viernes, 22 de enero de 2010

Domingo III del Tiempo Ordinario (C)

24-1-2010 DOMINGO III TIEMPO ORDINARIO (C)

Nehm. 8, 2-4a.5-6.8-10; Slm. 18; 1ª Cor. 12, 12-30; Lc. 1, 1-4; 4, 14-21

Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre varios puntos:

- Nosotros creemos en un Jesús liberador. Así se presenta El en el evangelio de hoy: Dios Padre “me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar li­bertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor”. Por lo tanto, la misión de Cristo es la de anunciar una Buena Noticia a todos los hombres y también la de liberar a todos los hombres de diversos males, pero esta liberación que nos promete y que nos da Jesús es integral. El otro día entrevistaron a Monseñor Munilla, el obispo de San Sebastián, y con ocasión del terremoto de Haití dijo que había desgracias tan grandes o peores que ésta. La gente se escandalizó, algunos salieron enseguida a atacarle y le llamaron el “obispo sin alma”. Entonces Monseñor Munilla publicó un comunicado en el que decía que sus palabras fueron tergiversadas, manipuladas y sacadas de contexto. Cuando decía que hay desgracias tan grandes o peores que el terremoto de Haití, hablaba en un plano teológico en el que el pecado es mucho peor aún que la enfermedad física[1] o que la misma muerte física y terrena[2]. Pues ésta acaba ahí, y el pecado nos puede llevar a la muerte eterna y a apartarnos para siempre de Dios. Y ya sobre la situación vivida en Haití, se ha de recordar que Monseñor Munilla había dado instrucciones a Caritas diocesana de San Sebastián para que donasen 100.000 € para las victimas de Haití. Igualmente os recuerdo el caso que os narraba el domingo del Bautismo del Señor, hace 15 días: Contaba una misionera, a la que una vez la invitaron a hablar en una universidad estatal de la India sobre Cristo y sobre los Evangelios, que al terminar le dijeron: “Conocemos misioneros que trabajan en la enseñanza o en hospitales; Vd. se ocupa de las mujeres del campo. Admiramos esto. Pero no trabaje sólo para mejorar el nivel de vida de otras personas. Por favor, transmítales la energía que toma de Jesu­cristo y su Mensaje. Ayúdeles a caminar hacia ese mismo Dios, para que también ellas tengan esa misma fuerza interior”.

Por lo tanto, hemos de repetir que la liberación de Cristo es integral. Jesús nos salva de la esclavitud del pecado, pero también de las miserias físicas del hombre como las enferme­dades, de las miserias sociales como la pobreza y la cárcel, de las miserias psicológicas como la depresión, etc. Ante todas estas mise­rias Jesús se presenta como el liberador. La libertad o la liberación siempre ha sido un mensaje atrayente para todos los hombres. En la primera mitad del siglo XX Hitler se presentó ante los alemanes como un libertador en medio de su miseria y de su humillación. Luego Hitler usó a los alemanes para sus fines de megalomanía, de odio y de destrucción.

Jesús libera realmente al hombre de todas sus ataduras, de sus esclavitudes. Pero no se aprovecha de él ni le pasa factura. La prueba de que Jesús no se aprovechó de nadie es que prefirió morir El a que cayesen algunos de sus compañeros, por ejemplo, en el huerto de los Olivos. Jesús no es como el capitán Araña que enrola una tripulación para el barco y él se queda en el puerto, mientras son los demás los que tienen que arrostrar los peligros y tormentas. Jesús es el que libera a costa de su propia vida.

Bien, Jesús nos ofrece a nosotros la libertad verdadera, total e integral. Pero, ¿nosotros nos sentimos necesitados de la liberación de Jesús? He tratado algo con personas que padecen trastornos psicopatológicos (neurosis o psicosis) y ¿sabéis qué es lo peor?, pues que, cuando tratas de llevarlos a un médico o especialista, dicen que no lo necesitan, que no están enfermos. Dicen que ellos están bien, que vayamos los demás. Igual pasa con los alcohólicos y con los drogadictos. Vuelvo a preguntar: ¿Nos sentimos necesitados de la liberación que nos ofrece Jesús? ¿Me siento esclavo de algo, de mi físico porque me gusta o porque no me gusta; de mis miedos, de mis inseguridades, de lo que diga la gente, de la moda, de mi trabajo, de mis depre­siones, de mis pertenencias, de mi mujer o marido o hijos, de mi enferme­dad, del alcohol, del tabaco? ¿Cómo sé si yo soy esclavo de algo? Muy fácil: si yo no soy feliz, eso significa que yo soy esclavo de algo. Pues bien, os anuncio que CRISTO ES EL UNICO QUE PUEDE LIBERARNOS DE TODAS NUESTRAS ESCLAVITU­DES.

b) En la segunda lectura se nos dice que los cristianos formamos un mismo cuerpo. Todos somos miembros de un mismo cuerpo (la Iglesia); todos somos diferentes y necesa­rios. Nadie es más importante que nadie. Todos necesitamos unos de otros. Como dice S. Pablo, cuando uno sufre, todos sufren. Pensad en un dolor de muelas: una muela con caries y tocando el nervio puede derrumbar al más pintado. Es sólo una pequeñísima parte del cuerpo, pero todo éste está mal. De la misma manera, cuando un miembro sana (la muela), todos se alegran con él. Pues lo mismo pasa con la Iglesia. Somos un cuerpo, en el que cada uno tiene su misión (pensad en una parroquia): está el sacerdote, los catequistas, la comisión económica, las limpiadoras, los lectores, los monagui­llos, el sacristán, el coro, los que se preocupan de visitar a los enfermos en la parroquia, etc. Cada uno tenemos una misión y todos somos necesarios. Si un cristiano que viene con frecuencia a Misa hace un acto malo, entonces desacre­dita a todos los cristianos de la parroquia; y al revés, si uno que viene a Misa con frecuencia y hace un acto bueno como cristiano, entonces honra a la parroquia, a Cristo y a su mensaje.

Con alguna frecuencia, cuando una persona descubre a Dios dentro de su corazón, quiere enseguida hacer algo por los demás, por la Iglesia, por anunciar a Jesucristo, y preguntan en qué pueden colaborar o actuar. Primero hay que ver cuáles son los carismas que Dios da a cada persona, sus circunstancias personales y, a partir de aquí, descubrir la tarea a la que Dios llama a cada uno. Todos tenemos nuestro lugar en este Cuerpo maravilloso que es la Iglesia de Cristo y este mundo que Dios ha creado.

¡¡Señor, te pedimos que cada vez nos sintamos más unidos entre nosotros, los cristianos; que nos demos cuenta que nuestros actos, buenos o malos, repercuten en los demás; y muéstranos la tarea para la que tú nos has llamado en tu Iglesia y en tu mundo desde la creación del mismo!!




[1] Recordad el pasaje del evangelio en que cuatro hombres presentan a Jesús un paralítico en una camilla para que lo curara y lo que se le “ocurre” a Jesús decirle al paralítico es lo siguiente: “Hijo, tus pecados quedan perdonados” (Mt. 9 2). Estas palabras pueden parecer un sarcasmo; también se podría decir aquí que Jesús es un hombre sin alma o un Dios sin alma. ¿Por qué Jesús habrá perdonado los pecados al paralítico antes de curarlo de su parálisis? Pues porque, para Jesús, era mucho más grave su situación espiritual que su situación física: un hombre postrado en una cama para el resto de sus días.

[2] En otro lugar del evangelio dice Jesús: “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no puede quitar la vida; temer más bien al que puede destruir al hombre entero en el fuego eterno” (Mt. 10, 28).

5 comentarios:

Paz dijo...

Soy Paz.En Piñeres tenia un amigo, se murió, que cuando hablabámos y queda de acuerdo y satisfechos decía: "Mary, ni te sobró ni te faltó", pues lo mismo digo Andrés "Ni te sobró ni te faltó".Por una enfermedad física grave, nos movemos, si psiquica, algo menos, pero ante el pecado ¿ qué pecado?, si ya el diable, desde el principio, se ocupa de envolverlo en celefán y lacito rosa.Pues sí, el pecado existe y mata ( parezco a la Esteban), si lo sabré yo!.Un abrazo.

María Cristina dijo...

Desde mi esperiencia personal y desde la experiencia que tengo de trabajar con jóvenes constato la necesidad que todos tenemos de "Ser Libres"; me atrevo a decir que no solo es necesidad, sino también urgencia y derecho, y a pesar de ser derecho yo misma en ocaciones me niego a ese derecho. ¿Cuándo me lo niego? Cuando como decías Andrés soy esclava de mis pertenencias, del miedo, del qué dirán, de mi físico, de tantas chorradas que me impiden ir al Señor y a mis hermanos.
Unida a vosotros los de la "Comunidad de las once" quiero en la Eucaristía de hoy orar al Señor para que nos dé la gracia de "Dejarnos liberar" de todo lo que nos impide ser de Él. Nos lo has recordado Andrés: CRISTO ES EL ÚNICO QUE PUEDE LIBERARNOS DE TODAS NUESTRAS ESCLAVITUDES".
Señor soy muy cobarde y poco dócil a tu gracia, quiero ser liberada de lo que me impide caminar hacia ti para encontrarme contigo.
Gracias Andrés por tus motivaciones para que nos dejemos liberar por Él.
Feliz semana para todos los de "Las once" y los del bog.

Cristina

Pepitina dijo...

“HOY, me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres..” Alguna vez le he preguntado al Señor: ¿Quiénes son tus pobres? Los que carecen de algo….me he respondido yo misma. Tampoco era difícil la respuesta.
Ayer vino a ayudarme a casa una chica de Ucrania, Ana. Tiene lejos su familia, pero necesita trabajar para que una de sus dos hijas pueda estudiar medicina; allí tener un título es muy importante y ante la vocación de su hija y que tenga un futuro mejor, esta mujer de unos 33 años no pierde horas…vino a trabajar. Al ver cuánta plancha tenía –llevo una semana sin la chica de siempre- se ofreció para venirme hoy domingo; “No Ana, le dije, mañana es Domingo, día del Señor; puedes ir a la iglesia, descansar, hablar con tu cuñada…”. No sé si es católica, si protestante…no lo sé. Da igual. Vereis cuando le dije: “es Domingo, día del Señor”, se le iluminó la cara. Enseguida me dijo, pues entonces iré a Oviedo, pues allí hay un sacerdote ucraniano..Sabeis, sentí que le había dado UNA BUENA NOTICIA a alguien, a una pobre –alguien que carece de la cercanía de su familia- y que recibió, acogió y guardó la buena noticia con gozo íntimo, con respeto, incluso agradecimiento…porque si le digo que venga, hubiese cobrado unas horas por su trabajo, que también hubiese agradecido, aunque de otra forma.
Me imaginaba a Ana, en su sinagoga o iglesia, atenta a las lecturas, respetuosa, orando con su voz el Amén, pero también con su cuerpo en postura de respeto y recogimiento. Agradecida, no quejándose de que se alargase la homilía..¡qué texto tan precioso el de Nehemias! Se hizo Hoy en Ana.
¡cuánto tenemos que aprender no sólo del Nuevo sino también del Antiguo testamento!
En este momento le doy gracias al Señor, pues me he dado cuenta al sentarme a escribir el comentario, cómo me permitió participar de Su Misión, de la que nos habla en el evangelio HOY.. y desde las actitudes de escucha de la Palabra desde el profeta Nehemías. Si Ana supiese, ¡¡cuánto y qué Buena Noticia me anunció….!!
Te pido Señor docilidad a Tu Espíritu, para que como Tú sepa dar respuesta pronta a la tarea que cada día pones ante mi. Amén.
Narra San Lucas: “Jesús regreso del Jordán lleno del Espíritu Santo. El Espíritu lo condujo al desierto. (terminadas las tentaciones sigue la narración).Jesús lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la comarca…..El Espíritu del Señor está sobre mí….”
El Espíritu nos muestre a cada uno acoger la Buena Noticia de Jesús y anunciarla; Él nos enseñe todo aquello que nos quita la libertad de los hijos de Dios para convertirnos en el día a día a Él y así poder ayudar a nuestros hermanos que aún no le conocen como Su Salvador a acercarse a Él. Ardua y bonita tarea nos deja el evangelio: Su Buena Noticia.
Buena semana amigos

Chony dijo...

Al escuchar de nuevo la homilía, me resuenan las palabras el obispo Munilla, tan criticadas ¡¡y que razón tiene!! Si digo esto, es porque soy consciente de que las consecuencias de algunos pecados, son mas devastadoras que las de cualquier tragedia natural, yo sé que algunos de mis pecados pasados, han hecho mucho daño a mis seres queridos; así como puedo decir que he podido comprobar, que cuando cedes ante la tentación, ya no mides ni calculas lo que pueda suceder; es como un tsunami que arrasa todo lo que se encuentra por delante, y puede destruir lo que ha costado tantos años edificar; y lo tremendo de esto es que la persona no reconoce su "enfermedad" porque siempre para él o ella, el culpable de su situación es el otro; lo mismito que le ocurre a esas personas a las que se trata de ayudar llevándolas al médico.
Ante esto a mi sólo me queda la esperanza en la libertad de Jesucristo, ¡¡claro está!!, que como nos dices, hemos de reconocer, que estamos atrapados y esclavos.
Hoy mi comentario parece pesimista, no es así, pues aunque haya cierta tristeza en mi, por un acontecimiento que viví ayer, por la gracia del E.S. trato de encontrar a mi Dios, en esa situación negativa, porque tengo la certeza de que en medios del mal, siempre aparece el Señor para liberarnos, y yo veo a Jesús caminando hacia la Cruz, para darnos la Vida. También me veo como parte del cuerpo de la iglesia, sufriendo por un miembro enfermo, y compartiendo mi sentir, con el resto.
Muchas gracias Andrés, ¡cuanta luz, me da tu predicación.
Feliz semana amigos. Saludos Cristina, de esta comunidad de la once.
BENDITO SEA DIOS.
chony

Anónimo dijo...

Jesús libera sin pedir precio de rescate, El mismo fue el precio para rescatar nuestras vidas de la muerte. Esa generosidad con que el mismo Dios se entregó para hacernos libres, viene cargada también de Misericordia, y El, mejor que nadie, comprende, perdona y ama ¡Señor libérame de mis esclavitudes! De las grandes y de las pequeñas, las unas y las otras configuran mi vida, y la destruyen ¡no lo permitas Padre! Deja Señor, que como miembro de tu Iglesia, en la misión que me tengas destinado, sea coherente, y solo vea en mi hermano, tu Rostro.
Gracias D. Andrés por su ayuda en mi camino de liberación.
Un abrazo a los hermanos del blog