miércoles, 1 de junio de 2016

Domingo X del Tiempo Ordinario (C)



5-6-2016                                DOMINGO X TIEMPO ORDINARIO (C)
                                                         1 Ry. 17,17-24; Slm. 29; Gal. 1, 11-19; Lc. 7, 11-17
            En el día de hoy quisiera predicaros dos ideas principalmente: la primera es lo que llamaremos LA JERARQUIA DE LA VIDA; y la segunda es LA ENFERMEDAD ESPIRITUAL.
            - Vamos con la primera idea: LA JERARQUIA DE LA VIDA. A ver si logro explicarme.
Hace dos viernes salían los jóvenes de la catequesis de confirmación y en la acera, enfrente de mi casa, coincidimos con el padre de uno de estos jóvenes, que le preguntó a su hijo: “¿Has aprendido a ser mejor persona?” ¿Qué quiso decir con esto?
            Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna, escuchó una voz misteriosa que allá adentro le decía: ‘-Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Pero recuerda algo: después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal…’
La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el suelo y empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal. La voz misteriosa habló nuevamente. ‘-Tienes solo ocho minutos…’ Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró… Recordó, entonces, que el niño había quedado adentro y la puerta estaba cerrada para siempre. La riqueza duró poco y la desesperación… ¡para el resto de su vida!
Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos 80 años para vivir en este mundo y una voz siempre nos advierte: ‘¡Y no te olvides de lo principal!’ Y lo principal son los valores espirituales, la oración, la familia, los amigos, la vida. Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto que lo principal siempre se queda a un lado… Así agotamos nuestro tiempo aquí, y dejamos a un lado lo esencial: ¡Los tesoros del alma! Que jamás nos olvidemos que la vida en este mundo pasa rápido y que la muerte llega inesperadamente. Y que cuando la puerta de esta vida se cierra para nosotros, de nada valdrán las lamentaciones. Ahora… piensa por un momento que es lo principal en tu vida…”
            Esta leyenda va en la misma línea que las palabras del padre a su hijo a la salida de la catequesis de la confirmación. El padre sabe, desde la experiencia que le dan los años vividos, que la vida nos ofrece muchas cosas. Unas son más importantes que otras. Ciertamente hay cosas necesarias y hay cosas urgentes, pero ninguna de estas cosas (las necesarias y urgentes) nos deben hacer olvidar las cosas importantes. En palabras del padre una cosa importante y que quiere que su hijo tenga es que sea ‘buena persona’. En palabras de la leyenda que acabamos de escuchar, cosas importantes son los valores espirituales, la oración, la familia, los amigos… El hombre que no cultiva las cosas importantes y que se queda solamente con las cosas necesarias y urgentes, es un hombre que ‘olvida el niño en la cueva’, es un hombre que vive a ras de tierra (en lo que se ve y en lo que se toca), es, como diría san pablo, un “hombre puramente natural (que) no valora lo que viene del Espíritu de Dios: es una locura para él y no lo puede entender (1ª Cor. 2, 14).
            Por todo esto que acabo de decir, es indispensable que enseñemos desde los primeros años de la vida a los niños y a los jóvenes que existe UNA JERARQUIA EN LA VIDA. No todo es igual, no todo es lo mismo, ‘no da lo mismo ocho que ochenta’… En la vida es más importante ser buena persona… que tener muchas cosas. Es más importante cuidar las relaciones humanas en la familia, con los amigos, en el vecindario, en el trabajo… que viajar mucho o que ser el jefe y el que manda. Es más importante tener fe y cuidar la vida espiritual… que cuidar sólo lo material y el cuerpo físico[1]. Quien no tiene en cuenta esta JERARQUÍA DE LA VIDA o la tiene trastocada, es un hombre que vive equivocado y que sufrirá mucho por no conseguir lo que desea o porque, cuando lo consiga, se dará cuenta de que eso no le satisface.
            - Vamos con la segunda idea de hoy: LA ENFERMEDAD ESPIRITUAL.
            Podéis preguntaros qué tienen que ver estas dos ideas con las lecturas que acabamos de escuchar. Pues yo diría que mucho. En efecto, la primera lectura y el  evangelio nos hablan de dos niños enfermos y de cómo fueron curados por un profeta y por Jesucristo. Se trata de enfermedades físicas y de curaciones físicas. Todos estamos de acuerdo en que las enfermedades físicas, en niños o ancianos, en jóvenes o adultos son realidades negativas y que las curaciones físicas son realidades positivas. Todos nos entristecemos ante las enfermedades propias o de los que nos rodean, y nos alegramos ante las curaciones de dichas enfermedades. Sin embargo, hay una enfermedad peor que la enfermedad física, y es la enfermedad del espíritu. Y hay una muerte peor que la muerte física, y es la muerte espiritual.
            Sí, para Jesús está claro que quien tiene pecado, está enfermo espiritualmente; quien no tiene amor, está enfermo espiritualmente; quien no perdona, está enfermo espiritualmente; quien no se cultiva con la oración y con las cosas de Dios, está enfermo espiritualmente… Y lo peor es que muchos de nosotros o de estas personas, que estamos enfermos espiritualmente, no nos damos cuenta de ello o, peor aún, no le damos ninguna importancia a todo eso. San Pablo era un buen ejemplo de todo esto: él se creía superior a otros, pensaba que todo lo hacía bien, que los equivocados eran los otros… Sólo se dio cuenta de su error cuando Jesús le mostró su propia realidad como en un espejo. Así lo reconoce el apóstol: Anteriormente, yo era un blasfemo, un perseguidor y un insolente; pero Dios tuvo misericordia de mí porque yo era un incrédulo y actuaba con ignorancia (1ª Tim. 1, 13).
            Termino con un comentario que hizo una persona (madre de familia) en el blog a una homilía mía semanal en la que preguntaba si estaríamos dispuestos a que nos arrebataran la fe y todos los valores espirituales que tenemos. Esta mujer escribió esto en el blog: Querido Andrés: Yo estoy dispuesta a que me arrebate mi fe, a que me arrebate mi sentimiento de pertenencia a Dios, mi posibilidad de orar, de ir a Misa, de recibir los Sacramentos, de ser Pueblo de Dios, de ser compadecida de Dios, de ser raza elegida de Dios, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido por Dios; a que me arrebate mi sitio reservado en el Reino de Dios, mi estar en Dios... a que me arrebate TODO lo que tengo. Es más, se lo doy gustosa, si me garantiza que TODO eso que me va a quitar a mí, se lo va a dar a mis hijos... porque yo no puedo hacerlo. Esta mujer ve que sus hijos están enfermos espiritualmente y quiere curarlos. Para eso le pide a Dios que le dé a ella esa enfermedad espiritual CON TAL DE QUE SUS HIJOS QUEDEN SANADOS.
            Pidamos a Dios que nos dé luz para ver nuestra enfermedad espiritual y la muerte espiritual que tenemos encima, y nos dé curación, salud y vida para salir de ese pozo en el que estamos.

[1] También dice san Pablo a los corintios, los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible (1ª Cor. 9, 25). La corona de laurel era el premio al primer clasificado en la prueba atlética; la corona era para los atletas entonces como para nosotros es hoy conseguir la medalla de oro.

7 comentarios:

Anonimo dijo...

Que enseñanza encierra esta homilia! Gracias a su predicacion.a la formacion de adultos y a su ejemplo mi vida va cambiando.ya la jerarquia de la vida no es igual para mi.las cosas necesarias han pasado a segundo lugar.doy gracias a Dios por lo que tengo y otras veces me complican la vida. En la direccion espiritual me preguntaba Vd por los frutos de la misma y en ese momento no supe bien que contestar.hoy se que son hambre y sed de Dios tambien conocer cada dia mas mi enfermedad espiritual.mis pasiones.mis inclinaciones.en definitiva mis pecados. Gracias una vez mas por la siembra que hace en nuestras almas.que Dios siga dandole el don de la palabra wue tanto bien nos hace.un saludo

Feli dijo...

Yo le doy gracias a Dios,por darme la oportunidad de llegar a los años que tengo,por qué digo esto? cuando somos jóvenes vamos a misa rezamos,en esa edad a mi me encantaba ver la vida de santos,lloraba lo vivía de una manera preciosa.Cuando me casé y tuve a mis hijos,viví para mi marido,suegra e hijos,para mí poco,y para Dios bastante poco,eso sí,tuve siempre presente a Jesús,lo quería y Él me ayudaba, aunque yo estaba a lo mío.Fue pasando el tiempo,los pajarítos volaron del nido,y solo quedamos mi marido y yo.Y entonces llegó,lo que estaba ardiendo pero sin llama.Mi vida se hizo más activa,para los más necesitados,para la oración, para dar alegría,para valorar más las cosas de Dios.Mi vida ha cambiado,un 80 por ciento respecto,a la felicidad que siento,a la fuerza,el dar la cara sin miedos,el defender a Jesús ante los que hablan mal de El.No,no penséis que soy una santa,que va,cada vez veo más fallos en mi conducta,y me exige más.Pero me siento querida por mi Jesús del cielo,porqué mi marido también se llama Jesús.Bueno,perdón por enrollarme,pero es lo que siento,y quiero compartirlo con todos vosotr@s.Un abrazo y que el Señor nos bendiga.

Anónimo dijo...

Muy buena reflexión y como siempre muy bien contada. Es un don del p. Andrés. Gracias. Voy a pensar esta semana qu'e es lo importante.

Anónimo dijo...

Me parecen interesantísimas sus homilias. Espiritualmente me ayudan mucho. Muchas gracias.

PACHU, dijo...

D. Andrés la homilia, no tiene despeerdicio, está claro que siempre estamos preocupados por lo humano, por lo material, pocas veces pensamos en lo espiritual, ¡ Eso no va conmigo¡, ¡ nada tengo que ver con eso, pero cuando ves una peersona con un pie mas allá que aquí es cuando tu empiezas a repensar lo tuyo,El otro día me contó un amigo el cual no hace mucho perdió un hermano y pocos días antes de morir, cuando ya vio que no salí de aquello le dijo: he trabajado toda mi vida, trabajé siempre , me preocupé de ampliar en el caserío etc, etc, ¿ Para qué ,¡ para nada¡ ¿ Y ahora qué ? Ahora contestó el enfermo, ahora si yo pudiera volver atrás , lo cambiaba todo po la salud,pero..... es tarde ya. Esperemos y pensemos en estructurar nuestra vida y pensemos, ¡Que es lo principal¡ ¿ Que es es lo preferente?..

Chony dijo...

Muy bonita e interesante la homilía.
Cuando leí el evangelio del domingo, que tantas veces escuché, o mejor dicho oí, me llamaron la atención dos pequeñas frases que Jesús pronuncia cuando se encuentra con el cortejo fúnebre; primero se dirige a la madre: No llores; luego tocando el ataúd dice: Muchacho a ti te lo digo, levántate!! me pasé bastante rato meditando que quería decirme a mi el Señor con aquellas frases; me puse en el lugar de la madre, una mujer que había perdido lo que mas quería y necesitaba; que sentía la soledad y desamparo, además de un profundo dolor, Jesús se conmueve; la mira y le dice : no llores; el amor de Dios una vez mas, tratando de aliviar y compartir mis situaciones de sufrimiento, de desesperanza, de temor, de angustia; no llores, yo estoy aquí contigo. Me veía muy bien reflejada en aquel muchacho muerto; cuantas veces yo me vi en esa situación! bien a causa de mis pecados, bien por dar mas importancia a las cosas del mundo, o por no confiar plenamente en el Señor.
Creo que en ambos casos yo veía que había olvidado lo principal; me había agarrado a las cosinas que el mundo me ofrecía, y que nunca llenaban mi necesidad de amar y ser amada; cogía o buscaba lo que no era importante,olvidando lo que realmente llenaba mi vida. Mas el Señor en su infinita misericordia, sigue dándome tiempo, durante el cual voy descubriendo con gran gozo, lo realmente importante; y escucho la voz de Jesús: no llores! ánimo, agárrate a mi! así como cuando me siento caída, enferma, El extiende su mano y pronuncia esas palabras: a ti te lo digo, levántate!! y cada tropezón, cada caída, me van mostrando que es lo verdaderamente importante, hacía donde debo caminar, y de quien me puedo fiar; y lo demás va perdiendo importancia; menos la familia, los amigos, los valores y la vida espiritual.

Muchas gracias Andrés, que regalo nos hizo el Señor el día que te conocimos!!
Un gran abrazo hermanos.
BENDITO SEA DIOS.

pepitina dijo...

Sí,¡¡Bendito sea Dios, Choni! ¡¡Bendito sea!!
Gracias por este testimonio tan hermoso que nos ayuda a crecer en Fe y en Fraternidad, al compartir unos con otros, cuánto va haciendo el Señor en nosotros.
Un abrazo a todos.