sábado, 8 de marzo de 2008

Domingo V de Cuaresma (A)

9-3-08 DOMINGO V CUARESMA (A)


Ez. 37, 12-14; Slm. 129; Rm. 8, 8-11; Jn. 11, 1-45




Queridos hermanos:
* Las lecturas de hoy nos hablan de muertos y de muerte. Ello nos recuerda una realidad muy presente en nuestra vida de cada día.
Al leer el periódico de cada día, unos lo abren primeramente por la sección de economía, otros por la sección de deporte, otros por la sección de programas de televisión y muchos por la sección de las esquelas. En éstas se mira la edad que tenían los difuntos y, cuando se ve habitualmente gente más joven que uno mismo o de edad parecida, entonces eso recuerda que se está ya en “lista de espera”…
A veces miramos fotografías antiguas de nuestra boda, de la ordenación sacerdotal, de primeras comuniones, del colegio o de la universidad, de otros eventos… y nos fijamos en personas que ya han fallecido y que no están entre nosotros. Ya no están abuelos, padres, tíos, primos, vecinos, amigos…
Una de las actividades más frecuentes que hemos de hacer a lo largo del año es ir a los tanatorios a dar pésames, ir a las iglesias a funerales, y acudir a cementerios o a columbarios para depositar allí los restos o las cenizas de los fallecidos.
Por tanto, repito que el contacto con la muerte es algo habitual y corriente en nuestra vida ordinaria.
* También el evangelio de hoy nos cuenta la muerte de Lázaro, un amigo de Jesús, y nos da una serie de datos que rodearon aquel suceso y que hoy, 2000 años después, se siguen dando:
- Ante la enfermedad grave de Lázaro y la posibilidad real de una muerte inmediata, se avisa por parte de los familiares a los amigos más íntimos.
Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: -‘Señor, tu amigo está enfermo’.
- Una vez que Lázaro falleció, éste fue enterrado y la gente que se enteró después del entierro acudió, no obstante, ante las hermanas del difunto para darles el pésame:
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado […] muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.
- Las lágrimas y el desconsuelo forman parte de la gente que tiene un parentesco con el difunto o de la gente que tiene amistad con el mismo. Así, el evangelio nos cuenta que los vecinos y amigos estaban consolando a María por la muerte de su hermano, ya que ésta lloraba. Nos dice el evangelio que Jesús, ante la muerte de Lázaro y viendo llorar a María, también solloza él y se conmueve. Por tres veces se dice que Jesús sollozó y lloró de pena ante la muerte de Lázaro. He de decir, como sacerdote que para mí, éste es uno de los momentos más duros: Cuando no sabes qué decir o qué hacer a la gente que sufre y llora por el fallecimiento de un ser querido. Recuerdo que, en junio de 1988, un domingo había celebrado las Misas por la mañana en el concejo de Taramundi. Comí después con un matrimonio mayor y me entretuve con ellos en su casa. A media tarde me vinieron a buscar el médico y el juez de paz de la villa. Querían que los acompañara, pues un chico de unos 26 años, que se iba a casar en un mes, se había ahorcado (en los cuatro años que estuve en Taramundi enterré a 8 personas que se habían suicidado; esto era muy común por aquella zona). Pues bien, llegamos a un monte, que estaba a una media hora de camino de la casa del chico ahorcado. Allí colgaba él de un árbol; tenía abundante saliva en la boca. La saliva ya estaba verde y tenía moscas por su cara y en la comisura de sus labios. La cuerda estaba hundida en su cuello. La escena era muy desagradable y fuerte. El chico había salido por la mañana de casa para atender el ganado que estaba libre en la montaña, pero tardaba en venir para comer. Entonces, un hermano y su padre salieron a buscarlo y lo encontraron así. No podían moverlo ni descolgarlo hasta que el médico y el juez de paz hicieran el levantamiento del cadáver. Eran las 8 de la tarde cuando pudimos bajarlo del árbol. El hermano y yo lo cogimos por los pies para alzarlo un poco y el padre cortó la cuerda. Lo metimos en un todo terreno. Ya estaba rígido y no pudimos encogerle las piernas, que sobresalían por la puerta de atrás del vehículo. Pero lo más duro estaba por llegar: cuando metimos entre los tres (padre, hermano y yo) al chico en la casa por la cocina y allí estaba la madre, ésta empezó a dar gritos y a llorar de modo desconsolado por su querido hijo. En estos momentos lo único que puedes hacer es estar, tener gestos físicos de cariño y de cercanía y callar o decir palabras sueltas de consuelo y de fortaleza.
- Asimismo con ocasión de una defunción, puede haber malos olores, sobre todo si la persona difunta estaba muy medicada. Cuando Jesús le dice a María que quite la tapa del sepulcro, con mucho sentido común la hermana le responde:
Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.
* ¿Qué postura hemos de tener las personas de fe ante la muerte? ¿Podemos reaccionar igual que los que no tienen fe y que los creyentes no practicantes? ¿Qué respuesta nos da Jesucristo ante la muerte? ¿Nos da El también el pésame? ¿Sus palabras son palabras de consuelo, como cualquier amigo o como cualquier persona de buen corazón? Veamos lo que nos dicen las lecturas de hoy:
- Ante el sufrimiento y ante la muerte, los creyentes debemos reaccionar como dice el salmo 129, es decir, volviéndonos a Dios para suplicarle con entera confianza, para poner en sus manos nuestros corazones destrozados:
Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica […] Mi alma espera a en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.”
- Esta entera confianza en Dios la vemos en las dos hermanas de Lázaro, las cuales por separado dicen a Jesús lo mismo: (María) “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.” (Marta) “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.” Implícitamente hay una especie de reproche: ‘Señor, te habíamos avisado con tiempo. ¿Por qué te entretuviste en venir? ¿Por qué no viniste enseguida? Podrías haberlo curado, como curaste al ciego de nacimiento.’ Sin embargo, a continuación de este de reproche, una de las hermanas afirma totalmente convencida su esperanza en Jesús, en Dios y en la vida eterna: “Pero aún ahora (que mi hermano está muerto) sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. […] Sé que (mi hermano) resucitará en la resurrección del último día.”
Hasta ahora hemos visto los que hemos de hacer los creyentes ante el sufrimiento y ante la muerte. Ahora veamos la respuesta de Dios a estas súplicas y a estas necesidades de sus hijos:
- Dios, a través del profeta Ezequiel, nos responde:
Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío […] Os infundiré mi espíritu, y viviréis.” Fijaros en la fuerza de esta imagen que nos presenta el profeta: Será Dios mismo quien venga a nuestros cementerios, ante nuestros nichos, a donde estén depositados nuestros restos o cenizas y abrirás las puertas y las losas; escarbará en la tierra y buceará por el mar, si nuestras cenizas fueron esparcidas por el agua, y nos recogerá con sus manos y nos hará salir de allí. Y en ese momento nos soplará con su aliento de vida y viviremos de nuevo, y viviremos para siempre.
- Y el mismo Jesús dice en el evangelio de hoy nos dice: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.” Jesús es la VIDA auténtica. La única manera de beber de esta fuente de VIDA, tanto si estamos muertos como si estamos vivos, físicamente hablando, es a través de la fe en El. Por eso Jesús pregunta a Marta si cree, y cuando María duda en abrir el sepulcro de Lázaro, porque huele ya mal, Jesús le dice: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?” Marta creyó y lo confesó abiertamente: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.”
Que Dios Padre nos conceda tener esta fe. Pidámosela a El, que es quien nos la puede dar.

8 comentarios:

Elena dijo...

Me acabo de acordar de mi abuela que siempre rezaba, entre sus muchas oraciones por tener una buena muerte, se murió en mis brazos, estaba como un bebe hacía años y de su muerte yo aprendí lo siguiente que fue de un gran consuelo: 1º Que todo hombre sabe cuando se muere y se da cuenta de ese momento. 2º Que Dios le concedió la buena muerta que siempre pedía, dormirse en El. 3º Comprendí un poco lo que significan las palabras de San Francisco cuando habla de la "hermana muerte", como una hermana que te lleva a Dios, yo creo que a cada hombre le llega y se muere según vive. Así que yo ahora rezó siempre para que nos dé una buena muerte a los de mi casa

Anónimo dijo...

Los Evangelios de esta Cuaresma son una bellísima catequesis para mí. Hace unas semanas Jesús, era la Fuente de Agua Viva, ese agua que me permite alimentar el espíritu y me apaga la sed para siempre. La semana anterior, Jesús me hacía recobrar la luz de la fe, como hizo con el ciego, y ahora en el día de hoy, Jesus, es la Vida, la resurrección, la certeza, de que solo estoy muerto cuando mi fe flaquea, hoy tengo como lema sus palabras " Yo soy la Resurrección y la Vida ".
La vida le hace a uno morir muchas veces en el espíritu, y solo con la ayuda del Señor, puedo resucitar como Lázaro, aunque me espere una muerte física, sé que es la antesala de la vida eterna. Confio ganarme esta plaza en mi destino final, pero soy débil y me quiebro, me acojo a la Misericordia Divina para que camine a mi lado, y su Mano sujete la mía.
Como Elena, yo también rezo para tener una buena muerte, para mis seres queridos, para toda la humanidad, y para mí, lo de toda la humanidad lo digo sin rubor, yo creo que el Señor, tiende su mano hasta el último instante de nuestra vida, de ahí mi esperanza en la salvación de todos los seres humanos.
Felicidades a D.Andrés por esta nueva opción dentro de su blog, de consultar las citas de su homilía, así como por el importante número de visitas que está recibiendo, y muchas gracias, por permitirme con sus enseñanzas seguir caminando en la fe.
Un abrazo para todos los hermanos del blog.

Anónimo dijo...

Estimado don Andrés y demás hermanos:

La muerte ha sido siempre para todos un escabroso tema de conversación. Algunos dicen que no hay nada después de la muerte, una buena forma de engaño inculcada por el el Angel Caído.

La muerte no es una tragedia pero sí lo es morir y no ir con Dios. En la vida agarrarse a Jesucristo y en la agonía final también.

Muchas veces recuerdo la muerte de el famoso actor Gary Cooper, aquel hombre que vivió apartado de Dios, una vida disipada e irascible. Cuando el cáncer le sobrevino cambió y abrazó la fe, en la agonía nunca solto de sus manos un crucifijo y con él murió. Buena forma de hacerlo, la mejor, dando testimonio de fe con esta sencillo acción, pero rotundamente ejemplar.

Nosotros no podemos irnos de esta vida de la forma que lo hace una persona sin fe, con humildad pero dando testimonio de que después de esta vida, los arrepentidos nacen inmediatamente después a la vida verdadera. Quizás antes pasando por un purgatorio para presentarnos limpios ante Dios, pero con la mitad del camino ya hecho y con una dirección clara y definida.

José manuel

Any dijo...

Que tema dificil ... y del nadie que puede escapar .Recuerdo que mi primer contacto con la muerte fue cuando partio mi abuelo ¡¡ yo era pequeña tenia 10 añitos .. y mi abuela me dijo lo siguiente " No debes estar tan triste ..la muerte no es mala.. piensa que el abuelo Ramon se ha subido a un tren y con una gran paz y alegria nos saluda desde alli .. pero feliz pues va a encontrarse con el Padre de todos .. y estara en paz ... y mientras lo recordemos con alegria el Vivira por siempre en nuestra corazon .. pues la muerte no nos saca a los seres que amamos sino los inmortaliza por siempre en nuestro corazon y alli seguiran viviendo...No lo entendi muy bien en ese momento ..pero ahora que he perdido a muchos seres que he amado ...y amo veo claramente como ella tenia razon y mi corazon esta lleno del amor de mi madre , de mis abuelos y de mi niño ...y se que por mas que no esten presentes viven en mi ¡¡¡¡¡¡

Anónimo dijo...

La homilía de hoy me ha parecido especialmente dura. El caso que se nos cuenta del chico ahorcado es fuerte y descarnado. En mi educación, gran error, la muerte no era tema que se tocara fácilmente, siendo como es, parte fundamental y segura de la vida. Parecía como si la muerte no estuviera hecha para mí, como si sólo fuese para los demás. Cuando fui madre, a mi hija le hablé de ella con naturalidad y, cuando falleció mi padre, la llevé al cementerio para que, comprendiera que la vida no siempre es alegría interminable; la vida aquí se acaba y pasamos a otro estadio diferente.
He oído siempre que con los años, la vida o mejor dicho la muerte, se ve con otros ojos, de otra manera. Desde mí, creo que no son los años, es la fe creciente que nos llena de esperanza; es la confianza que el Señor nos da para desapegarnos de las cosas de aquí y que nuestro corazón sufra menos ante la idea de la desaparición de este mundo. En fin, es la aceptación mediante una preparación por medio del conocimiento de Dios.
La vida después de la muerte es de difícil comprensión desde la mente humana. Hay una teoría de un teólogo asturiano de gran prestigio, Ruiz de la Peña, en donde él llega a decir que, para “entender” un poquito lo que vendrá detrás, hay que quitar de nuestra mente las coordenadas en las que nos movemos, el tiempo y el espacio. De esta forma sin tiempo ni espacio, todo será AHORA.
Me llama la atención los reproches con los que Marta y María reciben a Jesús y me llevan a una conversación mantenida con una chica, que me contaba la muerte en accidente de su hermano y cómo ella se “enfadó” con Dios por no poder entender aquel suceso. Desde una profunda fe, eso no te pasaría nunca, le dije. Esa desesperación a los creyentes no nos afecta. Esta conversación “prendió” en ella y ha quedado pendiente entre las dos para hablarla en un futuro.
Muchas gracias, D. Andrés, por la homilía y por ayudarme en el camino hacia Dios que me ayudará a entender la muerte de los demás y la mía propia, si el Señor me da tiempo para ello.
Un abrazo a todos mis compañeros del blog.

Anónimo dijo...

Llevo varios días como sabes,en que me parece ser otra persona. Es decir, mi cuerpo y mi mente están en una total laxitud, de manera que todo parece resbalar sobre mí, sin calarme ni un poquito siquiera. Esta situación me impide hasta rezar,leer, etc.etc.
La verdad es una situación muy angustiosa, mas yo no puedo hacer nada por evitarla.
Pero sí puedo decir una cosa, que si no existe la resurreción, y la esperanza en otra Vida, ésta no tiene ningún sentido; cómo tampoco lo tedría el sufrimiento y el dolor, del tipo que sea.
A mí siempre me gustó este evangelio, en que podía ver el amor de Jesús hacia aquellos hermanos. Saber que Jesús solloza por la muerte de su amigo, y al ver llorar a sus hermanas; aún sabiendo que Lázaro resucitaría. Veo la humanidad de Jesús.
Por otro lado, la resurección de Lázaro,me ponía de manifiesto una vez más, el arrepentimiento, el perdón y la misericordia de Dios, a pesar del mal olor de mis pecados.
Hoy me haces recapacitar,que esto es como un anticipo de la resurrección final, que enlaza perfectamente, con la lectura de Ezequiel, que de una manera tan bella nos has expuesto.
Mira que me es harto conocida, mas nunca he sabido verla de esa forma; el mismo Jesús que viene a buscarnos a nuestros sepulcros, para infundirnos su Espíritu, y darnos la VIDA, para siempre.
Cuánto te agradezco que nos mastiques así la palabra, para que podamos llegar a comprender al menos un poquito, lo que Dios nos prometió. Cuando te paras a pensarlo, resulta algo impresionante. Ese desvelo y preocupación constante del PADRE, por estos hijos que peregrinamos hacia esa tierra prometida; que mana leche y miel. Donde no habra llanto , ni luto, ni dolor.
Yo tengo ya muchos seres queridos que han llegado a la meta, y es un gran consuelo saber, que ya gozan de la presencia de Dios; que francamente es algo que no alcanzo a imaginar cómo puede ser. Pero quiero pensar, que es algo que queda fuera de toda razón, "lo que Dios tiene preparado para los que le aman"
De cuántos sufrimientos se han librado.
Andrés, me parece muy buena idea el que pongas las lecturas del día. Te felicito porque cada vez mejoras en todo. Que Dios te bendiga.
BENDITO SEA DIOS

Pepitina dijo...

Hoy Marta, que en aquella ocasión en Betanía cuando Jesús las visita, queda tan mal parada, ante María-la que había elegido la mejor parte-, nos sorprende dialogando con el Maestro y casi enterneciéndonos. No obstante yo me quedo nuevamente con María:
-«El Maestro está ahí y te llama.» No dudó un momento en presentarse ante Él, casi con prisas..como la Virgen en la Visitación.
Apenas un tierno reproche al amigo y maestro y se postró ante Él, su Señor. Su gesto no tuvo falta de palabras entre ambos: "Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies", María desde allí vió, creyó y esperó cuanto le hacía falta ante el dolor por la ausencia del hermano que lloraba.
Es decir, Jesús preguntó por ella a Marta, ¡cuántas veces pregunta por mi y no le respondo; su reproche no le pareció mal -ya estaba a sus pies-, mis reproches son desde mi orgullo y egoismo tantas veces; que le enternecería mas ¿sus lágrimas por el dolor ó su confianza en Él como Su Señor? Me pregunto si soy motivo de ternura y gozo para el Señor..
A veces se nos olvida orar con el cuerpo y los gestos y ¡qué importante es!
Pero ¡¡QUÉ BLOG!! ¿lo habrá mas completo? ¡qué buena idea has tenido Pater incluyendo el poder acercarnos a las lecturas de la Misa. Gracias. Mas facilidades de Convertirnos, imposible. Vamos a acabar refalfiaos..pero también convertidos.
¡Santa Semana de Pasión a todos!

Anónimo dijo...

anonimo............si sabemos de la vida eterna para con Dios esta vida es una quimera