viernes, 31 de octubre de 2008

Todos los Santos y todos los difuntos (A)

1-11-08 TODOS LOS SANTOS (A)
Ap. 7, 2-4.9-14; Slm. 23; 1 Jn 3, 1-3; Mt. 5, 1-12
Sta. Teresita del Niño Jesús


Homilía en audio de MP3 (Sta. Teresita 1)
Homilía en audio de WAV (Sta. Teresita 1)

Homilía en audio de MP3 (Sta. Teresita 2)
Homilía en audio de WAV (Sta. Teresita 2)
Queridos hermanos:
En el día de hoy vamos a celebrar la festividad de Todos los Santos. En estos últimos años por estas fechas os voy proponiendo la vida de algunos de ellos, por ejemplo, de S. Francisco de Asís, de S. Francisco Javier, del Hno. Rafael. Hoy y mañana quisiera hacerlo sobre Sta. Teresita del Niño Jesús. Ella fue una carmelita descalza que nació y vivió en Francia en el siglo XIX. Su vida fue corta: 24 años y 9 meses. Nació el 2 de enero de 1873 y murió el 30 de septiembre de 1897. A pesar de su corta vida, su influencia ha sido universal, llega hasta nosotros y se sigue expandiendo.
No voy a tratar de hacer aquí una biografía suya, sino de dar algunas pinceladas de su espiritualidad. Para ello me basaré en sus propios escritos, concretamente en tres manuscritos suyos publicados bajo el título de “Historia de un alma”, cuya lectura os recomiendo vivamente. Cuando yo leí esta obra, siendo seminarista, las primeras páginas me parecieron que las había escrito una niña cursi, consentida y mimosa, pero, a medida que iba leyendo, me fui encontrando con Dios dentro de esta niña. Sus palabras traspasaron mis carnes y mi alma, y me elevaron haciéndome ansiar la santidad y la cercanía con Dios.
La vida de Sta. Teresita de Lisieux fue completamente ordinaria. No llevó a cabo grandes empresas al servicio de la Iglesia o de la sociedad. En ella no aparecen fenómenos místicos como en Sta. Teresa de Jesús ni tampoco realizó en vida ningún milagro. Todo es muy sencillo: en su familia hasta los 15 años y en el convento los otros 9 años.
Con trece años se siente llamada por Dios a ingresar en el convento de carmelitas descalzas de Lisieux y para ello no dudará, en medio de una peregrinación a Roma, en pedirle permiso incluso al Papa León XIII, pues todos la veían demasiado joven. Finalmente, consigue que le den permiso para entrar contando 15 años de edad.
En 1897 Sta. Teresita ve cercano su fin y lo repite varias veces en sus cartas: “creo que mi carrera aquí abajo no será larga”. El 8 de septiembre de este año escribió al dorso de una estampa de la Virgen María unas palabras bellísimas: “¡Oh, María!, si yo fuera la Reina del cielo y vos fueseis Teresa, quisiera ser Teresa a fin de que vos fueseis la Reina del cielo”. Pero las últimas palabras que dijo y que se le entendieron fueron éstas: “¡Dios mío, os amo!” El entierro tuvo lugar el 4 de octubre y asistieron unas 30 personas. Mas en cuanto sus manuscritos, titulados “Historia de un alma”, se publicaron, su fama de santidad se extendió rápidamente de tal manera que fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925.
Después de este breve esbozo sobre su vida para poder situarla mejor, paso a hablar de su relación con Dios. En su espiritualidad hay varias ideas fundamentales y voy a tratar de fijarme en algunas de ellas:
- Santidad y voluntad de Dios. Sta. Teresita no entendió la santidad como una serie de obras a realizar o vicios a extirpar. Su planteamiento es más sencillo: Hay que “ser lo que Dios quiere que seamos” en cada momento y situación. Para ella tan provechosa son la sequedad y las tinieblas de espíritu como la luz y el gozo: “amo el día y la noche por igual”. Veamos un poco más explicado su pensamiento: “Durante mucho tiempo me he preguntado por qué Dios tiene preferencias, por qué no reciben todas las almas un grado igual de gracias. Me extrañaba verlo prodigar favores extraordinarios a santos que lo habían ofendido, como san Pablo o san Agustín. Al leer la vida de santos que nuestro Señor se ha complacido en acariciar desde la cuna hasta la tumba, apartando de su camino todo obstáculo que les impidiese elevarse hasta El y colmando sus almas de tales favores que no les era posible empañar el brillo inmaculado de su túnica bautismal, yo me preguntaba por qué los pobres salvajes, por ejemplo, mueren en gran número sin haber siquiera oído pronunciar el nombre de Dios… Jesús se dignó instruirme acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que El creó son hermosas, que el esplendor de la rosa y la blancura de la azucena no quitan el perfume a la violeta o la encantadora sencillez a la margarita silvestre. Comprendí que si todas las flores pequeñitas quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su ornato primaveral. Lo mismo ocurre en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. El quiso crear los grandes santos que pueden ser comparados a las azucenas y a las rosas; pero también ha creado los más pequeños y estos deben contentarse con ser margaritas silvestres o violetas destinadas a regocijar los ojos de Dios cuando mira hacia la tierra. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que El quiere que seamos…
Sta. Teresita siempre quiso ser santa, pero, al compararse con otros santos, veía la gran diferencia existente entre ellos y ella: “la misma diferencia que entre una montaña cuya cima se pierde en las alturas y el oscuro granito de arena pisoteado por los caminantes”. Pero ella no se desanimaba, ya que pensaba que Dios no podía haber sembrado en su corazón semejante deseo y que fuese irrealizable. Y añade ella que en su tiempo era el siglo de los inventos; había oído hablar que en casa de los ricos habían instalado ascensores para no tener que subir por las escaleras; pues ella también quería encontrar un “ascensor” para subir hasta Jesús. Buscando la santa encontró dos trozos de la Biblia que le dieron la solución: “Si alguno es pequeñito, que venga a mí”. “Como un hombre es acariciado por su madre, así os consolaré yo, seréis llevados en brazos y acariciados sobre las rodillas”. Y comenta Sta. Teresita: “¡Palabras más tiernas y melodiosas jamás habían regocijado mi alma! El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús. Y para esto, no necesito crecer, por el contrario, es menester que permanezca pequeña y que cada vez lo sea más”. Se cuenta que los primeros tiempos de su estancia en el convento, tenía que levantarse muy temprano para hacer la oración de la liturgia de las horas. Se levantaba, pero tenía tanto sueño que se ponía a dormir en los brazos de Jesús sin tener remordimientos y pensaba que a El le agradaría tener a su pequeña niña así. Por eso decimos que Sta. Teresita es la santa de la confianza absoluta y del abandono total en Dios.


2-11-08 DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO (A) TODOS LOS DIFUNTOS
Lecturas de los difuntos
Sta. Teresita del Niño Jesús
Queridos hermanos:
Seguimos con algunas de las ideas fundamentales de la espiritualidad de Sta. Teresita.
- La muerte del propio yo o del orgullo. Cuenta Sta. Teresita que ella siempre le tuvo pavor a las mortificaciones físicas, pero el Señor la fue guiando hasta descubrir que a Dios le agradaba la total renuncia a uno mismo y a las cosas y actitudes que alimentan el ego de cada uno. Así dice: “Me fue dado también un gran amor por la mortificación. Las que me concedían consistían en mortificar mi amor propio, lo que me era mucho más provechosos que las penitencias corporales”. “Por esa época me entró un verdadero amor por los objetos más feos y menos cómodos, de modo que vi con alegría que me quitaran de la habitación un bonito cantarillo y en su lugar me dieran uno grandote todo cascado. También me esforzaba mucho por no excusarme, lo que me parecía muy difícil sobre todo con nuestra Maestra de novicias, a quien nada hubiera querido ocultar. He aquí mi primera victoria que no es grande, pero me costó mucho. Un florero colocado detrás de una ventana apareció roto. La Maestra, creyendo que era yo quien lo había dejado caer, me lo mostró diciéndome que otra vez tuviera más cuidado. Sin decir palabra, besé el suelo y luego prometí ser más ordenada en el futuro”. Y en otro lugar dice: “Antes, me parecía no estar apegada a nada, pero después de haber comprendido las palabras de Jesús, veo que llegada la ocasión, soy muy imperfecta. Por ejemplo, en el taller de pintura nada es mío, lo sé, pero si al ponerme a trabajar encuentro los pinceles y la pintura en desorden, si ha desaparecido la regla o un cortaplumas, estoy muy cerca de perder la paciencia y debo armarme de todo mi coraje para no reclamar con amargura los objetos que me faltan”. Y, finalmente, en otro sitio dice: “Otra vez, durante el lavado de la ropa, estaba delante de una hermana que me tiraba agua sucia a la cara cada vez que levantaba los pañuelos sobre la tabla. Mi primer impulso fue echarme para atrás secándome la cara, a fin de mostrarle a la hermana que me asperjaba, que me haría un favor si se quedaba quieta. Pero enseguida pensé que sería muy tonta de rechazar tesoros que se me ofrecían tan generosamente y me cuidé muy bien de dar a conocer mi lucha. Me esforcé por desear recibir mucha agua sucia, tanto que al final le había tomado realmente gusto a este nuevo género de aspersión. Me propuse que volvería nuevamente a este lugar feliz donde se recibían tantos tesoros”.
- El amor. La necesidad de amar se fue haciendo cada vez más fuerte en Sta. Teresita. Jesús “no tiene necesidad alguna de nuestras obras, sino solamente de nuestro amor, porque ese mismo Dios que declara no tener necesidad de decirnos si tiene hambre, no ha temido mendigar un poco de agua a la samaritana. Tenía sed… Pero al decir: ‘Dame de beber’, lo que el Creador del universo estaba reclamando era el amor de su pobre criatura. Tenía sed de amor. Me doy cuenta más que nunca que Jesús está sediento. Entre los discípulos del mundo no encuentra más que ingratos e indiferentes, y entre sus propios discípulos, encuentra ¡ay! pocos corazones que se le entreguen sin reservas, que comprendan toda la ternura de su Amor infinito”.
En otro momento cuenta la santa que leía la 1ª Carta a los Corintios buscando su lugar en la Iglesia. Encontró el capítulo 12 en donde se decía que dentro de la Iglesia había apóstoles, profetas, doctores, etc. Esto era claro, pero no daba satisfacción a los deseos de Sta. Teresita. Y siguió leyendo. “Sin desanimarme continué leyendo mi lectura y esta frase me alivió: ‘vosotros, por vuestra parte, aspirad a los dones más perfectos. Y ahora os voy a mostrar un camino más perfecto.’ Y el apóstol Pablo explica cómo todos los dones más perfectos son nada sin el AMOR. Que la caridad es el camino excelente que conduce con seguridad a Dios. Por fin había hallado reposo. Al considerar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo o más bien, quería reconocerme en todos. La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tiene un cuerpo compuesto de miembros diversos, no le falta el más necesario, el más noble de todos; comprendí que la Iglesia tiene un corazón y que ese corazón está ardiendo de AMOR. Comprendí que sólo el AMOR hace obrar a los miembros de la Iglesia, que si el AMOR llegara a extinguirse, los apóstoles no anunciarían ya el evangelio, los mártires se negarían a derramar su sangre. Comprendí que el AMOR encierra todas las vocaciones, que el AMOR lo es todo, que abarca todos los tiempos y todos los lugares… en una palabra, que es eterno. Entonces, en los transportes de mi alegría delirante, exclamé: ¡Oh! Jesús, Amor mío. Por fin he hallado mi vocación: ¡Mi vocación es el AMOR!
Pero este amor era para Sta. Teresita algo concreto y no abstracto. Ella sabía que por sí misma no sería capaz de amar a nadie y sabía que, cuando amaba, era porque Jesús mismo amaba a través de ella. “Hay en la comunidad una hermana que tiene el don de desagradarme en todo: sus modales, sus palabras, su carácter me parecían muy desagradables. Sin embargo, se trata de una santa religiosa que ha de ser muy agradable a Dios. Por eso, no queriendo ceder a la antipatía natural que sentía me dije que la caridad no ha de consistir en los sentimientos, sino en las obras y puse todo mi empeño en hacer por esta hermana lo que hubiera hecho por la persona más amada. Cada vez que me la encontraba rezaba al Señor por ella, ofreciéndole todas sus virtudes y sus méritos. Sentía que esto agradaba a Jesús, porque no hay artista a quien no le guste ser alabado por sus obras, y Jesús, el Artista de las almas, es feliz cuando uno no se detiene en los exterior, sino que penetrando hasta el santuario íntimo que El se eligió para morada, se admira su belleza. No me contentaba con rezar por la hermana que era para mí motivo de tantas luchas, sino que trataba de hacerle todos los favores posibles, y cuando tenía la tentación de responderle de manera desagradable, me contentaba con hacerle la más amable de las sonrisas y trataba de cambiar la conversación […] Como ella ignoraba totalmente mis sentimientos, jamás sospechó los motivos de mi proceder y sigue convencida de que su carácter me resultaba agradable. Cierto día, en el recreo, me dijo toda convencida estas palabras: ‘¿Podría decirme Sor Teresa del Niño Jesús, qué es lo que tanto le atrae en mí? Cada vez que me mira la veo sonreír’ ¡Ah! Lo que me atraía era Jesús escondido en el fondo de su alma”.
- Oscuridad de la fe. Para terminar, reseñaré algunos datos de la santa sobre sus tentaciones contra la fe. En algún sitió leí estás palabras suyas a las puertas de la muerte: “Cuando yo entré en el convento, entre Dios y yo había un velo. Ahora, a punto de morir, entre Dios y yo hay un muro, pero sé que detrás de ese muro está El”. En efecto, en gran parte de su vida religiosa ella padeció fuertes y constantes tentaciones contra fe. Se sintió humillada e impotente por ello. Constató que hasta su fe dependía de un hilito, de la misericordia y bondad de Dios. Así, en unos días “gozaba de una fe tan viva, tan clara, que el pensamiento del cielo constituía toda mi dicha. No podía creer que hubiera impíos que carecieran de fe. [Poco más tarde Jesús] permitió que mi alma fue invadida por las más espesas tinieblas y que el pensamiento del cielo, tan dulce para mí, no me sea más que un motivo de combate y de tormento”. En aquellos momentos comprendió Sta. Teresita a los ateos. Se acercó espiritualmente a ellos y se sentó a su mesa para comer junto con ellos el pan de la amargura y rezar a una con ellos la oración del publicano. “Señor, ten misericordia de nosotros porque somos pecadores”.
En otra ocasión escribió a la superiora: “No vaya a creer que nado en las consolaciones. ¡Oh, no!, mi consolación consiste en no tener ninguna en esta tierra. Sin dejarse ver, sin dejar oír su voz, Jesús me instruye en lo secreto, no por medio de los libros, pues no entiendo lo que leo”. Por ello, continuamente Sta. Teresita debía de hacer actos de fe. Sin embargo, en medio de estas oscuridades, Sta. Teresita se sentía amada, en la pura fe, por Dios y desde la fe oraba así: “¡Oh, Jesús mío! Creo que no podéis colmar a un alma de más amor del que habéis colmado a la mía”.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Dos homilías maravillosas. Esta figura de Sta. Teresita del Niño Jesús, me ha conmovido, cuando sus restos se veneraron en España, hace muy pocos años, yo tuve la suerte de acompañarlos un ratito en Palencia. En sus escritos yo interpreto que amaba la vida de forma especial y total, era la viva imagen del abandono en la Misericordia Divina, me parece precioso cuando compara a todos los seres humanos con las diferentes flores que pueblan la tierra, rosas y violetas, y cómo explica que el Señor se regocija con todos, porque son su obra querida. Era un gran observadora de este regalo extraordinario que Dios nos hace de la naturaleza, y de ella sacaba muchas ideas para su camino espiritual. Muy al final de sus días ( traduzco de mi libro francés " Sainte Thérèse de l´Enfant Jésus " ) decía..., después de mi muerte haré caer una lluvia de rosas..., siento que mi misión va a comenzar, mi misión de hacer amar al buen Dios, como yo lo amo. " QUIERO PASAR MI CIELO, HACIENDO EL BIEN SOBRE LA TIERRA ".
Le gustaba cubrir su Crucifijo con pétalos de rosas. Se fue en septiembre, en el aniversario de su profesión religiosa, un petirrojo entró en la enfermería y se posó sobre su cama, era un regalo para ella que tanto amaba la voluntad del Señor y la maravillosa obra de su Creación, el Señor decidió seguir enviándole más " regalos " a esta niña querida, y el día de su muerte, una tórtola se quedó en su ventana..., para ella, comenzó en ese momento la primavera sin fin...
Estoy de acuerdo con D. Andrés, es una vida preciosa la de esta Santa, transmite una espiritualidad
fresca, llena de mansedumbre, humilde, y combativa a la vez, es un canto permanente de una juventud regalada al Buen Dios, como a ella le gustaba llamarle.
Leyendo estas Homilías, encuentro que no llego ni siquiera a ser una violeta, pues me parece una flor preciosa, a lo más llegaré a ser un cardo, y aun así, confío en que a la Misericordia Divina, también le puedan agradar los cardos, ya que de vez en cuando, dan alguna inflorescencia, aunque muy lejos de los colores contundentes de las violetas.
Me gusta mucho saber cosas sobre la vida de los Santos, cuando era niña, mis padres me regalaban muchas veces estas historias tan bellas, un poco noveladas, para que no sufriera con los finales casi siempre dramáticos.
Gracias D. Andrés por toda la belleza y enseñanzas que me transmite en sus escritos, y cómo me sirven para serenar mi espíritu.
Mi oración y admiración para los hermanos del blog, y para David, porque él y todos Ustedes, son unas espléndidas rosas en este jardín de la vida, y están mucho más cerca del Señor, que lo estoy yo.
Un abrazo para todos.

Anónimo dijo...

...es por todo ello, que mi Señor me educa de forma que prime sobre todo: la humildad, la sencillez y la ingenuidad "aparentemente infantil";la prepotencia y la pedantería, le sobran a El.
Maravillosa Sta. Teresita de Lisieux, maravilloso"Historia de un alma", y maravillosas homilías las de estos dos días.
Yo, como la primera comentarista (intuyo que es mujer)también soy un cardo, pero confío en la infinita misericordia de Dios.
Gracias a mi Padre,a Sta. Teresita y a mi padre espiritual D. Andrés,(el me recomendó el libro al principio de mi dirección)
Un fuerte abrazo para todos.

Anónimo dijo...

La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que El quiere que seamos…”

Estimado D. Andrés y demás hermanos:

Esta historia que voy a contar es verídica y esta escrita por Dios, con las manos de este pobre pecador.

Esta semana visité a mi amigo Don X, mi confesor y director espiritual. Lleva 14 años en un destino, al que se prestó como voluntario, ya que ningún otro sacerdote quería ir enviado, es un trabajo solitario, de estar siempre impartiendo el mismo sacramento. Nada más entrar le saludé y el me tendió su mano yo le hablaba y él sin decirme palabra, me señaló con insistencia el cartel en la pared de su nuevo nombramiento,que había que unirlo al que ya ejercía, estando los dos relacionados directamente.

A los 10 años ya le había correspondido un cambio de destino, pero su superior no se atrevía a decirle nada, por miedo a que ningún otro cura quisiera aquella misión, al final y con 14 años en su puesto, le llamó su superio. Este quedó impresionado hace un unos meses con su claridad de ideas y resolución, le había dicho "pídeme lo que quieras", de forma insistente y Don X le respondía siempre igual "yo estoy a su disposición para lo que Vd. ordene". Sabía que le correspondía un cambio y que estaba en su derecho de pedirlo.

Durante estos años yo he sido testigo de la añoranzas de este sacerdote, había trabajado como un "negro" como coadjutor en su parroquia con niños y jóvenes, y todos le adoraban ciegamente, eran su debilidad. ¿Cuantas veces había salido en medio de la noche a buscar a uno de sus chicos que le necesitaba? Me contaba que había noches que dormía vestido con los zapatos puestos, preparado por si tenía que prestar ayuda a alguno de ellos. Y el día igual, acaba agotado.

Cuando se acercaban los 10 años en aquel destino la duda le acechaba, siempre impartiendo aquel sacramento, pues aunque no lo fuera en sí, así se le podría considerar (perdonadme si no soy más explicito pero debo preservar el anonimato), sus niños sus jóvenes aunque fuera en otra parroquia, otra vez era posible ¡Que tentación! Y es que Don X se había puesto en las manos de Dios, él haría siempre su voluntad y si el Señor deseaba que siguiera en aquel sitio, ahí fielmente seguiría, porque además nigún otro de su comapañeros tomaría el relevo, quedando aquel destino sin la más que imprescindible presencia religiosa.

En mis charlas con Don X, había sufrido diversas visicitudes y accidentes de los cuales milagrosamente había salido siempre ileso, cuando lo normal es que hubiera perdido la vida. Humildemente le decía "por alguna causa determinada Dios le quiere aquí" y no es que él no lo supiera, pero tantas veces necesitamos que otra persona nos repita lo que ya sabemos, para aumentar nuestra confianza.

14 años de soledad de dificultades de tristeza, así que se había entrevistado con su superior adiós a su pasión, los niños, los jóvenes, "hágase tu voluntad" definitivamente y todo parecía haber cambiado, en los últimos años le había encontrado más animado, Don X había tomado su cruz hasta las últimas consecuencias y cuanto más decidido estaba a no soltaría nunca, más brillaba su mirada, más feliz era.

Y allí estaba señalándome con el dedo su nueva misión, más de lo mismo, pero había una sonrisa en su cara y asombrado me decía: ahora puedo hablar con más personas y hasta con jóvenes, su pasión y la gente le adora y puede sentir su amor como un abrazo. 14 años de hechos extraordinarios de ver la mano de Dios en la vida de este cura de los cuales doy fe y no puedo contar y ahora Don X sabe con total certeza, que todos aquellos años de buscar la respuesta de Dios, pasaba por hacer su Santa Voluntad. Los caminos allanados y no caminos solamente, sino montañas aplastadas como si de una pisonadora imparable se tratara de una forma sorprendente, pues son tantos los hechos que le han sucedido en este tiempo y todos encaminados a esta respuesta. Aún le veo señalando inflexible y admirado la contestación en aquel cuadrito, que Dios en forma de nombramiento le había preparado.

Publicado para la mayor gloria de Dios. Es su historia, una de tantas que El nos cuenta, por medio de los que esperan ser merecedores de ser llamados sus hijos.

¡BENDITO SEA DIOS!

La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que El quiere que seamos…”

Anónimo dijo...

Muchas gracias por las homilias...recordar la vida de santa teresita me emociona mucho y me da muchos animos a la hora de orar,conocer y amar a Dios.

Gracias, Dios mio por la vida de esta santa

Anónimo dijo...

Querido Andres,

Me alegra mucho oir tu voz clara y fuerte.

Ciertamente la Homilia es canela fina. Hoy sí que el Señor te cogió de la mano y te dictó todo lo que predicaste porque has dado en el clavo. No se cuantos comentarios habrá en este blog, pero de seguro que nos hemos sentido identificados unos cuantos y en varios parrafos.

Que Dios te siga bendiciendo y seas el hilo conductor.

Un abrazo a tod@s.

Anónimo dijo...

Santa Teresita es mi santa preferida, leo todos los libros que encuentro sobre su vida y espiritualidad. Creo que debajo de esa apariencia había una mujer con mucho carácter pero ante Dios es una niña inocente. He aprendido mucho de ella y me alegra que el Papa actual haya valorado la labor de sus padres. Gracias Andrés por recordarnos el legado de Santa Teresita de Lisieux.

Anónimo dijo...

La verdad es que tras haber escuchado y leído estas bellas homilías, no puedo permanecer callada. Historia de un alma, fué el primer libro que me recomendó mi director espiritual, hace ya varios años. Hoy me complace el recordar la vida de esta joven, enamorada de Jesús desde su mas tierna infancia. Lo cierto es que a mi me conmuevesu forma de amar.
Es cierto que su forma de hablar, es un tanto melosa e infantil, pero
no es menos cierto que, yo me veo muy identificada con ella, en muchas ocasiones hasta en mi ñoñería. La cosa es que cuando en tantas ocasiones ha venido y viene a mi el deseo de ser santa, como ella veo que en mi vida hay una diferencia abismal, comparada con la de los santos famosos: S. Agustin, S.Juan de la Cruz, StªTeresa, y tantos otros que han
dejado una huella imborrable y ejemplar de sun paso por la vida, y de su entrega total al Señor. Aquí aparecen, las rosas, las azucenas, etc. Para mi resultaba novedoso el observar que Stª Teresita, aparentemente, había llevado una vida de lo mas normal. Pero si observo, que desde
siempre ha tenido un gran amor e intimidad con Jesús, a quién ella
confiese amaba profundamente.
Ella amaba a Cristo desde la sencillez de su vida cotidiana, y
aceptando su voluntad, ser lo que Él quiere que seamos. Esto ya es
algo muy grande, pués para mi representa negarme a mi misma a mis
gustos y deseos, y aceptar como bueno todo lo que Dios quiere para mi.
Todo esto a priori a mi me pareció mas factible; una mujer que llegó a
la santidad, en la sencillez de una vida normal, y poniendo mucho amor en todo lo que hacía. Creo que la clave para mi, es dejar de pensar en mi para pensar en los demás, y hacer todo lo posible para que los que viven cerca de mi, sean felices. Pedirle cada dia a mi Dios que me conceda ese don maravilloso de la humildad, negarme a mi misma, para que Jesús pueda ser el dueño de mi corazón.
A mi me consuela muchísimo el ver que todos los santos, incluída Stª
teresita,han tenido grandes tentaciones contra la fé, hasta el punto de pensar que todo esto es una tontería, y que estás perdiendo el tiempo; esto es a la vez una esperiencia personal, lo cierto es que te "desesperas" porque lo que antes veías con toda nitidez, y te daba alas para seguir adelante, de pronto aparece obscuro, no ves nada, y
caminas a ciegas; si sigues a delante es por pura misericordia de
Dios, y recordando todo lo que has vivido anteriormente. Francamente
esto es terrorífico. Mas aunque yo no lo vea, el Señor está conmigo
como un héroe valeroso.
TAmbién me ha dado muchos quebraderos de cabeza el pensar que tenía que realizar grandes cosas, gracias a Dios he llegado a la conclusión, de que mi misión está en mi vida cotidiana, en medio de mi familia, de mis hijos y nietos, pensar en ellos, y poder con mi forma de vivir
presentarles el amor de Dios.
El Señor me ha concedido experimentar muchas cosas estupendas, es posible amar al enemigo, compartir con los demás, mortificarte etc. pero sobre todo el gusto por la oración, la intimidad con el Señor, porque opino que sin esto, todo lo demás no es posible.
Hoy estoy contenta pués recuerdo la fiesta que celebramos ayer, y por la misericordia de Dios aspiro a formar parte de ese jardín en el que El Señor se recrea; sin duda no pasaré de ser una sencilla margarita; pero yo recuerdo cuando mis hijas eran pequeñas, silíamos al campo, cuando había margaritas, ellas hacian un ramillete que luego me ofrecían con una tierna sonrisa: para ti mamá. La verdad aquel gesto resultaba tan entrañable, que lo que menos importaba era el tipo de flor que me ofrecían, sinó el amor con que lo hacían.
Hoy visitaba el cementerio en compañía de mis hijas, allí se encuentra mi esposo y su padre; estando allí surgió el comentario: que grande es esto; respuesta que salió sin pensar: Os imaginais la cantidad de santos que estarán aquí? La verdad fué algo fantástico, porque luego nuestra conversación siguió por caminos de transcendencia, y nos animaba enormemente. Fue para mi un regalo del cielo, que me produjo tremenda alegria.
Perdonad el que me alargue tanto, pero es que el hablar de Dios, no tiene fin.
Andrés, que Dios te bendiga, porque mucho nos ayudan tus reflexiones, y tus sacrificios y entrega.
Hermanos en Cristo, gracias a todos. Un abrazo
BENDITO SEA DIOS. Chony

Anónimo dijo...

Hoy en la Tele vi un documental de Arabia en que mostraban como las mujeres tejen las alfombras. Bellas por sus dibujos y coloridos y por las largas horas que dedican las mujeres en elaborarlas.
¿Y a qué viene este cuento? Con las homilías del día de los santos y de los difuntos en que Andrés nos presenta un tapete de la vida de Santa Teresita he disfrutado más que con los de las mujeres de Arabia. Estos días estoy leyendo “Las manos vacías” (Mensaje de Teresa de Lisieux). Efectivamente como nos dices Andrés su vida toda se movió por EL AMOR a Dios, pero experimentado en el día a día con sus hermanas de comunidad, con las dificultades propias de la convivencia. Su mensaje me motiva a trabajar por vivir el Amor y a vivir desde la fe, aunque muchas veces no entienda o no sienta que el SEÑOR ESTÁ AHÍ MUY PRESENTE MIENTRAS ORO.
En el mundo en que vivimos hay muchas situaciones de falta de amor, pero también encuentro personas maravillosas que me invitan con su testimonio de vida a vivir el amor.
Os quiero compartir una experiencia que tuve la semana pasada:
Mi congregación hizo un ratillo para ayudar un poco a las muchas necesidades de los niños y familias de nuestras misiones y entre las personas que nos visitaron se presentó un Señor que nos contó que un sobrino suyo buscaba adoptar un bebé, pero por la edad de su esposa no se lo daban, al cabo de un tiempo de hacer papeles y solicitar un niño, le respondieron que le daban un bebé de 5 meses pero... que debía recibir a sus dos hermanitos de 7 y 9 años. Esta pareja de esposos aceptaron adoptar a estos tres niños y a pesar de las dificultades y todo lo que ha supuesto para ellos esta responsabilidad están encantados de dar AMOR a estos tres niños que quedaron huérfanos de padre y padre y el mayor de ellos quedó con el bebé en sus brazos por las calles ambulando hasta que la congregación de la Madre Teresa lo recogió para uno de sus hogares y de allí se los dieron a esta familia.
El Señor que me contaba esto que os comparto se emocionaba hablando y diciendo que su sobrino, él y toda la familia ha recibido más de esos niños que lo que ellos le han dado. El mayor resultó con un problema de tuberculina y al llevarlo al médico le dijo a sus padres adoptivos: “Sé que os estoy dando muchos problemas, pero cuando sea mayor os lo pagaré” y decía el Señor es un niño súper cariñoso, inteligente y bueno.
Bueno perdonar por lo que me he extendido. Termino pidiendo a nuestro Buen Padre Dios para vosotros y para mi la gracia de responder a tanto amor como recibimos de Él y que como Santa Teresita no seamos “Tacaños” cuando él nos pida algo, porque yo lo soy muchas veces.
Andrés gracias por animarnos a la santidad desde la vida sencilla de Santa Teresita.
Mi recuerdo y abrazo para todos los de “La comunidad de las once” y para los del Blog.
Cristina

Anónimo dijo...

Gracias por las dos fantasticas homilías sobre Sta. Teresa de Lisieux.
Estoy terminando el libro que recomiendas sobre su vida, y gracias a tus reflexiones le estoy sacando mucho mas provecho, enfocandolo sobre mi vida. Gracias a Dios, una vez mas, me doy cuenta de lo egoista que soy, y el ejemplo de Sta. Teresita me pone en camino de luchar contra mi pecado.
Saludos para todos.

Anónimo dijo...

Esta homilía, vuestros preciosos comentarios -muy valientes algunos- aparte de cuántas vivencias me ha hecho experimentar esta santa durante estos dias desde su espiritualidad, tan bien tratada por el P. Andrés,me ha hecho pensar que deberíamos adoptarla como patrona de nuestro querido Blog de la Comunidad de las once.Casi me atrevo a asegurar que a D. Andrés la idea le iba a parecer bien.
Tantas veces entré en la Historia de un alma, y¡¡cosas de Dios!! nunca tantas cosas me vinieron en la oración -por la intercesion de Sta. Teresita- que sin darme cuenta al vivirlas, luego fui consciente de que su ejemplo me había calado, llenándome de un gozo inmenso, pues allí percibí la acción de Dios. Ese ascensor -aunque a mi, por mis años, me cueste más subir los peldaños, que a esta joven religiosa; el ejemplo del amor fraterno hacia la Hermana de su comunidad,¡¡qué tan querida se sentía!! El vivir en FE, tantos y tan hermosos deseos como el Señor ha puesto en mi corazón y que un día se cumplirán, me han hecho abrir nuevamente estas páginas de su vida y darle gracias a Dios por sus santos, que parece que ha puesto a nuestro servicio para llegara Él.
Gracias por vuestros comentarios, que a través del Blog,me hacen percibir la presencia de Dios en nuestras vidas y ello me llena de espernza.
un abrazo, Pepitina