sábado, 29 de marzo de 2008

Domingo II de Pascua (A)

30-3-08 DOMINGO II DE PASCUA (domingo de la Misericordia) (A)

Hch. 2, 42-47; Slm. 117; 1 Pe. 1, 3-9; Jn. 20, 19-31




Queridos hermanos:
El domingo de Pascua os decía que hemos de luchar, suplicar y orar para que tengamos una experiencia personal de Cristo resucitado, lo mismo que la tuvieron María Magdalena, S. Pedro, S. Pablo, Sto. Tomás, Julio Figar,
Manuel García Morente y tantos otros. Acababa la homilía de ese domingo diciéndoos que hoy os daría unas claves para lograr ese encuentro con el Jesús vivo. La verdad es que esta afirmación ha sido muy pretenciosa,… demasiado. Lo que sí quería lograr con mis palabras era “abriros boca” para que vuestro espíritu sintiera la curiosidad por saber más acerca de ese encuentro personal con Cristo vivo. Pero sobre todo quería que tuvierais necesidad de ello. No obstante, no me desdigo de lo dicho entonces y hoy apuntaré algunas claves sacadas de la Palabra de Dios y de la experiencia de otras personas de fe que sí han tenido un encuentro personal con El[1].
¿Cómo hemos de hacer para tener esa experiencia personal de Cristo resucitado y vivo en nuestras vidas? Lo que diré a continuación va encaminado para los cristianos creyentes y practicantes. Para otras personas (ateos, agnósticos, creyentes no practicantes, etc.) daría otras claves, aunque muchas de éstas también les son perfectamente válidas.
- Primera clave: Lo primero que hemos de saber es que el encuentro con Cristo resucitado es un don y un regalo de Dios, y que El nos lo concede cuando quiere, donde quiere y como quiere, pero…. ¡tranquilos! que Dios lo quiere conceder a todos, sea de un modo o de otro. Por lo tanto, esta experiencia no depende principalmente de nosotros, sino que depende de El. Cuando dicho encuentro sucede, entonces el fiel entiende las palabras del salmo 117, que hoy hemos cantado:
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. El Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.”
- Segunda clave: En
la Vigilia Pascual el profeta Isaías nos decía: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en algo que no alimenta y vuestras ganancias, en algo que no sacia? Hacedme caso [...] prestad atención y venid a mí, escuchad bien y viviréis” (Is. 55, 1-3). Tengamos total confianza en Dios, por favor. En esto consiste esta segunda clave: en tener confianza absoluta en Dios. En estos días pasados estuve en Madrid con un amigo. Un día pensamos en ir a comer el plato del día a un restaurante. Nos paramos ante la puerta de uno para leer el menú, y mi amigo me decía que el local era nuevo, que no sabía cómo sería la comida… Un chico que entraba nos dijo que la comida era buena, que entráramos. Yo intuí que él trabajaba en el restaurante y que en su voz había cierta ansia. Ansia porque funcione el negocio, ansia para saldar las deudas del crédito que pidieron al banco para pagar alquileres, arreglo del local, compra de mesas, platos, cubertería, vinos, Seguridad Social… ¿Qué quiero decir con este episodio? Pues que las necesidades materiales nos agobian y sí que hemos de esforzarnos en cubrirlas, pero no podemos dejar por ello al Señor de lado. Temo que estemos tan preocupados por lo material, por las deudas e hipotecas, por lo perecedero…, que dejemos pasar a nuestro lado lo que importa de veras, lo que vale para siempre: Dios, nuestro Señor.
- Tercera clave: La encontramos en una lectura que escuchamos también en la Vigilia Pascual: “Buscad al Señor mientras se le encuentra […] que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad […] mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos” (Is. 55, 6-8). Mientras hay un hálito de vida, siempre se puede encontrar al Señor (o permitir que El nos encuentre), pero es necesario que dejemos el mal fuera de nosotros. Debemos intentarlo. No me refiero ahora al mal que nos hacen o que hay a nuestro alrededor; me refiero sobre todo al mal que hay en nosotros mismos y que sale a la superficie a lo largo del día. Si estamos atentos, lo notaremos: este mal nuestro sale en la ira, en la lengua de víbora, en la envidia, en la falta de perdón y de comprensión, en la dureza de nuestro corazón… Recordemos las palabras del libro de la Sabiduría: Porque Dios se deja encontrar por los que no lo tientan, y se manifiesta a los que no desconfían de Él. Los pensamientos tortuosos apartan de Dios […] la Sabiduría no entra en un alma que hace el mal ni habita en un cuerpo sometido al pecado (Sb. 1, 2-4). O también lo que nos dice S. Pedro: “Los ojos del Señor se fijan en los justos y sus oídos atienden a sus ruegos; pero el Señor hace frente a los que practican el mal” (1 Pe. 3, 12).
- Cuarta clave: También la primera lectura de hoy nos da pistas para prepararnos a tener este encuentro con Cristo resucitado. Se nos presenta una imagen de los primeros cristianos que ya quisiéramos hoy para nosotros en toda
la Iglesia. Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones [...] Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común […] a diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón.” Por tanto, 1) ser constantes en la lectura de la Palabra y en la escucha de la enseñanza de nuestros pastores; 2) ser constantes en la oración, personal y comunitaria; 3) ser constantes en vivir unidos, que nos significa ser fotocopias o clones unos de otros. Cada uno de nosotros tenemos unos carismas que Dios nos ha dado, pero no para nuestro provecho personal, sino para el servicio de la comunidad y del resto de los hombres; 4) ser constantes en compartir nuestros bienes con los demás, ya que no son nuestros, sino que son de Dios y nosotros sólo somos meros administradores de ellos y hemos de administrarlos según el pensamiento y la voluntad de su auténtico y eterno dueño: Dios.
Estoy completamente seguro que, si tenemos en cuenta estas claves y las procuramos poner en práctica, el encuentro personal y vivificante con Cristo resucitado se producirá. Si vivimos así, sería un milagro que no tuviéramos el encuentro. Si no vivimos así, el milagro sería que tuviéramos dicho encuentro.


[1] He de añadir, por otra parte, que esta experiencia personal es necesaria para poder ser testigos de la fe. Testigo es el que ha visto y ha oído. ¿De qué o de quién vamos a hablar a los otros, si nosotros mismos no sabemos de ello más que a través de libros o por terceras personas?

7 comentarios:

María Cristina dijo...

Después de leer la homilía de este 2º Domingo de Pascua solo me queda decir:

Gracias Señor por poner en mi camino y en la de tantas personas a Andrés que nos ayuda a “Despertar ese deseo del encuentro personal contigo”.

Es verdad que la experiencia personal con Cristo Resucitado es un “Regalo”, porque como dice San Pedro en su carta de hoy. “La fuerza de Dios os custodia en la Fe. No habéis visto a Jesucristo y lo amáis, no lo veis y creéis en Él”; esta es la fe que sostiene mi vida cada día en el encuentro personal con El Amado y como bien dices Andrés: “La experiencia que tengo de Él, no depende de mi, sino de Él que me la da..

Que profundas las palabras de Isaías cuando me invita a acudid por agua, a comprar trigo y comed vino y leche de balde; todo lo que soy en Él es por el cariño y la ternura que tiene hacia mi.

Os comparto esta semana he sentido que ÉL ES FRESCURA PARA MI…

José Manuel gracias por tu mensaje para las Misioneras (Olga, Luciola y Cristina), perdona el que haya respondido tan tarde. Saludos a tu familia.

Un abrazo para todos los del blog y los de (La comunidad de las Once). Mi deseo que dejemos a nuestro Amado “Hacer experiencia de amor en nosotros…” Él ES FRESCURA PARA TODOS...

Andrés de nuevo GRACIAS, que nuestro Padre Dios siga derramando sobre ti muchas gracias y dones.

Cristina

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Yo tuve la suerte de tener una conversión sin desearla previamente. Hace doce años cuando mi Padre estaba librando una batalla contra la muerte, intenté hacer un pacto con Dios, si mi Padre sanaba, yo iría a misa todos los Domingos. Pero todo salió como yo no esperaba, murió y me ví en la necesidad de pedir por su alma, yo necesitaba volver a verle como fuera, no podía perderle para siempre y por ahí Dios mi PADRE me ganó. Utilizó el CUANDO y el COMO, en el momento que sabía idoneo.

Dios se metió en mi vida de una forma asombrosa, mi familia no podía creerselo. Yo que no pisaba una iglesia para nada. Me hice catequista primero y después acólito para ayudar en las misas a Don Andrés.

Jesucristo era un desconocido para mi total, al principio solo era mi PADRE Celestial en todo y en cada uno de los momentos de mi vida, era mi pensamiento fijo. Le pedía por mi Padre terenal y por mi familia, pero siempre mi Padre ocupaba el lugar preponderante. Tenía que salvarse, y yo sentía la imperiosa necesidad de volver a verle otra vez.

Y DIOS me llevó ante su Hijo: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo trae; y yo le resucitaré el último día"(San Juan 6, 26). Esta parte del evangelio se hizo realidad en mi.

Doy las gracias a Dios por todo lo que ha hecho conmigo y cada vez que pienso en como obró en mi, me asombro en como me "pescó", de que manera tan magistral, fue encajando las piezas del puzle de mi vida, un hecho que empezó mucho antes de mi conversión, ya desde mi nacimiento, porque El ya tenía su pensamiento en este pobre pecador.

José Manuel

Anónimo dijo...

Abrazos para las hermanas religiosas:

Olga, Luciola y Cristina.

Olga, ya sé por Don Andrés que has recibido mi mensaje.

Que lo pases bien en compañía de tu familia en Colombia.

Un abrazo y que Dios te bendiga.


José Manuel

Anónimo dijo...

Hoy quiero comenzar dando gracias a Dios Padre, a su hijo Jesucristo y al Espíritu Santo. Ya que la Santísima Trinidad es quién ha hecho posible que en estos momentos me encuentre aquí escribiendo. Por supuesto no puedo olvidarme de D. Andrés. El ha sido el angel del que se ha valido el Señor, para anunciarme que Jesús está resucitado.
Escuchando las lecturas de la vigilia pascual, en que se nos narra la historia de la salvación, no podía por menos que darme cuenta ,de que lo nos cuenta la escritura, es ni más ni menos lo que el Señor ha hecho en mi vida.
El Señor también ha hecho una historia de salvación conmigo. y ya la tenia pensada antes de ser yo concebida. Desde luego no se parece en nada a lo que yo había proyectado. "Mis caminos no son vuestros caminos"
He visto al Padre creador, dándome la vida, y colocándome en el seno de una familia cristiana practicante, donde desde pequeñita me hablaron de Dios, al igüal que en el colegio de religiosas donde me eduqué.
Mas crecí con la idea de un Dios justiciero, que premiaba a los buenos, y castigaba a los malos; por tanto yo le tenía "miedo" También creía yo,que ese Dios, nada influía en mi vida terrena.
Así crecí, tratando de cumplir la ley por lo que pudiera pasar al final de mi vida.
Me casé, y el Señor ma dió tres hijas. Para mí el amor fué siempre lo más importante, por eso yo esperaba todo de mi esposo; teniéndole a él lo tendria todo. El matrimonio fracasó. Y esperimenté una total frustración y vacío. La Vida no estaba allí.
Pasado el tiempo, no me resignaba a vivir sin amor, por eso lo buscaba de forma equivocada. Era esclava de la idea que yo tenía del amor, y poco a poco
me fuí hundiendo, de tal manera que no encontraba salida.
Cada noche al acostarme yo le decia al Señor: Ten misericordia de mi, que soy un pecador. Él escuchó mi grito, como escuchó al pueblo de Israel, y vino a salvarme de mis esclavitudes.
Cómo decía,un "angel" puso el Señor en mi camino, que me anunció que Dios me quería, y que Jesús, muerto por mis pecados, estaba VIVO.
Comencé un nuevo camino, fiándome de lo que me decía el angel. Y era verdad.Jesús estaba Vivo, y me salía al encuentro. Obedeciendo,cada día dedicaba tiempo a la oración; mi Señor se me fué mostrando, dia a día, me fué conquistando, hasta el punto de que Él llenaba mi vida por completo, no necesitaba nada más, estaba totalmente llena. Toda mi sed de amor, quedó saciada,había encontrado el AMOR.
Este AMOR,me regaló una larga luna de miel, regada con dulce llanto, y dicha total.
No quiero que suene pretencioso, que Dios me libre, pero cómo los apóstoles tengo que dar testimonio de Jesús resucitado.
Donde quiso, cuando quiso y cómo quiso, Él me hizo percibir su presencia.
Encontrándome en mi dormitorio en oración, sentí que algo o alguien bajaba y se acercaba a mi, tocaba mi cabeza, y yo sentía una dicha inenarrable.
Creo que fueron unos segundos, pero el gozo era inmenso, y las lágrimas bañaban mi rostro.
No cabía duda Jesús estaba VIVO, y estaba cerca de mi, no era ajeno a mi vida.
Esto es la primera vez que lo cuento. sólo lo sabe mi confesor. Han pasado varios años desde entonces.
Así lo pude comprobar todos estos años. Han pasado muchas cosas, he perdido a mi madre, a mi esposo; he tenido serios problemas con mis hijas, familiares, etc. etc. Siempre mi Señor Jesucristo ha estado conmigo.
Siempre he tenido miedo a la soledad, era algo que no podia soportar. Hoy mis hijas están casadas, y hace mas de tres años que vivo sóla, puedo decir que estoy muy tranquila, no siento miedo, porque cada noche al acostarme, el Señor lo hace conmigo y vela mi sueño.
El siempre ha permanecido fiel, aunque yo en ocasiones no lo haya sido; más Él, siempre me ha recibido con los brazos abiertos, jamás me ha echado nada en cara; porque El no se acuerda de mis pecados. Me vé, limpia, hermosa radiante; porque Él ha sepultado todos mis pecados, y con su resurrección, me ha dado esta victoria, junto con el aceso a la vida eterna.
Muchísimas cosas podría contar, pero sería demasiado largo.
Hoy sólo puedo decir una vez más BENDITO SEA DIOS.

José Luis dijo...

Voy a hacer mi comentario apoyándome en el ultimo párrafo de la homilía de D. Andrés, cuando dice que la experiencia personal con Jesucristo es necesaria para poder ser testigos de la fe.
Yo creo que todos nosotros hemos tenido alguna vez esta experiencia, y después de ello entiendo mejor como era yo antes de que Dios me haya concedido esta gracia. Yo antes no entendia nada, estaba totalmente ciego, pero un ciego que en un momento determinado de mi vida quise ver, quise conocer a Jesús, y he comprobado que el que busca encuentra, que Dios está atento a nuestra súplica. Yo ahora no entiendo como se puede tener fe sin esta experiencia de Dios. Entiendo que esta experiencia es una gracia de Dios, pero estoy seguro que El la concede a quien le busca. Y os digo que desde ese momento, de conocer a Jesús y ver que es un Dios vivo, mi vida ha cambiado totalmente, sigo siendo un gran pecador pero he encontrado al mejor amigo, al que mejor me entiende, y en quien mejor tengo para apoyarme.
Si me llegan los momentos de abatimiento, recuerdo las resurercciones que me ha realizado, y me digo: al menos he de ser agradecido, confiar en El, y de nuevo me acaba sacando a flote. La persistencia en la fe es fundamental, porque El nunca falla. Y entiendo que aquí está la base de nuestro actuar, para entregarnos a El y hacer su voluntad. El no me deja, me acompaña en mis alegrías y dificultades, me anima a seguir adelante con alegría.
Que Dios os guarde a todos.

Anónimo dijo...

Mi experiencia del Señor, es muy peculiar. Desde hace casi 20 años, y por una serie de acontecimientos duros en mi vida, comencé a plantearme un compromiso con el Señor, un compromiso de mejorar de forma especial, en aquellos aspectos de mi vida que me parecían erróneos. Comencé a ir a Misa diariamente, a fijarme y tratar de entender las lecturas, como no lo había hecho antes, cuando iba a la Misa dominical, sin pena ni gloria. Comencé a confesarme asiduamente, y el Señor puso en mi camino la posibilidad de colaborar con la Iglesia en un determinado momento, y conocer a un gran Sacerdote, que con su ejemplo de humildad, me fue cautivando, sin que hasta el día de hoy, hayamos hablado de ello. El tiempo nos alejó geográficamente, pero sus enseñanzas calaron hondo. En estos años, empecé a darme cuenta de que a pesar de tantos acontecimientos en mi vida, algunos devastadores, incluso peligrosos para mi propia integridad, los había ido salvando, y " caí en la cuenta ", de que el Señor, había estado siempre conmigo, de lo contrario, ni tan siquiera estaría aquí. Superé momentos de soledad y dolor, de indefensión, de desierto tan profundo, que tenía anuladas hasta las lágrimas, no tenía capacidad para expresar mis sentimientos, y eso me situó entre mi círculo, como una persona de enorme fortaleza, capaz de aguantar los vendavales de la vida, imperturbable, así, esa frase que oigo tan amenudo decir sobre mí " tú puede hacerlo, eres tan fuerte...," se ha convertido casi en un lastre. Cuando la oigo decir, pienso..., sin El, ¿ qué sería de mí ?
Supongo que mi diálogo diario con Dios, es casi doméstico, sin grandes historias -ya me gustaría tenerlas -, pero siento que me cuida, percibo avisos sobre la vida, sobre cómo solucionar aquellas cosas que me perturban, y como digo siempre, yo suelo pedirle, que en cada nuevo día que comienza, le haga sonreir un poco con mis obras, unos días funciona bien la cosa, otros soy un desastre, decaigo con el sentimiento de culpa, de pecado, pero siempre está El. Siento su ánimo, y me levanto para intentar de nuevo comenzar, con renovadas energías.
D. Andrés me da unas pautas preciosas para poner en práctica, porque yo quiero tener esa experiencia real de Dios, y no me conformo solo con la sensación de que está ahí. Quiero más.
Gracias D. Andrés por todo su esfuerzo por hacerme mejor, por enseñarme nuevos atajos para llegar a Dios.
Un abrazo para todos los hermanos del Blog, y para las monjitas que se fueron, se nota su ausencia en la Misa de las once.

Olga dijo...

“Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. El Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación."
SI, ÉL es mi SALVACIÓN, él me AYUDÓ, ME AYUDA Confió me seguirá ayudando lo he EXPERIMENTADO en alegría, en el DOLOR, en la Soledad, HE TENIDO LA EXPERIENCIA DE DIOS EN MI VIDA, gracias a ÉL,a las personas y los medios que ha puesto en mi camino para EXPERIMENTARLO.GRACIAS al SEÑOR por la presencia de Andrés en mi vida, él ha sido un instrumento para sentir esa experiencia de Dios.
Un abrazo para todos, gracias por el saludo que nos dais a Luciola, Cristina y Olga. GRACIAS por el recuerdo sobretodo en la ORACIÓN.