viernes, 29 de febrero de 2008

Domingo IV de Cuaresma (A)

2-3-08 DOMINGO IV CUARESMA (A)
1 Sam. 16, 1b.6-7.10-13a; Slm. 23; Ef. 5, 8-14; Jn. 9, 1-41



Queridos hermanos:
Nos presenta la liturgia de hoy, en este IV domingo de Cuaresma, la curación del ciego de nacimiento por parte de Jesús. Es un evangelio largo y muy rico en símbolos y significados. Voy a fijarme principalmente en tres personajes: el ciego, los fariseos y Jesús.
a) El ciego. Es hombre que no ve desde su nacimiento. No sabe cómo son los árboles, cómo son los pájaros, cómo son los hombres, cómo son los colores… Algo que nos parece tan corriente para todos y cada uno de nosotros y, sin embargo, un ciego no tiene noticia cierta de ello. ¡Cuántas angustias pasadas a lo largo de su vida por no poder ser como los demás, por estar condenado en vida a llevar una vida en el ostracismo! ¡Cuántas veces renegaría de Dios o preguntaría a Dios el porqué de aquella situación!: ¿Qué mal había hecho él en su vida para nacer ya ciego?
Nos cuenta el evangelio que el ciego estaba por allí y sin pedir nada a Jesús; es éste quien se le acerca y le unta los ojos con barro, que había hecho con su propia saliva y un poco de polvo del camino. El ciego adquiere la vista física. Y poco a poco empieza este hombre a caminar hacia la luz de la fe, pues él también estaba ciego de fe.
Así, este hombre sabe que fue Jesús quien le dio luz en los ojos, pero no sabe dónde está, cuando le preguntan por él. “Le preguntaron: ‘¿Dónde está él?’ Contestó: ‘No sé.’” Este hombre sólo sabe lo que Jesús hizo con él: “Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.” Pero, a partir de aquí y ante las preguntas insistentes de los fariseos, empieza él mismo también a darse respuestas de lo que había detrás de un gesto tan sencillo como untar barro en unos ojos invidentes. Y el hombre da estas respuestas y estos pasos hasta alcanzar la fe. Veamos cómo transcurre todo: 1) Los fariseos le dicen: “nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.” A lo que él responde: “Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.” 2) Cuando los fariseos le replican que no saben de dónde viene Jesús, el hombre curado da un paso más en su encuentro hacia Dios y dice: “Pues eso es lo raro; que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento, si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.” Es decir, en un primer momento este hombre no sabe si Jesús era un pecador o no lo era, pero luego, reflexionando sobre ello, se da cuenta que Jesús no puede ser un pecador, pues un pecador no hace las cosas de Dios. 3) Ya el hombre curado de su ceguera física ha hecho el camino de fe y está maduro para recibir la luz de Dios, y es entonces cuando Jesús le sale nuevamente al encuentro. Este hombre ya puede ver a Jesús con sus ojos físicos recién curados. Y Jesús le pregunta. “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” A lo que el hombre responde: “’Creo, Señor.’ Y se postró ante él.”
No desesperes en tu camino, si tienes grandes problemas y casi todo te va mal. Espera en el Señor. El te saldrá al encuentro. Te paciencia.
Si el Señor soluciona tus problemas físicos y humanos, piensa que todavía te queda mucho por recorrer: te queda el camino de la fe. ¿De qué te sirve tener la luz física y/o tener todos o casi todos tus problemas humanos y materiales solucionados, si te falta la luz de la fe, que te hace reconocer a Dios como tu salvador y como tu Padre?
b) Los fariseos. Al leer este evangelio y orar sobre él he sentido angustia y temor. ¿Por qué? Porque yo soy tantas veces uno de estos fariseos. Ellos veían físicamente, pero estaban ciegos, pues daban frutos de ceguera. Nos lo dice el evangelio: 1) Al ver aquel hecho tan maravilloso de que un ciego de nacimiento había sido curado por Jesús, sólo se les ocurre decir: “Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.” Y es que Jesús había hecho barro en sábado y esto se consideraba por los judíos un trabajo, lo cual estaba prohibido en sábado. 2) Como los fariseos seguían sin creer ni aceptar aquel hecho maravilloso, dan vueltas y más vueltas preguntando una y otra vez al que había sido ciego, y también a sus padres. Me recuerda esto aquel texto del libro de la Sabiduría, que dice: Dios “se manifiesta a quienes no exigen pruebas, se revelan a quienes no desconfían. Los pensamientos torcidos alejan de Dios” (Sab. 1, 2-3). 3) Nos sigue diciendo el evangelio que los fariseos metían miedo a la gente, pues habían dicho que quien reconociese a Jesús como Mesías lo echarían de la sinagoga. Esto indica una dureza de corazón impresionante. Duros de corazón para los hombres, duros de corazón para Dios. 4) Estos fariseos se empeñan en negar lo evidente y encima quieren que los demás participen de su empecinamiento con un juramento en falso: “Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.” 5) Cuando no salen las cosas como ellos quieren, entonces insultan al hombre que había sido agraciado con el dedo de Dios y con su misericordia. Y estos insultos los hacen desde la “seguridad” que tienen de ser los auténticos discípulos de Moisés, al que es totalmente seguro que Dios habló: “Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés.” 6) Cuando el hombre curado les dice cosas de sentido común (“sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento, si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder”), los fariseos se pican en su amor propio y tildan al antiguo ciego de pecador “de pies a cabeza”, y lo expulsan, lo echan a la calle.
A medida que el antiguo ciego se va adentrando en el camino de la fe y va ablandando su corazón a Dios, con estos fariseos sucede todo lo contrario: se van alejando más y más de Dios, y van endureciendo su corazón hasta límites insospechados: maltratan, insultan y expulsan a un hombre que fue objeto de la misericordia divina y que va a pasos agigantados hacia Dios. La envidia de que aquel hombre y otros encuentren a Dios por caminos distintos a los que ellos marcan les impide reconocer y adorar al único Dios, que sí reconoció y sí adoró Moisés. La soberbia y la ira les hacen machacar a sus hermanos, los hijos de Dios. ¡Cuántas veces yo me veo reflejado en mi vida ordinaria en el comportamiento y en las actitudes de estos fariseos!
c) Jesús. En este evangelio Jesús sólo aparece al principio y al final del mismo. Durante todo el evangelio se hablará de El y de sus obras, pero no está El presente.
Al principio del evangelio, 1) Jesús se presenta como la luz del mundo. Luz para los que no ven, físicamente hablando, y por eso les devuelve la vista, aunque sean ciegos de nacimiento. Pero Jesús también es luz para los que no ven, espiritualmente hablando, y por eso les da la fe. 2) Tiene también Jesús al principio del evangelio unas palabras enigmáticas: “Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.” Con estas palabras Jesús anuncia su muerte ya cercana y anuncia también su misión. En efecto, es de día, mientras Jesús vive en la tierra. Mientras Jesús está en la tierra es de día, porque El es el único y eterno Sol, que da vida, calor y luz a toda la creación. Cuando este Sol se apague, es decir, cuando lo crucifiquen y muera, entonces será de noche. Mientras es de día, Jesús hará las obras de su Padre Dios. Cuando sea de noche, porque el Sol esté apagado y muerto, entonces nadie podrá hacer las obras del Padre. Es la hora de las tinieblas y del Maligno.
Al final del evangelio vuelve a aparecer Jesús. Me fijaré en dos detalles: 1) De cara al hombre que estaba ciego. Jesús se acercó a él, pero sólo cuando tiene alguna necesidad (lo mismo hace con cada ser humano). Al principio se acercó, porque estaba ciego. Ahora se acerca una vez más, porque lo habían expulsado los “representantes” de Dios. Y Jesús quiere llevar a este hombre a Dios a través de la fe. Y este hombre sigue dócilmente a Jesús. 2) De cara a los fariseos. Jesús se convierte en juez y emite una sentencia: “Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos.” Pero, atención, no se trata de una sentencia que condena a la ceguera a los que ven, sino que se trata de una condena que constata una realidad: “Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.”

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿ Cúanto tengo de ciego, y cúanto de fariseo ?
He caminado en mi vida con la ceguera de la fe ausente en muchas ocasiones, en períodos de tiempo más o menos largos, pero siempre, sentí en mis ojos el barro amasado amorosamente por el Señor, que me permitía incorporarme nuevamente a la luz, a la luz del perdón,a la luz de la gracia de la reconciliación. Es verdad, que cuando realmente necesitamos al Señor, de alguna manera imprevisible, en muchas ocasiones, El se manifiesta, ni sus caminos ni su tiempo, son los míos, pero siento que una y otra vez, su mano me sostiene.
Analizando conductas de mi vida, me es muy dificil escaparme del papel de fariseo. Cuando enjuicio, cuando no concedo ninguna opción a un hermano equivocado, no solo estoy endureciendo mi corazón, estoy atracando directamente a la humanidad, estoy robando cualquier posibilidad de regeneración, estoy dejando a mi alma en una carcel, y convirtiendo a mi prójimo/hermano en un prisionero de mi insensatez. El maligno, tiene perfectamente trabajado este papel, me lo incrusta con sutileza y me desdobla sin apenas darme cuenta, como suele hacer. Solo la Misericordia de Dios me puede rescatar de tantas caidas, solo El, puede venir a mi encuentro. ¡ Señor, no permitas que se endurezca mi corazón !!
Muchas veces a lo largo de mi jornada, suelo repetir una frase que brotó casi de forma espontánea en mí hace ya tiempo :
¡ Señor, dame un corazón generoso para amar, comprender, perdonar y compartir!
Gracias D. Andrés por su catequesis excepcional, que me ayuda a vislumbrar mucho mejor los caminos del Señor.
Un abrazo para los hermanos del blog, y mucha LUZ en su sendero de vida.

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Vió el ciego y los fariseos siguieron en la oscuridad, ellos creían ver la luz pero se equivocaban. Ellos le acorralaban y le intimidaban, le echarían de la sinagoga sin remedio, un desastre para cualquiera de los judíos, y se hacía el escurridizo con evasivas para evitarlo, hasta que harto de presiones revela la divinidad de Jesús y recupera la segunda vista, la que descubre la Verdad, fuera de halló algo que en la sinagoga no había, se encontró con Jesucristo ¿Para que quería más?

DIOS nos llevó hasta Jesucristo. "Nadie viene a mi, si mi Padre no lo trae".

Ciegos nos llevó ante El, porque DIOS lleva ante su HIJO, a todos los que considera suyos y desea abrirles los ojos, para que puedan ver La Verdad, la que un día veremos ante nuestros ojos tal cual vemos esta vida. Ver para no seguir en la ceguera de este Mundo, la que nos hace ser fariseos ciegos en demasiados momentos de nuestra vida.

¿Como podremos presentarnos ante El? ¿Como un ciego que recibió la luz de la Verdad y los enredos de esta vida le llenaron de soberbia y enjuiciamentos contra Dios y su prójimo como les pasó a los fariseos?

José Manuel.

Any dijo...

Bienvenido Padre ¡¡¡ esta homilia me ha hecho "VER "..cuantas veces estamos ciegos pero de corazon ¡¡¡y por ello no podemos dejar entrar la Luz ¡¡
Pido al Señor me de luz en el camino para que nunca mas mi corazon este ciego ¡¡¡
Un cariño a todos los amigos del blog ¡¡y una semana para ustedes llena de Luz ¡¡¡¡

pepitina dijo...

¡Qué preciosas las lecturas de hoy!Leía hoy que la Cuaresma es un buscar esa mirada de Dios, purificando nuestra manera de ver las cosas, y no hay duda de que la Palabra de Dios así nos lo muestra hoy.
Qúe maravilla, que al abrir los ojos por primera vez al mundo,sea la imagen de Jesús la que vea este hombre. ¡¡qué suerte! nosotros llevamos años con vista, pero nuestro corazón sigue necesitando gafas ó lentillas, para que nadie note -nuestra falta de visión- mas allá de nuestras narices; "porque Dios no ve como los hombres que ven la apariencia,el Señor ve el corazón."
¡Cuánta seguridad me da el saber que mi Buén Pastor sabe mis necesidades por delante, sin que yo misma me las plantee,las acepte ó no sea consiente de ellas, y aún sin pedirle su ayuda, saber y creer,que Él vendrá; como dices en la homilía:sin pedir nada a Jesús; sobre su necesidad vino la Misericordia de Dios.¡¡qué maravilla!
El proceso, que sigue la conversión del ciego curado fisicamente, en la Fe me lleva a reflexionar sobre el mio propio y como Jesús ha ido escribiendo con Su Amor, Paciencia y Misericordia en los renglones torcidos de mi vida, mis pecados. Incluso valiéndose del mal ó las trampas que mis contrarios-que no enmigos- me han ido poniendo y que el Señor me ha enseñado a leer desde su mirada ó desde Su Palabra, he podido convertirlo en una oración de alabanza y acción de gracias. Y es que sin esas cruces, de las que renegamos a veces, ¡¡cuánto bien ha sacado el Señor!! Él nos utiliza a unos y otros, buenos ó malos como si fuéramos "lucecitas" para que Le descubramos.¡qué atentos hemos de estar!
Se hace patente en este pasaje lo importante de la reflexión,-como lo hace el ciego curado-,utilizando simplemente el sentido común, la lógica. Incluso desde ella nos enseña el Buén Pastor para llevarnos a sus pastos.
Hay otros personajes en este pasaje que son los discípulos, que tienen un despiste encima....No sé si me consuelan, pero me identifico con ellos por cuánto te molesto con mis preguntas sean de la materia que sean. Te agradezco tu paciencia P. Andrés.

Anónimo dijo...

Veo una vez más, cómo es el Señor el que se acerca, sin que nadie le haya llamado, ni siquiera haya sido consciente de que necesitaba de Él.
No es estraño, por tanto, que este hombre se sorprenda y se sobresalte al notar el barro en sus ojos.
Cuando uno se ve sucio, surge la necesidad inmediata de lavarse. Esto es lo que me ocurre a mí, cuando el Señor me pone mi suciedad delante. Yo interpreto que esa tierra mezclada con la saliva del Señor, son mis pecados mezclados con su amor, que me empujan al sacramento de la reconciliación; del cual yo puedo salir viendo la LUZ.
Yo admiro a este ciego, que no tiene miedo de proclamar a quien sea, que aquel Hombre, le ha devuelto la vista; no tiene miedo a nadie, ni siquiera a los fariseos.
Me pregunto: ¿Hago yo lo mismo? pués tristemente debo responder, que no. Cuántas veces no me atrevo a dar razón de mi fe; soy cobarde para hablar bien de mi Dios.
También me siento identificada con los fariseos. No hay mayor ciego que el que no quiere ver.
¡Cuántas evidencias del amor de Dios en mi vida! ¡Cuántos detalles de mi Señor Jesucristo! ¡Cuántas veces me ha puesto el barro en los ojos, y me ha enviado a la piscina de Siloé! y otras tantas yo le he negado, con mi soberbia, he endurecido mi corazón, cuando no tengo misericordia con los demás, o le robo al Señor su gloría para atribuírmela a mi; etc. etc. ¡¡Cuánta paciencia tiene el Señor conmigo!!
Que Él me conceda la humildad necesaria para dejarme iluminar por su LUZ maravillosa. Que sepa escuchar "despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz"

Muchas gracias Andrés; que Dios te bendiga
Bendito sea Dios.