viernes, 3 de octubre de 2008

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario (A)

5-10-08 DOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO (A)
Is. 5, 1-7; Slm. 79; Flp. 4, 6-9; Mt. 21, 33-43

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Queridos hermanos:
El trabajo en el campo, y en este caso el trabajo en las viñas era algo muy común en los tiempos de Jesús y entre las gentes a las que él hablaba. Por eso, Jesús para hablarles de Dios utilizaba parábolas en las que la siembra y las viñas estaban muy presentes. De este modo las gentes podían entender mejor a Jesús.
Ya adentrándonos en las lecturas de hoy podemos decir que nosotros mismos somos las viñas de Dios. El profeta Isaías tiene experiencia del amor que Dios nos tiene a cada uno de nosotros y lo escribe en una imagen poética muy bella: “Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña: Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar.” Así nos ha tratado y trata Dios a todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo hemos respondido en tantas ocasiones y cómo respondemos a este amor de Dios? También nos lo dice Isaías: “esperó que (la viña) diese uvas, pero dio agrazones”, es decir, frutos amargos, que no sirven para nada. El jueves hablé con el párroco de Cudillero y me preguntaba él qué debía hacer, pues una persona le había pedido “borrarse” de la Iglesia Católica y este sacerdote no sabía cómo actuar. Hace poco comentaba D. Carlos, nuestro Arzobispo, que pide cada poco a la curia diocesana que se le pase una lista actualizada, con nombres y apellidos, de todos los que piden “borrarse” de la Iglesia Católica, de todos los que apostatan. Esa lista la pone D. Carlos sobre el altar de la capilla de su casa para orar por todos y cada uno de ellos, pues cada nombre es como una puñalada en su corazón de pastor y de padre.
Nos cuenta Jesús en el evangelio que Dios ha enviado a sus profetas e incluso a su propio Hijo para que los hombres diésemos frutos de verdad y de santidad, y no agrazones. ¿Cómo hemos reaccionado ante estos mensajeros de Dios? Pienso que principalmente hay cuatro formas de reaccionar:
El primer modo es la agresión. Así se nos dice en el evangelio: “Agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo […] Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.” Cada vez que alguien se mofa de la Palabra de Dios, o de los Sacramentos, o de la Iglesia, o de los cristianos… se está cumpliendo este evangelio. El miércoles pasado vi por Televisión Popular, la cadena televisiva de la Iglesia, cómo en la India se quemaban iglesias católicas, se apaleaban a cristianos y sacerdotes, se destrozaban a palos las imágenes de Cristo crucificado o de la Virgen María… También así se está cumpliendo ese evangelio.
El segundo modo es la indiferencia. Lo que dice la Palabra de Dios o la Iglesia no interesa en manera alguna. Se “pasa” de ello. No interesa la catequesis, el recibir los Sacramentos, la resurrección, la oración… No nos es útil. Recuerdo que hace unos años le preguntaron a un deportista muy famoso en España y en el mundo si era creyente, a lo que respondió que no, que no necesitaba a Dios para nada. Era joven, era famoso, era rico, era el primero en su especialidad en el mundo… ¿Para qué quería a Dios entonces? PARA NADA.
El tercer modo es la pereza. Y para explicar esto me voy a servir de una poesía de Lope de Vega, un escritor que llevó una vida disoluta y hacia el final de su existencia se ordenó sacerdote católico. Dice así la poesía en la cual relata cómo respondió él ante los mensajes que Dios le fue enviando a lo largo de su vida:
"¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
'Alma, asómate a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía'!
¡Y cuántas, hermosura soberana:
'Mañana le abriremos', respondía,
para lo mismo responder mañana!"
Con frecuencia así reaccionamos también nosotros y posponemos día tras día el abrirnos de todo y para siempre a las palabras y requerimientos de amor de nuestro Dios.
Finalmente, el cuarto modo consiste en la respuesta positiva a las llamadas de Dios. Y a esto os invito al inicio de este curso. Dios nos ama y nos ha cuidado desde antes de nuestro nacimiento. No podemos matar a los mensajeros de Dios o permanecer indiferentes o en la desidia y pereza ante sus palabras. Cada uno debe pensar cómo responder a la llamada de Dios. Yo os propongo una cosa concreta para este curso en esta Archidiócesis de Oviedo:
* Al final de 2009 se va a celebrar un Sínodo Diocesano en nuestra Iglesia diocesana. Nuestro Arzobispo nos llama en este curso 2008-2009 a participar en los grupos sinodales, es decir, en “grupos de oración, reflexión y trabajo acerca de los documentos que sobre los temas del Sínodo se enviarán con el fin de hacer propuestas para preparar la Asamblea Sinodal.”
* Los temas que se van a tratar en el Sínodo son: 1) Matrimonio y familia; 2) la iniciación cristiana de los niños; 3) los jóvenes; 4) el ejercicio de la caridad (para con los más necesitados); 5) la Iglesia y su relación con la sociedad y la cultura. Vamos a trabajar sobre estos cinco temas en las reuniones de los grupos.
* Los grupos sinodales estarán formados por un número no inferior a 8 personas ni superior a 12. Se reunirán cada 15 días, o sea, 2 veces al mes. Lo haremos en la parroquia de S. Tirso el Real, que nos deja gustosamente sus locales. Se nos van a proporcionar unos documentos sobre los cinco temas arriba mencionados con algunas preguntas para hacer propuestas operativas y que no se quede en mera palabrería. Se va a poder hablar libremente y a hacer propuestas libremente buscando a) el bien de la Iglesia, b) de nuestra sociedad y c) el anuncio de Cristo encarnado, muerto y resucitado por todos nosotros en esta época y lugar que vivimos.
* Pienso que la participación en estos grupos es una buena forma de que nuestra viña dé sus frutos, no sea que el Señor Jesús nos diga al final de nuestros días, como dijo a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo de Israel: “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.”
* Pienso también que otras personas podrán atender la llamada de Dios de otros modos y ¡seguro que lo harán!, pero lo que no podemos hacer es quedarnos con los brazos cruzados.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Curiosamente estamos en el tiempo de la vendimia, es decir, la recolección de la uva, madura y lista para la mesa y para hacer el buen vino. Esta semblanza, la comparo en cierto modo con mi vida, y me pregunto, si efectivamente yo estoy en disposición de ser ese fruto maduro y cuajado que el Señor espera de mí, si la vid que El sembró y cuidó con esmero, está dando la mejor cosecha, o si por el contrario, solo encuentra frutos amargos que no le sirven para nada.
El esfuerzo es grande, y los tropezones más en mi caso, pero una y otra vez intento prestar atención a la llamada del Pastor.
Soy de los que opina que necesitamos muchos obreros en la viña, pero cualificados, con verdadera vocación evangelizadora, y ahí hay que ser muy meticulosos desde nuestra Diócesis y desde cualquier otra, porque noto en algunas ocasiones con dolor, que falta motivación, interés, las Eucaristías son " apresuradas ",y existen problemas puntuales bastante serios, que muchas veces no entiendo muy bien cómo no se resuelven con prontitud, para evitar resultados o posturas adversas. Me llama mucho la atención que cuando " salta " algún hecho cuestionable de la Iglesia en los medios, es cuando ésta actúa, creo que esta postura equívoca, basada en la caridad no bien entendida y la apatía, debería corregirse, y evitar los estados de opinión controvertidos, que tanto nos perjudican. Así que yo me inclino por una formación desde el Seminario muy cuidadosa en todos los sentidos, el propio Ministerio Sacerdotal, la actitud ante una Sociedad con muchos problemas, y fundamentalmente el ejercicio de la caridad y de la austeridad, como medios principales para " llegar " a aquéllos que más los necesitan, y como testimonio de Iglesia a los que tienen dudas o simplemente " pasan " del tema, pues me siguen pareciendo un camino espléndido para " tocar " los corazones endurecidos.
La llamada del Señor nos llega de muchas formas, la cuestión es estar presto para acudir, pero la mediación de un Pastor, que me guíe y que me cuide espiritualmente es fundamental para comprender en muchas ocasiones los designios del Señor, por eso espero con mucho interés los trabajos del Sínodo y sus conclusiones, y por supuesto, que colaboraré en los grupos de trabajo que nos propone D. Andrés, si lo estima conveniente.

No quiero finalizar sin manifestar que las enseñanzas de D. Andrés y su catequesis permanente, que me parece modélica, con contenidos profundos para meditar, son fundamentales para mí, y las sigo con entusiasmo y esperanza, aunque estémos en tiempos de oscuridad, un ejemplo lacerante está en la India, y en otros muchos lugares dónde la Iglesia es maltratada y perseguida.
Que el Espíritu Santo ilumine a los grupos sinodales, para mejorar la Iglesia asturiana en aquellos aspectos que lo necesite, y que esa luz llegue a todos nuestros Pastores, para que el rebaño, permanezca en el redil de la fe, y las apostasías dejen de ser esa espina que lastima los corazones de todos los cristianos.
Gracias D. Andrés por esta maravillosa homilía y la información sobre el Sínodo.
Un abrazo a los Hermanos del Blog.

Pepitina dijo...

¿De donde puede salir una catequesis tan completa y eficaz como ésta y las que normalmente recibimos en el Blog?
Pues, de la Palabra de Dios, esa Palabra que es VIVA y EFICAZ Y toca nuestra vida juntamente con la del P. Andrés,quien nos ayuda a digerirla mejor y hacerla formar parte de nuestro día a día. Desde la pregunta que nos diriges Pater:¿Cómo hemos reaccionado ante estos mensajeros de Dios? Yo me fijo hoy en ese mensajero cercano,vivo y real que es Dios mismo que en Su Hijo se nos hace Palabra Viva y Eficaz,para entrar en lo mas íntimo de nuestro ser, mente y corazón. Este mes se celebra en Roma un Sínodo de Obispos con el tema de:La Palabra en la vida y misión de la Iglesia y esto debería decirnos algo. Si ocupa un Sínodo, ¡qué impportancia hemos de darle a esa Palabra, que leemos a veces desde la rutina de ese "ya lo sé, ya la conozco" y también desde la indiferencia, que entorpece tanto nuestro crecimiento en la fe.Nos recuerda el evangelio de hoy:
--Y Jesús les dice:
-«¿No habéis leído nunca en la Escritura...?"-- y es que no sólo el que se mofa-creo yo- sino aquel que no considera la Palabra de Dios, como mensajero clave de su vida tratándola superficialmente, podrá dar fruto que no sea amargo.
Y qué lecturas tan preciosas las de hoy: ese Isaías qué bien nos trasmite ese trabajo profundo y tierno que Dios va haciendo en cada uno de nosotros y que espera nuestra respuesta.
Me sorprendió el que Lope de Vega se hubiese ordenado sacerdote, no lo sabía; Muchas veces a llegado a mis manos esta poesí suya y siempre me ha dado gran luz en ese momento de mi vida. ¡¡de cuántos mensajes se vale Dios para cantarnos, recitarnos y decirnos Su Amor.
Hoy he puesto una lista (en el sitio donde suelo hacer oración),- me ha emocionado el detalle de D.Carlos-con los nombres de aquellos que son "agrazones" para mi y otra en la que están aquellos para quienes yo pueda ser "fruto amargo". Ambas listas han salido con una fluidez que me ha sorprendido. Dios se vale de todo, hasta de la lista de D. Carlos.
Gracias a todos, amigos.

Anónimo dijo...

Me han parecido francamente hermosas y reveladoras, las palabras que se han proclamado en el día de hoy. Veo con cuanta ternura el profeta Isaías, nos narra el amor con que Dios nos trata, la delicadeza y paciencia que derrocha con cada uno de
nosotros. Yo con rubor, he de confesar la infinidad de veces en que el Señor los frutos que ha recogido, son agrazones, que no valen para nada. Pero también veo que a pesar de todo el Señor no se cansa, de descantar, entrecabar y cuidar esta viña, su paciencia es ilimitada. La verdad me veo perfectamente reflejada en esa preciosa poesía de Lope de Vega. Porque reconozco que soy muy perezosa, me propongo hacer
algo, y al final pienso: puedo hacerlo mañana. Y de esta forma nunca llega el momento. Con cuanto cariño y delicadeza lo expresa el autor. Yo cuando ayer leía tan bonita homilía, que me pone delante la realidad que está viviendo la iglesia, sentía dentro como un fuego, una fuerza, que me empujaba a ser testigo activo de Cristo y de su iglesia. Es cierto que atravesamos momentos difíciles, persecuciones, burlas, ataques, desprecio, etc. etc. Yo pensaba porque el Señor permite esto, y lo que me venía a la cabeza era; es necesario, es
necesario que los cristianos despertemos del sueño, dejemos de
acomodarnos, y seamos conscientes de que hay que ponerse a trabajar
fuertemente. Porque somos muy dados a creer que son los demás,
especialmente los obispos y los curas, los que tienen que sacarnos las castañas del fuego; parece que aún hay mucha gente que no es
consciente de que desde el momento del bautismo, pasa a formar parte
de la iglesia, es decir es IGLESIA,y tiene una gran responsabilidad dentro de ella; no se puede pedir, lo que no se está dispuesto a dar. Ciertamente la iglesia y Jesús, siempre han tenido persecuciones, pero nunca han sido vencidos, porque además de que el E. S. se preocupa de
esto, han existido miles de personas que han dado su vida existencial y física, porque el mensaje de Jesús, siga vivo y se transmita de generación, en generación. Pués bién hermanos, ahora nos ha llegado el momento de ponernos manos a la obra; TODOS tenemos que arrimar el hombro, en la medida de nuestras posibilidades, porque somos muy dados a pensar: ¿qué puedo hacer yo? no valgo, no tengo tiempo, me siento cansada, esto tienen que resolverlo los obispos, etc. Repito TODOS podemos hacer algo, y es muy importante que YA lo pensemos y lo pongamos en práctica.
Recordad lo que dice Jesús en el evangelio: Aquel que dé la cara por
mí, yo la daré por él ante mi Padre. El Señor dá el ciento por uno. Para esto es indispensable leer la palabra de Dios, porque Él habla muy claro, y además el meditarla, orarla, y en el silencio poder escuchar que es lo que Dios nos pide exactamente.
Perdonar que os diga estas cosas, pero es mi esperiencia personal, y de otros.
Que el E. S. nos ilumine a todos, para que con este sínodo, se abra
una nueva luz, en la iglesia de Asturias.
Saludos hermanos.
Mil gracias Andrés.
BENDITO SEA DIOS

David rico dijo...

Hola muy buenas:

Antes de nada decir que la homilía me ha parecido excepcional.
Es la primera vez que me atrevo a escribir unas palabras, llevo viendo este blog desde hace tiempo pero nunca me he atrevido. Hoy quizás sea el día para hacerlo, porque me he sentido muy identificado con la indiferencia profesada a los mensajeros de Dios.
Hasta hace muy poco yo no conocía a Dios, no sabia que era la Iglesia, vamos era como el famoso que no necesitaba a dios para nada. Pero ahora, gracias a una persona maravillosa, empiezo a descubrir la importancia que tiene Dios y la Iglesia. Cada vez que rezo los laúdes por la mañana, cada vez que entro en una iglesia a orar o cada vez que me confieso, es como si se me recargasen las pilas, es una sensación que nunca antes había sentido. Espero nunca volver a ser como el famoso, porque yo...si que necesito a Dios.

Muchas gracias por el blog.

Anónimo dijo...

De las tres maneras he respondido a las palabras del Señor a lo largo de mi vida e imagino que en lo que me queda volverá a haber las tres respuestas. Pero tengo la seguridad que la infinita misecordia de nuestro Dios sabrá perdonar mis momentos de traición e indiferencia y valorar mis esfuerzos por dar frutos.

Pepitina dijo...

¡¡Bienvenido David!!me encanta escuchar un nombre propio en este querido Blog.Ya estaba a punto de escudarme tras el anónimo, por no dar el cante juntamente a Amy, pues somos las únicas ultimamente que damos nuestro nombre.Tu intervención me anima a seguir como hasta ahora.
Confiamos en que no dejes de compartir con todos testimonios bonitos como este-¡y los que vengan!- con los que tanto bien nos hacemos unos a otros.
Al compartir lo que nuestro Dios va realizando en nosotros, nos unimos al Magnificat de María desde los hermanos.Gracias.
Un abrazo para todos