viernes, 23 de enero de 2009

Domingo III del Tiempo Ordinario (B)

25-1-2009 DOMINGO III TIEMPO ORDINARIO (B)
Jon. 3, 1-5.10; Sal. 24; 1 Co. 7, 29-31; Mc. 1, 14-20
Homilía de audio en MP3
Homilía de audio en WAV
Queridos hermanos:
El domingo pasado nos hablaban las lecturas de la vocación o llamada de Dios a los hombres. La llamada consiste en permitir que la voluntad de Dios se cumpla en todos y cada uno de nosotros. Sin embargo, cuando Dios nos llama, nadie parte de cero. Todos tenemos nuestra historia personal detrás: una historia de logros y conquistas, pero también de fracasos y pecados. Cuando Dios nos llama, El ya sabe todo esto. Mas no podemos seguir esa llamada de Dios sin más. ¿Por qué? Porque no partimos de cero. Tiene que haber una preparación previa, la cual al mismo tiempo es ya seguimiento de la llamada. Es decir, nadie debe casarse sin antes mantener un noviazgo. Nadie debe ser ordenador sacerdote sin que antes reciba una formación adecuada en el Seminario. Nadie puede ejercer un oficio o una profesión sin que antes haya realizado unos estudios y tenido una práctica conveniente. Pues, del mismo modo, cuando una persona escucha la llamada del Señor en su corazón, debe convertir su vida al Señor.
- Y con la palabra conversión ya nos metemos de lleno en el tema de este domingo. En efecto, en la Misa se nos habla de ello: En la primera lectura, al predicar Jonás el mensaje de Dios, las gentes de Nínive se arrepintieron y “vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida”; o en el evangelio se nos dice que “Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: ‘Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio’”.
La conversión es un regalo de Dios que se nos da sin mérito alguno de nuestra parte; pero a la vez cada uno debe conquistarlo con esfuerzo y lucha personal, que conlleva un cambio total interior. La conversión implica a toda la persona; supone una transformación radical y profunda de la mente y el corazón, pero no es algo que suceda de repente, sino que es tarea de toda una vida. De hecho, a muchas personas con las que me encuentro y que han tenido un encuentro personal con Jesús y desean cambiar su vida, yo siempre les exhorto a que tengan paciencia consigo mismos. No pueden pretender lograr en dos meses lo que llevan 30, 40, 50, 60 años o más de su vida sin hacer. Siempre les digo que, si Dios ha tenido paciencia con ellos en todos estos años, ahora han tener ellos paciencia consigo mismos en este camino de conversión. Asimismo afirmo que todas las personas que siempre nos hemos criado en un ambiente de fe y de Iglesia, como es mi caso, también estamos en camino de conversión hacia el Señor. Y hemos de vivirlo como don de Dios y como tarea nuestra.
- ¿Qué implica y supone la conversión? El hombre que se convierte abandona cuanto le tenía alejado de Dios, rompe con su autosuficiencia -sus idolatrías y pecado-, renuncia a poner toda su seguridad y su afán en sí mismo, y pasa a dejarle todo el espacio a Dios, que se transforma para el que está en camino de conversión en el único apoyo fiel y seguro, en el criterio último y definitivo de su obrar. Esta persona deja todo por ese “Tesoro escondido”, que acaba de encontrar. Se abre a Dios, que pasa a ser el centro de su persona y le acoge con una adhesión personal llena de confianza abso­luta y firme esperanza en El. En el convertido se opera como un nuevo nacimiento, el surgimiento de una nueva criatura que reconoce que no hay, fuera de Dios, poder alguno al que debamos someter nuestra vida ni del que podamos esperar la salvación.
La conversión, por su misma naturaleza, es ante todo y primariamente una realidad personal[1]. Acontece en la intimidad de la persona, en su encuentro con Dios, y conlleva una honda modi­ficación de la orientación existencial que marca, a partir de entonces, la conducta total. El pecador como el hijo pródigo de la parábola, libremente alejado de la casa paterna para vivir independientemente la propia existencia con todas sus consecuencias de vacío, de sole­dad, ruina y miseria, llega un momento en que, movido sin duda por la gracia misericordiosa, se encuentra solo, con la dignidad perdida y con hambre, entra dentro de sí, vuelve en sí y toma conciencia de su real situación personal y, se reconoce a sí mismo desilusionado por el vacío que lo había fascinado. En este momento es cuando se arrepiente de su egoísmo, de su autosufi­ciencia y esta conversión y arrepentimiento cristianos están impregnados de fe y confianza en el Dios que nos ama. Todo ello implica inseparablemente por parte del pecador, el dolor sincero de haberse alejado personalmente del Padre y haberle ofendido junto con el rechazo claro y decidido del propio pecado y el propósito de no volver a pecar por el amor que se tiene a Dios y que renace con el arrepentimiento. No le basta al pecador volver a sí mismo y advertir su situación de pecado y ni siquiera recordar la bondad de Dios. Es necesario que el pecador se arre­pienta, decida volver toda su persona a Dios, corregirse no sólo en tal o cual punto concreto, sino cuestionarse a sí mismo en la totalidad del propio ser y disponerse para el cambio sin reser­vas. La conversión exige la ruptura con el viejo mundo de pecado. La conversión sincera supone la decidida voluntad de no volver a pecar expresada y realizada normalmente en un lento y laborioso proceso de madura­ción y de vida nueva, con altibajos y aún sus retrocesos prosi­guiendo el camino hacia adelante, a pesar de las recaídas, con humildad y confianza, puestos los ojos en Aquél que nos busca y sale al encuentro.
Este proceso de la conversión personal no es nada fácil, porque supone un desdecirse de actitudes vitalmente aceptadas y romper lazos afectivos que rompen el corazón, ha de ir acompa­ñado de la oración humilde. Sólo con la gracia se puede llevar a cabo el milagro del arrepen­timiento.
- Si me permitís, ya para terminar, voy a poner ante todos vosotros un caso de conversión en la persona de David Rico. Es un joven que escribe sus comentarios en el blog en donde “cuelgo” todas las semanas las homilías. Leo tres comentarios suyos:
“Hasta hace muy poco yo no conocía a Dios, no sabía qué era la Iglesia; vamos era como el famoso (de la homilía) que no necesitaba a Dios para nada. Pero ahora, gracias a una persona maravillosa, empiezo a descubrir la importancia que tiene Dios y la Iglesia. Cada vez que rezo los laúdes por la mañana, cada vez que entro en una iglesia a orar o cada vez que me confieso, es como si se me recargasen las pilas, es una sensación que nunca antes había sentido. Espero nunca volver a ser como el famoso, porque yo... sí que necesito a Dios”.
Yo he recibido muchas veces la llamada del Señor, y muchas veces fueron las que no acudí. Siempre he tenido cosas más importantes que hacer que acudir al Banquete de Dios; siempre ponía trabas; en definitiva, nunca acudía. Un día, sí acudí a esa llamada, y desde entonces, estoy feliz. Estoy feliz de pertenecer a la comunidad cristiana; estoy feliz de empezar a ser cristiano, como digo yo un “proyecto de cristiano”. Ahora, que sé lo maravilloso que es esto, intento animar a aquella gente que conozco para que vivan en comunión con Dios, aunque tengo que reconocer que sin mucho éxito, pero no me cansaré de intentarlo, porque quiero que ellos también descubran lo maravilloso que es Dios”.
“Yo, como ya he dicho en otras ocasiones, soy un “proyecto de cristiano”, es decir, que no os llego ni a la suela de los zapatos a la mayoría, pero he sentido hace poco la llamada del Señor e intento dar lo máximo por El. Yo ahora intento, que no siempre lo consigo, dar amor al prójimo. Este fin de semana he estado de retiro espiritual con los chicos que van a hacer la confirmación en la parroquia de San Francisco, y les he intentado hacer ver que tienen una oportunidad impresionante de conocer a Dios, que la aprovechen, que no la desperdicien como yo he hecho, porque, desde que he descubierto quién es Dios, soy mucho más feliz. La verdad es que son unos niños fantásticos; se apoyan unos a los otros, se dan ánimos, se quieren, en definitiva... se dan amor. Muchos de nosotros, el primero yo, deberíamos aprender de ellos. Rezare por que ninguno de ellos pierda la oportunidad de conocer a Dios”.
[1] También es una realidad comunitaria, pero hoy no me va a dar tiempo de tocar este punto.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

El Señor mantiene eternamente su invitación a la conversión.
Me sosiega saber que yo, que no soy nada, estoy en un proyecto que Dios tiene para mí individualmente, el Señor no masifica sus obras, como los humanos, El distingue una a una sus ovejas, y tiene para cada una una misión, una misión llena de amor, solo necesita nuestra confianza para ponerla en marcha.

Señor, dame sensibilidad, para poder percibirte, si la poseo, me percataré de tu llamada, porque la sensibilidad predispone el espíritu para la alabanza de toda tu Obra,y para escucharte con el corazón esponjado.

Aquellas oraciones que mis padres me enseñaron en la infancia, siguen dando frutos hoy en la madurez, bendícelos Señor, porque ellos fueron instrumentos tuyos, para que yo pudiera conocerte.

No permitas Señor, que el paso de los años, el vértigo de estos tiempos agitados que me tocan vivir, me aparten de Tí. Si el trabajo o las preocupaciones, ocupan mucho tiempo de ese tiempo que Tú me regalas,¡ ten paciencia conmigo! como la tuviste con Nínive. La conversión como dice D. Andrés es un ejercicio de constancia, va caminando con nosotros en nuestro proceso vital, y yo estoy en ello.

Gracias D. Andrés por hablarnos de la conversión y del camino de la fe, ahora me doy cuenta de que son metas muy difíciles porque son dones del Señor, espero estar alerta a su llamada. " Habla, Señor,que tu siervo escucha ".
Un abrazo a los hermanos del blog.

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Cuando la conversión llega solo iniciamos el camino, ya lo ha dicho D. Andrés. Estamos limitados a nuestra condición humana y por eso a pesar de que Dios nos tiene por hijos, le fallamos tantas veces. Esto lejos de conformarnos o llegar a ser una carga que nos haga desistir, debe ser un acicate para superarnos, caeremos mil veces y El nos levantará, porque lo que desea es nuestra salvación. Y aún así ni debemos creernos salvados, ni condenados, tan solo ver que Dios quiere algo más de nosotros y que a pesar de nuestros defectos somos sus hijos en la certeza de haber recibido la fe, la cual no es un accidente casual sino un regalo suyo.

Un abrazo para todos.

David rico dijo...

Antes de nada Padre decirle que me he quedado con la boca abierta y para serle sincero me ha echo llorar de emoción. Es muy emocionante escuchar tus propias experiencias contadas por otra persona y mas por una persona maravillosa como usted, ojala sirvan para ayudar a alguien.
Como usted bien ha dicho, yo también creo que la conversión es un camino para toda la vida, no simplemente decir un día...uy me he convertido...sino que debemos estar en una continua conversión toda nuestra vida. Se que suena un poco exagerado, pero mi corta experiencia me esta haciendo ver que cada día que pasa estoy mas cerca de Dios, que cada día que pasa necesito más del amor de Dios, del amor de los hermanos. Cada día que pasa me doy cuenta de que esa vida que tenía antes, alejada de Dios y de la Iglesia, es una porquería. Como bien ha dicho el padre en la homilía vivía una vida a mi aire, yo es mas diría que vivía mi vida de espaldas a Dios...pero bien de espaldas…y sabes que??? Fui un completo estupido!!! Ojala hubiese aparecido antes en mi vida esta persona maravillosa para abrirme los ojos y hacerme ver que la vida bonita, la vida que merece la pena es la vida siguiendo a Dios.
Espero que mis experiencias hayan servido a alguien, aunque solo sea para decir que tonto es este chaval, por que eso significaría que han entendido que la vida de cara a Dios es la vida que verdaderamente vale la pena.
La paz con vosotros

Chony dijo...

¡¡¡Que hermosísima homilía!!!
Confieso que cuando la leí por primera vez, caí en la tentación del desánimo, pués me miré a mi misma, y me dí cuenta de que estaba muy lejos de convertirme; a pesar de los años que llevo inténtandolo, era consciente de que aún estoy demasiado apegada a cosas de aquí abajo, a idolillos que no le dejan el sitio suficiente al Señor, para que Él sea el dueño absoluto de mi corazón, y como dice D. Andrés, este se espanda cada día mas y mas para acogerle a Él.
Mas, no duró demasiado este desaliento, porque escuché una voz en mi interior que me decía: No seas injusta, ni contigo ni con tu Dios. Y entonces me paré a pensar, que realmente mucho había cambiado mi vida en los últimos años, tanto que casi no me reconzco; lo que ocurre es que el Señor va haciendo las cosas poco a poco, sin que te des cuenta, por eso sólo eres consciente de la realidad si comparas tu vida de ahora con la de hace años..Esto es una gracia enorme de Dios.
Es verdad que es un proceso largo, y que cuando descubres al Señor, es algo tan fascinante, que te parece que ya eres poco menos que santo; eso es la miel que mi Dios me puso en los labios, para que yo le apeteciese, y tatara de seguir aquella llamada que me hacía.
Y seguiré caminando hasta que Dios quiera, y me daré cuenta de que mi conversión no está concluída; pero le agradezco mucho a D. Andrés de que tocase este tema; porque me ha recordado que estoy en proceso, que no importa que un dia caiga, o me sienta atrapada por este mundo, lo que importa es mi deseo de seguir al Señor, levantarme, y dejar que Él me siga seduciendo, y me ayude a ir desprendiéndome de todo aquello que me pueda separar de Él. Eso sí, he de tener paciencia, porque como nos dices, Él también la tiene; no me empuja ni me apremia, camina a mi paso, y se amolda a mis posibilidades. Todo lo espero de Él.
También tengo presente que ha sido Él quien me ha escogido y que "terminará en mi lo comenzado" Así como aquello que nos dice Jesús en el evangelio "Nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre" yo me creo que estoy muy bien sujeta por esa Mano, que me defenderá de todos mis enemigos.
David, adelante, es estupendo lo que estas viviendo.
Andrés....................GRACIAS
BENDITO SEA DIOS.
Chony

Pepitina dijo...

El tema de la conversión siempre me atrae, quizás porque me doy cuenta que es esa asignatura pendiente, ese "proyecto de cristiano", como la llama David- en el que trabaja todo aquel que desea seguir a Cristo, en su Iglesia y viviendo la Fe en comunidad. Es un proyecto en el que me vienen facilmente a la mente aquellas palabras de Jesús a Pablo, en un momento en que éste se quejaba.."Mi Gracia te basta". Por eso he conocido mi verdadera realidad cuando el Señor, ha querido que cayese de la burra.. y comenzase ese Proyecto hermoso de volverme continuamente hacia Él, cayendo en infidelidad y nuevamente volviendo a comenzar. Es así el camino: arduo, pero con Él. Silencioso, para poder escucharle en nuestro corazón, porque su Voz es un susurro. Orando constantemente y suplicándole su Misericordia que es la única que nos pone en pie, nos abraza tiernamente y vuelve una y otra vez a decirnos: Sígueme.
Don y Tarea; recuerdo que estas dos palabras fueron el resumen de unos Ejercicios Esp. de hace tres años. ¡Cuánto me han ayudado! Él reparte el Don, y me presenta la Tarea ...desde Su Gracia. Así comprendo las palabras de Pablo: es la Fe la que nos salva no las obras; y también: la Fe sin obras está muerta.
Un fuerte abrazo para este querido Blog

Paz dijo...

Qué delicia, encontarse con los her-
manos!;,sí porque al levantar los --
ojos, para compartir la Plabra con
vosotros, os siento, como lo hicieron
las familias que participaron de la
multiplicación de los panes y los pe-
ces, no se conocían, pero todos co--
mieron del mismo Pan.En el Evangelio
Jesús, como Hijo de Dios, sabe que
el hombre no fue creado para sufrir,
pero que el pecado, que todo lo fastidia hace que así sea, y, como
siempre, viene en ayuda nuestra.
El recuerdo que hizo Andrés, de las
mujeres de Acción Católica, me vino
a hacer presente, como tomando el
testigo de Jesús, la Santa Madre
Iglesia, sigue ocupándose de los que sufren las consecuencias del
mal, por cierto sin comerlo ni beberlo.Qye la enfermedad viene en
mi ayuda, lo sé, pero en cuanto
asoma la oreja en mi vida!uff!, que
trabajo entrar en ella.El Beso
Santo para todos.Paz