sábado, 19 de abril de 2008

Domingo V de Pascua (A)

20-4-08 DOMINGO V DE PASCUA (A)

Hch. 6, 1-7; Slm. 32; 1 Pe. 2, 4-9; Jn. 14, 1-12




Queridos hermanos:
El otro domingo examinábamos aquellos derechos y deberes que los fieles, por el hecho de haber sido bautizados, tienen en la Iglesia Católica. Hoy volvemos sobre el mismo tema y seguimos conociendo más…:
- Todos los fieles tienen el derecho de recibir los bienes espirituales de la Iglesia, especialmente los sacramentos y la Palabra de Dios, o a los fieles los sacramentos de Dios y nunca los nuestros, s propietarios de dicha gracia. (LG. 37) y, por lo tanto, los pastores tenemos la grave obligación de entregárselos. Hace un tiempo estuvo en Oviedo un sacerdote peruano, que había venido a aprender cómo se llevaban los tribunales eclesiásticos. Me contó que, estando tiempo atrás en una parroquia de Estados Unidos, habiendo celebrado una Misa en dicha parroquia y habiendo predicado en ella, fueron a la sacristía un grupo de fieles al terminar la Misa y le preguntaron que de dónde había sacado las ideas que había dicho en la homilía. El contestó que del libro de un teólogo que había estado leyendo la semana anterior. A esto le replicaron los fieles que, por favor, otro día no hablase en la Misa de las ideas de ese teólogo o de otro, ni siquiera de sus propias ideas. La gente que iba a la Misa quería escuchar la Palabra de Dios y no ideas u ocurrencias de los hombres, aunque fuesen hombres eclesiásticos. También le dijeron que, si alguna vez querían escuchar esas ideas de teólogos, ya le pedirían que les diera una charla, pero fuera de la Misa. ¿Por qué narro este caso? Pues porque entiendo que nosotros, los que tenemos el sacerdocio ministerial, estamos al servicio de los fieles y sólo somos administradores de la Palabra de Dios, pero nunca somos propietarios de dicha Palabra. Por lo tanto, debemos comunicar a los fieles la Palabra de Dios y no “la nuestra”. A veces existe la costumbre de sustituir en las liturgias la Palabra de Dios por poesías o trozos de escritos humanos. Estos podrán estar presentes en la liturgia, pero nunca podrán ni deberán sustituir a la Palabra de Dios. Del mismo modo se ha de afirmar que los ministros sagrados somos administradores de la gracia sacramental, pero nunca propietarios de dicha gracia. Así, debemos entregar a los fieles la gracia de Dios a través de los sacramentos, lo cual no significa que los pastores demos a los fieles todos los sacramentos sin necesidad de una preparación o disposición adecuada. NO. Se trata de un derecho de los fieles, pero no es un derecho absoluto, sino que este derecho está regulado por el Señor y por la experiencia de tantos siglos de la Iglesia. Habría que seguir matizando más cosas sobre este derecho de los fieles, pero creo que la idea central del mismo está clara., o a los fieles los sacramentos de Dios y nunca los nuestros, s propietarios de dicha gracia.
- Todos los fieles tienen el derecho a elegir libremente su estado de vida (GS 29). El viernes por la mañana me llamó un sacerdote de Gijón para preguntarme cómo debía de hacer ante una mujer que le pedía “darse de baja de la Iglesia” (apostasía, la cual implica el rechazo de Dios y de la Iglesia o, al menos, el rechazo de la Iglesia y del Dios predicado por ésta). La Iglesia no es una secta: uno puede entrar libremente y puede salir libremente. Pero esta libertad exige e implica por parte de los fieles conocimiento, búsqueda, preparación, responsabilidad, coherencia… No puedo entrar en la Iglesia o salirme de ella, si antes no he hecho un proceso de profundización y de búsqueda de la verdad y del sentido de mi vida. Luego he de actuar responsablemente asumiendo las consecuencias. Después tengo que ser coherente con aquello que he decidido y hablado. Por ejemplo, no entiendo cómo unas personas critican la riqueza de la Iglesia y, a la hora de casarse, eligen los edificios más vistosos y “ricos” de la Iglesia para contraer matrimonio. No. Si critican la riqueza de la Iglesia y luego quieren casarse “por la Iglesia”, por favor, que lo hagan en los templos más humildes, pobres y de ladrillo que tiene esa Iglesia, por ejemplo, en el bajo comercial que sirve de templo en un barrio de Avilés (El Pozón), en el que, cuando tiran de la cadena en el piso de arriba, se oye todo en el templo, en plena Misa.
Bien, una vez que uno ha buscado, ha profundizado, ha decidido… la Iglesia le reconoce la libertad para elegir su estado de vida. Por eso, nadie puede ser coaccionado para casarse o no casarse, para entrar en una congregación religiosa o en el seminario. Nadie debe ni puede coaccionar a los fieles para entrar o para salir de un grupo religioso o una asociación de fieles. Y aquí se han hecho y se hacen auténticas barbaridades. En nombre de Dios o de la dirección espiritual o de la obediencia, y todo ello mal entendido, se puede coaccionar la conciencia de la gente. Podemos y debemos ayudar a que los fieles busquen, profundicen, decidan…; podemos aconsejar, pero siempre, siempre la decisión última ha de quedar en manos de los fieles. Esta es la auténtica libertad que Cristo ha querido para nosotros. Ahí tenemos el ejemplo que nos dejó con la parábola del hijo pródigo: Dios le deja en libertad para marcharse y en libertad para volver. Esta es la manera de actuar de nuestro Dios y nosotros hemos de hacer del mismo modo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Vamos a misa a la cita que tenemos con ese Dios deseoso de comunicarnos todos sus anhelos como Padre. Nosotros asistimos dispuestos a escucharle por boca de su sacerdote, pero también nos preocupan las visicitudes de las personas que hacen el camino de esta existencia, las que se alejaron de El para no volver , las que un día se marcharon y los golpes de la vida les hicieron regresar para quedarse definitivamente a su lado, las que sufren, los que son ejemplo de una vida recta entregada a Jesucristo y a los demás. Porque a Dios también le interesa, porque son el testimonio de la relación del hombre con Dios y tantas veces una luz que nos guíe por el sendero que nos lleva hacia El.

José Manuel

Anónimo dijo...

Me parece abrumadora la responsabilidad de un Sacerdote. De su actitud en el ejercicio de su Ministerio, depende que muchas personas acrecienten, y recobren su fe...,o por el contrario que la pierdan.
En muchas ocasiones me parece que exigimos demasiado a los Sacerdotes, conviene que los laicos nos impliquemos de lleno en la tarea de ayudarles, porque la mies es abundante y los obreros son escasos.
Estoy en desacuerdo con los fieles americanos que nos relata D. Andrés. Es cierto que la Palabra de Dios no puede ser obviada, pero situarla en los tiempos actuales con algún comentario cualificado, puede ayudar a comprender mejor su significado, es mi modesta opinión.
Gracias D. Andrés una vez más por su Homilía. Es un regalo del Señor poder escucharle cada domingo.
Un abrazo para los hermanos del blog.

Any dijo...

Gracias Andres por compartir la homilia ¡¡¡desde el otro dia me he quedado pensando .. que muchas veces dejamos todo en manos de los sacerdotes y queremos que ellos resuelvan nuetras cosas y queremos escuchar muchas veces cosas que nos gustan nada mas ... pero nos olvidamos que ellos son hombres como nosotros .. y que muchas veces se les debe hacer muy dificil llevar a cabo su ministerio .. por ello debemos estar presentes y cerca de ellos ... para que entre todos podamos dar ejemplo de la palabra ..
Un abrazo hermanos con el corazon Que Dios los llene de paz ¡

Pepitina dijo...

Con alegría me incorporo al Blog,pues he tenido problemas con Internet ¡y sigo teniéndolos!, pero desde la casa de una hermana puedo compartir hoy con vosotros.
Me ha parecido estupenda esta Catequesis, Pater, sobretodo en estos momentos en que Asturias se encuentra EnSínodo y a las puertas de la formación de los Grupos sinodales --de laicos juntamente con sacerdotes y religiosos--,que desde su trabajo colaborarán como Iglesia que son TODOS ellos y con sus aportaciones construirán y asegurarán caminos en nuestra Diócesis.
Esta homilía nos da respuesta a muchas inquietudes como seglares y nos anima a un mayor compromiso e implicación, cada uno al nivel que pueda allí donde esté, mas no por ello creo que debamos "exigir" menos a nuestros sacerdotes, todo lo contrario...Oremos por ellos, seamos cercanos a sus dificultades y exijámosles ó hagámosles saber nuestro pensar..ahí queda.
¿Por qué muchos de nosotros tenemos a D. Andrés como Director espiritual? Y, ¿por qué seguimos con él?, porque hemos crecido -¡buena señal!- No sé a vosotros, pero a mi me exige lo que debe, puede y se le ocurre. He crecido y ¡cuánto le agradezco a Dios su presencia!; a través de él, ¿acaso el Señor no nos invita a seguir Navegando Mar adentro? Creo que ese mismo comportamiento hemos de seguir con nuestros sacerdotes, párrocos, religiosos.. y es alguien desde "el clero" mismo, quien desde esta homilía percibo que nos lo dice.
A veces tenemos los pastores que merecemos, que nos hemos ganado a pulso por nuestra comodidad,aceptar todo sin estar de acuerdo,y no involucrarnos para nada en la parroquia, grupos etc..Esto da lugar a parroquias jubiladas- sin jóvenes y niños- ó individualistas - a su aire-, y pasamos por ello, así que no nos quejemos luego.
Creo que desde estas dos últimas homilías hemos sacado fuerzas y ánimo para seguir viviendo los dones hermosos de nuestro Bautismo.También deseos de orar mas por nuestros sacerdotes, ante su dificil tarea de pastorear la Iglesia desde sus distintas parcelas.
un abrazo para el Blog.

Anónimo dijo...

Siempre he defendido a la santa madre iglesia,a los sacerdotes; aunque en muchas ocasiones para mi forma de ver, no lo estaban haciendo bién, y quién los atacaba podía tener razón.
Pero yo soy hija de la iglesia, y he de defender a mi "madre", aún con todos sus defectos. En ella crecí, y mucho he recibido, especialmente la palabra de Dios,y los sacramentos.
Me parece muy interesante el tema de la homilía; creo que los pastores realmente son los encargados de cuidar del rebaño, y deben estar al servicio de los fieles. Creo yo que con esta certeza deben salir del seminario y ser ordenados; pero también creo que no son marionetas que el resto de los cristianos manejemos cómo y cuando nos apetezca.
Digo esto, porque creo que exigimos demasiado a los sacerdotes; cuando nosotros no estamos dispuestos a echarles una mano, ni a ceder en ninguna de nuestras exigencias. Me esplico, acudes a la parroquia a pedir el sacramento del matrimonio; te acojen y te hacen los trámites; cuando te dicen que has de hacer un cursillo prematrimonial, para que sepas que es y lo que significa dicho sacramento, todo son problemas, nadie puede acudir.Los comentarios son de todo tipo: "estos curas, siempre fastidiando, encima que nos casamos por la iglesia......." Para mi estas personas están utilizando a la iglesia. Lo mismo ocurre con el bautismo y la primera comunión. Menos mal que ya comulgan este año, porque es una gaita tener que traerlos a las catequesis; además a estas horas ya están cansados; pero parece que no lo están, para ir a jugar al futbol, a equitación y no sé a cuantos estrescolares más. Todo es más importante, que la formación en la fé. A mi lo que me parece es que se está utilizando a la iglesia y a sus sacerdotes, por parte de mucha gente, que sólo acude en estos momentos puntuales, y lo hacen exigiendo. Creo que el que exige debe de estar dispuesto a dar. Cuantas veces escuchas a los párrocos pedir ayuda para colaborar en la parroquia, y nadie se ofrece, nadie tiene tiempo, etc. etc.
Yo en la iglesia es cierto que siempre me he sentido libre, en el sentido de que acudí cuando quise, me aparté bastante durante algún tiempo, y cuando decidí regresar, se me acogió con todo el amor del mundo.
Cierto que los que consultamos este blog,y tenemos la suerte de escuchar cada domingo a D. Andrés, somos muy afortunados; ya que por la gracia de Dios,hemos encontrado un pastor, siempre pendiente del rebaño a él confiado, y que tiene muy claro que esto es lo primero, procurar que "no se pierda ninguno de los que el Señor le ha confiado"
Que Dios te lo pague, Andrés.
BENDITO SEA DIOS