viernes, 12 de octubre de 2007

Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (C)

14-10-2007 DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO (C)
2 Re. 5, 14-17; Slm. 97; 2 Tim. 2, 8-13; Lc. 17, 11-19
Queridos hermanos:
- La primera lectura de hoy y el evangelio nos hablan de enfermos y de enfermedad. Concretamente nos hablan de la lepra y de leprosos. La lepra era y es una enfermedad terrible. Es la enfermedad de los pobres, de los hambrientos. A pesar de que en la actualidad hay medicinas contra ella, sigue estando presente en muchos sitios de la tierra. Por ejemplo, en la India. Recuerdo haber leído que una niña de unos doce años iba al basurero a recoger comida y otras cosas para ayudar a su familia. De repente un día vio unas manchas blancas sobre su piel y, al pincharse en esas zonas, no sentía el dolor. Tenía la lepra. Su propia familia la echó de casa. Es la norma. Con la lepra se pudre la carne del ser humano y esta carne se cae a pedazos. Un leproso se ha de apartar de la gente y vivir como un apesta­do. Si están casados y con hijos, deben salir de su casa No pueden beber en las fuentes públicas para no contaminarlas. En tiempos de Jesús, si un leproso caminaba por un sitio, debía ir tocando la campanilla para que al acercarse un hombre o una mujer sanos, estos se pudiesen apartar. Esta era y es la situación de los leprosos.
En las lecturas de hoy vemos cómo Dios cura a los leprosos: a Naamán y a diez leprosos. “Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño”; “Cuando Jesús iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: - ‘Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.’ Al verlos, les dijo: - ‘Id a presentaros a los sacerdotes.’ Y, mientras iban de camino, quedaron limpios.” Pero estas lecturas no nos hablan simplemente de curaciones de leprosos. Nos hablan de algo más. En el evangelio se nos dice que, de los 10 leprosos curados, sólo uno volvió para dar gracias a Jesús. Y entonces Jesús le otorga otro don mucho más grande que la salud, pues ésta, tarde o temprano, se acabará. Jesús le otorga la salvación que da la fe: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado.” Esto mismo le ocurrió a Naamán. El se marchó para su tierra, pero diciendo: “en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor.”
Pienso que la idea central de estas lecturas no es simplemente que Dios nos cura y nos sana de nuestras enfermedades. Hay que profundizar más: Señor, ¿para qué me sirve la salud, si no me acerca más a Ti? Señor, ¿para qué me sirve la enfermedad, si no me acerca más a Ti? Voy a transcribiros unos trozos de una carta de un obispo. Fue obispo auxiliar de la diócesis de Madrid y murió a principios de este año, creo que de un cáncer. Fijaros, los cánceres y enfermedades alcanzan hasta los obispos, como no podía ser de otro modo. El obispo se llamaba Eugenio Romero Pose: “’Tu gracia vale más que la vida.’ Son palabras del salmista que se tienen como verdaderas cuando te sientes bendecido por la enfermedad y tocas los límites de tu caducidad. Sentir el hielo de la debilidad, del cuerpo que se rompe, de la mente que se oscurece, de la corruptibilidad que se adueña de lo que uno creía poseer, adquieren nuevo sentido cuando se obren los ojos a la verdad del dolor. Y únicamente uno puede mirar hacia delante y salir […] cuando en la oración deja que el corazón acoja la luz de quien sufrió y saboreó las hieles del sufrimiento hasta el extremo. Al sentir la incapacidad […] en la enfermedad […] entonces, sólo entonces, levantas los ojos a lo Alto y recibes el bálsamo que hace más dulce la existencia. La enfermedad […] nos hace tocar el fondo de la pequeñez […] No se aprecia la vida si no se acepta la muerte. Padre bueno, Padre Creador, me ha desbordado tu querer […] Llegó hasta mis ojos la cercanía de tu ser y estar en los enfermos, pobres, y débiles, que tu Hijo, Jesucristo, encontraba y curaba en los caminos de Galilea, Samaría y Judea. Sigo sintiendo la Mano sanadora del Nazareno que, más que nadie, saboreó el sufrimiento, la oscuridad del dolor, la entrega a la muerte […] Te pido, Señor, que sepa en el dolor pedirte el Espíritu para que mi vida y mi muerte estén en tu Cruz. Tiéndeme tu Mano para que contigo tenga la sencilla certeza de abrir un día los ojos y verte a ti a la derecha del Padre con el Espíritu Santo […] Déjame que no te deje y que dé gracias porque cada instante es un milagro en la espera de otro mayor; la vida eterna, vivir contigo. Me abandono, enfermo y débil, en tus Manos, que me hicieron, y en las de los hermanos que en el camino del dolor me comunican tu calor. Tus Manos están llenas de misericordia […] Gracias, Señor de mi vida y mi enfermedad, porque me has enseñado que tu gracia vale más que la vida, que la frialdad de la muerte no dejará que se apague el fuego de tu Amor.”
- En la segunda lectura se nos dice: “Haz memoria de Jesucristo […] Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.”
* Jesús ha de estar en el centro de nuestra fe, de nuestra vida, de nuestro pensamiento y de nuestro amor. Pero, si esto no fuera así, tenemos la absoluta certeza –gracias a las palabras de S. Pablo- que nosotros sí que estamos siempre en el centro de su Amor, de su Pensamiento, de su Vida y de su Gracia.
* Nosotros podremos alejarnos de Jesús o vivir de espaldas a El. Pero El nunca se alejará de nosotros. ¡Cuántas veces he sido testigo de esto a lo largo de mi vida sacerdotal! Personas que, por una causa u otra, han “pasado” de Jesús, de Dios y, al cabo de un tiempo, quieren retornar y El siempre está ahí para recibirlos, para recibirnos con los brazos abiertos. ¿Os acordáis de la carta que os leí a finales de septiembre de un soldado americano que murió en la segunda guerra mundial y que no aceptó a Dios en su vida hasta pocas horas antes de morir? Este es el Dios en quien yo creo. Este es el Dios al que yo amo. El Dios fiel para nosotros, que somos infieles. Esta es una doctrina segura, según nos decía S. Pablo.

12 comentarios:

J dijo...

«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?» Y le dijo: - «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

El agradecimiento es tan importante para DIOS, JESUCRISTO, ESPIRITU SANTO y VIRGEN MARIA, tanto como para nosotros cuando hacemos algún favor, aún cuando sea desinteresadamente.

DIOS lo mismo que sabe escuchar nuestras súplicas sabe escuchar nuestro agradecimiento.

Todos los días de nuestra vida y de nuestra ETERNIDAD debemos darle las gracias por una cosa tan importante que nos ha concedido la FE.

Porque la FE es la verdad y la salvación.

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRISTO!

Sara dijo...

Creo que a través del dolor o el sufrimiento se experimenta la presencia de Jesús y una gran cercanía a Él. Adémás si ofrecemos nuestros sufrimientos a Dios obtenemos consuelo y alivio.

Isabel Ordoñez Lopez dijo...

Querido Andrés:

Las lecturas de hoy nos recuerdan que debemos ser agradecidos. Aprobechando esta oportudnidad, yo quiero darte las gracias por las homilias y por todo lo que me estás ayudando.Con todo cariño.

El peluche

Pepitina dijo...

¡¡Fantástica la idea de tenerte en vivo y en directo!! Falta ver tu querido rostro, pero...ya vendrá. Tengamos un poco de paciencia.
Orando esta homilía he sido nuevamente sanada, recordando unas manos que ayer se posaron sobre mi cabeza, condediéndome el perdón, pero sobretodo he sido salvada una vez mas; a veces siento que en mi camino soy sostenida y salvada por el Señor a medida que avanzan mis pasos.Voy hacia Él. Él siempre es fiel,¡¡Bendito sea este Dios nuestro!! Pater,eres un Don para este Blog y la Comunidad de las once; Gracias Pater, porque día a día nos vas regalando y descubriendo un poquito de un Dios fiel,tierno y acogedor desde tu Sacerdocio, que es tu Vida.
un abrazo
¡¡Dios te bendiga!!

Gema y Juan Carlos dijo...

Muchas gracias Andrés por permitirnos estar contigo en la homilía al no estar ahí en Asturias, nos ha llenado de gozo el poder escucharte y el sentir tus palabras que siempre nos calan muy hondo. Desde luego no es lo mismo la homilía escrita que la homilía presente. Por favor, sigue así y deja que cada domingo estemos a tu lado, porque tus palabras nos llenan de alegría y nos dan luz a nuestra familia, aquí en Valencia. Un beso muy fuerte para todos. Gema y Juan Carlos.

soco dijo...

Andrés, ¡qué gran acierto grabar la Homilia y colgarla en el blog!.
Cómo me alegro por todos los amigos del blog que no podían venir a misa de once.
Un fuerte abrazo.

María Cristina dijo...

Andrés: Vaya sorpresa y regalo nos has dado a los que no podemos estar en la Eucaristía en la catedral, pero así estaremos más unidos a ti y a “La comunidad de las Once” ahí presente.

Nos hablas de la gratitud y tenemos que dar gracias a Dios porque ha puesto todo su amor en la inteligencia del Ser humano y por ello los medios de comunicación nos sirven para escuchar mejor su Palabra y por tu medio profundizarla.

Si la lepra ha sido una enfermedad que aísla a la persona de la comunidad, cuando tú me ayudas a hacer un buen examen de conciencia para confesar es un momento de gracia fuerte de Dios para reconocer mi pecado (mi enfermedad, mi lepra) y por supuesto para volver agradecida a Dios por la bondad de curarme.

Siento la necesidad de la sintonía de oración con todos los del blog y los de “La Comunidad de las Once” para pedir a nuestro Padre Dios la gracia de ser agradecidos, pero estar muy atentos en muchos pequeños acontecimientos del día en donde Dios nos está derramando su gracia. Yo algunas veces tomo la actitud de los nueve que no volvieron a dar las gracias.

De nuevo Andrés GRACIAS por el regalo de la homilía con voz y sobre todo por lo que Dios me dice a través de tus palabras.

Para todos mis hermanos en la fe y en vínculos de amistad un abrazo y feliz semana.


Cristina

Rubén dijo...

Andrés muy buena idea la de publicar la homilía en audio. Impactante lo del señor del gas. Impactante que también para él también para todos esté siempre dispuesto el perdón del Señor.

Aloya dijo...

Querido D. Andrés : Me alegra muchísimo que las nuevas tecnologías, nos permitan compartir con nuestra Comunidad de fe, no solo la letra impresa de sus homilías en el nuestro ordenador, sino oyéndole en el directo de la misa de las 11 en S.I.C.M. Le felicito, es todo un acierto esta nueva forma de evangelizar. Los textos que Vd. nos pasa todas las semanas en el blog, están cuidadísimos en el contenido, modo y forma,y su lectura es toda una experiencia extraordonaria para mí, ahora, con la voz incorporada, puedo comprobar en vivo ", esos matices, y esas vivencias personales que enriquecen aun más si cabe, sus intervenciones en la Santa Misa.
Deseo " agradecer ", sus desvelos por hacer llegar la Palabra del Señor a mi vida, y este agradecimiento personal por su trabajo,incluye el AGRADECIMIENTO a Dios, por haberle puesto en mi camino, por vivir, por haberme permitido compartir mi vida con otras personas maravillosas, algunas de ellas ya no están en este mundo, por permitirme incluso, no estar en el momento de la DESPEDIDA. El Señor es tan delicado,que conociendo mi debilidad a la hora de decir adiós, ha querido evitarme esos instantes.
Cada día, aumenta más mi agradecimiento al Señor, y a través de este sentimiento, voy conociendo, y experimentado el amor inmerecido que me regala mi Dios.
También mi agradecimiento, y cariño a todos los amigos del blog, por ayudarme con sus experiencias.
Aloya

Anónimo dijo...

Me gusta escuchar la homilia, Andrés, lo hice mientras realizaba otra actividad y es muy interesante para las que tenemos poco tiempo. Gracias.

Olga dijo...

¡¡Hola Andrés, Buenos días!! Cómo ha resonado a mis oídos, a mi corazón a mi mente a todo mi ser, este saludo que el Señor le da a Andrés cada mañana al despertar. Es una llamada de atención a mi vida para que yo tenga mis oídos atentos y de paso y escuche el saludo que el Señor me da a mí y que por mi falta de apertura a su gracia yo no escucho.
Sentir la presencia de Dios en mi vida, el saludo de Dios, el beso de Dios. Estar segura de que él vela sobre mi de noche y de día, saber que yo soy el centro de Dios
“Tu Señor velas conmigo de noche y de día”.
Aunque yo esté durmiendo, esté en pecado, y deje a Dios de lado, yo para Él soy en centro de su vida de su pensamiento, de su amor. TODO ELLO ES MOTIVO DE GRATITUD ¡QUE ALEGRÍA, SENTIR TODO ESTO, SABER QUE EL ESTÁ SIEMPRE A MI LADO!
No se aprecia la salud hasta que uno no tiene la enfermedad, no se aprecia la GRACIA sino nos sentimos SANADOS por el Sacramento de la Reconciliación.
"Cuando nos sintamos enfermos busquemos la salud, pero sobretodo busquemos la humildad que nos da la enfermedad de acercarnos más a Dios porque la enfermedad nos hace más humildes".
Cuando yo me siento enferma en el espíritu y me doy cuenta que he perdido la GRACIA por el pecado, es cuando me doy cuenta ¡Cuánto VALE LA GRACIA! “TU GRACIA VALE MÁS QUE LA VIDA”
Durante esta semana hay muchos motivos para agradecerle al Señor: Esta preciosa homilía que nos acerca más a Él, los medios que nos proporciona para acercarnos como es la tecnología, no es lo mismo escuchar una sola vez la homilía sino poder retomarla durante la semana en varias ocasiones para ir creciendo en el amor a Dios con todos los elementos que en ella nos proporciona. El escuchar la voz de Andrés me ayuda a sentir el AMOR, LA CERCANÍA DE DIOS PADRE, AMIGO, QUE ME HABLA Y ME DICE TODO ESTO.
Muchas veces me he portado como los 9 leprosos pero quiero pedirle hoy al Señor que me ayude a seguir siendo como aquel que volvió a darle las gracias. Que lo haga siempre y en toda circunstancia.
GRACIAS Andrés porque siempre buscas como el Señor, lo mejor para sus hijos. Gracias hoy y siempre por todo lo que nos ayudas a cercarnos a Dios.
Gracias a todos los del Blog porque con sus comentarios también me acercan a Dios.
Un beso para todos.
Olga

Pablo dijo...

Qué Buen Dios.Cristo nos salva, en el lugar en que todos los hombres somos iguales, en la situación en la que no hay diferencias: en la fragilidad de nuestra vida, en la enfermedad, en el dolor- En la muerte-.Y lo hace de una manera heroica,extrema, divina - no propia de hombres-; para que veamos que Él sufrió mucho más que nosotros, y lo hizo porque quiso, por Amor.Así podemos acercarnos a Él con toda nuestra confianza, porque sabe muy bien de que le hablamos, y por eso yo no tengo miedo a nada, porque lo que más teme el hombre es la muerte, y yo ese negocio lo tengo en manos del mejor experto.
Cuando me quejo de mis pequeñas cruces, vamos, de una astilla en el dedo,lo veo a Él con tantos trabajos y desprecios, que inmediatamente enmudezco, y le doy gracias por todo lo que me da, que es muy poco para lo que merezco.