jueves, 30 de diciembre de 2010

Santa María, Madre de Dios (A)

1-1-2011 SANTA MARIA, MADRE DE DIOS (A)

Num. 6, 22-27; Sal. 66; Gal. 4, 4-7; Lc. 2, 16-21



Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

En la homilía de hoy quisiera tratar varios temas:

- En un primer momento quisiera aclarar un concepto de la predicación del día de la Sagrada Familia. Quien haya leído o escuchado la homilía del pasado domingo podrá haber sacado la idea de que pongo al mismo nivel la unión de hecho, el matrimonio civil y el matrimonio canónico o por la Iglesia. Nada más alejado de la realidad. Para mí no tienen el mismo valor los diversos modos de convivencia entre un hombre y una mujer. El domingo pasado lo que hice fue fijarme simplemente en la convivencia en las parejas, independientemente del modo de unión o enlace entre sí. Pero, por supuesto que, para los católicos, no es lo mismo una manera u otra de convivir el hombre y la mujer. Nosotros, los católicos, pensamos y creemos firmemente que la única unión que vale para un hombre católico y para una mujer católica es el matrimonio sacramental. ¿Por qué? Pues porque (1) Dios mismo ha instituido el sacramento del matrimonio y porque (2) sabemos que, ante las dificultades de las que hablaba en la homilía anterior, Dios mismo está presente en esa convivencia para hacerla posible, para ayudar a esos esposos en su amor conyugal. Todo católico sabe que Dios está en nosotros y entre nosotros, y que su presencia y su ayuda nos hacen la vida más feliz y provechosa para nosotros y para los que nos rodean. ¡Qué sería de nosotros sin Dios! Para quienes no tienen fe, esta frase no tiene sentido alguno, pero para los que creemos, sabemos la absoluta verdad de esta afirmación: ¡Qué sería de todos nosotros (casados, solteros, casados, viudos, jóvenes y mayores, ricos y pobres, sanos y enfermos…) sin Dios, sin su ayuda y sin su presencia!

- Otra cosa que quisiera aclarar en el día de hoy es un comentario que hice en la homilía del día de Navidad. El comentario no estaba escrito en el texto que publiqué en Internet, pero sí lo verbalicé. Os decía que, al preparar esa predicación para el día de Navidad, sentí en mi interior una voz que me decía que era todo una mentira, que era siempre lo mismo, que Dios no podía salvar a nadie, que todo era ya sabido y aburrido… Lo percibí como una tentación de Satanás; era una idea y un pensamiento molestos y persistentes, pero procuré retirarlos de mi voluntad y de mi mente, aunque siguieron rondando y siguen todavía. Los efectos de las tentaciones dejan a uno con intranquilidad, con desasosiego, con

dudas, con falta de alegría… Pero, ¿sabéis qué es lo peor de las tentaciones? Para mí lo peor no son las mismas tentaciones, sino el silencio de Dios. Dios en esos momentos de tentación suele callar y uno se siente que ha de luchar en completa soledad contra todo lo que se le viene encima. No obstante, la experiencia me dice una y otra vez que todo eso es necesario pasarlo para que se fortalezca la fe. En caso contrario, ante cualquier dificultad, enseguida claudicamos o entramos en la más absoluta de las mediocridades. Hace poco regalaron a mi casa un pollo de corral. Mi madre me decía que el pollo de corral tenía la carne más dura y era porque caminaba por la huerta y por el prado. Sin embargo, el pollo “de fábrica” estaba siempre encerrado en un pequeño compartimento y su carne era blanda. El pollo mejor y más caro es el de corral, por supuesto. Pues Dios quiere que nuestra fe sea probada, profunda y buena como el pollo de corral, y no como el pollo “de fábrica”. En medio de la tentación habitualmente no sentimos ni percibimos sensiblemente a Dios, pero Él siempre está. Así nos lo dice San Pablo: “Ninguna prueba habéis tenido que rebase lo soportable, y podéis confiar en que Dios no permitirá que seáis puestos a prueba por encima de vuestras fuerzas; al contrario, junto a la prueba, os proporcionará fuerzas suficientes para superarla” (1 Co. 10, 13).

- Ya para ir finalizando esta homilía quisiera leeros una oración que me enviaron hace poco tiempo. Se titula así: Oración para terminar el año”. La leo:

“Señor Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol; por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año; el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mi y los que están más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también Señor, hoy quiero pedirte perdón; perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado. Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte. Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre, en cambio, mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene solo de bendiciones, y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que cuantos conviven conmigo o se acerquen a mi encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos un año feliz y enséñanos a repartir felicidad.

Amén”

Hasta aquí ‘la oración para terminar el año’, pero hoy estamos a 1 de enero de 2011. Por tanto, es necesario que hagamos otra oración para empezar el año. Esta oración para 2011 la tendremos que elaborar cada uno de nosotros. En esta nueva plegaria (1) pidamos a Dios lo que deseamos para este año que empieza, pero también (2) hemos de incluir en esa oración lo que nosotros pensamos o lo que podemos hacer para entrar en la voluntad de Dios y lo que podemos hacer en favor de los demás; de esta manera no tendremos que pedir “perdón por el tiempo perdido”, como en la oración de despedida de 2010.

4 comentarios:

  1. Preciosisima oración y homilía. Que Dios le bendiga. Ya tengo tarea aunque no va a ser tan hermosa como la que nos leyó.
    PD: Tambien le voy a sacar algún defecto para que no se le suba el "ego": Habla muy poco de Sta Maria madre de Dios y madre nuestra.

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  2. Gracias Andrés, por compartir con nosotros tus pruebas(tentaciones), me ha ayudado y consolado mucho, pues yo también soy tentada y al ver que a alguien más le pasa y sobre todo a un sacerdote, te consuela en cierto modo de ver que no eres tú sola.Sin duda Dios está con nosotros,y todas las pruebas o tentaciones que pasemos son necesarias, estoy deacuerdo contigo.Hay que confiar en Él. Mi deseo para este año que comienza es que sepa amar y sevir a Dios de corazón,vivir con Él y para Él.
    ¡Bendito sea Dios!
    Un abrazo para los hermanos del blog.
    ¡Felíz Año! con El Señor.

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  3. Gracias por la homilía, ánimo, El Señor está con nosotros. Me dio mucha fuerza y esperanza la 1(cor. 10,13), cuando dice que confiemos en Dios, pues no seremos probados con más de lo que se pueda soportar. Dios nos dará la fuerza. No te imaginas el bien que me ha hecho que compartieras tus tentaciones. Gracias.

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  4. Querido D. andrés y demás hermanos:

    Todos hemos experimentado los silencios de Dios en medio de las tentaciones de Satanás. En la mayor desesperanza cuando todo parece imposible, aparece el Señor con la solución de su mano y es que el tiempo que Dios necesita es muchas veces el tiempo del prójimo en el cual doblegar situaciones de resistencia a un determinado problema.

    Cuando pasa el tiempo y lo analizamos en medio de la calma nos asombramos de como El ha ido encajando las piezas del puzle de una determinada situación y de nuestra vida de forma magistral.

    El siempre está ahí simplemente el miedo nos hace sentir solos, el temor que Satanás sabe infundirnos, porque conoce nuestras debilidades como Dios mismo.

    Un abrazo a todos. Feliz Año y feliz Pascua.

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