miércoles, 24 de septiembre de 2008

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario (A)

28-9-08 DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO (A)
Ez. 18, 25-28; Slm. 24; Flp. 2, 1-11; Mt. 21, 28-32

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Queridos hermanos:
La primera lectura y el evangelio de hoy nos hablan de un tema muy importante: la responsabilidad personal y moral que cada uno de nosotros tenemos por nuestros propios actos, palabras u omisiones. Pero, antes de entrar a decir algunas cosas sobre esto, es decir, desde el punto de vista religioso, en relación con Dios, quisiera profundizar en este tema desde un punto de vista estrictamente humano.
- Es muy importante en la vida diaria de todas las personas aprender a asumir las consecuencias de los propios actos, es decir, a ser responsable de lo que decimos, hacemos u omitimos. Es más, pienso que el valor de la responsabilidad es algo tan básico, que debe ser enseñado a los niños, adolescentes y jóvenes como algo primordial.
En la vida ordinaria observo con demasiada frecuencia que los padres, educadores y la sociedad en general suplimos enseguida las deficiencias o errores de los niños, de los adolescentes, de los jóvenes, de los hijos, aunque tengan 40 años, etc. Y esto es muy peligroso, desde mi punto de vista, ya que no dejamos que estas personas maduren ni se hagan responsables de sus propios actos, puesto que pensarán que siempre habrá una persona mayor, o la sociedad, o los políticos, o los vecinos, o los otros, o Dios…, pero nunca ellos mismos, para tapar sus deficiencias o para poder echarles las culpas de todo lo que sucede o de todo lo que ellos pueden hacer, decir u omitir. Pongo algunos ejemplos:
* No entiendo que haya niños o niñas que tengan todo hecho en casa y no tengan ningún tipo de responsabilidad en las tareas del hogar: hacerse su propia cama, recoger el plato o la taza después de comer o de desayunar y ponerlo en el fregadero, hacer algunos recados… Sé que hay padres que les inculcan para que hagan estas cosas, pero los críos, que son muy listos, protestan y los padres, por no oírlos, acaban cediendo y haciéndolo ellos mismos. Con lo cual los niños han aprendido una cosa grave: protesta, que algo conseguirás.
* No entiendo cómo hay niños, adolescentes, o jóvenes que continúen comiendo los que quieren, o divirtiéndose como quieren, o gastando lo que quieren, cuando en su casa se pasa por una estrechez económica, y los padres no les ayudan a compartir y a ser conscientes de dicha escasez. Pienso que la austeridad, el conocer la situación familiar e ir a una todos juntos educa más que todos los sermones juntos que se puedan dar.
* No entiendo que un joven o una joven decida independizarse y vivir solo/a, o con su pareja, o con amigos/as, que tenga su propio sueldo, y que de modo sistemático la madre le tenga que hacer la compra (y pagarlo encima), hacerle la colada con plancha incluida, comprarle los muebles, enseres de la casa y hasta la ropa, y a veces hacerle hasta la limpieza de la casa. Además, con bastante frecuencia tiene que hacerle las gestiones del banco o del ayuntamiento, porque a la madre qué más le da… Creo que lo correcto es que, cuando un hijo decide irse de casa, tiene que hacerlo con todas las consecuencias, asumiendo lo bueno (la independencia, que no le controlen, que no le griten…) y lo malo (que tenga que administrarse y compruebe por sí mismo que el dinero le llega justo a final de mes; que la casa y la ropa esté sucia, porque ya no está mamá para hacer esas cosas; arreglar la lavadora que se estropeó…).
Cuando en 1989 estaba estudiando en Roma, ayudaba en una parroquia de los arrabales en donde el mundo de la droga estaba muy presente entre los jóvenes y, como consecuencia de ello, también en sus familias. Una familia me pidió ayuda y yo consulté el tema con un sacerdote canario que estaba haciendo una experiencia en Roma con Proyecto Hombre, ya que esta iniciativa surgió en la Iglesia italiana. Me decía este sacerdote que un drogadicto sólo se cura cuando él mismo ha tocado fondo. Mientras pueda seguir cayendo, siempre pensará que lo tiene todo controlado e igualmente pensará que saldrá de la droga en cuanto se lo proponga. Además, me decía este sacerdote que a estos drogadictos les hacen mucho daño los padres, familiares y amigos cuando les dan dinero para droga (“para que no roben”) o los sacan con fianza de la cárcel (“porque aquello es muy duro”), etc. Lo único que hacen estos familiares y amigos es retrasar la curación del drogadicto. Deben dejarlo que caiga y caiga por sus propias acciones, deben dejar que asuma todas y cada una de las consecuencias de sus propias acciones, incluso yendo a la cárcel. Así tocará fondo más rápido y podrá pedir ayuda él mismo y no los familiares y amigos, pues esto no sirve para nada, si el propio drogadicto no tiene asumido que quiere curarse.
Como veis tiene todo la misma base: hay que dejar que la gente tome conciencia de su situación y de la situación que lo rodean, en la medida de sus posibilidades y de su edad, y que asuma y se responsabilice de lo suyo, en la medida de sus posibilidades y de su edad. Esta educación la hemos de ejercer con palabras, pero también con hechos. Es lo que llamo yo “el lenguaje de los hechos”. Y aquí voy a poner un caso que me sucedió a mí hace ya mucho tiempo. Es duro lo que contaré y algunos ya me lo habéis oído alguna vez: Cuando yo tenía 17 años (hablo de 1976), veraneaba en León con mi familia. Allí vivía un tío mío, que tenía un taller de chapa y pintura de coches. Una semana en que tenía mucho trabajo nos pidió a mi hermano (16 meses más pequeño que yo), a su hijo mayor, que tenía unos 15 años entonces, y a mí, que le ayudáramos. Así lo hicimos y nos puso a lijar los coches. Tenía que ser a mano; era un trabajo pesado, duro y monótono. Al llegar el domingo comimos en casa de mi tío y a las tres y media fuimos mi hermano, mi primo y yo a dar una vuelta por León capital, que distaba unos 5 km de donde estábamos. Mi tío nos dio para los tres un billete de 500 pts. por el trabajo realizado. Entonces era mucho dinero para nosotros. Yo cogí el dinero por ser el mayor y estar acostumbrado a hacerlo así con mi hermano. Cogimos los tres el autobús y llegamos a León hacia las cuatro. Nada más bajar del autobús mi primo me dijo que quería comer un perrito caliente. Yo le contesté que no, que acabábamos de comer y que no podía tener hambre. El se enfadó conmigo y me dijo que de las 500 pts. una parte era suya y que con ese dinero podía hacer lo que quisiera. Entonces yo, sin mediar más palabras, le compré el perrito caliente con las 500 pts. Dos tercios de este dinero lo guardé para mi hermano y para mí (mi hermano no protestó) y el resto, descontado el coste del perrito caliente, se lo entregué a mi primo, pero le dije: “A las ocho cogemos el autobús para regresar a casa. Mira que te quede dinero, y luego no nos lo pidas a nosotros”. El cogió el dinero y lo gastó enseguida. A las seis ya no le quedaba nada. Mi hermano y yo echamos algunas partidas al futbolín y nos gastamos 25 pts. A las ocho cogíamos el autobús y mi primo nos pidió dinero para el billete. Yo le dije que ya le había avisado y que no le pagaba el billete, pues él tenía que haber reservado algo para el autobús. El se quedó en tierra y tuvo que venir andando durante 5 km. hasta casa. Mi primo había sido enseñado a hacer lo que quisiera; es verdad que los padres le decían cosas, o le reñían, o le pegaban, pero, al final, tapaban siempre las consecuencias de sus actos y “le pagaban siempre el billete de autobús”. Mi primo sabía que podía hacer lo que quería, pues al final, siempre le pagarían “el billete de autobús”.
Pienso que en tantas ocasiones “pagamos el billete de autobús” a los otros y no dejamos que asuman las consecuencias de sus actos, es decir, que caminen 5 km. al atardecer en dirección a casa y en la soledad. Eso les ayudaría tantas veces a reflexionar en su propia carne las consecuencias de sus actos.
- Pues bien también hoy la primera lectura nos enseña en esta misma línea: “‘Comentáis: "No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida.” Dios no manda a nadie al infierno. Dios no castiga a nadie. Son los propios actos de la persona los que lo apartan o alejan de Dios, o los que lo acercan a Dios.
Cuando una persona cultiva y frecuenta la oración, los sacramentos, las lecturas buenas, las obras de caridad y de solidaridad, la paciencia, la humildad, el perdón… esta persona se va acercando a Dios y, como nos dice el profeta, “él mismo salva su vida.” Sin embargo, cuando una persona se aparta de Dios y de sus bienes, vive para sí y piensa sólo en si, o en las cosas materiales, esta persona “muere (interiormente) por la maldad que cometió.” No puede echar la culpa a Dios o a los demás. Las circunstancias nos pueden influir tremendamente para actuar de un modo u otro, pero siempre hay una parcela de libertad y es ahí donde reside nuestra responsabilidad moral antes nuestros propios hechos, buenos o malos.
Que Dios nos conceda practicar el bien y la justicia para salvar nuestra vida.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Otra nueva Homilía de D. Andrés, llena de claves para vivir la vida familiar, la educación de los hijos y de cualquier persona que necesite encontrar su camino, a través del ejercicio de su responsbilidad en la vida, ante su familia y la sociedad.
Tengo la suerte de tener dos hijos, que salvo en alguna ocasión, han aceptado siempre la situación familiar del momento, y han colaborado y colaboran en muchos aspectos de la vida cotidiana, en el aseo de sus habitaciones, la compra, poner en marcha la lavadora, y también la segadora para cuidar el entorno de la casa. Supongo que ha sido últil para ellos ver que tanto sus padres como sus abuelos se repartían las cargas y desde pequeños, les enseñaban a contribuir con pequeñas colaboraciones, que con el tiempo se hicieron muy importantes, tanto que serían mis hijos, los que estuvieron pendientes de sus abuelos, me ayudaron a cuidarlos con esmero, incluso por la proximidad de su colegio con la vivienda, se acercaban en el recreo, para pasear al abuelo, o ayudar a su abuela en ello, mientras nosotros sus padres, estábamos en nuestros trabajos.
Le doy gracias a Dios, porque aunque somos una familia pequeña, hemos podido sobrevivir a muchas dificultades, hoy que ya son chicos grandes, con sus carreras terminadas, y proyectos de futuro concretos, les veo con ternura ante situaciones de otras gentes que sufren, y también noto su solidaridad con los demás, incluso conmigo, que lo hacen " sin que se note ", esa llamada para ver cómo me va el día, el agua y la leche la traigo del súper, pues pesa mucho para mí, ese... esto lo hago yo..., son ayudas que percibo, y que ellos no quiren que me sienta en deuda por eso, pero están ahí. Es justo que lo reconozca y le agradezca a Dios estos regalos.
Estoy de acuerdo con ese planteamiento tremendo de D. Andrés, en que hay que tocar fondo para darse cuenta de los problemas, pero que yo aplico a todas las situaciones de la vida. Entiendo que cuesta mucho responsabilizarse de los actos, y esperar que toda acción tiene una reacción, por lo tanto, las lamentaciones después no sirven de nada.
Hoy dónde algunas familias viven a merced de sus hijos, que los manipulan con la amenaza del me voy..., o no sois buenos padres, y se salen con la suya, que se gastan lo que tienen y lo que no tienen, caminando por la pendiente imparable de la delincuencia, es urgente que los profesores, padres, políticos, sacerdotes, formen desde niños a futuros hombres y mujeres responsables de sus actos, y solidarios con aquéllos menos favorecidos, si lo hacen, tendremos jovenes mucho más felices, mejores estudiantes, comprometidos con las causas sociales, porque estarán cerca del menos afortunado, sensibles, para convivir en sus casas con padres, hermanos y abuelos, y cooperar en el bien de la célula familiar, lo que repercutirá en toda la sociedad.
Tremendos testimonios los que nos cuenta D. Andrés, pero reales como la vida misma y aleccionadores, para que no bajemos la guardia ante los caprichos de nuestros hijos.
Gracias D. Andrés por esta catequesis maravillosa y un abrazo para los hermanos del blog.

Any dijo...

Buenos dias ... al leer esta homilia me senti tan identificada ..pues yo tampoco entiendo a muchos jovenes de hoy .. aunqeu creo que la culpa de su falta de responsabilidad esta dada por la comodidad de los padres .. que hoy en dia son mas amigos que padres ¡¡¡con lo que esa palabra implica ¡¡¡ Limites con amor .. sin limites no hay amor ..pues los hijos que Dios nos ha dado no son nuestros .... son de la vida y el Señor nos los puso a nuestro lado para que los guiaramos .... les enseñaramos lo malo y lo bueno ... para que estemos cuando se caen y cuando se levantan ..para hacerlos hombres de bien ...para que les preparemos para esta vida ... dandole las herramientas no las cosas hechas ...pero lamentablemente en esta epoca creo que muchos padres le temen decir no .. a sus hijos Yo pido a Dios como tu Andres ...
Que Dios nos conceda practicar el bien y la justicia para salvar nuestra vida.y asi entre todos hacer este mundo mejor ...
Que Dios los bendiga amigos ¡¡

Anónimo dijo...

Tengo que dar gracias por esta homilía que nos hace aterrizar a todos sobre nuestra responsabilidad.
Estoy totalmente de acuerdo sobre esa forma de educar a los hijos, para que sepan hacerse responsables de sus actos, y entiendan lo que cuesta ganarse la vida. Y aqui hago un pequeño apartado sobre los padres, pues es fundamental que ambos estén de acuerdo sobre la forma de actuar, y no se quite uno al otro la razón, al menos delante del hijo. Esto para mi es algo importantísimo y fundamental para la educación de los hijos.
Un afectuoso saludo para todos los del blog, y gracias a D. Andrés por sus acertadas reflexiones.

Anónimo dijo...

Estimado D.Andrés y demás hermanos:

Todo esto que vivimos es producto de una sociedad decadente. El no asumir responsabilidades es propio de la España de estos días, y además confundimos la caridad con fomentar la vaguería y una mal entendida solidaridad.

A mi particualrmente relacionado con esto, hay una cuestión que me causan particular estupor y es ver como la inmigración ilegal que está sufriendo nuestro país, se confunde con la pobreza. Hace uno meses me contaron que en el mercado del Fontán, zona donde se suelen instalar inmigrantes que venden bolsos y otros artículos, ilegalmente, un policía cumpliendo con su deber, había cogido a uno de estos vendedores y la gente empezó a increparle, "los pobres pasan hambre en sus países", etc, para a continuación pasar a insultarle para que lo soltara, cosa que al final ante la presión de la gente hizo.

Tengo un amigo que tabajaba con su hermano y una hermana en un pequeño almacén de bolsos, la cosa les empezó a ir mal se vendía muy poco, había que cumplir con el pago a los proveedores, impuestos y el sueldo preceptivo, la competencia de los ilegales les estaba haciendo polvo. Primero la hermana tuvo que dejar de trabajar pues no alcanzaba, después mi amigo y ahora hasta el hermano lo está pasando muy mal.

¿Es justo que por unos inmigrantes ilegales que reunen importantes cantidades de dinero para pagar a las mafias para ser introducidos en nuestro país (los que son verdaderamente pobres no tienen ni para un mendrugo de pan), que no pagan un céntimo de impuestos, tengan los españoles que pasar hambre?

Siento si a algún hermano del blog no le ha gustado mi comentario. Tengo que decir que no soy racista y colaboro con Cáritas, para la ayuda a los pobres en sus países de origen. Porque entiendo que donde hay que ayudarles es allí.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

¿Qué hemos hecho mal? La homilía me hace reflexionar sobre lo que nos propone: la responsabilidad. Creo que es algo que debe de fomentarse desde niño; recuerdo un momento en mi vida a los 12 años. Nunca me gustó coser y aquella tarde tenía que presentar unas “muestras” (estudiaba 2º de bachiller y en la clase de hogar se bordaba), así pues, decidí “pirar” la clase e irme al cine. Temblándome las piernas regresé a casa, sonó el teléfono al cabo de un rato y…rogando que me tragara la tierra, admití ante mis padres que no había ido al colegio. Mi madre me regañaba subiendo de volumen la voz, pero eso no hacía mucha mella en mí. Sin embargo, mi padre, sin levantar la voz me dijo: ¿acaso no quieres estudiar? si es así, dilo, pero si no es así, piensa lo que acabas de hacer porque si se repitiera, después de esta conversación, dejarías automáticamente el colegio y solo tú serías la RESPONSABLE de tu futuro. Ni que decir tiene que jamás se me volvió a ocurrir faltar a clase.
La falta de responsabilidad y la inmadurez de los chicos de ahora, deberían movernos a entonar el mea culpa. Somos los padres, con una educación permisiva hasta el extremo, los que conseguimos que ellos no conozcan lo que significa la palabra compromiso por no querer responsabilizarse de nada: vivir por uno mismo, práctica de religión, vida sentimental y matrimonio…
La falta de fe y de valores, ayudan en esta tarea. Mientras leía la homilía he pensado que un cristiano, en sí mismo, tendría que ser una persona seria, de peso, responsable, pues nuestro Dios, por medio del Evangelio nos educa y forma. Nuestra religión nos educa INTEGRALMENTE, así es Nuestro Señor...Todavía estamos a tiempo como el hijo del Evangelio que primero se niega al trabajo y tras recapacitar acude a la llamada del padre. Los padres jóvenes deben de mirarse en nuestro espejo, y ver los resultados, para educar sin traumas. Los padres no somos amigos de nuestros hijos, somos PADRES, educando con confianza y amor, pero EDUCANDO.
Gracias, esta semana tambien , a D. Andrés que como buen padre y pastor nos recuerda cómo debemos actuar valiéndose de la palabra de Dios.
Un fuerte abrazo a todos los compañeros del blog.

Anónimo dijo...

No dudo que será cierta la afirmación - Dios llama a todos-. Pero también es cierto que a algunos más alto, a algunos se muestra más claro. Y otros tenemos más dificultades para descubrirle. No sólo depende de nuestro deseo, de nuestros actos.

Anónimo dijo...

Impresionante homilía, pués metes de lleno el dedo en la llaga de la
realidad que viven infinidad de familias. Todo esto que nos cuentas es el pan nuestro de cada día, y yo pienso que lo que ocurre, es que no queremos dejar que nuestros hijos o nietos sufran. Sin darnos cuenta, lo que conseguimos con esto es que
el dia de mañana tengan sufrimientos mucho mayores, y cometan herrores irreparables..
Tenemos una idea equivocada de lo que es el verdadero amor a los hijos o nietos. pensamos que consintiendo en todos sus caprichos, van a ser mas felices, y les estamos mostrando una vida irreal, ya que esta,todos lo sabemos, trae consigo muchos problemas, necesidades, sufrimientos; y cuando esto les llegue ¿Que harán? seguramente la
salida "mas fácil" que adoptan algunos, beber, drogarse,
etc.etc.porque son incapaces de hacer frente a los problemas, ya que nadie les enseñó a ello.
También opino, que esta postura la adoptamos posiblemente por dos
razones; una, para que no nos den la lata, porque yo lo hago mejor
etc. otra, porque en el fondo cuando vemos que nuestros hijos "sufren" por no conseguir lo que quieren, o hacer aquello que no les gusta, nosotros también sufrimos, y tratamos de huir del sufrimiento, porque la cruz nos pesa. Cuesta mucho trabajo educar bién, porque supone una lucha constante con los hijos, y tener que escuchar tantas veces que eres una mala madre, que no les quieres, etc. porque ellos saben emplear muy bién sus resortes para conseguir lo que quieren. Supongo que a D. Andrés, no le resultaría nada fácil dejar a su primo
en tierra, pero lo hizo, y quizás fué una estupenda leccion para él.
Cuesta mucho llevarles la contraria, y no ir siempre tras ellos, cubriendo sus deficiencias, sin embargo si realmente les queremos y deseamos lo mejor para ellos, es imprescindible que nos comportemos como hoy nos dice Andrés, con todo el cariño del mundo. Entonces sí prepararemos hombres y mujeres para construir un mundo mejor. Yo no me considero una buena madre, porque tantas veces he caído en esta trampa, mas hoy tengo que dar gracias a Dios, porque con lo poco que yo he puesto de mi parte, lo que han visto en mi familia, y lo que
el Señor ha querido, mis hijas son bastante responsables, y se
preocupan por los demás, por mi.
A mis nietos, trato de hacerles ver la realidad, que compruebo, la
tienen muy distorsionada. De ahí la importancia de la familia, es primordial, la célula de donde
se formará un hombre-mujer integro, comprometido,responsable. ¡Que Dios nos ayude, para poder ayudarles! Andrés, que Dios te bendiga, y muchas gracias por esta reflexión.
BENDITO SEA DIOS.

Pepitina dijo...

Aunque algo tarde mi comentario, no quiero dejar de hacerlo ante la importancia del tema.
¡¡Dificil tarea la de educar! y ¡qué mal lo hemos hecho muchos, por ser blandos con los hijos y con personas de nuestro entorno-que también pueden aprender de nuestras palabras y ejemplos, cuando son coherentes-. Por no enfrentarnos en su momento a educar en responsabilidad,evitándonos líos, voces y repetir una y otra vez, ahora sentimos las consecuencias de tal omisión. No podemos volver atrás pero sí, hacer ver a los nuestros- los hijos por ejemplo- nuestros errores en su educación, porque quizás con la edad "adulta", a ellos les valga, para reflexionar ó bien inculcarlo a sus hijos, cuando les tengan.
Yo sólo tengo uno de los seis casado con dos niños, y he de decir que "aprendió a ser hijo, en el momento en que
ha sido padre"; lo cierto es que ahora ¡cuánto agradece lo recibido y cómo comprende nuestras actitudes en momentos dados! Esto es algo que me hace pensar que no todo lo hemos hecho mal como padres; también es verdad que cuando hablo con los hijos, con esta pareja casada, les planteo los temas que les interesen ó los de convivencia familiar, desde mis aciertos y errores también, pues de todo hemos aprendido nosotros los padres y es escuela para ellos en el futuro.
Recuerdo que en una ocasión uno de mis hijos me dijo angustiado:- Mamá, me has educado en la libertad siempre, por favor déjame equivocarme.- Le dejé y le dije que para reir ó llorar siempre estaríamos allí sus padres. LLoramos juntos, pero de aquello todos aprendimos. Sobretodo recuerdo que por una temporada la parábola del Hijo pródigo me acompañó haciéndose viva en mi, y en mi hogar.
No quiero terminar sin decirle a mi amigo anónimo del día 27 a las 17:49, que no estoy de acuerdo con él; no creo que la falta de medios de algunos españoles, sea culpa de inmigrantes, con necesidades y deseos de trabajar. Como en todas partes, hay buenos y malos entre los emigrantes y españoles y también mafias fuera y dentro de nuestra patria. Aunque no creo que la ilegalidad sea buena para nadie pues produce desorden en un país...¿sabes buén amigo? no cambio mi lugar - en mi patria (ó donde he elegido vivir), con mi cultura, lengua,entorno familiar, recuerdos..-, por el de esos hermanos emigrantes ilegales; y si no me cambio por ellos es porque estoy mucho mejor. Son opiniones distintas, pero no me siento bien si lo omito. Además por tu comentario, esperabas alguna respuesta; seguro que en otros muchos temas estaremos de acuerdo.
un abrazo para todos.