viernes, 8 de febrero de 2008

Domingo I de Cuaresma (A)

10-2-08 DOMINGO I CUARESMA (A)

Gn. 2, 7-9; 3, 1-7; Slm. 50; Rm. 5, 12-19; Mt. 4, 1-11


Queridos hermanos:
Pensaba predicar en la homilía de hoy el examen de conciencia, como hago otros años. Así revisaríamos nuestra vida a fin de prepararnos para una buena y necesaria confesión de nuestros pecados, pero, al leer las lecturas de hoy y como estuve el fin de semana pasado predicando unos ejercicios espirituales sobre el Padre Nuestro, voy a predicaros hoy parte de una charla que impartí allí: “no nos dejes caer en la tentación.” Dejaré el examen de conciencia para otro domingo de Cuaresma.
Esta petición del Padre Nuestro llega a la raíz de la petición anterior (“perdónanos nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”), porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos “deje caer” en ella. Hemos de saber que “Dios ni es tentado por el mal[1] ni tienta a nadie” (St. 1, 13); al contrario, quiere librarnos del mal. Dios educa, nos educa con su maravillosa pedagogía a fin de hacer surgir, crecer, fortalecer y desarrollar las virtudes: fe, esperanza, caridad, alegría, humildad, abnegación, constancia, austeridad, servicio… Con esta petición pedimos a Dios que no nos deje tomar el camino que conduce al pecado, pues estamos empeñados en el combate “entre la carne y el Espíritu”. Hay cuatro cosas que hemos de tener en cuenta al profundizar en este tema:
1) La importancia del discernimiento de espíritus para saber distinguir entre el mal y el bien, entre Dios y Satanás. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza. Os voy a dar dos criterios muy importantes a la hora de discernir: el primero está contenido en el texto de los Gálatas (Gal. 5, 19-23); el segundo es la Iglesia por medio, por ejemplo, del director espiritual.
2) El Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba y la tentación. La primera es necesaria para el crecimiento del hombre interior (Hch. 14, 22 [“tenemos que pasar muchas tribulaciones para poder entrar en el Reino de Dios”]; 2 Tm. 3, 12 [“todos los que quieran llevar una vida digna de Jesucristo, sufrirán persecuciones”]) en orden a una “virtud probada” (Rm. 5, 3-5[2]). Sin embargo, la tentación conduce al pecado y a la muerte (cf. St. 1, 14-15).
3) También debemos distinguir entre “ser tentado” y “consentir” en la tentación. En efecto, el discernimiento desenmascara la mentira de la tentación: aparentemente su objeto es “bueno, seductor a la vista, deseable” (Gn. 3, 6), mientras que, en realidad, su fruto es la muerte.
4) Asimismo el Espíritu nos ayuda en el discernimiento y nos advierte para que nunca dialoguemos con Satanás. El es el príncipe de la mentira, como le llama Jesús (Jn. 8, 44). El gran error de Eva fue el dialogar con la serpiente. Satanás es más listo que nosotros. Veamos los diálogos de Eva y Satanás, y el de Jesús y Satanás, y los compararemos:
a) Eva y Satanás. “La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: ‘¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?’. La mujer le respondió: ‘Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: «No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte»’. La serpiente dijo a la mujer: ‘No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal’. Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos” (Gn. 3, 1-7). En este relato vemos que es Satanás quien inicia el diálogo, vemos que es él quien conduce la conversación. Satanás empieza con la mentira y la sospecha hacia Dios (Dios les dijo que no comieran de ningún árbol), y Eva se deja envolver y va al terreno que Satanás la lleva, es decir, quería que se fijara en ese árbol concreto. Vemos cómo Satanás mete cizaña a Eva contra Dios y le hace sospechar de Dios. Lo deja por mentiroso. Y es que Satanás dice medias verdades: “se les abrirán los ojos”, pero acompañadas de mentiras: “serán como dioses, conocedores del bien y del mal”. Los ojos de Eva quedan empañados por la codicia, por la soberbia, por la envidia, por la desobediencia, y ve el árbol con unos ojos nuevos; ve algo apetitoso y agradable, no porque sea “apetitoso y agradable”, sino porque lo ve así inducida por Satanás, pues antes no había reparado en el árbol. Eva coge del fruto, come y hace a los demás partícipes de ese fruto. Lo mismo que el bien es contagioso, también lo es el mal. Efectivamente, a Adán y a Eva se les abren los ojos, pero… no son como dioses. Simplemente están desnudos. Han sido desvestidos de su inocencia, de su confianza en Dios, de su paz, de su aceptación de la vida tal y como Dios les ha regalado y… lo que ven… no les gusta nada y les queda un regusto amargo. El “compañero”, la serpiente-diablo que les indujo al pecado y a la desobediencia… ahora les deja solos. Adán se distancia de Eva: “la mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol y comí” (Gn. 3, 12). Eva se distancia de Adán: “desearás a tu marido, y él te dominará (Gn. 3, 16).
b) Jesús y Satanás. “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: ‘Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes’. Jesús le respondió: ‘Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’. Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: ‘Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra’. Jesús le respondió: ‘También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios’. El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: ‘Te daré todo esto, si te postras para adorarme’. Jesús le respondió: ‘Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto’. Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo” (Mt. 4, 1-11). Satanás toma también la iniciativa para dialogar con Jesús, pero Jesús no se deja envolver. Jesús se agarra a Dios y a su Palabra. Satanás le ofrece riquezas, fama, pan y cosas materiales, pero Jesús se agarra siempre al Padre y a su Palabra. Satanás intenta también tentar a Jesús con la Palabra de Dios (sí, Satanás no tiene reparo en usar lo sagrado para sus fines), pero Jesús se sigue aferrando a la Palabra y ordena a Satanás que se vaya, y éste se va. ¿Por qué? ¿Por qué Satanás obedece a Jesús? Porque es más grande Dios que Satanás, porque es más grande el hombre (cuando está con Dios) que Satanás. Al final, unos ángeles sirvieron a Jesús, porque después de cada lucha con Satanás quedamos con más paz, con más alegría, con más fe, con más firmeza en nuestra fe, y estos frutos son los que los ángeles nos traen y nos sirven.
[1] Lo que le sucede a Jesús en Getsemaní –es tentado por Satanás-, le acontece en cuanto hombre que es y no en cuanto Dios.
[2] “Hasta de las tribulaciones nos sentimos orgullosos, sabiendo que la tribulación produce paciencia; la paciencia produce virtud sólida, y la virtud sólida, esperanza. Una esperanza que no engaña porque, al darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones.”

7 comentarios:

Anónimo dijo...

¡ Qué esclarecedora ha sido esta Homilía para mi vida!
Me doy cuenta después de meditar sobre las palabras de D. Andrés, que el diablo y yo, hemos mantenido muchos diálogos a lo largo de mi vida, santanás no tiene ninguna virtud, pero si tuviera alguna, sería la de ser un trabajador incansable.
No obstante, y a pesar de ceder en muchas ocasiones a sus pretensiones, soy pecador, he sentido también la ayuda del Señor para "frenarle", para arrojarle de mi vida, y eso me ha dado fuerzas para combatirle en otras muchas batallas, de forma que mientras más me acerco a Dios, más me fortalezco para plantarle cara.
Es muy dificil discernir sobre las muy variadas formas que tiene el diablo de tentar, teniendo en cuenta que es listo, que conoce por dónde atacar a su víctima, él sabe como nadie, enmascarar la mentira y convertirla en verdad aparente, confundiendo, " restando importancia " al hecho en sí. No obstante hoy tengo muy claro, que el único referente en momentos de tentación, debe de ser Dios, y solo El por medio de su Espìritu Santo, me dará la fuerza necesaria para salir con bien de cualquier situación de pecado.
El Sacramento de la Penitencia, es una bendición más del Señor, que me ayuda a preservar en el Amor de Dios, y a evitar caer en la tentación.
Invocar al Señor en cualquier momento de la vida, es el bálsamo que me cura y me ayuda a caminar.

Gracias D. Andrés por esta Homilía tan importante, que nos prepara para la lucha por la salvación del alma.

Un abrazo para todos los hermanos del blog.

Anónimo dijo...

Leyendo el comentario del "Anónimo" me animé a responderle y decirle que me siento totalmente identificado con su exposición, clara y sincera, Gracias por darme la oportunidad de seguir entrando en mi propia conciencia de pecado...y de no desfallecer en la lucha.Gracias.

También quiero decir a Dº Andrés que está muy clarificadora su Homilía y que los pasos a seguir ante la tentación, están muy acertados, para los momentos de serenidad...; pero que también hay que contar con la DEBILIDAD humana, con experiencias vividas, para bien o para mal..., que forman para de la historia personal de cada uno..., en la que
también está el Señor con su gran misericordia, su perdón y su amor incondicional y entrañable...

Con todo lo dicho, no quiero justificar el pecado, ni echo en saco roto el contenido de la Homilía, sino que la reflexiono e intento llevarla a mi vida, con tantas luces "hermosas", como en el Paraíso y tantas sombras "oscuras y duras de pasar", como fruto de ese querer gozar..., tener..., poseer o intentar ser más que los demás.

Gracias a los hermanos del blog y sobre todo a Dº Andrés quien a toda consta nos quiere hacer santos. ¡Lo tiene difícil, al menos con algunos...!
Un saludo cariñoso unido a la oración diaria.

Any dijo...

Como anteriromente les he hablado de todo lo que aprendi atraves de mi niñes y de mi abuela Servanda una gallega llena de amor o mejor dicho llena de Dios ¡¡ Ella me contaba que para que Satanas no entrara en mi vida .. y yo no cayera en sus manos tenia que pedirle a Dios que todos los dias me diera las cuatro " P" ... pues eran como las patas de una mesa que si una faltase las otras caerian .. o por lo menos estarian tembleques ¡¡ La primera P era la de paz interior .. que se consigue por medio de la oracion y al humildad .., la segunda "P"la de la paciencia .. con el otro¡¡y ante las dificulatdes , la tercera la de la prudencia .. para la lengua pues se puede herir y mucho con ella y la cuarta la de la perseverancia en la oracion y en el amor a Dios ... si cumpliamos con estas cuatro P estariamos cerca de Dios y de lo que El nos enseño que es el amor al projimo ¡¡¡ y Satanas se iria de nuestra vida pues con el poder de la oracion, de la paz y la prudencia lo venceriamos ...
Espero que les halla gustado la historia de las " P " que yo trato de poner en practica dia a dia ¡¡no es facil pero se puede ¡¡Un abrazo a todos ¡¡ lleno de agradecimiento por estar con ustedes Any

Pepitina dijo...

¡Qué bonitos comentarios! Cada uno me ha aportado ó recordado algo importante para agradecerlo: el anónimo primero sobre:"El Sacramento de la Penitencia, es una bendición más del Señor, que me ayuda a preservar en el Amor de Dios..
El siguiente comentario me ha recordado como hoy y siempre "está el Señor con su gran misericordia" y mi amiga Any (en cuyo delicioso blog he entrado curiosamente (¡lo siento!) me ha aportado la bonita historia de las cuatro "P".
¡Cuánto aprendo de lo que Dios nos habla a través de los demás.!
Esta mañana del domingo, mientras iba desde Gijón hacia la Catedral, con la idea de dar un abrazo a las Misioneras antes de su marcha y aprovechar a recibir la Bendición del P. Andrés, iba con el corazón sangrando por "tantas cosas" como nos presenta la vida, pero iba consciente de la Paz que sentía. De repente sentí que esa Paz se me "iba" y como un resorte me encontré repitiendo el sal. 50 de la misa de hoy: "Misericordia Señor por tu bondad..", recuperando la paz inmediatamente. Luego al escuchar la homilía-aunque ya la tenía meditada-, caí en la cuenta que la Misericordia del Señor había actuado en mi y había puesto precisamente Su Palabra en mis labios y sentí una seguridad muy grande porque nuestro Dios no nos deja nunca de su mano. Se me esponjó el corazón agradecido por Su Amor.
un abrazo

Anónimo dijo...

Felicidades D. Andrés.

Anónimo dijo...

Después de los ejercicios con D.Andrés, me he propuesto vivir esta Cuaresma intensamente. Tan sólo llevamos la primera semana, la más corta y ya he comprobado como El Señor cada vez que renuncio a una comodidad o gusto por pequeño que sea me regala un gran entusiasmo, una gracia mayor para seguir luchando contra mi misma. Sólo tengo que estar atenta a la tentación y decir no.

Anónimo dijo...

¡Cuanto agradezco esta homila en estos momentos concretos!
Tras unos días en el "monte Tabor" había que regresar a Jerusalén, a la vida cotidiana, al desierto cuaresmal.
Allí el demonio me esperaba como león rugiente y amenazador.
Para mí la prueba va muy unida a la tentación, por el hecho de que cuando estás en tribulación, es cuando el enemigo aprovecha, para con una realidad tratar de llevarte a su terreno; en definitiva para que tu sufrimiento sea doble; y es que cuando hay prueba yo me encuentro más débil, por tanto más vulnerable.
Desde que llegué estas se suceden cada día, unas hacen mas daño, otras menos, pero todas traen sufrimiento; por tanto he de estar en constante combate con satanás, que como es su costumbre, se me quiere colar.
Hasta ahora no lo ha conseguido, porque el Señor ha estado fuerte conmigo, y me ha permitido agarrarme a El con fuerza, por tanto gracias aEl n o he perdido la paz en ningún momento, y me siento contenta, por lo que me parece tener a los ángeles conmigo.
No obstante el demonio no se cansa nunca,como dice el amigo anónimo, es un "trbajador incansable" cuando vé que no consigue engañarte, te ataca por otro sitio; por ejemplo: hace todo lo posible para que no utilices las armas que la iglesia nos aconseja;oración, limosna y ayuno.
El domingo sali de casa con la idea de ir hasta las esclavas y ponerme en oración ante el Santísimo,normalmente me lleva unos diez minutos,poco más, llegar;pués en esta ocasión casi tardé una hora.No paraba de encontrar gente a la que hacía tiempo que no veía,y había que pararse.
Por la noche me disponía a rezar vísperas,el teléfono no dejaba de sonar.
Estamos preparando una celebración sobre la oración, pués no dejan de surgir problemas, para impedir que se lleve a cabo.(creo que será al fin este miércoles).
Todo esto parecen tonterías o casualidades,más yo veo en estas pequeñas cosas al enemigo.
Muchas gracias por todo Andrés, que el Señor te bediga.
BENDITO SEA DIOS. Chony