sábado, 3 de enero de 2009

Domingo 2º después de Navidad (B)

4-1-2009 DOMINGO SEGUNDO DESPUES DE NAVIDAD (B)
Eclo. 24, 1-4.12-16; Sal. 147; Ef. 1, 3-6.15-18; Jn. 1, 1-18
Homilía de audio en MP3
Homilía de audio en WAV
Queridos hermanos:
El día 1 de enero prediqué sobre la paz y puse como ejemplo iluminador un hecho narrado en la vida de San Francisco de Asís. Para el día de hoy, segundo domingo del tiempo de Navidad, he pensado continuar profundizando en la vida y en las palabras de San Francisco. Para mí él fue un padre y un maestro durante mi vida del Seminario. Yo leía su doctrina y su vida, y veía cómo iba enseñando el camino de Dios a los que tenía a su alrededor. A mí me hizo mucho bien y sé que a otras personas también se lo hizo, se lo está haciendo y se lo hará.
El jueves pasado os decía que la paz y el amor sólo podía poseerlos quien los recibía de Dios. San Francisco de Asís sabía esto y por eso él procuraba estar muy unido a Dios. Pues bien, hoy quiero leeros dos hechos de cómo San Francisco enseñaba a sus hermanos, cómo su palabra era capaz de llegar al núcleo del corazón humano y cuáles los frutos de su acción.
El primer episodio nos cuenta cómo Francisco iba con Egidio, un de sus primeros discípulos, y lo que les pasaba al anunciar a Jesús por el centro de Italia: “A cuantos se le cruzaban en el camino, el hermano Egidio se abría en una ancha sonrisa, levantaba la voz y decía: ‘El Señor te dé la paz.’ Cuando veía campesinos cortando pasto o escardando maíz, desde la vereda o aproximándose a ellos, les gritaba jubilosamente: ‘El Señor te dé su paz.’ Los aldeanos se quedaban sin saber qué responder. Por primera vez oían semejante saludo. Varias veces repitió Egidio la misma escena. ‘Este está chiflado –dijeron por fin unos segadores, y sintiéndose burlados, comenzaron a replicarle con palabras gruesas. Egidio se asustó al principio. Después le dio vergüenza. Más tarde sintió desfallecer momentáneamente su entusiasmo por este género de vida. Se aproximó atemorizado a Francisco y le dijo: ‘Hermano Francisco, no entienden el saludo. Creen que estoy burlándome de ellos. ¿Por qué no me permites saludar como todo el mundo?’ En un abrir y cerrar de ojos mil pensamientos se cruzaron en la mente de Francisco: ‘Tirar por la ventana la bolsa de oro es cosa fácil. Recibir sin pestañear treinta nueve azotes es bastante fácil. Caminar hasta la otra parte del mundo a pie y descalzo, azotado por los vientos y pisando la nieve, es cosa relativamente sencilla. Y, con la ayuda del Señor, hasta es factible entregar el cuerpo a las llamas o a la espada, ofrecer la cerviz a la cimitarra, ser torturado en el potro o arrastrado por los caballos o devorado por las fieras, e incluso besar en la boca a un leproso… Pero mantenerse en calma cuando aparece el monigote del ridículo, no perturbarse cuando le arrastran a uno por el suelo la túnica del prestigio, no ruborizarse cuando se es vilipendiado, no tiritar cuando a uno lo desnudan del nombre social y de la fama…, todo eso es humanamente imposible, o es un milagro patente de la misericordia de Dios’” (I. Larrañaga, El hermano de Asís, Ed. Paulinas, Madrid 198014, 137s).
De aquí concluimos que la paz del Señor sólo la podremos alcanzar si Dios nos la regala… y cuando estamos desasidos de cualquier cosa, de cualquier persona, e incluso de nosotros mismos. En definitiva, lo que nos quiere enseñar San Francisco de Así es que sólo el que está vacío de sí mismo puede llenarse de Dios y de su paz.
Veamos ahora el segundo caso. Está tomado de las “Florecillas del hermano Francisco” y nos dice cómo se comportó Bernardo, el primero que siguió a Francisco. Advierto que es muy duro y que sólo lo pueden entender quienes tienen este don de Dios: “Sucedió en los comienzos de la Orden que San Francisco envió al hermano Bernardo a Bolonia con el fin de que lograse allí frutos para Dios. El hermano Bernardo, haciendo la señal de la cruz, se puso en camino con el mérito de la santa obediencia y llegó a Bolonia. Al verle los muchachos con el hábito raído y basto, se burlaban de él y le injuriaban, como se hace con un loco; y el hermano Bernardo todo lo soportaba con paciencia y alegría por amor de Cristo. Más aún, para recibir más escarnios, fue a colocarse de intento en la plaza de la ciudad. Cuando se hubo sentado, se agolparon en derredor suyo muchos chicuelos y mayores; unos le tiraban del capucho hacia atrás, otros hacia adelante; quién le echaba polvo, quién le arrojaba piedras; éste lo empujaba de un lado, éste del otro. Y el hermano Bernardo, inalterable en el ánimo y en la paciencia, con rostro alegre, ni se quejaba ni se inmutaba. Y durante varios días volvió al mismo lugar para soportar semejantes cosas. Y como la paciencia es obra de perfección y prueba de la virtud, no pasó inadvertida a un sabio doctor en leyes toda esa constancia y virtud del hermano Bernardo, cuya serenidad no pudo alterar ninguna molestia ni injuria; y dijo entre sí: ‘Imposible que este hombre no sea un santo.’ Y, acercándose a él, le preguntó: ‘¿Quién eres tú y por qué has venido aquí?’ El hermano Bernardo, por toda respuesta, metió la mano en el seno, sacó la Regla de San Francisco y se la dio para que la leyese. Cuando la hubo leído, considerando aquel grandísimo ideal de perfección, se volvió a sus acompañantes lleno de estupor y admiración y dijo: ‘Verdaderamente éste es el más alto estado de religión que he oído jamás. Este hombre y sus compañeros son las personas más santas de este mundo, y obra muy mal quien le injuria, siendo así que merece ser sumamente honrado, porque es un verdadero amigo de Dios.’ Y entonces, dicho juez, con gran alegría y caridad, llevó al hermano Bernardo a su casa; y en adelante se hizo padre y defensor especial del hermano Bernardo y de sus compañeros. El hermano Bernardo comenzó a ser muy honrado de la gente por su vida santa; en tal grado, que se tenía por feliz quien podía tocarle o verle. Pero él, verdadero y humilde discípulo de Cristo y del humilde Francisco, temió que la honra del mundo viniera a turbar la paz y la salud de su alma, y un buen día se marchó, y, volviendo donde San Francisco, le dijo: ‘Padre, ya está hecha la fundación en Bolonia. Manda allá otros hermanos que la mantengan y habiten, porque yo no tenía ya allí ganancia; al contrario, por causa de la demasiada honra que me daban, temía perder más de lo que ganaba’” (De las Florecillas del hermano Francisco).
¡Que, en estas fiestas del Nacimiento del Hijo de Dios, Dios Padre nos conceda aprender de Jesús, Príncipe de la Paz, y de su discípulo aventajado, Francisco de Asís, dónde está la verdadera riqueza y la verdadera paz!

6 comentarios:

Any dijo...

Paz para todos hermanos ¡¡¡¡ es mi mayor deseo ´para este 2009 ¡¡¡ que tengamos con nosotros el ejemplo de San Francisco ... San Agustin .. y que juntos podamos transitar este nuevo año de la mano de Jesus¡¡¡¡¡

Anónimo dijo...

¡ Cómo me gusta esta Homilía !
Yo no había leido nada concreto sobre S. Francisco de Asís, a lo sumo tenía conocimiento de algunos hechos sobre su santidad.Si creo que Dios está en aquellos que se han desposeido de todo, incluido de sí mismos. Dejar de prestar atención al " ego ", es muy difícil, y por lo que veo ahí está la cuestión. El ego, nos hace cometer grandes pecados, el de la soberbia es realmente preocupante, casi siempre está asociado al que dirán, no nos deja crecer.
Le pido al Señor, que si no puedo llegar a una mínima parte de la santidad de S. Francisco, al menos me permita a través de la oración, llegar a mi propio conocimiento, y con ello, a dominar las embestidas del ego, que considero devastadoras.
Gracias D. Andrés, por enseñarme a viajar ligero de equipaje,especialmente a dejar de lado el " yo " que es tan pesado, y que no me deja avanzar en el camino de encontrar a Dios.
Un abrazo a los hermanos del blog.

Anónimo dijo...

Escuchando la Homilía he llegado a emocionarme pues me di cuenta de lo sencillo que es ser feliz, si pusieramos un poquito mas de nuestra parte.
Es duro el camino de la santidad siendo una gallina, pero también es verdad que se puede "intentar" ser un aguila. Se dice que "querer es poder".
Empezaré a practicar mi trasformación en águila. Tal vez no lo consiga pero estoy segura que el intento merecerá la pena.
Gracias Andres, por recordarnos dónde está el camino.
Feliz año a todos.

Anónimo dijo...

Estimado D. Andrés y demás hermanos:

Es fácil imaginarse lo que pasaría hoy día si encontraramos en la calle situaciones como esta ¿Como actuaríamos? Seguramente pensaríamos muy parecido a como lo hacen los que no tienen fe, porque tan solo somos unos pobres creyentes.

Humildad para que Dios pueda hacer lo que Cristo nunció: "y vendremos a él, y haremos morada en él". (San Juan 14, 23)

Y la paz se instale en nosotros para siempre.

Felices Pascuas y Feliz Año a los hermanos del blog.

pepitina dijo...

El comienzo de este evangelio de San Juán desde muy joven me gustó: "En el principio ya existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios." No entendía todo aquel mensaje, pero lo creía y lo guardaba interiormente (así lo veo ahora) pensando que un día lo entendería...Hoy lo entiendo porque esa Palabra -que es Cristo mismo- me da vida y luz, y paz.
¡¡cuánto bien nos hace la lectura de la vida de los santos!! y todos parten de lo mismo..ir muriendo a ellos mismos, a sus gustos, deseos,incluso a sus ideas y opiniones y palabras, para llenarse totalmente de Dios. Hace poco nos decía Juan el Bautista, que él era la voz...esa voz que es altavoz de la Palabra y señala hacia ella, dejándola salir de él mismo, pero sabiéndose tan solo instrumento para anunciarle. Quizás sea esto lo que debamos hacer nosotros para acercarnos mas a estos nuestros amigos los santos,
ser voz de un Francisco ó Teresita ó Agustín..y dejar fluir no solo aquello que ellos dirían sino sus acciones y gestos.Porque siendo voceros de ellos lo estaremos siendo de nuestro Dios y Señor.
Me alegro que Any ya esté animada.
Que en este comienzo de año nos acompañen personas tan cercanas a Dios, como los Santos, para contagiarnos.
un fuerte abrazo a este querido Blog

Chony dijo...

Impresionante homilía; pero ciertamente muy alto me pones el listón; S. Francisco es mucho Francisco. Todo lo que yo he leído sobre él, es francamente fascinante, parece imposible que hombre alguno, pueda tener tan grande humildad, como para anonadarse de la forma que él lo hizo. Desde el día en que se desnudó, para dejarle a su padre todo lo que este le había dado, este santo levantó el vuelo, y no dejó de subir durante toda su vida, y tan bién lo hizo que llegó hasta el cielo.
Maravilloso testimonio que nos dejó. Lo cierto es que al escuchar estas cosas, yo me veo muy pequeñita, así tan torpe como la gallina, incapaz de desplegar las alas y volar apenas unos centrímetros sobre el suelo.
Y me pregunto ¿que quiere el Señor de mi? ¿porqué me ha traído hasta aquí, para hacerme comprender que jamas podre volar alto, ya que me muevo a ras de suelo? y me surge una respuesta: precisamente para que me dé cuenta de esto, nunca yo podré llegar a ninguna parte, mas si mi Dios se fijó en mi, es para hacder algo grande conmigo, algo que él tiene pensado; a mi se me ocurre que lo que Dios quiere para todos , es que seamos santos; y es bueno que yo vea que esto para mi es imposible; quizás a partir de ahí, mi Señor pueda empezar a construir, claro está si yo le dejo.
Hace falta mucha humildad, cosa que yo le pido al Señor con insistencia, mas hasta que punto quiero la verdadera humildad? porque las humillaciones no me gustan, como a Egidio, me asusta el ridículo, y no dejo actuar al Señor porque mi corazón está apegado a demasiadas cosas, y creo que le dejo muy poco espacio.
Me admira la humildad de Bernardo, porque yo me imagino en la calle y a la gente reirse de mi, y no me haría ninguna gracia.
Y es curioso que anoche he tenido un sueño, que me aclara bién quién soy yo.
Me encontraba entre gente conocida, y que yo siempre creí que me apreciaban, pero el caso es que de pronto empezaron a acusarme de algo que yo no había hecho, yo no entendía nada, y trataba por todos los medios de justificarme, convenciéndoles de su equivocación, cuanto mas me esplicaba, mas me acusaban, y aquello me producía una tremenda angustia y desesperación.
Pués así respondería yo ante una injusticia, no haría lo que Bernardo, callarme. Hoy me doy cuenta de lo importante que es el guardar silencio, en tantas ocasiones; dice mas un silencio que mil palabras. Me hace falta mucha humildad, y espero que el Señor me la conceda.
Aunque de momento me invadió el desánimo, me doy cuenta que es una tentación, y espero que el Señor complete en mi lo comenzado; aunque de momento siga siendo una gallina, pero que algunas veces pone huevos que sirven para alimentar a quién lo necesite.
Andrés, está claro que quieres hacernos volar muy alto, y yo te lo agradezco de veras, porque gracias a ti, sé que esto que parece totalmente imposible, si es posible para Dios. Muchas gracias.
BENDITO SEA DIOS
Chony