miércoles, 31 de octubre de 2007

Todos los Santos (C)

1-11-2007 TODOS LOS SANTOS (C)
Ap. 7, 2-4.9-14; Slm. 24; 1 Jn 3, 1-3; Mt. 5, 1-12
HNO. RAFAEL, MONJE TRAPENSE
Queridos hermanos:
Al querer preparar la homilía de hoy (festividad de Todos los Santos) se me vino a la mente el hablaros de un santo concreto. Un santo al que “conocí” siendo yo seminarista y que me ayudó mucho en mi vida de seminarista y de sacerdote. Es un santo que ha ayudado y ayuda con sus palabras y ejemplo a mucha gente. Me estoy refiriendo al Hno. Rafael de la Trapa de Palencia. Creo que muchos de vosotros habréis oído hablar de él. Os aconsejo que os hagáis con este pequeño libro suyo titulado “Rafael. Vida y escritos de Fray María Rafael Arnaíz Barón” de la Editorial Perpetuo Socorro. Este libro es mucho mejor que todas las televisiones juntas, que todos los ordenadores juntos, que todas las carreras de Formula 1 juntas, que todos los campeonatos de fútbol juntos. ¡¡¡Probadlo!!!
Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos, donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Dotado de una precoz inteligencia, ya desde su primera infancia daba señales claras de su inclinación a las cosas de Dios. En estos años recibió la primera visita de la que había de ser su compañera: la enfermedad que le obligó a interrumpir sus estudios. Trasladada su familia a Oviedo, allí continuó sus estudios medios, matriculándose al terminarlos en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. Habiendo tomado contacto con el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas -su Trapa- se sintió fuertemente atraído por la vida monacal. Allí ingresó el 15 de enero de 1934. Aquí se le declaró una penosa enfermedad -la diabetes sacarina- que le obligó a abandonar tres veces el monasterio, pero una y otra vez regresó en aras de una respuesta generosa y fiel a lo que sentía ser la llamada de Dios. Rafael murió con 27 años. Su familia recogió del convento todas sus pertenencias, y la madre leyó sus cartas y sus escritos íntimos dejándola con una gran paz. Se decidió a publicarlos y el éxito fue arrollador. Rafael fue “un santo después de muerto”. ¿Qué quiero decir con esto? Antes se pensaba que Rafael era un fraile más, incluso para sus propios compañeros del monasterio. En 1983 siendo diácono viajé con otros dos compañeros a la Trapa y se nos decía esto por parte de frailes que lo habían conocido y tratado. Era uno más sin que se le notara nada en especial externamente. Toda la riqueza de santidad del Hno. Rafael quedó oculta en vida para los demás. Sólo salió a la luz una vez fallecido. El Papa Juan Pablo II lo declaró Beato el 27 de septiembre de 1992.
Voy a transcribiros algunas palabras escritas por el Hno. Rafael, y que nos pueden ilustrar de cómo se enfrentaban los santos a hechos comunes de la vida y cómo esos hechos comunes les llevaban a Dios:
* Rafael entró en el monasterio en enero de 1934. Le costó trabajo amoldarse al frío, al calor, al trabajo físico, a los madrugones… Cuando más feliz estaba, en mayo de 1934 se le declara la enfermedad (cansancios y falta de fuerzas), de la que moriría más adelante. “A mediados de mayo ya no podía seguir a sus hermanos en los trabajos del campo, que constituyen uno de los principales en la vida de los monjes. Se iba quedando atrás del grupo que formaban los novicios, pero nada decía Rafael, a pesar de sufrir horriblemente. Al verle tan falto de fuerzas, y con el rostro intensamente pálido, le mandaban sentarse y abandonar la faena, pero eso era para él la mayor humillación y mayor trabajo que el trabajo mismo. ‘¡Cuántas lágrimas –decía él después- derramé entonces a solas con mi Dios!” El 25 de mayo ha de abandonar el convento con una alarmante postración física (había perdido 24 kilos en 8 días) y con el alma desgarrada. Fijaros qué palabras escribe sobre todo esto y cómo lo vivía desde Dios: “Cuando me fui a la Trapa, a El le entregué todo lo que yo tenía, y todo lo que yo poseía, mi alma y mi cuerpo. Mi entrega fue absoluta y total, muy justo es, pues, que Dios haga ahora de mí lo que le parezca y lo que le plazca, sin que haya por mi parte ni una queja, ni un movimiento de rebeldía. Dios es mi dueño absoluto, y yo soy su siervo que obedece y calla. A veces me pregunto, ¿qué querrá Dios de mí? Lo mejor es cerrar los ojos, y dejarse llevar por El, que El sabe lo que nos conviene. Yo era demasiado feliz en la Trapa. La prueba que me ha exigido es dura, pero con su auxilio saldré adelante, y aquí, allí, o donde sea, seguiré adelante sin retroceder. He puesto la mano en el arado, y no puedo mirar atrás. Dios, no solamente aceptó mi sacrificio cuando dejé el mundo, sino que me ha pedido mayor sacrificio todavía, que ha sido volver a él. ¿Hasta cuándo? Dios tiene la palabra, El da la salud, y El la quita. Los hombres nada podemos hacer más que confiar en su Divina Providencia sabiendo que lo que El hace, bien hecho está, aunque a primera vista a nosotros nos contraríe nuestros deseos, pero yo creo que la verdadera perfección es no tener más deseos que ‘se cumpla su Voluntad en nosotros’.”
* Estando en Oviedo recuperándose de su enfermedad escribió Rafael una carta a una tía suya (26 de noviembre de 1935) en que le contaba que había ido a hacer una visita al Sagrario en la iglesia de las Esclavas y que una anciana “que estaba a mi lado y que comenzó a toser desaforadamente. Primero me impacienté; y después me dio tanta vergüenza de este acto mío de impaciencia, que “tomé” a la pobre mujer de la mano y la presenté a la Virgen; le pedí a la Señora que la atendiera y se le quitó la tos. Después me dediqué a pedir por ella; empecé por la viejecita de mi lado y acabé poniendo bajo el manto de la Virgen a todos los fieles de la iglesia. A veces me dan esos ataques por dentro, y te aseguro que me cuesta trabajo estarme quieto. Me estuve en la iglesia hasta que me echaron: salía tan contento de haber estado con Jesús, que me dieron ganas de abrazar al sacristán. ¡Qué feliz soy; cómo me quiere Jesús!”
* Rafael volvió al monasterio el 11 de enero de 1936. Entra enfermo; no puede llevar la vida de un monje, el trabajo físico de un monje, el ayuno de un monje. Tiene que irse a la enfermería y ser medio monje. Quiere dedicarse por entero a Dios bajo la regla cisterciense, pero no puede. Dice él: “Cuando hace dos años entré en el convento yo buscaba a Dios, pero también buscaba a las criaturas, y me buscaba a mí mismo, y Dios me quiere para El solo. Mi vocación era de Dios, y es de Dios, pero había que purificarla. Me di al Señor con generosidad, pero todavía no se lo daba todo; le di mi persona, mi alma, mi carrera, mi familia, pero aún me quedaba una cosa, que era las ilusiones y los deseos, las esperanzas de ser trapense, hacer mis votos y canta Misa. Pero Dios quiere más. Quería que solamente su amor me bastara.” Estuvo Rafael en el monasterio hasta el 29 de septiembre de 1936 en que tuvo que salir otra vez.
* Rafael retornará el 6 de diciembre de este año para salir el 7 de febrero de 1937. De esta tercera estancia suya hay un texto que a mí me gusta mucho. Se trata de un apunte de Rafael en su diario en donde describe una tentación fuerte que tuvo y cómo, con la ayuda de Dios, la superó y le sirvió para acercarse más a El: “12 de diciembre de 1936. Las tres de la tarde de un día lluvioso. Es la hora del trabajo, y como hoy es sábado y hace mucho frío, no se sale al campo. Vamos a trabajar a un almacén donde se limpian las lentejas, se pelan patatas, se trituran las berzas. El día está triste, unas nubes muy feas, un viento fuerte, algunas gotas de agua que caen como de mala gana y que lamen los cristales, y dominándolo todo, un frío digno del país y de la época. Lo cierto es, que aparte del frío, que lo noto en mis helados pies y refrigeradas manos, todo esto se puede decir que casi me lo imagino, pues apenas he mirado a la ventana; la tarde que hoy padezco es turbia, y turbio me parece todo. Algo me abruma el silencio, y parece que unos diablillos están empeñados en hacerme rabiar con una cosa que yo llamo recuerdos. ¡Paciencia y esperar! En mis manos han puesto una navaja, y delante de mí un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes y que resultan ser nabos. Yo nunca los había visto al natural tan grandes, y tan fríos. Qué le vamos a hacer, no hay más remedio que pelarlos. El tiempo pasa lento, y mi navaja también, entre la corteza y la carne de los nabos que estoy lindamente dejando pelados. Los diablillos me siguen dando guerra. ¡¡Que yo haya dejado mi casa para venir aquí con este frío a mondar estos bichos tan feos!! Verdaderamente es algo ridículo esto de pelar nabos, con esa seriedad de magistrado de luto. Un demonio pequeñito y muy sutil se me escurre muy adentro y de suaves maneras me recuerda mi casa, mis padres y hermanos, mi libertad, que he dejado para encerrarme aquí entre lentejas, patatas, berzas y nabos. El día está triste, no miro a la ventana, pero lo adivino; mis manos están coloradas, coloradas como los diablillos; mis pies ateridos, ¿y el alma? Señor, quizás el alma sufriendo un poquillo. Más no importa, refugiémonos en el silencio. ¿Que qué estoy haciendo? ¡¡Virgen Santa, qué pregunta!! ¡Pelar nabos, pelar nabos! ¿Para qué? Y el corazón, dando un brinco, contesta medio alocado: ‘Pelo nabos por amor, por amor a Jesucristo’ Ya nada puedo decir que claramente se pueda entender, pero sí diré que allá dentro, muy dentro del alma, una paz muy grande vino en lugar de la turbación que antes sentía; sólo sé decir que el sólo pensar que en el mundo se puedan hacer actos de amor de Dios; que el cerrar o abrir un ojo hecho en su nombre, nos puede hacer ganar el cielo; que el pelar unos nabos por verdadero amor a Dios le puede a El dar tanta gloria; el pensar que por sólo su misericordia tengo la enorme suerte de padecer algo por El…, es algo que llena de tal modo el alma de alegría, que si en aquellos momentos me hubiera dejado llevar de mis impulsos interiores, hubiera comenzado a tirar nabos a diestro y siniestro, tratando de comunicar a las pobres raíces de la tierra la alegría del corazón. Yo me reía ‘a moco tendido’ (quizás por el frío) de los diablillos rojos, que asustados de mi cambio, se escondían entre los sacos de garbanzos y en un cesto de repollos que allí había. Nada somos y nada valemos. Tan pronto nos ahogamos en la tentación como volamos consolados al más pequeño toque del amor Divino. Cuando comenzó el trabajo, nubes de tristeza cubrían el cielo, el alma sufría de verse en la cruz, todo la pesaba: la Regla, el trabajo, el silencio, la falta de luz de un día tan triste y tan frío, el viento soplando entre los cristales, la lluvia y el barro. Pero todo pasa, incluso la tentación. Ya se hizo la luz, ya no me importa si el día está frío, si hay nubes, si hay viento, si hay sol. Lo que me interesa es pelar mis nabos, tranquilo, feliz, y contento, mirando a la Virgen, bendiciendo a Dios. Sepamos aprovechar el tiempo, sepamos amar esa bendita cruz que el Señor pone en nuestro camino, sea cual sea, fuere como fuere. Aprovechemos esas cosas pequeñas de la vida diaria, de la vida vulgar. No hace falta para ser grandes santos grandes cosas. Basta el hacer grandes las cosas pequeñas. Cuando termino el trabajo, y en la oración me puse al pie de Jesús. Allí a sus plantas deposité un cesto de nabos peladitos y limpios. No tenía otra cosa que ofrecerle, pero a Dios le basta cualquier cosa ofrecida con el corazón entero, sean nabos, sean imperios. Le pedí a Dios que me permita poner a los pies de la Virgen rojas zanahorias, a los pies de Jesús blancos nabos, y patatas y cebollas, coles y lechugas. En fin, si vivo muchos años en la Trapa, voy a hacer del Cielo una especie de mercado de hortalizas, y cuando el Señor me llame y me diga: ‘Basta de pelar, suelta la navaja y el mandil, y ven a gozar de los que has hecho’ Cuando me vea en el cielo entre Dios y los santos y tanta legumbre…, Señor, Jesús mío, no podré por menos de echarme a reír.”
* Rafael volverá a la Trapa el 15 de diciembre de 1937 y ya permanecerá aquí hasta su fallecimiento.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Cómo me ha ustado la Homilia de hoy, me ha encantado. Primero porque es muy alegre y segundo porque habla de uno de mis santos preferidos. Yo conocí al Hmno. Rafael a través de un fan de La Trapa y debo confesar que, al principio, intenté buscarle alguna tara. Me costaba entender que un chico guapo, de buena familia, con un futuro muy prometedor, con exito entre las chicas tuviera tanto empeño en meterse monje, y en la Trapa nada menos!!. Mas tarde ya lo entendí, para el Hmno. Rafael Dios era vital. No había sucedáneos.
Yo también os animo a conocer al Hmno. Rafael, ya me contareis.
Un abrazo a tod@s.
soco

José Manuel dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Tenemos aquí la vida de un hombre que tenía por delante una vida en la que podía haber brillado socialmente, ejerciendo de arquitecto, pero DIOS le preparó el camino mejor, una corta existencia dedicada a EL. Entegado a lo sencillo entre nabos y hortalizas, pero con el SEÑOR, JESUCRISTO y la VIRGEN MARIA, siempre a su lado. Verdaderamente fue un afortunado, como tantos otros hermanos y desconocidos, que han entregado su vida a DIOS, en un convento o en la vida familiar, SANTOS ANONIMOS para nosotros pero no para JESUCRISTO.

Hoy es vuestro día.

¡DIOS OS BENDIGA!

Olga dijo...

Cuando yo oía hablar de los Santos, los admiraba, me impresionaba su vida, pero creía y estaba firmemente convencida que este estado de vida era para personas con dones especiales de Dios en ellos pero que para mí no era. Veía imposible e inalcanzable la santidad. Poco a apoco me fui dando cuenta que todos estamos llamados a ser santos y que consiste en hacer “La voluntad de Dios”, de la mañana a la noche, al despertar hasta dormirse y aun en el mismo sueño que aunque yo no sea consciente, Dios está velando y haciendo crecer su Reino en mi vida. Los Santos fueron haciendo de su vida ordinaria una vida extraordinaria, en la sencillez, en la humildad convertían en extraordinario todos los pequeños detalles de cada momento, haciendo la voluntad de Dios.
Así hizo el hermano Rafael y sus escritos son una muestra de lo sencilla y humilde que fue su vida de entrega a Dios y hoy el Señor a través de Andrés con esta bella Homilía me recuerda y me invita a estar atenta a “que el sólo pensar que en el mundo se puedan hacer actos de amor de Dios; que el cerrar o abrir un ojo hecho en su nombre, nos puede hacer ganar el cielo” A que……. me puede hacer ganar el cielo. A que el escuchar un niño llorar en la catedral durante la Homilía me podría impacientar y que si yo me dirijo al Señor y le presento el llanto y el dolor de este niño y de los demás niños, me puede hacer ganar el cielo…
A que si no acomodo mis gustos y apetencias a mi voluntad sino que voy dejando que sea la voluntad de Dios la que vaya aposentándose en mí vida me puede hacer ganar el cielo…
“Entré en el convento yo buscaba a Dios, pero también buscaba a las criaturas, y me buscaba a mí mismo, y Dios me quiere para El solo. Mi vocación era de Dios, y es de Dios, pero había que purificarla”.
Hoy le pido al Señor a través de este gran Santo que me regale este don “Purificar mi vocación” “SER SOLAMENTE PARA DIOS”.
Gracias Andrés por esta preciosa Homilía, por ayudarnos en el camino de la santidad, por animarnos y darnos la oportunidad para buscar solo a DIOS.
Un abrazo para todos
Olga

Aloya dijo...

¡ Gracias D. Andrés por esta maravillosa homilía !
He sentido una profunda emoción, al escuchar hoy en la misa de 11 en la Catedral, su relato sobre el Hermano Rafael. Conozco un poco su historia personal, y me parece uno de los místicos más notables del siglo XX. Un ejemplo extraordinario de desapego por amor a Dios. Jóven, culto, aristócrata y guapo, lo tenía todo para triunfar en esta vida, y se lo entregó todo al Señor, para triunfar en la otra.
Rafael, observa a la Trapa por primera vez, desde sus ojos de arquitecto, de esteta, le parece un cuadro extraordinario, la contemplación de los monjes con sus cogullas, en el silencio de la oración, y después... cae rendido ante esa vida dura y de entrega a Dios,en el Monasterio Cisterciense de S.Isidro de Dueñas, allí, hombres anónimos, con historias personales magníficas, hombres de leyes, de armas, de arte y de letras, viven ensamblados con otros que no tienen nada, nada más que a Dios, sin oropeles, sin títulos. Esto acaba seduciendo a Rafael, al que ya su madre, Dña Mercedes, cuando le bautizaron ( ¡ por cierto, un día de S. Andrés!, cuando por motivos del domingo de adviento, se trasladó la fecha, desde el 30 de Noviembre al 1 de Diciembre ), le puso bajo la protección de varios Santos, y es que Rafael " ya apuntaba maneras " desde su nacimiento.
La grave diabetes que padecerá Rafael, solo le hace afianzarse más en su fé y en el modelo de la Trapa, y así llegamos a esa carta que nos leyó D. Andrés hoy, tierna, dura, y a la vez llena de encanto, donde incluso, se permite bromear con su " situación " de pelador de nabos.
Descrubrí al Hno. Rafael, hace años, a través de un Sacerdote que le profesa una enorme admiración, y no solo tuve la experiencia de descubrir una vida extraordinaria, de un Santo de nuestro tiempo, de ahora, sino que además, me cupo el honor de acompañar a ese Sacerdote a recoger una " teca ósea " a la Trapa, y que ha sido enterrada como reliquia, junto con las de otros Santos, debajo del Altar de un precioso Santuario Mariano, situado en un Concejo de la montaña asturiana, dónde con casi toda seguridad, Rafael estuvo en su niñez, mientras su padre, ingeniero de montes, se ocupaba del deslinde oficial de ese Concejo con las tierras de la Meseta castellana.
Ha sido esta homilía, querido D. Andrés, un regalo extraordinario, de los muchos a los que nos tiene acostumbrados, pero en mi caso en concreto, y por diversos motivos personales, me ha llenado de alegría, y a la vez, he llorado hoy, en esa bendita Catedral de Oviedo.
Un abrazo para todos los amigos del blog.
Aloya

Asun dijo...

¡Qué cosas nos hace Dios! Hace unos días íbamos para Valdediós tres amigas y durante el viaje el hermano Rafael centró nuestra atención. A las tres nos había impactado su historia, la llevábamos grabada profundamente. ¡Claro¡ pensé, las tres la habíamos leído por indicación de nuestro respectivo director espiritual que en nuestro caso es el mismo: D. Andrés.
Mi padre, de niña, fue quién primero hizo que yo supiera de él.
Su personalidad, sus circunstancias, su precaria salud, su cercanía (conozco a familias que tuvieron amistad con él ), su desapego, su lucha, en fin, todo en él me llenan de admiración, de ternura… pero lo que es más importante, actúa en mí como un espejo en el que mirar mi vida y recapacitar... ¡ Hermano Rafael, que alto me has puesto el listón!
No puedo olvidar, por diversas circunstancias, un viaje hecho a Palencia, motivado por la lectura del libro, para conocer La Trapa y orar ante su sepulcro.
Recomiendo su lectura porque está escrito de un modo encantador y eleva el espíritu
Yo también, otra vez como Aloya, he llorado en nuestra bendita Catedral.
Quiero acordarme y pedir, también su intercesión, a todos los santos anónimos que fueron y serán.
Siempre, gracias a mi Padre y a mi director espiritual.
Un fuerte abrazo a todos los compañeros del blog.
Asun

Pepitina dijo...

¡¡Preciosa, Pater!!La has escrito con devoción, ternura, gozo y humor; así nos ha llegado al corazón. Gracias. La ternura que nos inspira Pablo con su fiel presencia en la Catedral- a las once- y el llanto de rabieta de Gema,que dió música de fondo a la homilía, dieron Gloria a Dios en la Comunidad de las once (como creo que la llama Cristina). ¡¡Con qué poca cosa podemos darLe Gloria!! unos buenos dias y algo de paciencia ante el llanto de una niña, que a todos los que éramos conscientes de la "grabación" nos hacía sonreir, un sacerdote bordando en la homilía unas palabras de un gran Santo "medio monje"...y todo esto entre la tos de una viejecita y los nabos de la huerta, ¿puede haber algo mas vulgar que todo esto?
Subrayo algunas lineas que me han tocado:
--Aprovechemos esas cosas pequeñas de la vida diaria, de la vida vulgar.--Basta el hacer grandes las cosas pequeñas--Y sólo el Amor puede hacer grande lo ordinario, rutinario y pequeño.
---le pedí a la Señora que la atendiera ---¡¡cuánta confianza con la Virgen!!
--Me estuve en la iglesia hasta que me echaron: salía tan contento de haber estado con Jesús, que me dieron ganas de abrazar al sacristán.--El amor a Dios y de Dios me lleva a unirme y amar al hermano, sea quien sea...
--Señor, quizás el alma sufriendo un poquillo. Más no importa, refugiémonos en el silencio.---Es en el silencio donde podemos escuchar la voz del corazón, que nos muestra la tentación y podemos reaccionar volviéndonos a Dios. Pero sobretodo pido al Hno. Rafael que cuando lo necesite me recuerde,que Dios siempre quiere más. Quiere que solamente su amor me baste.
un abrazo a todos.
Vuestros comentarios han sido preciosos.

Samalea dijo...

Esta festividad me ayuda a descubrir que el camino hacia la santidad, a la que todos estamos llamados, es el camino de las bienaventuranzas. A mí me vienen a la mente imágenes de mis años de colegio, cuando leía la vida de los grandes santos que realizaron cosas extraordinarias e incluso dieron su vida por el Evangelio (como los mártires). Sin embargo también veo que existen otros santos que no “suenan” y que los define muy bien las bienaventuranzas: los pobres, los mansos, los que lloran, los que sufren, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos.
Todo un contrasentido con la visión que existe en el mundo. A mi me cuesta entrar en esa sencillez, humildad y alabanza en medio de las dificultades, para que el Señor me diga: “Bienaventurada, alégrate, tu recompensa será grande en el cielo”. Y yo me aferro a lo que tengo, a lo que veo, y le digo que sí pero que primero me arregle lo mío aquí y ahora, cuando yo creo que lo necesito, y además “me lo merezco”, como el fariseo que se sentía seguro de si mismo y le daba gracias a Dios porque se consideraba mejor que los demás. Pero realmente yo sé que lo bueno que pueda hacer no es cosa mía sino que es de Dios, lo mió es el mal que yo hago. Por eso le digo al Señor ¡Ten compasión de mi que soy pecador! Y sé que tu me has marcado con tu sello, como propiedad personal tuya, para que no me puedan dañar ¡Y de cuantas cosas me ha librado el Señor!
Por eso tengo que decirte, Señor, que solo tengo mi deseo de conocerte y de buscarte (Como dice la Palabra:”Esos son los que buscan al Señor”) A veces por el buen camino, otras equivocada, pero nunca dejada de tu amor por el que me has llamado hija de Dios
No soy valiente, ni capaz de dejarme insultar o perseguir. El Señor me conoce, no me puedo esconder de su mirada, pero espero en su misericordia.
Veo que el Señor elige a la gente sencilla, con miedos, sin preparación, para llevar su Palabra a los que no le conocen. Yo te conozco y te busco, Señor, y pido que te busque todos los días de mi vida, para poder formar parte de esa muchedumbre innumerable que forma parte de la asamblea de los santos ¡Que un día me encuentre entre ellos!
Por eso quiero terminar hoy proclamando y dando testimonio de que “Creo en la comunión de los santos y en la Vida Eterna”
Bendigo al Señor por la oportunidad que me da de conocer estas personas cotidianas que viven de Dios y que su vida entera es un estar en Dios y con Dios.
La paz