viernes, 4 de abril de 2008

Domingo III de Pascua (A)

6-4-08 DOMINGO III DE PASCUA (A)

Hch. 2, 14.22-33; Slm. 15; 1 Pe. 1, 17-21; Lc. 24, 13-35



Queridos hermanos:
En este domingo III de Pascua se nos presenta el relato tan conocido de los discípulos de Emaús. Vamos a ver qué podemos extraer de aquí a fin de que nos sirva para nuestra vida personal.

* Nos dice el evangelio que dos discípulos se habían marchado de Jerusalén y que regresaban a sus casas. Iban “con el rabo entre las piernas”. Habían dejado su familia, sus trabajos, sus casas para seguir a un hombre, Jesús, que hablaba de parte de Dios y hacía milagros de parte de Dios. El viernes, hacia las tres de la tarde, murió Jesús y estos dos estuvieron escondidos el viernes por la tarde y el sábado todo el día por miedo a que también a ellos les pasara lo mismo. El domingo por la mañana ya regresaban a sus casas. En el camino, “mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo”. ¿Cuándo ha sido la última vez que hemos reconocido a Jesús a nuestra vera y en nosotros mismos? ¿O quizás nunca lo hemos percibido o reconocido? Sería muy triste que Dios fuera para nosotros alguien muy lejano. Para los cristianos Jesús no debe de ser el hombre muerto hace 2000 años, no debe de ser el gran desconocido, o el conocido simplemente de oídas. El pasa a nuestra lado a cada instante..., sólo que, como los discípulos de Emaús, quizás en tantas ocasiones tampoco nuestros ojos son capaces de reconocerlo. Recuerdo un caso en que yo reconocí la presencia de Jesús (no hay que buscar apariciones ni grandes milagros, El suele ser más sencillo que todo eso); me refiero al caso de unos padres que se besaron en los labios a través de la mano de su hijo de 5 años. Esto sucedía en un coche. Yo estaba en el coche inmediatamente anterior, mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde.
¿Qué podemos hacer para que nuestros ojos sean capaces de reconocer a Jesús? El evangelio de hoy nos da dos pistas:
- Jesús “les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura”. Ante todo tenemos que leer-meditar-orar la Santa Biblia. Nadie que no lea-medite-ore este libro podrá encontrarse con el Cristo auténtico. Conozco personas que a través de la ayuda solidaria a los hombres encuentran a Jesús, pero luego han de profundizar en la Biblia. Antes o después se ha de pasar por ella. ¿Por qué? Porque ella es la Palabra de Dios en la que encontramos los dichos, hechos, enseñanzas de Jesús, y encontramos al mismo Jesús. Si no leemos la Biblia, inventamos otro dios distinto del Dios de Jesús. Cuenta S. Agustín que, cuando empezó a leer la Sagrada Escritura, notaba el bien que le hacía y cómo las lágrimas llenaban sus ojos e iban haciendo un bien inmenso a su espíritu. En la Misa Crismal de esta Semana Santa, como siempre, nuestro Arzobispo nos escribió una carta a los sacerdotes y este año nos puso el ejemplo de S. Antonio María de Claret, el cual decía: “Lo que más encendía mi entusiasmo por la salvación de los hombres era la lectura de la santa Biblia, a que siempre he sido muy aficionado. Había pasajes que me hacían tan fuerte impresión, que me parecía que oía una voz que me decía a mí lo mismo que leía.” Fijaros lo que dicen los discípulos de Emaús: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” ¿Alguna vez os ha ardido el corazón al leer vosotros la Biblia o al escucharla en la Misa?
- “Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.” Partir el pan ha sido siempre sinónimo de la celebración de la Eucaristía. Es en la Misa donde llegamos al rostro genuino de Jesús, pues en ningún sitio está más fuertemente presente que en la celebración de la Misa. Pero claro una Misa en la que vengamos por El, para escuchar su Palabra, para alimentarnos de su Cuerpo y Sangre, para estar con nuestros hermanos, para dejar que El tome posesión de nosotros y haga en nosotros su santa voluntad. Si no es así, no podremos encontrarnos con Jesús, aunque vengamos todos los días a Misa[1].
Por otra parte,
la Misa verdadera no empieza “en nombre del Padre...” y termina cuando el sacerdote dice: “Podéis ir en paz.” La Misa verdadera empieza con el bautismo de un cristiano y nunca termina, pues sigue en el cielo eternamente. ¿Y cómo es esa Misa de cada minuto, de cada segundo? Es como nos dice el profeta Isaías: no oprimir a los que están a tu lado, desterrar de ti las ironías, las malas palabras, las críticas, el juzgar a los demás, el señalar con el dedo a los demás. Sacia el estómago del hambriento, viste al que está desnudo, entonces “surgirá tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (Is. 58, 6-10).
* Si me permitís voy a aludir ahora a una carta que ha sido publicada estos días y es de un periodista egipcio que se convirtió del Islam al catolicismo. Es una carta fuerte y dura. La traigo aquí porque
Magdi Cristiano Allam ha reconocido a Cristo resucitado caminando a su lado. Transcribo algunos trozos de la carta:
- “Desde hace cinco años estoy obligado a llevar una vida blindada, con vigilancia fija de mi casa y escolta de policías permanente, a causa de las amenazas y de las condenas a muerte de los extremistas y de los terroristas islámicos, tanto de los que residen en Italia como de otros del exterior […] Me he preguntado cómo es posible que alguien como yo, que ha luchado con convicción y hasta el cansancio por un ‘Islam moderado’, asumiendo la responsabilidad de exponerse en primera persona a las denuncias del extremismo y del terrorismo islámico, haya terminado por ser condenado a muerte en nombre del Islam, basándose en una legitimación del Corán. Por esto he llegado a comprender que, más allá de la contingencia de los fenómenos extremistas y del terrorismo islámico a nivel mundial, la raíz del mal está inscrita en un Islam que es fisiológicamente violento e históricamente conflictivo. Paralelamente, la Providencia me ha hecho encontrar personas católicas practicantes de buena voluntad que, en virtud de su testimonio y de su amistad, han llegado a ser un punto de referencia en el plano de la certeza de la verdad y de la solidez de los valores.”
- “Me has preguntado si no temo por mi vida, sabiendo que la conversión al cristianismo me acarreará una enésima y muy grave condena a muerte por apostasía. Tienes toda la razón. Sé bien a lo que me expongo, pero me enfrento a ello con la cabeza alta, con la espalda derecha y con la solidez interior del que tiene la certeza de la propia fe […] Ya es hora de poner fin a la arbitrariedad y a la violencia de los musulmanes que no respetan la libertad de elección religiosa. En Italia hay millares de convertidos al Islam que viven serenamente su nueva fe. Pero también hay millares de musulmanes convertidos al cristianismo, que son constreñidos a silenciar su nueva fe por miedo de ser asesinados por los extremistas islámicos que están entre nosotros.”
- “Me he convertido a la religión cristiana católica, renunciando a mi anterior fe islámica. De esta manera, finalmente ha visto la luz, por gracia divina, el fruto sano y maduro de una larga gestación vivida en el sufrimiento y en la alegría, entre la profunda e íntima reflexión, y su consciente y manifiesta exteriorización. Estoy especialmente agradecido a Su Santidad el Papa Benedicto XVI, que me ha conferido los sacramentos de la iniciación cristiana, Bautismo, Confirmación y Eucaristía, en la Basílica de San Pedro, en el transcurso de la solemne celebración de la Vigilia Pascual. Y he asumido el nombre cristiano más sencillo y explícito: ‘Cristiano’. Desde ayer me llamo ‘Magdi Cristiano Allam’. Para mí ha sido el día más hermoso de mi vida. Conseguir el don de la fe cristiana el día de la Resurrección de Cristo, de manos del Santo Padre es, para un creyente, un privilegio inigualable y un bien inestimable. Teniendo casi 56 años, es un hecho histórico, excepcional e inolvidable, que señala un cambio radical y definitivo respecto al pasado. El milagro de la resurrección de Cristo ha reverberado en mi alma, librándola de las tinieblas de una predicación donde el odio y la intolerancia con los ‘diferentes’, condenados acríticamente como ‘enemigos’, prevalecen sobre el amor y el respeto del ‘prójimo’ que es siempre y en todas partes ‘persona’. Mi mente se ha liberado del oscurantismo de una ideología que legitima la mentira y la disimulación, la muerte violenta que induce al homicidio y al suicidio, la ciega sumisión y la tiranía, y he podido adherirme a la auténtica religión de la Verdad, de la Vida y de la Libertad. En mi primera Pascua como cristiano, no sólo he descubierto a Jesús, sino que he descubierto por primera vez el verdadero y único Dios, que es Dios de la Fe y de la Razón.”


[1] Es importante la asistencia a la Misa de cada día. Práxedes asistía a tres Misas al día. La primera para prepararse, la segunda para comulgar y la tercera para dar gracias. Práxedes es una mujer asturiana que murió en olor de santidad durante la guerra civil española (1936), pero por enfermedad.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando, al finalizar la Santa Misa, el Oficiante, después de la Bendición nos dice "PODÉIS IR EN PAZ", o,en la Liturgia anterior al Concilio,"ITE MISA EST", parece como si nos dijera, " bueno, habéis cumplido, la Misa ha terminado, ya podéis ir tranquilos.-¿ Es así de verdad?, 0 ¿ no nos está diciendo la liturgia " AHORA CADA UNO DE VOSOTROS ID Y SEGUID A JESÚS Y CON JESÚS EN AQUELLO QUE OS HA ENCOMENDADO, EN VUESTRO TRABAJO, EN VUESTRAS FAMILIAS?.- CON LA TERMINACIÓN DEL RITO NO SE ACABA.- LA VIDA SIGUE Y HA DE SEGUIR CUMPLIENDO LA VOLUNTAD DEL SEÑOR.- JOSÉ RAMÓN

Anónimo dijo...

Gracias a D. Andrés, he cogido la costumbre de leer antes de acostarme algún pasaje de la Biblia, y también las cartas de los Apóstoles. Realmente me reconforta esta lectura y me da serenidad para afrontar mis " fantasmas " de la noche, encuentro mucha fortaleza para el camino de mi vida, y respuesta a muchas dudas. La Palabra del Señor, es perfecta, intemporal, se ajusta a todas nuestras necesidades, nos guía, y da las claves para resolver los problemas de nuestra existencia, pero sobre todo, es la Palabra de un Padre, de un Amigo que nos trata con cariño, con gran ternura, incluso en aquellos pasajes, donde nos llama la atención de forma más contundente sobre nuestros pecados, pero de manera extremadamente delicada.
Espero vencer el miedo que me da mi pobreza, pues nada le he podido ofrecer al Señor, o casi nada a lo largo de mi vida, y cuando leo experiencias de Santos, y oigo a otras personas, tan llenas de fe, tan próximas a Jesús, incluso siento vergüenza por lo poco que yo le he ofrecido al Señor, me parezco a esos hijos que solo traen problemas a los padres, casi nunca una buena noticia, aunque no desfallezco en mi propósito, de que algún día se sonría un poco con mis pequeños logros.
Yo en los discípulos de Emaus, veo generosidad, al invitar a un forastero a que pasase la noche con ellos, y pienso que quizás eso, animó a Jesús a quedarse hasta la cena y abrir sus mentes. Creo que la generosidad es una puerta, por la que Jesús quiere entrar en nuestros corazones. Como dice D. Andrés, la crítica, la envidia, hacer juicios de valor etc., son faltas de generosidad hacia mi prójimo, que me alejan de Dios, son algunas de las muchas barreras que le pongo al Señor, para caminar a mi lado.
Mi reflexión sobre la carta del nuevo Cristiano, es que se trata de una persona especial, a la que el Señor llama a su lado para caminar juntos, y el responde como debería hacer yo, con diligencia y con valentía. Es y será un magnífico cristiano que testimoniará su fe hasta el final. El Señor se ha fijado en él. El Señor ha estado grande con él.
Muchas gracias D. Andrés, por todo el esfuerzo que realiza cada domingo, para que nos lleguen sus homilías como verdaderos regalos del Señor.
Un abrazo para todos los hermanos del blog.

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Caminamos por esta vida como los discípulos de Emaús, preocupados siempre por las cosas de esta vida. ¿Que le pasó a Magdi Cristiano? El egipcio del relato, él creía en su Dios Alá, pero no en el Dios Auténtico y verdadero en el Dios de Jesucristo. No tenía problemas como los que ahora tiene, pero ha ganado algo más que una escolta y mirar a su espalda con miedo, su camino a Emaús ha terminado, ahora ha encontrado el Todo,Jesucristo, su Salvador, y ningún obstáculo podrá apartarle de El.

¡Bendito sea Jesucristo!

¡Que el nos guarde a todos!


José Manuel

Any dijo...

Desde hace un tiempo he preocupado poner en practica este ejercico que aprendi en un Taller de Oracion del Padre Igancio Larrañaga .. esr el siguente " Cda persosna que se acerque a ti ,que llame a tu puerta .. imaginate que es Jesus el que llama .. " al principio me parecia medio loco.. pero lo experimente y si amigos .. el cambio en el dia es impresionante .. pues al reconocer en el que se acerca a ti o llama por ti a Jesus .. tu vida cambia pues empiezas a ser mejor persona .. y una gran paz te invade .. y esa paz es que Jesus esta en ti ¡¡¡¡lo mismo cuando vemos una flor o el llamado inesperqado que llega en el momento justo .. por ello siempre estemos atentos que Jesus se nos presenta en cada instante solo debemos estar listos .....

Anónimo dijo...

Any, tienes mucha razón al decir que Jesús se nos puede presentar en cualquier momento y yo me alegro porque tú lo hayas conseguido.
Yo quiero estar atenta e intento verle en cada persona que me encuentro, sólo que a veces viene tan disfrazado que me cuesta reconocerle. Se que detrás del grito, del portazo, de la mala cara, está El pero.... ¡Dios mío, cómo me cuesta reconocerte!.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Comprendo el miedo y el desaliento de todos los discípulos de Jesús, que se escondieran y trataran de pasar desapercibidos, no fuera a ocurrirles lo que a su maestro. ¿A quién le gusta cargar con la cruz? ¿A quién le apetece morir en ella?. Yo particularmente escapo del sufrimiento, no me apetece nada llevar mi cruz.
También me pasa como a ellos, que soy dura de cerviz, para entender y comprender, que es necesario pasar por esta situación, si quiero resucitar con Cristo. Ahí está el punto; ellos a pesar de que Jesús, en diversas ocasiones les había hablado de todo esto, y les había anunciado que resucitaría, no entendieron nada; de tal forma que cuando las mujers les anuncian que han visto al Señor, no se lo creen. Necesitan verlo, tocarlo, escucharlo; hasta que esto ocurre, no se les abrieron los ojos.
Pués esa soy yo. Necesito ver a mi Dios , tocarlo, `palparlo; escucharlo en mi interior, para poder serenarme y cerciorarme de que realmente está VIVO.
Mucho tengo que agradecerle al Señor, la paciencia que tiene conmigo; cuantas veces cómo hizo con los de Emaús, me sale al encuentro, me esplica las escrituras, me ayuda a entender mi situación concreta, ilumina mi oscuridad, y parte para mí el Pan.
Entonces sí arde mi corazón, se me abren los ojos, y le pido , le ruego que se quede conmigo, que no me deje sóla. Sin tí Señor nada es dulce, nada es bueno.
Tambén he de decir ,para mayor gloria de Dios, que Él no es para mi un desconocido, que a través de la escritura, de su lectura, de rezar con ella, me he encontrado con Él; el celebrar cada día la eucaristía, y poder recibirle, va transformando mi vida, y curando mi alma. Lo mismo que una medicina que te tomas para curar cualquier dolencia, eso es lo que hace el Cuerpo de Cristo, que me va curando poco a poco, sin que yo me dé cuenta.
Él es quién me ayuda a cargar con mi cruz, poniendo su hombro, en la otra mitad del yugo; me ayuda a comprender el sentido de la misma, y a tener la certeza de que dicha cruz, ha de ser gloriosa; es decir, en ella encontraré la Vida.
La conversión de Magdi Cristiano, me parece otro regalo de Dios. Admiro su gran valentía, para dar la cara y no esconderse, aún sabiendo a lo que se expone. Veo la gran importancia del testimonio de vida, pués dice él, que entrte otras cosas, lo que le llevó a tomar esta decisión, ha sido el ver en otros cristianos, la forma de vivir de Jesucristo.
Que el Señor le proteja, y a mi me dé la valentía necesaria, para dar mi cara por Él, aunque me la rompan; se rían de mi, se burlen o insulten; de todo puede ocurrir; mas yo pido al Señor que me conceda esa fortaleza, esa fé, ese abandono total en Él.

María Cristina dijo...

Buena pregunta encuentro al inicio de la homilía de este domingo: “¿Cuándo ha sido la última vez que he reconocido a Jesús a mi vera y en mi misma?

Tengo que empezar diciendo que hoy lo reconocí al inicio del día cuando me sonó el despertador, tenía mucho sueño y ninguna gana de levantarme, pero Jesús me salió al encuentro “A la vera de mi cama...” y me dio motivaciones para levantarme: espabílate que te estoy esperando para que pasemos un buen rato de intimidad en la capilla; ese cariño suyo me hizo retirar la manta y ponerme en pie, disfrutar de la ducha y tener ilusión para ir al encuentro con El. Llegué a la capilla y delante del sagrario encontré el póster de la jornada mundial por las vocaciones que dice: “TE NECESITO” y sentí esta frase en doble dirección “Te necesito”, Él a mi y yo a Él, aquí está la escena de los discípulos de Emaús: “Quédate con nosotros porque atardece”, el atardece es una disculpa para decirle: Necesito que camines a mi lado y me acompañes.

Mi oración en esta semana para que el Señor a todos los del blog, los de la comunidad de las once, nos dé la gracia de que ARDA NUESTRO CORAZÓN cuando nos hable desde su palabra o desde la intimidad de su silencio.

Un abrazo para todos. En la catedral estoy con vosotros todos los domingos a las once.

Andrés gracias por motivarnos a VIVIR LA EUCARIASTÍA en encuentro íntimo con Él para que “ÉL TOME POSESIÓN DE NOSOTROS.


Cristina