miércoles, 15 de junio de 2016

Domingo XII del Tiempo Ordinario (C)



19-6-2016                              DOMINGO XII TIEMPO ORDINARIO (C)
                                               Zac. 12, 10-11;13, 1; Slm. 62; Gal. 3, 26-29; Lc. 9, 18-24
            - Vamos a partir de unos hechos constatados: Somos cristianos prácticamente desde nuestro nacimiento... ¿Por qué se nos nota tan poco? ¿Por qué apenas avanzamos en la vida de fe y tenemos siempre los mismos pecados? ¿Por qué nos distraemos tanto en la Misa y en las oraciones? ¿Por qué nos asaltan tantas dudas de fe respecto a Dios y a la Iglesia? ¿Por qué antes parecía que nos costaba menos rezar? ¿Por qué la desidia y la apatía se apoderan de nosotros? ¿Por qué somos tan mediocres en nuestra vida personal, familiar, laboral, social...?
            - En el evangelio de hoy Jesús pregunta a sus discípulos quién es Él para ellos, es decir, qué tiene que ver Él en sus vidas, cuánto tiempo de su día ocupa Dios en ellos, cuanto espacio de su corazón está ocupado por Jesús… Vamos a profundizar un poco en el día de hoy sobre esta pregunta de Jesús. Aunque en vez de mirar los toros desde la barrera, y ver y escuchar lo que contestan los apóstoles o los santos u otras personas, vamos a dirigir esa pregunta de Jesús a... nosotros mismos. O sea, quién es Jesús para mí, qué tiene que ver Jesús en mi vida, cuanto tiempo de mi día está ocupado por Jesús, cuánto espacio de mi corazón está ocupado por Jesús… Es un buen tema de oración para toda esta semana. Con esta pregunta ya podemos meditar todos los días de esta semana. Os lo propongo, porque Jesús mismo nos lo propone. Yo voy a daros algunas pistas que os puedan ayudar en ello:
            - Si Dios es un ser superior y creador de todo el universo[1], pero tiene muy poco que ver con nuestro día a día, entonces a este ‘dios’ le dedicaré algún día al año (si voy a Covadonga), o unos segundos antes de acostarme para recitar una oración de la que casi ni me entero.
            Si Dios es una especie de policía que me pone multas o me castiga si hago algo mal, trataré de que no enfade conmigo, de ‘comprarle’ con alguna oración o alguna limosna o algún trueque (en Oviedo había un paisano que iba a Misa todos los domingos para que a sus hijos no les sucediera nada malo, ya que Dios iba a castigar a sus hijos por el mal que él hiciera).
            Si Dios es alguien cercano, que ayuda, escucha, comprende…, entonces Dios pasa a ocupar un puesto central en su vida ordinaria. Recuerdo que hace más de 10 años conocí a un hombre bueno, creyente, pero no practicante. Por aquel tiempo tuvo un problema muy grave con su hija, la cual tuvo contacto con personas que tenían relación con espíritus. Empezó la chica esta de broma, por esnobismo…, y de repente empezó a tener un miedo cerval. No podía estar sola, ni salir de casa, ni estudiar. Fue algo terrible para ella y para su familia. En un primer momento acudieron a psicólogos y psiquiatras, pero el problema persistía. Finalmente, acudieron a la parroquia y llegaron hasta mí. Este hombre experimentó que sólo la fe en Dios y la Iglesia pudieron sacar a su hija y a su familia del infierno en el que estaban. Ahora experimentó que la religión, que Dios no es algo lejano, sino que es algo central y muy importante en su vida de cada día, y lo defiende ante sus compañeros de trabajo. Tuvo y tiene experiencia de Dios. Si cualquiera le hubiera preguntado a este hombre quién era Jesús para él, las respuestas hubieran sido muy distintas: antes o después de esta experiencia.
Otra experiencia en este mismo sentido: El sábado 11 de junio recibía un correo de esta mujer de Oviedo que hace poco hizo un comentario en el blog de las homilías y que decía que estaría dispuesta a que Dios le arrancara la fe en Dios, el sitio que ella tiene reservado en el cielo, la posibilidad de orar, de acercarse a los sacramentos a Dios…, con tal de que Dios entregara TODO ESO a sus hijos. Pues bien, en este correo del 11 de junio me decía lo siguiente: “El viernes, en la adoración, volví a pensar por quién o por qué estaría dispuesta a dejarme arrancar la fe. La lista me va saliendo cada vez un poquitín más larga, porque realmente lo que quiero con todas mis fuerzas no es tener mucha fe, ni mucho gozo, sino ser capaz de vivir en la voluntad de Dios, y de confiar en que Él sabrá lo que me va dando y lo que me va quitando. También me di cuenta que lo que me lleva a la adoración no es la fe, sino el amor, por eso me resulta tan fácil ir. Así que mientras Dios me siga dando fe y amor, pienso aprovecharlo, y dedicarle todo el tiempo posible para llenarme de Él, y guardar para cuando no tenga”.
            Cuando uno se encuentra con Jesús y lo reconoce como Dios, enseguida esto provoca un querer hacer algo por Él y para Él. Y Jesús nos dice qué y cómo hemos de hacer: “Y dirigiéndose a todos (no sólo a los curas y monjas), dijo: ‘El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará’” (Lc 9, 23-24). 
            Desde mi experiencia como cristiano y como sacerdote, puedo afirmar lo siguiente: si hoy no avanzamos en la fe, si nos distraemos en la Misa y en nuestras oraciones, si tenemos siempre los mismos pecados, si no somos mejores…, es porque no cumplimos las palabras e indicaciones de Cristo (“El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo”). Dios no puede entrar en nosotros, porque estamos llenos de nosotros mismos. Hemos de vaciarnos, mediante los sacrificios físicos, morales y espirituales, y con la gracia de Dios, de nuestros prejuicios, miedos, egoísmos, voluntades y hemos de dominar nuestros impulsos y apetencias y, cuando estén dominadas, entonces se las hemos de entregar a Cristo, para que Él nos llene de sí mismo.
Termino también con las palabras de Cristo: “Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará”.

[1] Los chicos de confirmación decían sobre Dios cuando les pregunté por Él: “* Es un ser superior que manda sobre nosotros. Es un ser injusto porque permite que se mueran niños de hambre y enfermedades, y hay mucha gente poderosa que permite que a ellos no les pase nada.
* Es alguien superior a nosotros, que no podemos ver ni controlar. Y es el que hace que ocurran todas las cosas de nuestra vida, tanto las buenas como las malas.
* Yo creo que algo existe. Será Dios, pero para mí no es el Dios bueno y misericordioso que muchos dicen que es. A mí y a mi familia no siempre nos ha tratado así. Pocas veces la verdad, con lo cual no sé muy bien cómo es: malo…, no, pero buenísimo tampoco. Me ha enseñado cosas a base de ‘golpes’ que me hacen mejorar. Sí, pero también pudo hacerlo de otra manera, como hace con otra gente (muchas cosas buenas para unos y palos para otros). En conclusión, es que sí creo, pero ya lo hice más de lo que lo hago. Estoy un poco ‘desencantada’, por así decirlo”.

2 comentarios:

Milagros dijo...

Tiene vd toda la razon.esta homilia hay que llevarla a la oracion cada dia y meditarla con toda sinceridad no quedandose en la superficie. Desde que tengo uso de razon he oido hablar de Jesus pero tsmbien es verdad que El podria decirme "tanto tiempo conmigo y aun no me conoces" porque para conocerlo hay que tratarlo y no solo conocerlo a traves de lo que oimos de El por eso no damos la nota llamandonos cristianos.no tenemos experiencia de este trato intimo. Hoy me lo lleve a la oracion y llegue a la conclusion de que mientras mi vida no sea reflejo de la suya no podre decir quien es Jesus para mi.todo se quedaria en teoria. Gracias una vez mas Andres porque es vd la voz del espiritu que nos remueve por dentro y nos hace plantearnos nuestra vida de fe

Feli dijo...

Yo pienso que nuestro testimonio es tan débil,que no somos capaces de ser testigos auténticos de Jesús. Vamos a ver,¿Cuanto nos preocupamos por nuestras libretas de ahorro?,cuanto compartimos con los más pobres?,como dijo Jesús, repártelo todo entre los pobres?,cuantas veces se nos oyen nuestras voces para parar las injusticias?,cobijamos a los que no tienen techo?.Cuando hablo con Dios,es como si no me atreviera,como si no fuese digna.Hay tantas cosas que tengo que hacer, que no hago.Ayer se operó un cuñado mío del corazón,y me alegré por una cosa muy importante para mí,un hermano mío,que no es de iglesia,me llama y me dice,vengo de rezar a la Virgen de la Milagrosa por Arturo,como me dices tu Feli ,se lo comente a mi hermana cuando su marido salió de la operación,y se emocionó. Bueno herman@s poco a poco con nuestro granito de arena,pero yo en mi interior pienso que es muy poco.Un abrazo a todos y feliz semana,y que Dios nos de fuerza,para llegar a los corazones de los demás con nuestro testimonio.