sábado, 11 de octubre de 2008

Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (A)

12-10-08 DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO (A)
Is. 25, 6-10a; Slm. 22; Flp. 4, 12-14.19-20; Mt. 22, 1-14


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Homilía de audio en WAV
Queridos hermanos:
- Hace varios domingos hablaba en la crisis económica en la que estamos inmersos. Me fijaba más en la microeconomía (la de familias y personas concretas) que en la macroeconomía (la de grandes empresas o multinacionales). A medida que pasan los días parece que las cosas se van poniendo peor. Y en medio de esta situación aparecen estas palabras de S. Pablo a los filipenses: “Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta”. A propósito de la Palabra de Dios y de la realidad que nos rodea se me ocurren las siguientes reflexiones:
* ¡Qué fácil se pasa de lo malo a lo bueno! Mas ¡qué difícilmente se pasa de lo bueno a lo malo! En efecto, nos hemos acostumbrado a vivir en la abundancia, en el despilfarro y así se lo hemos enseñado a nuestros pequeños. Y ahora tenemos problemas para amoldarnos a la escasez o a la incertidumbre. Recuerdo que hace un tiempo decía a una familia que lo estaba pasando mal, económicamente hablando, que debían de aprender a vivir en la austeridad, que esto era bueno para la humildad y para darnos cuenta de que en realidad podíamos vivir con muchas menos cosas de las que nos imaginábamos. Es más –les decía-, si algún día pasáis a una situación de bonanza económica, debéis vivir en la austeridad como lo estáis haciendo ahora. Si una familia se puede arreglar con 100, no es obligatorio que gaste 170. Si una familia gana 1000, no es obligatorio gastar los 1000.
* Hace unos días me comentaba una persona que en su familia habían vendido hace tiempo unos bienes y el dinero lo habían metido en un banco. De varios bancos vinieron a verlos para convencerlos de meter el dinero en este fondo o en el otro. Un miembro de la familia había querido dar una limosna importante como agradecimiento a Dios por el dinero recibido, pero otro miembro se opuso y quiso meterlo todo en fondos de inversión… por lo que pudiera suceder. Pues bien, resultó que, con la caída de la Bolsa, se ha perdido bastante dinero y parece que de modo irreversible, pues una cantidad importante estaba invertida en esos bancos americanos e ingleses que cayeron en bancarrota. El familiar que quería dar la limosna se tira de los pelos por haber perdido el dinero de una forma tan idiota, pues, si se hubiera entregado a personas necesitadas, con ellas no se habría perdido en modo alguno, ya que habría alguien que estaría dando un buen uso de ello.
* Creo que hace tiempo os conté cómo un sacerdote, compañero mío, leyendo un día el periódico vio que había unas hojas de propaganda de un comercio y hojeándola se decía: ”¡Dios mío, Cuántas cosas no necesito!” En definitiva, pienso que esto que sucede a nivel mundial es una llamada de atención de Dios para que vivamos en austeridad, en ahorro, en limosnas y en compartir los bienes materiales, sabiendo que todos estos quedarán un día aquí y tendremos que desprendernos de ellos tarde o temprano.
- En el evangelio de hoy se nos habla de un banquete de bodas. La relación entre Dios y el hombre, en lugar de ser concebida como una especie de alianza diplomático-política, es presentada como una relación de amor, personal, viva, libre, pero también marcada por la infidelidad y el egoísmo del hombre para con Dios.
Imaginaros que para el año que viene se va a casar un hijo o una hija vuestra. Con esmero preparáis las invitaciones para vuestros familiares y para vuestros amigos. Se las lleváis en mano o las mandáis por correo y… recibís la misma respuesta que el padre del evangelio: “Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir”. El padre volvió a mandar más criados para que les dijeran lo que iban a comer y a beber, y les rogaban que vinieran a la boda: “’Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.’ Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos”. ¿Cómo os quedaría el cuerpo y el alma si los familiares y amigos, que invitaseis a la boda de vuestro hijo o de vuestra hija, os respondiesen de esta manera?
Al leer este evangelio siempre me acuerdo del tiempo que estuve de párroco en Taramundi y en ocasiones preparaba Cursillos de Cristiandad. Invitaba a los jóvenes y a no tan jóvenes al Cursillo. De cada vez invitaba a unas 100 personas, pero sólo iban, finalmente, 4 ó 5 personas. Todos tenían muchas razones para no ir y para quedarse: exámenes, atender el ganado, la cosecha, un viaje, que esperaban visita, que les daba vergüenza… En definitiva, no querían ir al banquete de bodas del Hijo de Dios.
Nos sigue contando el evangelio que el padre no se quedó con los brazos cruzados. No quería que las mesas del banquete se quedaran vacías. Dejó de lado a aquellos ingratos y mandó a sus criados que fueran, no a las casas, no a las ciudades, no a los conocidos, sino a los cruces de caminos e invitasen a todos los que pasaran por allí al banquete de bodas de su hijo.
¿En que grupo estamos nosotros: en el primero o en el segundo? Personalmente soy consciente que en muchas ocasiones el Señor, como sacerdote, como familiar y como amigo, me ha invitado al banquete de bodas de su Hijo y yo le he dicho que NO y no he hecho caso de su invitación.
Pero para mí el evangelio de hoy no es un evangelio de condena, sino de esperanza. Esperanza porque es Dios mismo quien sale a nuestro encuentro. Tantas veces estamos perdidos por caminos y montes, y El nos envía llamadas para que entremos en el banquete de bodas de su Hijo. Dios es el Buen Pastor del salmo de hoy, que nos busca y recoge sobre sus hombros. Como dice el profeta Isaías hablando del banquete del cielo: “El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Aquel día se dirá: ‘Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación.’”
El viernes recibí un correo electrónico de una persona que fue a Estados Unidos a predicar sobre Dios. En su correo me dice: “Estoy alojada con unos amigos del Salvador. Son un matrimonio joven con dos niñas pequeñas. Muy entregados (al Señor). A él le acaban de detectar cáncer y hoy van al ver al medico. Encomiéndalos en la Misa.” Pues bien, en esta Misa de hoy quiero ser instrumento del Señor y deseo que también vosotros lo seáis conmigo para con este matrimonio salvadoreño, y para con tantas personas que sufren por tantas razones. Pidamos por todos ellos.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Tantas veces he sido invitado y tampoco he hecho caso de su invitación:

"¿porque os afanais tanto en las cosas de este Mundo?"

"No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué
vamos a vestirnos?"

"Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni
ladrones que socaven y roben.

Siempre es el miedo el que controla nuestra vida, pero deberíamos saber y recordar, quien es el que lo controla y nos vuelve desconfiados y egoístas, para que no hagamos la voluntad de Dios.

"Si tuvierais fe le diriais a ese monte plántate en el mar y os obedecería."

"Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir."

Un abrazo a todos.

María Cristina dijo...

Lo primero que quiero expresar es mi gratitud a todos los que con tanta constancia, profundidad y cariño enviáis vuestros comentarios que son motivo de riqueza espiritual para mi.

Hoy al leer la homilía he quedado casi sin palabras abrumada por tanta riqueza que tiene la palabra de Dios y porque en la mediación de las palabras de Andrés el sabor es exquisito, pero a la vez “fuerte”.

San Pablo Afirma: “Sé vivir en pobreza y en abundancia…” Soy muy consciente que no vivo la pobreza a la que Dios me ha llamado y la que prometí el día de mi consagración religiosa. El barrio donde vivo está constituido por Gitanos y Emigrantes en su mayoría; son muchas las necesidades que escucho y palpo y que hoy a través de las lecturas intento hacer una lectura de mi vida.

Hoy quiero presentar al Señor mi pobreza de “No ser pobre” y orar por La Comunidad de las once y por los del blog, para que acojamos la gracia de Dios que nos invita a SER POBRES, PARA QUE NUESTRA ÚNICA RIQUEZA SEA ÉL y así podamos “ENTRAR CON TRAJE LIMPIO A SUS BODAS”.

Gracias Andrés por tu invitación a vivir el Evangelio radicalmente.

María Cristina

Pepitina dijo...

Desde las lecturas de hoy me siento invitada a varios banquetes:al de la Palabra, que es alimento cotidiano de mi vida y me conforta de tal forma, que yo misma quedo sorprendida;al banquete del Pan de Vida al que Jesús, por boca de S. Mateo me invita hoy nuevamente, y al que suelo responder con premura y a diario, pues si no,¿cómo podría caminar un solo día sin Su presencia?;al banquete de la Oración personal donde encuentro verdes prados para descansar y sentir la providencia del Buén pastor que mira tiernamente mis pasos cansinos en tantas ocasiones; y por último recibo esa invitación tan maravillosa por boca de Isaías,que no puede dejar de llenarme de Esperanza, ante lo que Dios, mi Dios y Señor me tiene preparado.
¿Seré capaz de no responder con prontitud amorosa a tantos cuidados? No, porque aunque yo fuese infiel, Él siempre estará y volverá a salir a mi encuentro...las veces que sea necesario.
un abrazo a este querido Blog

Anónimo dijo...

¡ Qué hermosa homilía !! El Señor sigue cuidando de su pueblo. Esta sociedad necesitaba una crisis, una debacle, porque todo iba sobre ruedas, mucho estado del bienestar, mucho consumismo,mucha libertad..., los políticos, y los de a pié, hablando sobre los planes de pensiones, la rentabilidad, la bolsa, y una tónica constante, el apasionante futuro..., siempre el futuro, nos enseñaron a caminar en la abundancia sin mirar hacia atrás, alimentaron a una sociedad, a la que el exceso, le parecía natural, y el defecto, freak.
Siento que en estas crisis, los que realmente las van a sufrir, son los de siempre, los humildes, los que apenas sobreviven, cuidando los centímos, en contraposición con los que cambian los automóviles de alta gama sport, porque no tienen sitio suficiente atrás para la compra,ejemplo real.
Ahora mismo, y ante un futuro nada prometedor, yo conservo la esperanza, pienso que el Señor está moldeando con sus Manos un mundo nuevo, más acorde con la justicia, con la generosidad, y sobretodo con la cordura, y con ello, llegará de nuevo la paz y el sosiego al hombre, pues comenzaremos a valorar mucho más, todo lo que nos rodea, todo lo que el Señor nos regala, y que a veces pasa por nosotros con la mayor indiferencia por nuestra parte. Cultivar la austeridad, nos va a hacer mejores, más solidarios, más comprometidos con aquellos que tienen mucho menos, volveremos a mirar hacia atrás, y agradeceremos cada instante de nuestra vida, cada céntimo ganado con honradez, cada bien que podamos compartir con otros, porque estaremos llegando a la esencia de las cosas, de las más simples y de las complejas, será como un volver a empezar, añadiendo la experiencia obtenida. Yo veo esta situación de crisis como una prueba más del amor de Dios, que nos centra en otra realidad olvidada, la del amor al prójimo y a nosotros mismos. La crisis no es solo económica, es una crisis de valores, es un cataclismo total de esta época, que de alguna manera tenía que eclosionar.
El Señor nos manda invitaciones constantes a su mesa, y en su Sabiduría infinita nos pone los medios para que podamos acudir, solo tenemos que esponjar nuestros corazones endurecidos y dejarnos llevar por El, pero siendo totalmente conscientes de que ha puesto en nuestras manos muchos dones y carismas, y que estas situaciones tremendas surgen, cuando no hacemos uso de ellos adecuadamente.
Quiero un plan de pensiones para la eternidad, y para ello he de atesorar para el futuro, pero no para el futuro terrenal, sino para el ETERNO, y por ello me comprometo a hacer acopio de buenas obras, a derrochar caridad, y no hablo de entregar dinero, que si algo tengo, lo comparto con gusto, sino también a entregar amor, amistad, a regalar tiempo del tiempo que me hace falta, a sonreir y hacer sonreir a los tristes, al mal tiempo buena cara..., a despilfarrar sosiego y esperanza, por donde camine, invertiré en fondos de solidaridad con mi prójimo, incluido áquel que me incordia, inviertiré en AMOR al interés más alto. No negociaré con el sufrimiento de otros,y no cotizaré en la bolsa de la violencia, de la intolerancia,y de la codicia. Haré la inversión de mi vida, en la esperanza de la Misericordia del Señor, que hoy le pido para toda la humanidad, y de forma especial, para ese padre de familia salvadoreño, que nos ruega D. Andrés.
Gracias D. Andrés por refrescarme la conciencia, que el Señor le siga iluminando.
Un abrazo para los hermanos del blog.

Anónimo dijo...

Quisiera poner mi granito de arena, enviando un pequeño comentario. Como siempre no puedo menos de decir que la homilía me parece estupenda, y puntualiza sobre nuestro actuar en la vida de cada día. Comenzando por la primera parte, suscribo lo que nos dice Andrés, de que de lo malo a lo bueno se va muy bien, mas de lo bueno a lo malo, es otro cantar. Si digo esto, es porque me ha tocado pasar por estas situaciones en más de una ocasión, y sinceramente se pasa muy mal, cuando ves que te llegan los recibos, y no te alcanza para pagarlos, y como esto tantas cosas. Ahora podría decir que no paso estrecheces, pero si las atraviesan personas muy cercanas, y como es lógico he de compartir y ayudar, por lo que es necesario mirarse un poco mas, y privarse de cosas. Quiero añadir, que el Señor siempre ha estado ahí. Esta situación la uno por un lado al comentario del sacerdote, francamente creo que es verdad que nos sobran demasiadas cosas. Nos llenamos de tantos "cacharritos" en los que esperamos encontrar un poco de felicidad, que n o le dejamos sitio a Dios. También al que vendió propiedades y quería dar una parte a los pobres; este sí tenía claro cual era el lugar más seguro para su dinero, el banco que le dará mayor interés. Yo confío en la palabra de Dios, es decir, de aquello que invierta en limosnas, el Señor me devolverá el ciento por uno, si no es en dinero, será en algo que necesite más, pero desde luego no quedaré defraudada. Me viene ahora aquel dicho de Jesús: "lo que hacéis a uno de estos pequeñuelos a mi me lo hacéis". Este evangelio me da mucho que pensar; como todos, recibo a diario muchas invitaciones del Padre, me prepara "manjares enjundiosos y vinos generosos" y aún así, muchas veces declino esta invitación; y encuentro mil excusas para no acudir al banquete. Luego en ocasiones me arrepiento, porque me doy cuenta de que me he perdido algo muy bueno.
Tengo que decir que Dios prepara con esmero estos "encuentros" para que salga satisfecha y con ganas de repetir. Para ser fiel a la verdad, esto también ha ocurrido en muchas ocasiones. Lo cierto es que el Señor no me acosa, pero tampoco me deja, me sale al encuentro una y otra vez, me muestra de mil maneras su amor e interés en tenerme cerca, y llega el momento en que no te puedes resistir, porque comparas y no hay nada mejor. Hoy sin ir más lejos, me ha invitado al sacramento de la reconciliación, y cómo le hice caso, estoy muy contenta y agradecida.
Andrés, muchas gracias por todo. Rogaré al Señor por ese matrimonio.
Bendito sea Dios

David rico dijo...

Hola antes de nada agradeceros todos los comentarios enriquecedores que enviais. Quería decir que yo he recibido muchas veces la llamada de señor, y muchas veces fueron las que no acudí. Siempre he tenido cosas más importantes que hacer que acudir al banquete de Dios, siempre ponía trabas, en definitiva nunca acudía. Un día, si acudí a esa llamada, y desde entonces, estoy feliz. Estoy feliz de pertenecer a la comunidad cristiana, estoy feliz de empezar a ser cristiano, como digo yo un proyecto de cristiano. Ahora que se lo maravilloso que esto, intento animar a aquella gente que conozco a que vivan en comunión con Dios, aunque tengo que reconocer que sin mucho éxito, pero no me cansaré de intentarlo, porque quiero que ellos también descubran lo maravilloso que es Dios.

Anónimo dijo...

En este momento de mi vida acudo al banquete al que Dios me invita siempre y allí me sacio de sus bienes. Mi preocupación es acudir vestida con un traje adecuado y por ello lucho cada día consciente de que siempre puedo ir más bella y elegante.

Pepitina dijo...

No he podido evitar acudir nuevamente al Blog, donde creo que todos nos sentimos escuchados al compartir...Esta mañana recibía noticias del correo de Zenit.org(de Roma)sobre ese Sínodo tan importantísimo sobre la Palabra que está teniendo lugar allí. ¡qué de temas interesantes se están tratando!, entre ellos la importancia que ha de darse a las HOMILÍAS. Nosotros no tenemos ese problema, gracias a nuestro Blog, pero sí lo tienen muchos hermanos a los que escucho quejarse sobre ello.Uno de los cardenales que participaba dijo," que su Congregación está preparando un volumen con material para homilías temáticas con el objetivo de facilitar la predicación de los sacerdotes del mundo." Y es que este tema preocupa mucho al Papa y Obispos reunidos.
Esta mañana escuchaba en el coche Radio María, cerca del mediodía y daban noticias pastorales desde las distintas Diócesis. Desde la de Valencia contaban las personas que llevan el Teléfono de la Esperanza que están realmente conmovidas por las muchísimas personas que llaman esta temporada de "vacas flacas", contando sobre su inseguridad familiar ante este futuro incierto que vivimos,su angustia por perder el trabajo, ó la desolación de mujeres cuyos maridos al estar en paro se han dedicado a la bebida...recordé estas últimas reflexiones que nos llegan al Blog, y os tuve a todos en mi pensamiento y oración; también dando gracias a Dios por el P. Andrés y por vuestros preciosos, buenos, emotivos y sinceros comentarios.
¡Qué bonito el Banquete de la Reconciliación! del que nos habla uno de los hermanos anónimos.¡cuántas misericordias las del Señor con nosotros!
Gracias amigos