domingo, 10 de diciembre de 2006

2º Domingo de Adviento

10-12-2006 2º DOMINGO ADVIENTO (C)
Baruc 5, 1-9; Slm 125; Flp. 1, 4-6.8-11; Lc. 3, 1-6
Queridos hermanos:
En el evangelio de hoy nos explican una serie de cosas bien claras:
- “Y todos verán la salvación de Dios”. Es decir, la salvación viene de Dios y es para todos. Necesitamos ser salvados de nuestras soledades, de nuestras aflicciones y sufrimientos, de nuestras enfermedades[1], de nuestra ansiedad y depresión[2], de nuestros egoísmos… Esa salvación nos la da Dios, bien directamente, bien a través de otras personas que El pone en nuestro camino. Y esa salvación de Dios se ofrece a todos nosotros, sin distinción entre buenos y malos, creyentes o no creyentes, jóvenes o viejos, sanos y enfermos, con estudios y sin ellos…
- “Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.” Pero esta salvación de Dios no nos viene sin más de arriba. No podemos estar ante esta salvación como quien ve llover. Hemos de acelerar y facilitar esta salvación, para nosotros mismos, pero también para los demás. Hemos de cambiar y salir de nuestra apatía y derrotismo (“nada se puede hacer, todo va a seguir igual, para qué luchar…”); hemos de crecer en humildad, en perdón, en comprensión, en poner paz y en vivir en paz, en austeridad de vida, en oración y ponernos de cara al Dios único.
Voy a poner un ejemplo de este “preparar” a que nos invita San Juan Bautista, de este “allanar”, de este “elevar”, de este “descender”, de este “enderezar”, de este “igualar” -repito una vez más- a que nos invita San Juan Bautista en base a un correo electrónico que recibí ayer por la mañana. Quizás conozcáis la historia. Yo simplemente transcribo lo que he recibido: “Esta historia se refiere a los tenores Plácido Domingo y José Carreras. Aún los que nunca visitaron España, conocen la realidad existente entre los catalanes y los madrileños, que no pueden verse entre sí. Pues bien, Plácido Domingo es madrileño y José Carreras es catalán. Por cuestiones políticas, en 1984, Carreras y Domingo se enemistaron. Siempre fueron muy solicitados en todas las partes del mundo para cantar, y ambos hacían constar en sus contratos que sólo se presentarían en los espectáculos para los que eran requeridos si el adversario no fuese invitado. En 1987, a José Carreras le apareció un enemigo mucho más implacable que su rival Plácido Domingo. Lo sorprendió un diagnóstico terrible: ¡¡Leucemia!! Su lucha contra el cáncer fue muy sufrida. Se sometió a varios tratamientos, además del autotransplante de médula ósea y un cambio de sangre que le obligaba a viajar una vez por mes a Estados Unidos. En estas condiciones no podía trabajar y, a pesar de ser dueño de una razonable fortuna, los altos costes de los viajes y del tratamiento debilitaron sus finanzas. Cuando no tuvo más condiciones financieras, supo de la existencia de una Fundación en Madrid, cuya finalidad era apoyar el tratamiento de leucémicos. Gracias al apoyo de la Fundación “Hermosa”, que así se llamaba esta organización, José Carreras venció la dolencia y volvió a cantar. Recibió nuevamente los altos cachés económicos que merecía, y trato de asociarse a la Fundación. Al leer los estatutos, descubrió que el fundador, el mayor colaborador y Presidente de la Fundación era Plácido Domingo. Luego supo que éste había creado la entidad, en principio, para atenderlo a él y que se había mantenido en el anonimato para que no se sintiera humillado por aceptar auxilio de su “enemigo”. De lo más conmovedor fue el encuentro de los dos… Sorprendiendo a Plácido en una de sus actuaciones en Madrid, José Carreras interrumpió el evento y humildemente, arrodillándose a sus pies, le pidió disculpas y le agradeció públicamente lo que había hecho por él. Plácido le ayudó a levantarse y con un fuerte abrazo sellaron el inicio de una gran amistad. En una entrevista a Plácido, la periodista le preguntó por qué habría creado la Fundación “Hermosa” en un momento en que, además de beneficiar a un “enemigo”, había ayudado a un artista que podría hacerle competencia. Su respuesta fue corta y definitiva: “Porque no se puede perder una voz como esa…”
¿Fue fácil o fue difícil lo que hizo José Carreras, eso de arrodillarse públicamente ante Plácido Domingo? ¿Lo haría yo ante mis “enemigos”? Para José Carreras fue de lo más sencillo. ¿Por qué? Porque la enfermedad lo fue despojando de todo lo superfluo: de catalanismo o de “madrileñismo”, de ser mejor o peor que otros, de la soberbia, del tener mucho o poco dinero o bienes, del cantar bien o del cantar mal, del valer, del saber, del querer… e incluso del ser. José Carreras fue un hombre derrotado. No se salvó simplemente gracias a él, sino que fue en gran medida gracias a otros: a los médicos, a las enfermeras, a los celadores del hospital, a quien lo ayudaba a vestirse, a quien le daba de comer, a quien le dio dinero cuando él ya no tenía nada. Por eso digo que para José Carreras arrodillarse ante Plácido Domingo delante de tanto público para agradecerle lo que había hecho por él fue de lo MÁS SENCILLO. En José Carreras se cumplió el evangelio de hoy predicado por San Juan Bautista: “Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.”
A similitud de José Carreras hemos de hacer nosotros, aunque sin leucemia nosotros. Y esto nunca es fácil. Recuerdo que una vez oí o leí lo siguiente: resulta que en la asociación de Alcohólicos Anónimos tienen una serie de pasos para ir saliendo del pozo en el que se metieron. Uno de estos pasos es ir por los sitios en donde armaron jaleo o a las personas a las que ofendieron y pedirles perdón. Pues bien, resultó que uno de estos exalcohólicos había organizado un buen follón en un bar, en la época en que bebía. Pasados bastantes meses y ya rehabilitado fue al bar y se dirigió a la barra para hablar con el dueño. Se identificó y le pidió perdón. El dueño de malos modos le contestó: “Pues ya sabe, si no sabe beber…, no lo haga” Y lo despidió de malos modos. El exalcohólico quedó herido en un primer momento, pero luego pensó que él había hecho lo que debía. En sus manos no estaba el cómo reaccionaran las otras personas. Cada uno tiene sus propios problemas y dificultades, cada uno tiene momento y su camino en esta vida.
Termino ya la homilía de hoy: ¿Qué debo preparar yo en mi vida, qué debo allanar, elevar, descender, enderezar e igualar en mi vida para que Dios y su salvación vengan a mí?
[1] Me contaban ayer que un hombre, relativamente joven, se está muriendo de cáncer. Dios ha de intervenir ahí.
[2] Leía hoy en el periódico ABC que hay una nueva enfermedad que aparece en los inmigrantes que están en España, sobre todo en los marroquíes y en los hispanoamericanos, a los tres o cinco años de haber llegado. Se llama el Síndrome de Ulises, y se caracteriza por la gran tensión y estrés que sufren estas personas, sobre todo si están ilegales, sin trabajo o con malos trabajos, con altas deudas de pagar el viaje hasta España, y habiendo dejado allá a sus familiares. Este estrés está muy por encima de sus capacidades de adaptación.

3 comentarios:

socorro dijo...

Muy bonita pero corta.

Anónimo dijo...

Debo sentarme a pensar donde estoy yo construyendo montañas.

Anónimo dijo...

Ánimo Andrés con el Blog. Puede resultar muy interesante y constructivo para todos.

Saludos desde Pravia.