jueves, 22 de enero de 2015

Domingo III del Tiempo Ordinario (B)



25-I-2015                               DOMINGO III TIEMPO ORDINARIO (B)
LA SEXUALIDAD (II)
Homilía en vídeo. HAY QUE PINCHAR EN EL ENLACE ANTERIOR PARA VER EL VIDEO.
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
            Continúo con la segunda parte de la homilía sobre la sexualidad.

4) La sexualidad marca la diversidad y la complementariedad del ser humano
            En la Biblia se nos dice que fue Dios quien creó al ser humano, pero los creó de modo diferenciado (“varón y hembra los creó” [Gn. 1, 27]) y les dio la misión de crecer y de multiplicarse. Esta diferenciación e igualdad debe de tener un sentido:
            a) El varón y la mujer son iguales en dignidad, pues de ambos se dice que han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Llevan en ellos impreso el rostro de Dios y, cuando Dios les mira, se ve reflejado en todos y cada uno de ellos. Da lo mismo que sean de un color o de otro, que sean de un país o de otro, que sean ricos o pobres, jóvenes o viejos, varones o mujeres, Dios ha creado al ser humano a imagen suya. Por ello, todos los seres humanos: todos los varones y todas las mujeres, tienen para Dios la misma dignidad.
b) Pero la diferencia de sexos dentro del ser humano les hace diferentes no sólo físicamente, sino también sentimentalmente, intelectualmente, espiritualmente… Porque varón y mujer resultan complementarios. Lo específico de cada sexo hace el equilibrio, la balanza del otro. Un especialista sexólogo escribía lo siguiente:
-        Dentro de una relación, el varón será siempre más impulsivo. Dada su naturaleza activa, tenderá a la relación inmediata. La mujer, por sus características, será siempre más receptiva, esperará que se le considere y valore en todo lo que ella vale.
-        El varón será siempre potente y arrojado. La mujer desarrollará su capacidad magnética. Desde las células germinales aparece esta característica: el espermatozoide es luchador, combativo, activo, emprendedor. Afanoso, va en busca de su complemento. El óvulo, por el contrario, espera; se caracteriza por su tranquilidad receptora, se deja querer. Sabe que el esperma lo necesita para lograr su fin, y parece que no le corre ninguna prisa.
-        El impulso sexual entre varón y mujer es, pues, diferente, y habrá que tenerlo en cuenta para que la relación conyugal sea armónica y no una fuente de conflictos.
-        En la mujer predomina la afectividad sobre la sensualidad, por lo que para ella será más importante la seguridad de saberse amada que la unión corporal. De ahí que la unión entre los esposos deba comenzar por la unión de sus corazones; de este modo, la unión de sus cuerpos vendrá a ser la culminación de aquello que ha comenzado en el interior de cada uno.

5) Resumen de principios y consecuencias
            a) Los principios hasta ahora reseñados se pueden resumir del siguiente modo:
- La sexualidad es buena, porque ha sido creada por Dios.
            - El pecado ha desordenado la creación, al ser humano y sus relaciones. También ha influido negativamente en la sexualidad humana.
            - La salvación que nos ofrece y da Dios en su Hijo Jesucristo alcanza, no sólo al alma, no sólo a la mente, no sólo al cuerpo, sino también a la sexualidad humana.
            - La sexualidad es expresión del mismo Dios que se entrega. Por eso, el varón y la mujer se perfeccionan y llegan a su plenitud en la entrega mutua. El varón es el ser para la otra. La mujer es el ser para el otro.
            - Sexualidad y amor están íntimamente conectados y conexionados. No puede ni debe darse uno sin el otro.
            - No se debe confundir sexualidad y genitalidad. Identificarlos supone un reduccionismo de la sexualidad.
            - Las relaciones sexuales (no simplemente genitales), que alcanzan a todos los seres y en todos los ámbitos de la vida: amistad, padres-hijos, noviazgo, matrimonio… tienen distinta forma de expresarse. En la concepción cristiana, la sexualidad en su aspecto de genitalidad está reservada al matrimonio.
            b) Algunas consecuencias de todo lo anteriormente expuesto serán éstas:
            - Hemos de aprender a emplear correctamente las palabras o expresiones a la hora de designar diversos hechos. Es bastante común decir “hacer el amor” para referirse a la realización del coito. Entiendo que no significa lo mismo realizar el coito con una prostituta “a la que se paga sus servicios”, con una chica o chico que se acaba de conocer y que no se volverá a ver más, con un ligue de verano, con un novio/a con el/la se va a contraer matrimonio próximamente, con el cónyuge…
            - “Hacer el amor” debe significar primero y sobre todo… AMARSE. Amarse con un amor de amistad, con un amor de sentirse aceptado tal y como uno es, con un amor de admiración por el otro/a, con un amor de ponerse en lugar del otro, con un amor de desear en todo momento el bien del otro/a, con un amor de querer siempre perder de sí mismo para que gane el/la otro/a… En definitiva sólo puede “hacer el amor” aquel que ame y se sienta amado tal y como nos lo dice S. Pablo en la famosa definición que nos da en la 1ª Carta a los Corintios: “el amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia, ni orgullo, ni jactancia. No es grosero, ni egoísta; no se irrita ni lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que encuentra su alegría en la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. El amor no pasa nunca” (1ª Cor. 13, 4-8).
            - “Hacer el amorconsiste en la comunicación que tienen un hombre y una mujer con sus ojos al verse; con sus palabras cuando se interesan uno por otro (cómo han pasado el día, qué preocupaciones han tenido o qué alegrías); con las palabras que dicen cosas bellas (“¡qué vestido más bonito tienes!, ¡qué bien te sienta!, ¡qué bien te queda bien ese peinado!…”); con los oídos cuando se deja el partido de fútbol o el programa de televisión que más gusta para escuchar al amado/a; con los gestos que demuestran atención y no ausencia; con los gestos que no hieren; con los dedos y manos que acarician las mejillas, el pelo, la mano; con los detalles de educación y no sólo cuando se es novio o novia, sino incluso después[1].
            - En la relación de pareja debe de existir un respeto mutuo sobre los modos de pensar del otro/a. No se trata de crear fotocopias o clones, de tal manera que seamos iguales en todo: en las ideas políticas, en las aficiones, en los gustos culinarios, en las ideas religiosas, etc. Recuerdo que, estando de cura en Taramundi, me vino cierto día una chica que era catequista y me dijo que tenía que dejar de ser catequista. Yo pensé que era por el trabajo de su casa: ganado, tierras, atención del hogar ante los padres mayores. Pero me dijo que lo tenía que dejar, porque su novio se lo exigía, ya que éste no era creyente. Yo le dije que hiciera lo que quisiera, pero que, si siendo novios, él ya se imponía de esa manera y no respetaba sus ideas, ¿qué sería una vez de casados? Por otra parte el respeto mutuo significa que se eviten los desprecios de uno u otro, de uno y otro ante los amigos y los conocidos y los familiares. También se han de evitar las bromas de mal gusto ante los demás siempre a costa del cónyuge, quedando uno por el listo/a y el otro por el tonto/a. Igualmente se ha de evitar el decir y repetir siempre lo negativo de la familia del otro/a y, sin embargo, no se consiente que el otro/a se meta con la familia propia.
            - En las relaciones sexuales y más concretamente en las genitales debe existir el respeto mutuo. No se puede obligar a la pareja a realizar determinadas cosas, si esa persona no está de acuerdo con ello. La relación sexual no se trata de una competición para causar placer, para hacer “el más difícil todavía”, para adquirir nuevas experiencias que alimenten el ego o la soberbia. EL RESPETO MUTUO SERÁ INDICIO DEL AMOR MUTUO.
            Soy consciente de que quedan aún muchos temas por tratar, pero con estas dos homilías simplemente buscaba presentar algunos aspectos y principios que nos ayuden a reflexionar sobre este tema tan importante y que forma parte del ser humano.

[1] Había un sacerdote que viajaba en el metro de Madrid siempre a una misma hora y hacía siempre el mismo trayecto. Al ir siempre en el mismo vagón observó que, normalmente, también allí estaba la misma gente. Se fijó en un chico que estaba en una esquina. En la otra estaba una chica. Cierto día que llovía, la chica traía un paraguas. Al salir del vagón a ella se le olvidó el paraguas y el chico, muy educado, lo recogió y salió detrás de ella. “Señorita, se le olvidó el paraguas”, le dijo muy amablemente. Ella le dio las gracias. A partir de aquel instante se ponían siempre juntos y hablaban animadamente. Pasado un tiempo, el sacerdote vio que tenían anillos en sus dedos. Se habían casado. Luego el sacerdote fue trasladado a otro lugar. Pasados unos dos años volvió a hacer el mismo trayecto y volvió a ver al joven matrimonio. Un día en que llovía, a ella se le olvidó el paraguas, y entonces él lo cogió, salió tras ella y le dijo de un modo brusco: “Te dejaste el paraguas olvidado. ¡Cualquier día olvidas la cabeza!”.

7 comentarios:

Ana dijo...

Buenos días .! Que bien vendría que los jóvenes leyeran o escucharan tus palabras ...ya que aquí por lo menos ves y oyes cada cosa con respecto a Hacer el amor ... Que seria muy bueno que estas tu palabra la conocieran ....
Gracias Andrés ..... Como siempre excelente ..reflexivo ayudando a pensar y sentir

Feli dijo...

La vida de pareja,en muchas ocasiones es muy complicada,en primer lugar,si que debieramos ser iguales el hombre y la mujer,por desgracia creo que no es así, la mujer suele llevar mucha mas carga en todos los sentidos ,ya digo que no en todos los casos.Hoy hay mucho libertinaje, en las relaciones de los jóvenes,todo vale,y creo que para tener una relación sexual,tiene que haber mucho amor,y respeto.Respecto a lo del paraguas,suele suceder eso,cuando uno es novio,te dicen,mira no lleves paraguas,que con el mío tenemos bastante,porqué así te pasa el brazo por el hombro,y después, como no traes el paraguas,que me caen todas las goteras y me mojo todos.O cuidado con esa charca y te da la mano,para ayudarte a saltar,después, te mojaste te estuvo bien,estás atontada.Entonces,sino nos valoramos,amamos y respetamos,la unión de una pareja es en muchos casos un infierno.

pepa dijo...

Me gusto mucho lo que hablaste el domingo , que pena no lo explicaran hace años, pero mejor tarde que nunca ,y el segundo tema. Pones el broche, las palabras del papa , para ser buen cristiano. No hace falta ser como conejos. Gracias Andrés , por toda la paz que nos das, que sigas muchos años con nosotros, que dios te vendiga

Anónimo dijo...

Mefije en la pareja del metro, eso ocurre en muchas parejas,en el matrimonio casi siempre , el timón lo lleva la mujer para la estabilidad de la familia, para ello tiene que existir respeto, efectividad y amor , porque a lo largo de la vida,en cuentras rosas, pero también espinas,la felicidad no se compra , se cultiva con el día a día,con las dificultades y las alegrías , la sexualidad es muy importante , que dios bendiga todos los matrimonio s.

Anónimo dijo...

Preciosa la exposición de esta segunda parte, sobre la sexualidad.
¡¡Que bién sabes entender la sensibilidad femenina!! la necesidad de sentirse amada en todos los detalles de cada día, en las cosas sencillas; es de esta forma como la mujer percibe que es de verdad amada, y no un objeto de placer.
Quiero darte las gracias, como persona y como mujer, que necesita sentir el amor de esta manera.
Muchas gracias por todo.
B.S.D.

Anónimo dijo...

Una amiga, que es teóloga, me dijo que el alma es corporal y el cuerpo espiritual. Me pareció muy bonito y me dio mucho que pensar.

Eperanza dijo...



Muy buena homilía, explicada con mucha sensibilidad, GRACIAS D.ANDRÉS.