viernes, 9 de enero de 2009

Bautismo del Señor (B)

11-1-2009 BAUTISMO DEL SEÑOR (B)
Is. 42, 1-4.6-7; Sal. 28; Hch. 10, 34-38; Mc. 1, 7-11
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Queridos hermanos:
Un año más celebramos el Bautismo del Señor, y en su Bautismo recordamos el nuestro. En todos estos años os he predicado sobre este tema desde diversos aspectos, y hoy quisiera hacerlo profundizando en los efectos que produce el Bautismo.
El día de nuestro Bautismo ha sido para nosotros el más importante de nuestra vida, al menos desde la perspectiva de Dios. Todos celebramos o sabemos el día de nuestro cumpleaños. ¿Quiénes, de los que estamos aquí, sabemos el día de nuestro Bautismo? Hace años un chico que descubrió la importancia de este sacramento fue a su parroquia y pidió al sacerdote una partida de Bautismo. El cura se la dio pensando que se iba a casar, pero lo que hizo el chaval fue enmarcar la partida y la puso a la cabecera de su cama, y desde ese día tiene el cuadro con la partida allí puesta.
Entre otros muchos efectos y frutos (el sacramento nos convierte en sacerdotes, profetas, reyes), el Bautismo produce en cada persona que lo recibe estos frutos:
1) El Bautismo nos quita el pecado original, es decir, aquel que tenemos todos los seres humanos al ser concebidos en el seno de nuestras madres. Yo me preguntaba cómo era posible que un niño que no había dicho “ni esta boca es mía” pudiera tener ya un pecado, el pecado original. Y para comprender esto me ayudó la siguiente reflexión: a) una mujer que tiene el SIDA, o que es drogadicta, o que es alcohólica, o que fuma, al quedar embarazada, su situación física y de enfermedad afecta a la criatura que lleva en su seno. Si fuma, el niño va a nacer con menos peso. Si tiene el SIDA, su hijo va a tener el SIDA. Si es alcohólica, su hijo va a necesitar alcohol en sus tomas de alimentos. ¿Qué culpa tiene el niño de las enfermedades de la madre? Y, sin embargo, la situación de la madre afectará al hijo. b) También supe que la situación anímica de la madre (depresión, euforia, sosiego, ansiedad, terror, etc.) afecta de manera muy especial al hijo en el vientre materno. Por ejemplo, un niño no deseado se sabe no deseado y, después de nacido, crea comportamientos –según dicen los expertos- conscientes o inconscientes de baja autoestima o de desamor hacia su madre o de otros problemas graves psíquicos. Recuerdo que, siendo yo seminarista, oí a un pediatra decir que una madre embarazada debe escuchar música clásica o suave y no rock duro o música muy estridente, pues la clase de música afecta positiva o negativamente al niño. c) Pues bien, si está demostrado científicamente que las enfermedades físicas, y las situaciones psíquicas de las madres afectan a los hijos, como no puedo yo aceptar que la situación de pecado de los padres, de todos nosotros no afectarán a los niños que nacen. Todos somos pecadores y este pecado “contagia” a los niños que vienen a este mundo.
Por estas razones Dios quiere purificar del pecado original a sus hijos nada más nacer a este mundo, y esta purificación la hace mediante el Bautismo. Además, este sacramento perdona, no sólo el pecado original, sino también todos los pecados personales cometidos a partir de los 7 años, que es cuando tenemos uso de razón. Cada vez más está habiendo bautizos de adultos, por ejemplo, con 30 años, y a estos se les perdonan el pecado original y los pecados personales cometidos desde los 7 años hasta los 30 años.
2) El Bautismo nos incorpora a la vida trinitaria , es decir, nos hace hijos de Dios Padre. ¿En qué sentido? En el sentido de que somos adoptados por Dios Padre (Ga. 4, 5-7). En la sociedad civil la adopción consiste en que el niño pasa a tener los apellidos de los padres, pasa a entrar en la casa y el hogar como uno más, pasa a ser heredero de los bienes materiales, pasa a disfrutar de la comida, ropa, educación, acceso al seguro médico. Es uno más de la familia. Pues del mismo modo, cuando Dios nos adopta como hijos pasamos a entrar en su casa; Dios ve en nosotros mejor esa imagen y semejanza con la que hemos sido creados (Gen. 1, 27). Pasamos a ser herederos del Reino de los Cielos. Podemos gustar y recibir los dones y gracias que Dios nos ha entregado, como los sacramentos y un largo etcétera. Y esta adopción es para siempre, por eso se dice que el Bautismo imprime carácter. ¿Qué quiere decir esto? Que uno puede casarse y luego, cuando se acaba el amor, lo deja y se separa. Quiere decir que uno puede “hacerse cura” y luego dejarlo. Quiere decir que una madre puede abandonar a su hijo. Pero Dios jamás nos dejará, ni nos abandonará, ni se separará de nosotros. Si El dice que ama al hombre, si El adopta al ser humano como hijo, todo esto lo realiza para siempre. Es lo mismo que se comporte bien o mal, es para siempre. Yo seré sacerdote hasta en el infierno, si es que mi destino final fuera éste; vosotros llevaréis la marca del bautismo hasta en el infierno, si es que vuestro destino final fuera éste. (Ejemplo de Dalí  su padre).
3) El Bautismo nos hace hermanos de Cristo Jesús. Cuando nos bautizamos, participamos de la muerte y de la resurrección de Cristo, es decir, morimos y resucitamos con él. Esto está si simbolizado en el modo de bautizar en los principios del cristianismo: uno era sumergido en un río o en un estanque por tres veces, y cada vez se hacía en el nombre de una persona de la Santísima Trinidad: en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, simbolizando, además, los tres días que Jesús había pasado en el sepulcro hasta su resurrección. Asimismo Cristo en la cruz participa de nuestra suerte humana y asume los pecados de todos los hombres. Al ser bautizados –repito- somos hechos hermanos de Cristo, es decir, participamos de su muerte, de su resurrección y, por tanto, del perdón de todos nuestros pecados. Por eso, el Bautismo en Cristo, nuestro hermano, nos perdona todos los pecados.
4) El Bautismo nos hace templos del Espíritu Santo (1 Co. 6, 19), el cual habita en nosotros comunicándonos sus siete dones: sabiduría (para saber lo que en cada momento tengo que hacer para agradar a Dios), entendimiento (para saber descubrir el sentido de las cosas y acontecimientos de mi vida), consejo (para saber orientar al que duda o se siente perdido), fortaleza (para saber superar los miedos, la cobardía, la rutina y el cansancio), piedad (para saber sentir la cercanía de Dios y vivir en continua relación con El) y temor de Dios (para saber rechazar aquello que rompe la amistad con Dios).
5) El Bautismo nos incorpora a la Iglesia de Dios. El Bautismo no es un rito de adscripción a una sociedad civil, como cuando nace un niño que el padre le hace socio del Oviedo, del Gijón, del Real Madrid o lo asienta en el ayuntamiento. El Bautismo no es una fiesta social para celebrar el naci¬miento de un hijo, ni una ocasión para reunir a la familia. El Bautismo no es un medio para obtener un certificado como en tiempo del emperador Constantino (año 313). El Bautismo no es un tranquilizante de la conciencia de los padres o de la abuela…, por si se muere el niño.
El Bautismo nos incorpora a la Iglesia y ésta no es una mera sociedad humana de los que creen en Cristo y obedecen al Papa. La Iglesia es ante todo el Pueblo Santo de Dios. La fe no puede ni debe ser vivida individualmente, sí personalmente, pero no cada uno por su lado y a su manera. Dios es una comunidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Para ser engendrados se necesitan dos personas; para ser educados de un modo armónico se necesita una familia; etc. Para vivir la fe Dios nos une a una comunidad, a su comunidad, a la Iglesia de Dios.
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