡feliz adviento!!