viernes, 1 de febrero de 2008

Domingo IV del Tiempo Ordinario (A)

3-2-08 DOMINGO IV TIEMPO ORDINARIO (A)
Sof. 2, 3; 3, 12-13; Slm. 145; 1 Cor. 1, 26-31; Mt. 5, 1-12a

Queridos hermanos:
¡Cuánto me gustan las cartas de S. Pablo! ¡Qué riqueza hay en ellas! Cuando tenga tiempo, me he prometido preparar unas charlas para ejercicios espirituales en base a diversos pasajes de las cartas de S. Pablo. Ved qué gozada en el siguiente texto, que está tomado de la segunda lectura de hoy: “Fijaos en vuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor […] Y así -como dice la Escritura- ‘el que se gloríe, que se gloríe en el Señor’.” Realmente en nuestras Misas no hay gente demasiado importante a los ojos del mundo, como predicaba el otro domingo. La mayoría “peinamos” canas y calvas. Tantas veces nos dicen que a la Misa y a la Iglesia sólo vienen aquellos que no tienen estudios universitarios, pues los que están más formados no se dejan embaucar como pardillos por los curas. Por lo visto, esto mismo pasaba al inicio del cristianismo, según nos narra S. Pablo en esta carta, es decir, mayoritariamente se apuntaban a seguir a Jesucristo los esclavos y lo más bajo de la sociedad romana.
Miremos ahora para nosotros… No somos los más listos, ni los más ricos, ni los más poderosos, ni los más sanos. Tampoco somos los más santos o los más buenos. ¡Dejamos tanto que desear en nuestra vida y en nuestro comportamiento diario! Por eso, como dice S. Pablo, ninguno de nosotros podemos gloriarnos, o sea, presumir o alardear delante de Dios o de los demás. Por ello S. Pablo cierra el párrafo de su carta con una cita del Antiguo Testamento: “Y así -como dice la Escritura- ’el que se gloríe, que se gloríe en el Señor’.” Investigando en la Biblia he descubierto que estas palabras están tomadas del profeta Jeremías (uno de mis preferidos). Y veo que el texto completo del profeta Jeremías citado por S. Pablo dice así: “Así habla el Señor: Que el sabio no se gloríe de su sabiduría, que el fuerte no se gloríe de su fuerza, ni el rico se gloríe de su riqueza. El que se gloría, que se gloríe de esto: de tener inteligencia y conocerme. Porque yo soy el Señor, el que practica la fidelidad, el derecho y la justicia sobre la tierra. Sí, es eso lo que me agrada, –oráculo del Señor–.” (Jer. 9, 22-23).
Efectivamente, no podemos ni debemos gloriarnos de saber, porque siempre hay quien sabe más que nosotros y porque no sabemos más que un poquito en un universo de saber. Recuerdo que, cuando estaba haciendo mi tesis doctoral en Roma, me dijo un sacerdote mayor que mi tesis sería como la cabeza de un alfiler en medio del universo. Vamos… que no me creyera nada ni nadie por ser doctor en Derecho Canónico.
Tampoco podemos ni debemos gloriarnos en nuestra fuerza, porque siempre habrá alguien más fuerte que nosotros mismos y, además, esta fuerza nuestra se va perdiendo con el paso del tiempo. ¡Cuántas veces me decía gente que apenas podía caminar o que se fatigaba de subir dos peldaños de una escalera: Ay, con lo que yo corría y andaba y subía y bajaba…! O ante una gripe o un virus gastrointestinal quedamos “para el arrastre”. ¡Y es que somos tan poca cosa…!
Y del mismo modo, no podemos gloriarnos de nuestra riqueza, porque siempre hay gente más rica que nosotros. Leía este día en una revista que “el Pocero”, el que hizo es macrociudad en el pueblo de Seseña (creo que en la provincia de Toledo) de unas 13.000 viviendas está en un gran apuro, pues acabó las viviendas justo cuando surgió la crisis inmobiliaria en España y ahora, o no vende lo que construyó, o los pisos que había vendido sobre el papel, ahora la gente no puede hacer frente a ello por las subidas del tipo de interés bancario. Total: “el Pocero” tiene una deuda millonaria con los bancos, pues pidió créditos para construir la urbanización y ahora no vende nada y los intereses corren y los plazos de pago también. Asimismo, ¡cuánta gente perdió millones de sus ahorros de años en estos dos meses de caída de las bolsas mundiales!
Entonces, ¿en qué hemos de gloriarnos, Señor, si no lo hemos de hacer ni en nuestra sabiduría, ni en nuestra fuerza, ni en nuestra riqueza? Y nos contesta el Señor por medio de S. Pablo: “El que se gloríe, que se gloríe en el Señor.” En efecto, sólo el Señor merece la pena. Sólo el Señor nos ama y nos acepta tal y como somos: ricos o pobres, jóvenes o viejos, tontos o listos, sanos o enfermos, santos o pecadores, fuertes o débiles.
La persona que tiene experiencia auténtica de Dios sólo se gloría de la sabiduría que procede de Dios. Con Dios descubrimos de verdad lo que vale en toda ocasión y circunstancia. Con Dios priorizamos realmente lo que es importante y no nos perdemos en tonterías. Con Dios no admitimos la vana y vacía gloria que nos procuramos unos hombres a otros.
La persona que tiene experiencia auténtica de Dios sólo se gloría de la riqueza que procede de Dios. La otra riqueza puede perderse, puede ser robada o apolillarse y, además, hay que dejarla aquí al salir de este mundo. ¿No veis cómo los faraones de Egipto se enterraban con todas sus riquezas y éstas eran robadas con el paso de los siglos y a ellos no les aprovechaban en nada, pues estaban podridos y deshechos? Hace pocos días salía en los medios de comunicación que, un hombre al que le habían tocado 25 millones de euros en una lotería, estaba dispuesto a regalarlos a quien le curara de un aneurisma. Veis, este hombre sabe que en caso de enfermedad, no se puede uno gloriar en la riqueza de oro, petróleo, dólares, euros, diamantes, casas, coches… que ofrece este mundo.
La persona que tiene experiencia auténtica de Dios sólo se gloría en la fuerza que procede de Dios. Así hicieron tantos mártires a lo largo de la historia, como S. Lorenzo, como S. Pedro y S. Pablo, como Sta. Eulalia de Mérida, etc. Dios no nos da fuerza bruta para avasallar a los demás, sino fortaleza interior y un sentido a nuestra vida para luchar por El y por los demás.
Por todo esto dice S. Pablo, el cual sí que tenía auténtica experiencia de Dios, “El que se gloríe, que se gloríe en el Señor.”

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es preciosa esta homilía. Me recuerda aquél dicho insistente de mis mayores " lo que cuenta en la vida es cómo es la persona, no quién es, o lo que tiene ".
A veces lo que puedo percibir como ser humano en otra persona, está subjetivado por mis propias emociones, y ésto me impide amenudo ver, que hay muchos ricos pobres, y muchos pobres ricos, muchas personas de gran arrogancia, que esconden una profunda debilidad, y muchos débiles, que llegado el momento, como nos dice D. Andrés, nos muestran su fuerza en esos martirios por la fé, donde todos quedamos empequeñecidos.
Todos los carismas vienen de Dios, y solo cuando lo interpretamos así dan fruto, el resto es vanidad.
Aceptándome como soy, estoy poniendo mi vida en manos del Señor, sin teatro, dejándo que El moldee el barro de mi ser y me muestre el camino, no importa nada, incluso si soy pecador..., y si hay algo bueno, lo tomo también como un regalo de Dios.
Cuando caigo, recibo ayuda, cuando estoy quebrantado, recibo fortaleza para seguir el viaje, éstos son los estímulos de mi vida, los siento como una bendición del Señor, sin El ninguno de mis actos tiene valor.
Me sosiega saber que el Señor, está especialmente al lado, de los que llamaba una persona muy querida mía, "prubitinas flores " los frágiles, débiles, pobres, tristes,los menos agraciados,los enfermos, marginados,los pecadores,los emigrantes, los que sufren por cualquier causa, en todos y cada uno de ellos me veo reflejado, y albergo la esperanza de un día merecer, ser unas de esas flores, en el jardín del Señor.

Gracias D. Andrés por esta lección preciosa sobre la humildad. Les encomendaré a Vd., y a los integrantes de los Ejercicios Espirituales, para que el Señor, los bendiga con sus muchos carismas.
Un abrazo para los hermanos del Blog.

José Manuel dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Es bueno ver las cosas desde arriba, pues viéndolas desde allí es verlas de una forma que se acerca a como Dios nos ve a nosotros. Todos los que habeis volado en avión habeis visto cuando la altura no es excesiva a personas diminutas y a coches que circulan con un tamaño parecido. Así nos ve Dios, así somos de frágiles, tal es nuestra "gran valía", como hormigas, hombres a la suerte del Bien o del Mal, porque el hombre no tiene tiene una opción propia.

Tan solo nos podemos acercar a la Verdad y es lo único que de bueno podemos hacer, desde la consciencia de nuestra ignorancia e incapacidad. La Elección de la Verdad, el regresar al lado de quien procedemos.

"Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres". (San Juan, 8, 32)

Any dijo...

Que maravilla estas palabras ¡¡¡y todo lo que han puesto otros hermanos sobre esta homilia ¡¡
El Señor nos da fortaleza interior ¡¡¡¡ y eso nos ayuda a nosotros que somos pequeños hombres ¡ a enfrentar todos los obataculos y muchas veces con esa fortaleza y paz interior llegar al alma de algunos hermanos ¡¡Pero no somos nosotros ¡¡ sino simplemente somos un envase pues el que se manifiesta atraves nuestro es Jesus¡¡¡
Andres estoy ansiosa por esoso ejercicios que quieres preparar ¡¡ No me olvides ¡¡ Gracias por todo Que El Señor los bendiga ¡¡¡

Pepitina dijo...

Así como has hecho, Pater, que en su día me fuese enamorando de esa Palabra de los Profetas- que ahora tanto me dicen..-, también esto me está ocurriendo con las Cartas de San Pablo, que ciertamente son preciosas.
Qué fácil es ver mi debilidad, mis pocos conocimientos y mi pobreza, desde tu reflexión....gracias. Pido al Señor, me concedo cuánto necesite para darLe gloria con mi vida y no pierda nunca -en saco roto- cuántas Gracias Él me concede.
un abrazo para todos.