sábado, 23 de febrero de 2008

Domingo III de Cuaresma (A)

24-2-08 DOMINGO III CUARESMA (A)

Ex. 17, 3-7; Slm. 94; Rm. 5, 1-2. 5-8; Jn. 4, 5-42



Queridos hermanos:
En este tercer domingo la Iglesia nos propone el evangelio de la samaritana. Algunos de vosotros leéis las lecturas antes de venir a la Misa para que no os sean de todo desconocidas cuando llegáis aquí. Incluso algunos de vosotros hacéis la oración del día sobre el evangelio de la Misa. Cuando uno lee las lecturas de la Misa, ha de tratar de extraer algunas conclusiones para su vida personal, para su vida de fe. Hoy voy a tratar de ayudaros un poco en este sentido. En el evangelio de hoy hay dos personajes fundamentales: Cristo y la Samaritana.
a) La Samaritana. Vamos a fijarnos en la actitud de esta mujer ante Cristo, pues ella es un espejo de lo que nosotros hacemos muchas veces con Dios. La samaritana tiene una actitud de escape, de huida de Cristo. Ella no quiere enfrentarse con su problema personal y moral. Por eso, cada vez que el Señor intenta centrarla en su problema, esta mujer responde con evasivas, presentando a su vez problemas de todo tipo: políticos, litúrgicos, prácticos, etc.
1) Así, cuando Cristo le dice una cosa tan clara y tan directa como es la petición “dame de beber”, esta mujer no accede ni rechaza: no dice “sí” o “no”, sino que presenta a Jesús de pronto un problema político: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” Por cuestiones históricas, los judíos despreciaban y no se trataban con los samaritanos ni viceversa. Esto es lo mismo que sucede hoy día: los de Oviedo no pueden ver a los de Gijón y viceversa, los de Lugones no pueden ver a los de Pola de Siero y viceversa, los chinos no puede ver a los japoneses y viceversa, los del PP no pueden ver a los del PSOE y viceversa. Mis primeras parroquias estaban situadas en el concejo de Taramundi. Tenía 4 parroquias, y los de la parroquia de Bres no podían ver a los de Taramundi y viceversa. Si unos iban a un funeral en la otra parroquia, no echaban nada al cesto de las limosnas para no beneficiarlos, y lo mismo hacían los otros. En definitiva, Jesús se salta los localismos tontos que tenemos al hablar de persona (Jesús) a persona (Samaritana), pero esta mujer se empeñaba en seguir levantando esa pared política. “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”
2) Luego Jesús cambia de táctica y le ofrece a la Samaritana de beber de un agua que le hará no tener nunca más sed: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.” Tampoco esta vez la mujer acepta o niega, sino que ‘se escapa’ de nuevo y responde a Jesús con un problema práctico y, además, con ironía: “No tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
3) Cuando Cristo, al fin, se presenta ante ella como el Mesías, la mujer, en vez de reaccionar ante este hecho, se escapa una vez más proponiendo una dificultad de tipo litúrgico: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros (los judíos) decís que es en Jerusalén donde se debe adorar”.
Todo son dificultades y preguntas. Todo son escapatorias y dilaciones. Todo es suscitar problemas que no tocan para nada el meollo del asunto, de su asunto personal.
¿Es ésta nuestra actitud con el Señor? ¿Intentamos también nosotros oscurecer con problemas teóricos el insoslayable problema de nuestra vida personal? ¿Estamos pretendiendo arreglar el mundo sin arreglarnos antes a nosotros mismos? Decimos que queremos y exigimos la verdad: En las estructuras, en las instituciones, en los demás…, pero nos negamos a enfrentarnos honradamente con nuestra verdad, con nuestro problema. Y muchas veces estamos huyendo, volcados hacia fuera, para no vernos obligados a entrar en el fondo de nuestra actitud de escape. La respuesta de Cristo es fulminante. Jesús entra directamente en el problema personal de la Samaritana: “Llama a tu marido”. Y cuando, al fin, la mujer confiesa su situación, le responde Jesús: “Ahora estás diciendo la verdad” (Jn. 4, 18). Ahora dice la verdad; no antes, cuando pretendía escaparse con sus preguntas dilatorias y con sus problemas teóricos. Ahora la Samaritana está ya tocando su verdad. Su auténtico problema personal. Por eso, esta mujer, cuando vaya al pueblo e invite a sus vecinos para que se encuentren con Cristo, no les dice: “Venid a ver a este hombre que me ha resuelto el problema de dónde se debe adorar a Dios”, o ”el problema de la relación entre judíos y samaritanos”. Les dice sencillamente: “Venid a ver a este hombre que me ha dicho lo que yo he hecho”.
Vamos a pedirle a Cristo que nos trate igual que a la Samaritana: Que entre directamente en nuestra vida, en nuestro problema, y que nos haga entrar a nosotros, y enfrentarnos valientemente con nuestra verdad.
b) Cristo. La verdad es que leyendo este evangelio (y otros) uno no puede por menos de enamorarse de Jesús.
1) Vemos cómo El, con sencillez, dice a la Samaritana:
“Dame de beber.” Jesús tiene una necesidad física y pide ayuda a otra persona sin mirar si es un hombre o una mujer, si es una judía o una samaritana, si es una pecadora “arrejuntada” con un hombre o si es una mujer casada con todas las de la ley.
2) Enseguida Jesús se olvida de su propia sed física y ve en el interior de la Samaritana la necesidad y la sed interior que ésta tenía. Por eso le dice: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.” Y añade Jesús: “El que bebe de esta agua (física) vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.”
En el mundo hay otras aguas que nos apagan la sed momentáneamente, que nos pare­cen muy apetecibles, pero siempre con ellas la sed vuelve más abrasadora. Sin embargo, el agua que nos da Jesús es un agua que calma nuestras ansias más profundas, es un agua que nos descu­bre otro mundo. Jesús es la auténtica agua, que nos hace más humanos, más humildes, más sencillos, más comprensivos. Sin Jesús nuestra vida no tiene sentido alguno. Pero esta agua no es algo que pueda quedarse dentro de nosotros sin salir al exterior. Jesús nunca es algo inti­mista. Mirad a la Samaritana cómo en seguida ha de anunciar a los de su pueblo aquello que ha vislumbrado. Lo dice de una manera muy tosca, pero dice que hay algo maravilloso: "La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: Venid a ver a un hombre que ha adivinado todo lo que he hecho; ¿será tal vez el Mesías" (Jn. 4, 29).
Termino con unas palabras de una persona que, como la Samaritana, se encontró con Jesús. Jesús le ofreció AGUA VIVA y esta persona bebió, y entonces escribió: He encontrado el Amor de mi alma. ¡Cuarenta y tres años buscando el amor de mi alma! He cogido trenes, he viajado en avión, largos recorridos a pie y muchas distancias en autobús por todo el mundo buscando el Amor de mi alma. He visitado catedrales, y pequeños templos, me he perdido en la ciudad, y me he pateado muchos pueblos, buscando el Amor de mi alma. He preguntado a muchos sacerdotes, psicólogos, médicos, maestros, niños y mayores, religiosos… por el Amor de mi alma, pero ninguno me supo dar respuesta de ello. He abrazado muchos amores, pero no el Amor de mi alma. Aquellos siempre me han dejado el vacío y la angustia de no encontrar en ellos el Amor de mi alma. He pasado noches largas, días de fatiga, tardes tormentosas, temperaturas casi de desierto anhelando el Amor de mi alma. Guerra contra el mal, golpes de contrarios, infidelidades por equivocaciones y engaños buscando el Amor de mi alma. Preguntándome cada día: ¿Pero dónde está el Amor de mi alma? Angustia, soledad, ario y calor, cansancio, hambre, dolores físicos, psicológicos y morales, a ver si sentía el Amor de mi alma. Ni en el verde del campo, ni en la aridez del desierto, ni en la fuente tranquila ni en el mar revoltoso estaba el Amor de mi alma. He recibido el trato de tonta, idiota, retrograda, pasada de moda, infantil, rezandera… Todo esto y mucho más por esperar escuchar el Amor de mi alma. ¿Cómo lo encuentran los que lo hallan? ¡He encontrado el Amor de mi alma! Alguien que ya lo había encontrado y disfrutaba de Él, me dijo dónde lo debía de buscar. ‘–Búscalo dentro de ti, ahí encontrarás el Amor de tu alma. Lleva cuarenta y tres años contigo.’ Así fue, me despojé de todo lo que no me dejaba ver ni sentir el Amor de mi alma, y lo encontré; Él me ha acompañado todos los días de mi vida. ¡Esto hace el Amor de mi alma! ¡Qué bien me siento con el Amor de mi alma! No hay otro igual que Él. Cuando lo encontré me abracé a sus pies y mi corazón gemía de alegría, y mis ojos derramaban lágrimas de gozo; y el Amor de mi alma era tan grande que yo sólo alcanzaba a sus pies. Entendí por qué ardía mi corazón: Pues… ¡por el Amor de mi alma! Ahora mi corazón sigue ardiendo, porque está en mí y me abrasa el Amor de mi alma. Cuando no sabía que el Amor de mi alma estaba conmigo, él calentaba mi corazón sin yo darme cuenta, pero ahora no sólo lo calienta, sino que lo abrasa.

¡Así es el amor de mi alma!

11 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Cuánto me alegra recibir cada semana tu homilía!
Ayer preparaba yo la Eucaristía para hoy; al leer el evangelio, enseguida pensé: ¿Qué nos dirá Andrés este domingo? Porque ciertamente el evangelio es muy hesmoso. Es curioso, pero Andrés, siempre me sorprende agradablemente.
Me encanta verme en la persona de esta Samaritana, porque realmente cuántas pegas le pongo yo al Señor; me cuesta tanto admitir mi realidad,que al igual que ella trato de escabullirme, o disimular; mas cuando El Señor se empeña, no hay escapatoria posible; muy finamente acaba llevándote a su terreno, y allí te espera para liberarte. Al fin comprendes que el encontrarte contigo misma es lo mejor que te puede pasar. Entonces ya te sientes libre, no necesitas maquillar nada, eres como eres, y así te quiere el Señor.
A mi me llama mucho la atención el observar la actitud de Jesús. El toma siempre la iniciativa, incluso se siente necesitado de que le asistas en ese momento concreto; mas lo que busca es precisamente a mí. Y poco a poco, a través de todas mis disculpas ó pegas, se me muestra abiertamente; y ya no hay escapatoria. O le amas, o le amas, porque resulta imposible resistirse a sus encantos.
El agua que El me ofrece sí que me sacia, a la vez que despierta en mi, el deseo de seguir acudiendo a la fuente.¡Que cosa tan hermosa!
Me parece precioso el testimonio que nos relatas.
Mucho he buscado yo amores que me llenaran, mas siempre en lugar equivocado, y dejándome cada vez un sabor amargo, y frustración.
Ya no me ocurre esto, ya no me siento en soledad, a pesar de que vivo sóla; siempre estoy acompañada y tengo con quién hablar; incluso quién me avise en mis despistes.Es el Esposo perfecto. El el Amor de min alma.Sí, Señor. Bendito sea Dios. Una vez más gracias Andrés.

José Ramón dijo...

¡Cuánta verdad hay en tu homilía!.- La enlazo con la del pasado domingo sobre el examen de conciencia.- Si hacemos el examen sin estar en la presencia de Dios, lo haremos de conformidad con la imagen que nosotros mismos nos fabricamos.- Por ese huímos.- Tenemos temor a que nuestra imagen real no coincida con " EL NOMBRE QUE DIOS ME PUSO CUANDO PENSÓ EN MÍ".- Todo ello confirma lo que yo pensaba decirte mañana D.m.a.- Creo que "algo nuevo" me está sucediendo.- Gracias.

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos.

Esa agua que JESUCRISTO nos quiere dar a beber es un agua diferente de JUSTICIA, de PAZ y de AMOR. Es una bebida muy diferente a la que nos ofrecen estos políticos alejados tanto los unos como los otros de DIOS. No hay disculpa es para todos, incluso para ellos, para cambiar de vida y abrirse a otra nueva y diferente, desde esta vida a la eterna, la que continua después de la muerte.

Sin esa agua la existencia en esta vida habrá sido peor que en balde, más nos valdría el no haber nacido, porque no llegaremos a la meta definitiva.


José Manuel.

Anónimo dijo...

Estoy sin aliento con "EL AMOR DE MI ALMA".
Has dado en la DIANA. "Buscaba sin saber".
!Qué homilia tan maravillosa para mí!
!Qué necesidad de reflexión y.... de "estar",........ ! ¡Sin más!
!Qué presente estaba EL ESPIRITU cuando me dejaste volver y ´....a pesar de tus rechazos y.... mi soberbia , .....acepté!
De no ser así, ¿Qué sería de mi ...ahora?

Con enorme gratitud.

Anónimo dijo...

¡ Qué linda homilía !
El diálogo de Jesús y la Samaritana me parece precioso, actual, valiente, pero sobretodo tierno, sin reproches, extraordiariamente delicado por parte de Jesús.
La sabiduría divina apostando fuerte, para llegar al corazón endurecido de esta mujer. Jesús no regatea esfuerzos para salvar de sus miedos a la samaritana, que son iguales que los mios, así que en ella veo mi propio reflejo. ¡ Cuántas veces el Señor ha querido establecer ese diálogo de amor misericordioso conmigo !!
Como ser humano que soy, para amar a alguien tengo que conocerle realmente, o de lo contrario pasar al terreno platónico. Por eso amar a Jesús, desde la pura imaginación, es para mí muy dificil, sin embargo, si puedo tener sentimientos de fe, de gratitud, de respeto, de adoración, de admiración, si todo eso es amor..., no lo sé.
Leyendo esa bellísima disertación sobre el " amor de mi alma ", no tengo palabras para describir mis sentimientos al respecto. Yo no podría decir algo así, no tengo la enorme suerte de tener ese don. Me siento impotente para albergar sentimientos tan elevados, y no dejo de preguntarme ¿ Cómo se llega a ese estado de perfección, de amistad y de comunión con Jesús ?
Yo me acostumbré a un Jesús amigo, y confidente, a un Jesús que amo desde mi pobreza. Solo me queda seguir confiando en su Divina Misericordia, para que me mire como El lo hace, con los pobres de espíritu.
Gracias D. Andrés por llenar tanto mi vida de dudas para hacerme crecer, por darme la oportunidad de reflexionar sobre mi diálogo con Jesús desde una óptica bien diferente a la que tenía, por ayudarme a caminar en este camino de mi vida, tan lleno de maleza y zarzas, y también gracias y bendiciones para Vd., los hermanos del blog, y la persona que realmente ha tenido la suerte de conocer al " amor de su alma ".

María Cristina dijo...

Andrés, la homilía de este domingo la encuentro “Bordada, llena de profundidad y sabiduría”. Nunca me había detenido a ver las actitudes de la Samaritana (de escape, de huída) me identifico con ella, cuando en mi vida a las exigencias que me hace el Señor escapo y no soy fiel

El Evangelio de la Samaritana en el pozo de Jacob con Jesús es uno de mis evangelios favoritos. Cuando trabajé en la Pastoral vocacional en varias ocasiones lo oré y reflexioné con las jóvenes que estaban en proceso de discernimiento vocacional y siempre personalmente y con ellas le encontraba algo nuevo y maravilloso.

• Jesús se acerca a l Samaritana
• Establece un diálogo con ella
• Acorta distancias de pueblos y culturas (No le importa el que ella sea Samaritana y Él Judío
• Le pide de beber
• Después de escucharla le revela la verdad sobre su vida
• Despierta en ella la necesidad de un agua que le calma la verdadera sed
• Cuando entra en intimidad y profundidad con ella, le regala el deseo de anunciarle, de ser testimonio de su presencia.

Gracias a todos los hermanos del blog por sus comentarios tan profundos, me identifico con vosotros que necesitamos “Al Amor de nuestras almas”. Agradezcamos a nuestro Padre Dios el don de Andrés en nuestra vida espiritual y oremos muy especialmente por él en esta semana que se va de ejercicios espirituales.

Cuanto me gustaría estar presente en tu Eucaristía, ya que no puede ser, tengo la alegría de poderla escucharla cuando Andrés la cuelgue.

Un abrazo para todos.

Cristina

Anónimo dijo...

El evangelio de la samaritana , no por muy escuchado y leído, deja de sorprenderme con algo nuevo cada vez.
Lo meditaba y veía claramente a los personajes: Jesús y la samaritana, pero un elemento empezó a llamar mi atención: el agua.
Jesús lo utiliza continuamente. Él es "agua viva". Este elemento indispensable físicamente,también lo es espiritualmente. Lo llevo a mi vida y reconozco claramente los beneficios que el AGUA VIVA realiza en mí. Es un bálsamo: calma mi sed, templa mi espíritu, relaja mi ímpetu,se acomoda a mí, es decir, adopta la forma de mí vasija porque El se abaja a mí, a mí circunstancia...es saciante y a la vez hace que quiera más, y se vueva indispensable en mi vida...En fin, Él mismo, el AGUA VIVA, es quién me mantiene. Además, sin el agua y la necesidad de beber, no hubieran entablado esa preciosa conversación tán aclaratoria para la samaritana y para mí.
Un abrazo para todos los compañeros del blog.

Any dijo...

Cuantas veces Jesus golpea a nueatra puerta y no lo oimos ni dejamos entrar pues como acostumbramos decir ¡¡estamos ocupados .... pero cuando abrimos nuestro corazon .. El entra en nuestra alma .. y desde ese momento nuestar alam se llena de amor .. y asi podemos vivir en su amor y darlo a los demas .... y es en ese moemtno que entramos a vivir en Paz ... Hoy alguien me preguntaba que es la feclicidad .. y al pensarlo le dije la felicidad ... se vive minuto a minuto .. se vivie viviendo y asomabrandonos de todo y cuando te vas a dormir si sientes en tu corazon Paz .. eso es la felcicidad y sabes se logra abriendo nuestro corazon a Jesus ¡¡ es la unica forma ¡¡¡
Andres voy a extrañar sus homilias en estos domingos ¡¡¡ que Dios lo bendiga " Any

isabel dijo...

querido Andres en primer lugar darte las gracias por todo lo que nos ayudas y por esas homilias tan bonitas que ta bien me vienen.
Que emvidia siento de esa gente tan cristiana y con tanta fe que dificil es para mi este camino pues se ne hace muy cuesto.
que ejemplo nos dio JESUS con la samaritana que dialogo ya me gustaria ami tener ese dialogo con el SEÑOR pues le tengo tan abandonado y que poco caso le hago
un saludo isabel

isabel dijo...

hola te mando coentarios pero algo hago mal pues no te deben llegar
un saludo
isabel

pepitina dijo...

Llevo una semana, desde el domingo pasado junto al Pozo, ese pozo de agua viva que es el Amado, el Amado de mi alma. A veces el cansancio -no sólo el físico- no nos deja hablar y simplemente el alma nos pide Estar.Dejé el cántaro..y fui a gritarlo: allí está el Amado de mi alma.No sé como, pero ante mi sorpresa, me encontré con dos coches (ocho personas) en camino hacia Latores.¿Sería que en mi carrera dejé el cántaro por el camino? ¿sería que el Agua Viva salpicó a otros? No lo sé.
Esto fue ayer. Estuvimos en Latores, en ese día de Desierto, que está organizado mensualmente y donde el Silencio -pues es en regimen de silencio-, nos hace verLe y escucharLe con tanta claridad. Su Presencia y Palabra son tan patentes, tan nuevas siempre. ¡¡Cuántas aguas bebidas, que dejaron aún mas sed en mi vida!! Hasta que nos paramos y escuchamos Su voz: "Dame de beber";
El Amado de mi alma, me pide de beber a mi, apenas aprendiz de amante...¡cuánto misterio y cuánta luz a la vez!
Toda regresamos llenas de Paz y con deseos de anunciarLo.
un fuerte abrazo