sábado, 2 de enero de 2010

Domingo II después de Navidad (C)

3-1-2010 DOMINGO SEGUNDO DESPUES DE NAVIDAD (C)
Eclo. 24,1-4.12-16; Sal. 147; Ef. 1, 3-6.15-18; Jn. 1, 1-18

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Queridos hermanos:
- Existe una leyenda muy antigua y muy bonita, creo que es de la Bretaña francesa. Quizás la conozcáis. Dice así: Una madre tenía un hijo único. Ella era viuda y cuidaba de aquel hijo con todo su cariño. El creció y con el tiempo conoció a una chica, de la cual se enamoró. Enseguida los dos jóvenes se hicieron novios, pero la chica sentía celos del amor que existía entre la madre y su novio y, por eso, le dijo a éste: ‘Para demostrarme que me quieres de verdad tienes que traerme en una bandeja el corazón de tu madre’. El chico quedó sorprendido de la petición, pero, finalmente, fue, mató a su madre y le arrancó el corazón. Cuando iba corriendo con la bandeja para llevarle aquel corazón a su novia, con las prisas, tropezó y cayó él, la bandeja y el corazón de su madre. Desde el corazón salió una voz que decía: ‘Hijo, ¿te has hecho daño?’
Algo parecido nos narra el evangelio de hoy. Es como la historia de un desamor. "En la Palabra (Jesús) había vida, la vida era la luz de los hombres […] Al mundo vino; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron". Desde que Jesús nació hemos visto cuántos hombres y mujeres lo han rechazado: Herodes, los fariseos, Judas, el joven rico, y tantos de nosotros que, con nuestros pecados de cada día, rechazamos esa vida y esa luz que Él quiere darnos.
Pero, si seguimos leyendo el evangelio, encontramos un poco más adelante una cosa preciosa: “Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”. ¿Qué significa ser ‘hijo de Dios’? Significa muchas cosas, pero ahora sólo me detendré en dos: 1) Al ser hijos de Dios, tenemos vida verdadera en nosotros, vida eterna y vida mejor, pues la sabia de Dios corre por nuestras venas y sana nuestras partes podridas. 2) Al ser hijos de Dios, tenemos luz para ver en la oscuridad, para ver lo realmente bueno y lo malo, para ver a Dios a nuestro lado y para ver a los hombres como hermanos nuestros.
En mi vida de cada día, ¿recibo a Jesús y percibo cómo El me da vida y luz? ¿O soy, más bien, como el novio e hijo único que apuñalo y arranco el corazón del ser que más quiere para entregárselo a novias que no dan luz ni vida, que son celosos y posesivos, y matan lo bueno que hay en mí?
- Permitidme ahora que os dé una pequeña clase de teología. Es bueno que entendamos un poco más nuestra fe y sepamos más de ella. Daré la ‘clase de teología’ partiendo del evangelio que acabamos de escuchar y de un trozo del Credo ‘largo’ de la Misa: “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre…”
A principios del siglo IV hubo un sacerdote, de nombre Arrio, que negaba la divinidad de Jesucristo. Se preguntaba Arrio: ‘¿Cómo Dios se puede encerrar en la pequeñez de un cuerpo humano? ¿Cómo Dios, el puro, va a tocar al hombre que es pecador desde su concepción? Por tanto, Jesucristo fue un hombre muy bueno, el mayor de los profetas en esta tierra, pero jamás Dios. Además, sólo hay un Dios: el Padre. No hay dos dioses: el Padre y Jesucristo’. A partir de estas afirmaciones suyas se sacaron una serie de consecuencias: Si Jesucristo es hombre y no Dios , María es sólo la madre de Jesús, pero no la Madre de Dios. Estas ideas tuvieron mucho éxito y se extendieron por toda la Iglesia. En una serie de concilios convocados por la Iglesia se declaró que Jesús, el hijo de María, era Dios: la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. También se declaró la Maternidad Divina de María.
Vamos a seguir profundizando un poco más: Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre; pero… * En la cruz, ¿quién murió? ¿Cristo en cuanto Dios o en cuanto hombre? Mucha gente contesta que en cuanto hombre, ya que Dios no puede morir. * En Belén, ¿quién nació? ¿Cristo en cuanto Dios o en cuanto hombre? Mucha gente contesta que en cuanto hombre, ya que Dios no puede nacer. El existe desde toda la eternidad.
Años más tarde de Arrio surgió un obispo llamado Nestorio, el cual sostenía que en Jesús había dos naturalezas: la humana y la divina, y no había mezcla alguna entre ellas. Por lo tanto, Nestorio afirmaba que Jesús, el Hijo de Dios, en cuanto Dios, en cuanto Segunda Persona de la Santísima Trinidad, no podía ni nacer, ni padecer, ni morir. Todo eso le sucedió en cuanto hombre, pero no en cuanto Dios. Estas afirmaciones suyas fueron condenadas como heréticas, pues la Encarnación quedaba muy diluida o descafeinada. En efecto, la doctrina católica dice que: 1) Jesús tiene dos naturalezas: la humana y la divina, pero también Jesús es una única persona, la cual es divina. Y en esa persona divina se unen las dos naturalezas. 2) En la cruz murió Cristo en cuanto Dios y en cuanto hombre, porque muere la naturaleza humana de Jesús, pero también ‘muere’ la persona divina de Jesús. 3) En Belén nació Jesús en cuanto Dios y en cuanto hombre, porque nace la naturaleza humana de Jesús, pero también ‘nace’ la persona divina de Jesús. 4) María es verdadera Madre de Jesús, el Hijo Encarnado y, por tanto, es verdadera Madre de Dios.
En definitiva, el problema raíz de que Arrio, Nestorio, los mormones, los testigos de Jehová… y tantos hombres de nuestro tiempo nieguen la divinidad de Jesucristo, es decir, que Cristo sea Dios, está en que no se cree en el misterio de la Encarnación. ¿En qué consiste este misterio? Muy sucintamente, lo dice el Evangelio de hoy: "... y la Palabra era Dios... Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros". Es decir, Dios, la Segunda persona de la Trinidad se hizo hombre. Dios ha querido salvarnos no a golpes de barita mágica desde su cielo. No lanzando discursos altisonantes desde las nubes. Ya no quería seguir enviando profetas que hablaran en su nombre. Quiso hablarnos El mismo. Pero quiso hacerlo desde nuestra situación concreta, pasando por los mismos problemas, alegrías y sufrimientos que nosotros. Por eso se hizo un hombre igual a nosotros en todo menos en el pecado. Pasó hambre, sed, frío, persecución, calumnias, alegría, traiciones, muerte de su padre, insultos, golpes, flagelación y muerte. Su sangre no era tomate de películas, su pasión y muerte no fue la representación de un buen actor. Jesús no representó una muerte, sino que murió. Jesús no representó un nacimiento, sino que nació. Y todo ello para nuestra salvación.
Por todo esto, podemos decir verdaderamente: “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre…”

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ante esta maravillosa homilía de D. Andrés, solo puedo decir:
" Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen "...
Hay un antes y un después de la experiencia de descubrir al Señor, todo cambia en la vida para bien, incluso en momentos duros o en situaciones inexplicables, si Jesús está con nosotros, podemos seguir.
Gracias D. Andrés, por ayudarme a dar testimonio del Dios hecho Hombre que es Jesús, y de su Encarnación en el Vientre Purísimo de la Virgen María, por obra y gracia del Espíritu Santo.
Un abrazo a los hermanos del blog, y un venturoso año nuevo, lleno de paz y experiencias de Dios.

Any dijo...

Que maravilla lo que has dicho y escrito .. me ha llegado al alma .. y saben hermanos esa leyenda ..me emociono y mucho ..pues creo que el amor de una madre por su hijos es eterno y profundo ... estando mi madre en su lecho de kuerte .. al vermem llegar lo primero que me preguntanba era .."Ana has comido " ... y al yo responderle si mamy .. se volvia a su estado letal ...Gracias Andres por que dia a dia me haces descubrir mas al Señor en mi vida .. y eso me ayuda para poder volcarlo a los que me rodean...y dar testimonio de El

Anónimo dijo...

Queridos D. Andrés y demás hermanos:

Es Dios quien da ejemplo primero, no es un Dios como los "dioses" o vicios, que se forja el hombre y con del cual es siempre excalavo. Este Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, por verdadero, es de una concepción diferente en pensamiento y hechos a la humana, lleno de misericordia y que choca y no cabe en nuestra forma de concebir las cosas. Un Dios que se da primero y que corre el riego de ser rechazado.

Es un Dios que propone y que lejos de imponerse, no obliga a nadie a que le acepte, es un Dios cuando menos, digno de respeto y de nuestro amor, aún cuando este sea tan débil y tan limitado como nosotros mismos. Un Dios y PADRE con mayúsculas, único, que espera el regreso de su hijo al pie del camino.

Un abrazo a todos.

¡Benditos sean Dios y Jesucristo!

Chony dijo...

Impresionante homilía,que ya desde la leyenda que nos cuentas al principio, despierta nuestro interés. Es tremendo el amor de una madre, pero esto lo que me quiere demostrar, es el amor de Dios, ese amor que aún cuando yo tantas veces le he matado, y entregado su corazón a los ídolos que nada me aportaban, se mantenía a mi lado, me miraba con ternura, y así me preguntaba: Chony, te has hecho daño? y entonces Él me levantaba, curaba mis heridas, y como a la oveja perdida me cargaba sobre sus hombros.
Es un amor tan grande, tan extraordinario que no tiene límites, y aunque estos ejemplos nos hagan hacernos una idea, siempre nos quedaremos cortos, porque el amor de Dios no tiene límites, pasa por encima de todas nuestras flaquezas e infidelidades; esto es lo que nos tiene que producir esa alegría interior, y la esperanza en que Él nunca nos dejará solos.
En estas fechas todos nos deseamos un feliz año 2010, creo que la mayoría pensando en que le ha de venir de la posibilidad de mejorar su situación, y como consecuencia poder adquirir mas cosas que llenen nuestra vida.
Sin embargo pienso que esa felicidad y prosperidad no nos va a llover del cielo, nos la tendremos que "fabricar" nosotros mismos, creo que la dicha está en nuestro interior, y depende de que sepamos acoger en nuestro corazón "LA PALABRA" que se hizo carne, en el seno de María para traernos la salvación. Si le recibimos en nuestra casa, sí podremos ser felices, porque el sentirte hijo amado de Dios, es la mayor riqueza que podemos anhelar, y nos da la seguridad de poder vivir en libertad.
Andrés, estupenda clase de teología, gracias.
Hermanos, con el deseo de que todos sepamos acoger a nuestro Salvador, os deseo una feliz semana.
BENDITO SEA DIOS.
chony.