sábado, 30 de diciembre de 2006

Sagrada Familia (C)

31-12-2006 SAGRADA FAMILIA (C)
Eclo. 3, 3-7.14-17a; Slm. 127; Col. 3, 12-21; Lc. 2, 41-52
Queridos hermanos:
Hoy celebramos la Sagrada Familia, que formaban S. José, la Virgen María y Jesús. Veamos qué podemos sacar de la celebración del día de hoy para ayuda de nuestra fe y de nuestras propias familias. Ciertamente se trata de un tema tan amplio (el de la familia) que aquí simplemente podremos dar algunas pinceladas.
* He leído en un folleto lo siguiente: “La bajísima natalidad es uno de los problemas más graves familiares en España. ¿A qué se debe este descenso de fecundidad y de natalidad? ¿Qué nos falta o qué nos sobra? Las posibles causas son:
Miedo. El futuro es incierto. Los hijos son difíciles de educar.
Economía. Los niños cuestan mucho; ya no vienen con el pan debajo del brazo. Criados y educados convenientemente cuestan mucho.
Falta de ayudas e incentivos estatales. En otros países son más generosos que en España.
Vivienda. Falta el nido familiar. No está al alcance de todos. Un grandísimo obstáculo.
La mujer. Ha cambiado su rol en la sociedad. Ya vale y está preparada para algo más que tener hijos.
Trabajo. Exceso: no hay tiempo para los hijos.
Defecto: no es trabajo seguro.
Difícil: obliga a estar separados.
Inestabilidad. No sólo en el trabajo, sino el amor. No están seguros de que su amor dure. Por eso muchas veces no se casan.
Comodidad. Los hijos obligan a muchas renuncias y sacrificios. Se prefieren las vacaciones, el lujo… a los hijos.
Falta de valores. ¿Qué es lo importante en esta vida?”
* Esto que acabo de escribir es lo que está en el ambiente que nos rodea, o en muchas personas que conocemos. Incluso puede ser que algunos de nosotros compartamos alguno de estos puntos expuestos. Sin embargo, nosotros, como cristianos vivimos otros valores; vivimos desde otra perspectiva; amamos desde otra perspectiva; sufrimos desde otra perspectiva; nos alegramos desde otra perspectiva. ¿Desde cuál? Desde la divina, o sea, desde Dios. Por eso, nuestro modelo es la Sagrada Familia. “Sagrada” porque Dios está en ella. “Sagrada” porque ellos se aman desde Dios, en Dios y para Dios. “Sagrada” porque toda su vida está ofrecida a Dios. Y todo lo que se hace o lo que acontece tiene la marca de Dios, del servicio, de la humildad… Por todo ello:
- Una familia cristiana será “sacramento” de Dios, es decir, El se hará presente a través de ellos…, para ellos mismos y para los demás. La oración y la Eucaristía será una necesidad perentoria para ellos. Se dice en la segunda lectura: “Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.” Asimismo decía Jesús en el evangelio: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Esta familia cristiana verá a Dios en la Misa, en la oración, pero también en los demás que les rodean.
- Una familia cristiana cultivará el amor. Amor para con Dios; amor para con los cercanos habituales; amor para con los cercanos ocasionales… Así, la segunda lectura nos dice: “Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo eso, el amor.”
- Una familia cristiana vivirá en la verdad y en la fidelidad. Verdad de los hombres que siguen (o intentan seguir) la Verdad de Dios. Fidelidad y constancia de los hombres que siguen (o intentan seguir) la Fidelidad y la Constancia y la Misericordia de Dios para con nosotros.
- Una familia cristiana estará abierta a la vida. Los hijos no son los que molestan, los que gastan…, sino que son fruto del amor esponsal y don-regalo de Dios. El salmo que acabamos de escuchar nos dice que los hijos son “la bendición del hombre.” Los hijos serán los campos en donde los padres y el resto de la familia sembrarán el evangelio y el mejor humanismo.
- Una familia cristiana estará abierta a los demás. Así, pondrá sus bienes y sus talentos al servicio de los demás… en la medida de sus posibilidades y capacidades.
- Una familia cristiana cuida de sus padres mayores y de sus abuelos. Dice la primera lectura: “Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva; aunque flaquee su mente, ten indulgencia, no lo abochornes mientras seas fuerte. La piedad para con tu padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados; el día del peligro se te recordará y se desharán tus pecados como la escarcha bajo el calor.”
* Como se ve, en esta homilía se presentan dos modelos diferentes de familia. ¿A cuál nos apuntamos? Pero sobre todo, ¿por qué modelo de familia estamos trabajando o queremos trabajar? ¿Qué pasos concretos estamos dando o queremos dar por ese modelo de familia que queremos para nosotros y para los nuestros?
Hubo unos padres de Madrid que trataron de educar a sus hijos como una familia cristiana. Veamos algunos de los resultados: Escribo a continuación el testimonio de uno de sus hijos, Guillermo Blasco, ante el Papa Juan Pablo II y los jóvenes en Madrid el 7 mayo 2003: “Querido Santo Padre: Me llamo Guillermo. Tengo 19 años, pertenezco a una familia de seis hijos y estudio arquitectura técnica. Nací el día de la Inmaculada y la Virgen me ha llevado siempre bajo su manto. Mis padres me han educado en la fe. Desde niño, Santo Padre, he sentido en mi corazón algo grande. En 1998 peregriné a Santiago de Compostela con un grupo que surgía de las manos de María: los Montañeros de la Asunción. Ese camino me hizo un bien inmenso. Allí sentí que Cristo quería algo más de mí. El 15 de agosto de 1998, día de la Asunción, murió mi hermano Fernando en Irlanda en un atentado terrorista. Tenía 12 años. Este hecho marcó mi vida de adolescente. Esa misma noche, cuando supe lo ocurrido, llamé hasta la madrugada a todos los hospitales de Irlanda. Al día siguiente, se confirmó la terrible noticia e, inmediatamente, fui a Misa con mi padre. Entre la perplejidad y el miedo, una pequeña luz se encendió en el horizonte. Era la luz del camino de Santiago, algo que había penetrado hasta lo más profundo de mi ser. En la comunión encontré una fuerza que jamás hubiese imaginado. Nunca había visto el poder de Dios en las personas. Cuando mis padres perdonaron a los asesinos de mi hermano, su testimonio se gravó a fuego en mi corazón. Desde entonces tengo la convicción de que la Virgen ha intercedido de una forma muy especial por mi familia. La muerte de mi hermano supuso un gran cambio para mí. Mi familia se unió como una piña, y gracias al ejemplo de mi madre, comencé a ir a Misa todos los días antes de clase. Lo necesitaba. Había descubierto que Jesús es el mejor amigo, del que nadie me puede separar. Vi también que necesitaba la fuerza interior que me da la Eucaristía. Fueron tiempos duros, Santidad, pero la comunión diaria, y el testimonio cristiano de mis padres mantuvieron a flote mi esperanza. En 2001 me consagré a la Virgen María. Desde entonces soy de la Virgen y ella no ha dejado de protegerme. Desde aquel día, y para siempre, intento a través de la oración, ofrecerle cada cosa que hago: cada entrenamiento, cada lámina que dibujo... Ella me ha ayudado a saborear la oración, el diálogo con el Amigo que nunca falla, que sólo me pide que me deje amar, que sólo desea colmarme de gracias.”

5 comentarios:

Pepitina dijo...

Creo que con un solo comentario me quedaré corta o sea que quizás P. Andrés, haga varios, si ves que no se hace pesado los publicas...si no, para ti.
Tenemos 6 hijos, los conoces,son buenos chico/as..pero decir esto me parece tan poca cosa cuando a ellos mismos les digo, que yo no he parido y criado buenas personas sino Hijos para el cielo..lo otro lo doy por hecho.Si los jóvenes tienen dificil vivir su fe--al menos la heredada- por el ambiente,¡¡¡cúanto más dificil lo tenemos los padres!!! Pero ejemplos como el de Guillermo me animan a que nuestro testimonio como padres les sirvan en un momento dado de sus vidas y cuando le Fe recibida se haga realmente personal en ellos; hasta entonces habrá que continuar y rezar, pedir mucho por ellos y por las familias en general.
Trás años de un problema familiar grave debido a una herencia materna, nuestros hijos vivieron situaciones de injusticias que les enseñaron a rezar por "los contrarios"-que no enemigos- y a perdonar, de verdad y olvidando el mal causado, pero viendo también y disfrutando de la unión y alegría conseguida tras ese perdón. Creo que ha sido lo mas hermoso que les hemos trasmitido y confío en que un día no lejano se den cuenta de que eso, Sólo viene de Dios y de una fe personalizada y profundizada en el día a día.
Pepitina

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés:

La familia es algo que ha cambiado demasiado y quizás cambié más aún para nuestra desgracia y confusión.

Dios quiso que su hijo viniera al Mundo de la misma manera que vienen todos los hijos de los hombres, de la misma manera para que fuera un ejemplo de amor y respeto, como lo fué la Sagrada Familia, ejemplo práctico de convivencia y entrega, lo que debe de ser una familia.

Un abrazo Don Andrés.

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRSITO! ¡BENDITA VIRGEN MARIA!

Pepitina dijo...

Te comento Pater, dos mensajes recibidos por el móvil, como tantos que proliferan estos dias "especiales y santos"...-
El primero me indignó- de este estilo tenía cinco y alguno muy vulgar- el último me llenó de esperanza a favor de lo sembrado en mi familia y de tu homilía:
"Las personas de color blanco, bien nacidas, de derechas, cristianas y heterosexuales perseguidas por este gobierno les desean Feliz Año 2007¡¡Arriba España!!" a continuación tenía el eiguiente: "Feliz día de la Sagrada Familia. Tenemos tanto que agradecer. Te queremos abuela." La firma es de mi hijo Jaime, el único de los seis casado y que me ha dado un nieto, Álvaro, de ocho meses.No todo ha sido fácil con él, pero cuando hablamos y me da este tipo de testimonios...doy Gracias a Dios y agradezco esta familia , que tantas veces me cuesta lágrimas , pero que también da luz a mi esperanza . ¡¡cuán lentos somos los humanos!! aprendemos a ser hijos cuando somos padres..aquí, en este hijo lo veo claramente y lo sigo agradeciendo.También me indica que la misma paciencia que tiene Dios conmigo--y también tu, Pater- he de seguir teniendo con los mios, mientras el Señor me quiera entre ellos.

ALOYA dijo...

Me parece una homilía preciosa. La carta de Guillermo, es un documento enternecedor y lleno de vida, que nos transmite la esencia de una familia cristiana que vive desde su fe, una tragedia tan tremenda como la pérdida de uno de sus hijos.
Reconstruir la vida familiar, cuando falta el esposo/a, es difícil, especialmente cuando hay hijos que educar. Asumir el doble papel de padre/madre en estos tiempos y hacer de la casa no solo un Hogar agradable, sino un Lugar donde los valores cristianos permanezcan, es tarea complicada y en eso estamos muchos, animados por nuestra fe, con la seguridad, que nuestro Padre del Cielo, también nos mira con ternura.
ALOYA

Anónimo dijo...

Como cristiano intento vivir esos valores evangélicos. Pero al mismo tiempo me atrevo a dar gracias a Dios por permitirme respetar otra idea de familia y porque entre ellas resaltan , aún más, nuestras familias cristianas.