viernes, 5 de febrero de 2010

Domingo V del Tiempo Ordinario (C)

7-2-2010 DOMINGO V TIEMPO ORDINARIO (C)

Is. 6, 1-2a.3-8; Slm. 137; 1ª Cor. 15, 1-11; Lc. 5, 1-11


HOY NO APARECE EL AUDIO DE LA HOMILÍA EN MP3 POR PROBLEMAS TÉCNICOS; EN VÍDEO TAMPOCO. Lo siento.

Queridos hermanos:

- La primera lectura y el evangelio siempre han sido y son muy usados en los ejercicios espirituales, en convivencias, en retiros o en oraciones personales para iluminar y reflexionar sobre las vocaciones al sacerdocio o a la vida religiosa. En mes y medio dos chicas de Oviedo se han marchado, llamadas por Dios, al monasterio de las religiosas clarisas de Lerma. Ésta es una noticia estupenda, y estoy seguro que ellas en algún momento de su vida oraron sobre estos dos textos bíblicos. Sin embargo, estos textos de la Palabra de Dios no pueden ni deben quedar reducidos sólo para seminaristas, curas, novicios y monjas o monjes. Hacer esto sería falsear las palabras de Jesús. Nadie puede apropiarse de tales pasajes bíblicos sólo para curas y monjas, pero tampoco nadie puede escudarse en la disculpa y justificación fácil de que Jesús no habla aquí para los laicos, solteros o casados. En conclusión, la primera lectura y el evangelio están destinados para todos los cristianos, pues la llamada de Dios es universal: Dios nos llama a existir como personas; Dios nos llama a ser hijos suyos y a la fe en su Hijo; Dios nos llama a la santidad de vida, al amor, a la libertad, a la esperanza perpetua, a su Santa Iglesia…

En algunas ocasiones me permito haceros alguna confidencia espiritual. ¿Por qué? Pues porque, como a mí me ha hecho tanto bien, quiero que también a vosotros os lo haga, si Dios quiere. En estos días de Adviento he recibido una luz de Dios, que quiero compartir con vosotros. Se refiere a que, cuando trato de conseguir algo, siempre procuro esforzarme por ello. Pero el Señor me ha enseñado que todo logro personal mío, a la hora de anunciar el evangelio de Cristo Jesús, o de conseguir una virtud, o de vencer un pecado, es tarea (esfuerzo mío), pero sobretodo es don (regalo de Dios). Es decir, ha de ser suplicado y a la vez trabajado. Dios lo concede y el mismo esfuerzo es también regalo del Señor. Parece una simpleza, pero a mí me ha confortado el corazón y deseo comunicároslo para que Dios os conceda vivirlo como yo lo he vivido y lo estoy viviendo. Sí, la vida de un cristiano, de cualquier cristiano es tarea y don a la vez, don y tarea; esfuerzo mío y regalo de Dios. Sí, en muchas ocasiones podemos sentir en lo más profundo de nuestro ser la tentación de abandonar la vocación cristiana (la llamada de Cristo Jesús) debido al cansancio, al aburrimiento, a la depresión, a nuestros pecados o los de otros. Pero el Señor renueva siempre su amor y su llamada cada día. Siempre es tiempo de responderle generosamente y de empezar cada mañana de nuevo el seguimiento y una nueva vida. Esta respuesta sólo se puede dar desde esta perspectiva: tarea-don, y don-tarea. Nunca conseguiremos nada, si Dios no nos lo concede (don), y a la vez Dios quiere contar con nuestra colaboración (tarea).

- No sé si ya os conté que hace años conocí a un sacerdote hispanoamericano que tenía familia en Estados Unidos. Me dijo que en una ocasión fue hasta allá para pasar unos días con ellos y se acercó a la parroquia para ofrecer sus servicios los días que estuviera por allá. El párroco aceptó inmediatamente y le encomendó que celebrara y presidiera algunas Misas. Resultó que en una de las Misas dominicales se le ocurrió a este sacerdote predicar unas ideas que había leído recientemente en un libro de teología. Al terminar la Misa se acercaron a la sacristía algunos feligreses y le preguntaron que de dónde había sacado esas ideas. Él contestó que del libro de un teólogo, a lo que replicaron los feligreses que para otra vez se guardase esas ideas para sí o propusiese una charla en la parroquia sobre ellas, pero que en la Misa predicase, por favor, únicamente la Palabra de Dios. La gente estaba durante la semana muy ocupada en su trabajo, con su familia…, y que necesitaba escuchar la Palabra de Dios y no ideas de teólogos o de otra gente. Para eso ya tenían ellos libros o Internet o la televisión o charlas en centros sociales.

¿Por qué os cuento esta anécdota? Pues porque, cuando me la contó aquel sacerdote hispanoamericano, me sorprendió y he reflexionado en muchas ocasiones sobre este hecho. Leemos en el evangelio que “la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios”. También hoy vosotros estáis aquí, porque queréis acercaros más a Dios y no venís simplemente a pasar el rato.

En esta misma línea habla San Pablo en la segunda lectura. Él y el resto de los apóstoles no predican lo que se les ocurre. Cada uno no predica su propia idea o su propia reflexión sobre Jesús. No. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos […]; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí […] Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído”.

La fe cristiana es una fe revelada, es decir, nos ha sido entregada por el mismo Dios a través de su Hijo. Nosotros solos nunca hubiéramos podido encontrar la verdad del evangelio. Cada uno de nosotros, todos los que estamos aquí, hemos recibido esta fe de nuestros padres, de catequistas, de sacerdotes, de otras gentes, es decir, de la Iglesia. Nadie ha venido con ella bajo el brazo al nacer. La hemos recibido de Dios a través de la Iglesia y no podemos cambiarla, ni recortarla, ni agrandarla. Hemos de transmitir lo que su vez hemos recibido. Esto es lo que se nos ha predicado y en lo que hemos creído: “que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce”.

Siendo seminarista leí que San Agustín, que era muy buen predicador y catequista, utilizaba un método para enseñar y transmitir la fe a sus feligreses: En las charlas y homilías que les daba les iba exponiendo ideas heréticas o contrarias a la fe, por ejemplo, la salvación depende sólo del esfuerzo de los hombres y no de la acción de Dios; o Jesús era verdadero hombre y el mayor de los profetas, pero no era Dios; o el bautismo y el sacramento de la confesión no nos quitan realmente los pecados, sino que su acción consiste simplemente en que Dios echa una especie de sábana sobre nosotros para no ver nuestros pecados, los cuales continúan presentes bajo la sábana (es como si yo barro y el polvo reunido lo echo bajo la alfombra y no lo recogiera y lo echara a la basura); etc. Cuando San Agustín predicaba así todos los feligreses suyos movían la cabeza negativamente, pues ésa no era la fe de Jesucristo, ni la fe de los apóstoles, ni la fe de la Iglesia. A continuación San Agustín pasaba a explicarles la doctrina evangélica recibida en el evangelio de Cristo a través de los apóstoles y entonces sí que todos los fieles asentían a lo que les decía su obispo, pues esta vez lo que les predicaba coincidía con los recibido por los apóstoles y con lo transmitido por éstos. Quienes estuvisteis en la Misa de la toma de posesión de D. Jesús, nuestro arzobispo, fuimos testigos de cómo, en medio de la homilía y al final de ésta, los fieles aplaudieron sus palabras. Este aplauso fue una muestra externa y palpable, no simplemente de que estaban de acuerdo con lo que éste dijo, sino y sobre todo que sus palabras coincidían con lo recibido y transmitido de parte de Dios a través de toda su Iglesia. Aquello era evangelio puro.

¿Sabéis por qué los fieles saben en su interior lo que procede del Señor y lo que no? Pues porque poseen un don o carisma del Espíritu Santo que se llama el “sensus fidei”: el sentido de la fe. Así nos lo dice el Concilio Vaticano II: La universalidad de los fieles que tiene la unción del Santo no puede fallar en su creencia […] Con ese sentido de la fe que el Espíritu Santo mueve y sostiene, el Pueblo de Dios, bajo la dirección del magisterio, al que sigue fidelísimamente, recibe no ya la palabra de los hombres, sino la verdadera palabra de Dios, se adhiere indefectiblemente a la fe dada de una vez para siempre a los santos, penetra profundamente con rectitud de juicio y la aplica más íntegramente en la vida (Lumen Gentium 12a).

5 comentarios:

Margarita dijo...

Gracias Andrés por tu homilía para este domingo. Efectivamente este Evangelio me recuerda a muchos momentos de recogimiento y de oración cuando era más jóven. Recuerdo precisamente unos ejercicios espirituales en Salamanca hace ya muchos años cuando mi vida era totalmente distinta que ahora. Cuando mediataba sobre este Evangelio siempre me imaginaba mi vida futura en el camino del Señor. Mi vocación claramente nunca fue una vocación religiosa de entrega como la de las dos chicas que se acaban de ir a Lerma. Pero siempre tuve la inquietud de que mi vida futura no se apartara del camino del Señor. Siempre me consideré y me considero pecadora, pero a la vez me gustaría ser pescadora de hombres, como el del Evangelio.
Hoy, vuelvo a meditar esta lectura, después de casi 20 años de aquellos ejercicios y cómo me veo? Se acerca este presente al futuro que yo prometía al Señor? Pues verdaderamente NO. Por eso como tu dices me entran tentaciones de apartarme de la fé, de olvidarme del Señor y tratar de no hacer mal a nadie y que no me lo hagan a mi pero sin más intenciòn que esa.
Al final Dios está ahí, y por supuesto que es un don el que tu prediques como predicas, pero también es un don el que hace que yo no me acabe de apartar del todo y a mi manera y dando pasos muy pequeños trate de seguir por el camino que él quiere para mi.
Un abrazo y buen fin de semana.
Marga.

Pepitina dijo...

¡Qué lecturas tan maravillosas las de este domingo!!El domingo pasado era Jeremías, hoy es Isaías narrándonos su Llamada a esa vocación que todos sentimos en un momento de nuestra vida. Pienso que tenemos una LLAMADA con mayúsculas, y luego muchas pequeñas llamadas por las que el Señor nos va indicando el camino a seguirle en esa santidad de vida a la que somos llamados todos. Desde aquella Llamada que marcó mi vida: llamada amorosa y poderosa en que se mostró como Señor de mi vida, ¡cuántas veces ante mi limitación y pequeñez Su Palabra actua como "Lámpara para mis pasos.." que me llama la atención o cambia mi opinión o simplemente me anima a seguir..!! y cuánto también es mi agradecimiento ante esa Palabra cercana que toca mi corazón, le acoge con ternura, le quita miedos y le lanza -trás esa llamada- a "remar mar adentro" y a echar las redes sabiendo que con Él y desde Él, podre también yo -ante la indiferencia o rechazo, con los que he de contar- "abrirme paso entre ellos". Si el Maestro, Mi Señor,EGO SUM (que es Mi Todo, para mi), ha hecho ese Camino, a mi me toca seguir sus huellas.
Así como tengo claro, que todo Don suyo es Tarea para mi -algo que me ayuda mucho en el día a día discerniendo Su Voluntad- hasta leer esta homilía no me había planteado ver la Tarea,también como Don suyo.Estoy en ello, porque realmente sus palabras me dan luz y ese "Sin Mi,no podeis hacer nada", ¿acaso no lo experimento continuamente en mi vida, en mi actuación? Don-Tarea y Tarea-Don, todo ello se me hace novedad desde las lecturas de hoy. Y como Jeremías, Pablo y Pedro en su cercanía y ante Su grandeza se sobrecogen viendo su pecado, también yo con mi limitación y pequeñez quedo envuelta por Su majestuosidad misericordiosa. Sólo mi deseo de alabarle,agradarle y vivir,aunque sea espiritualmente, postrada ante Su presencia, me consuela.
Buena semana amigos. Ojalá nuestros corazones tengan la docilidad de Isaías, Pablo y Pedro para responderle cuando nos llame.

Anónimo dijo...

Después de escuchar a D. Andrés en la Misa de las 11, el pasado domingo en la Catedral, he vuelto a valorar la extraordinaria importancia que tiene la transmisión de la fe, en la que estamos involucrados toda la Iglesia, y comprendí a aquellos feligreses norteamericanos, que supieron priorizar su necesidad de escuchar la palabra del Señor. Cómo se agradece una buena homilía esclarecedora, que abunde en todos esos matices sobre el Evangelio, que muchas veces desconocemos, y que también nos ilustra D. Andrés.
Yo quiero hacer una llamada a los Sacerdotes, para que se esfuercen en preparar muy bien sus Homilías, y evitar las temidas "misas expres", porque el riesgo es muy grande, los fieles vamos perdiendo perspectiva de la Palabra, y al final, todo vale. Lamentablemente, este hecho se está produciendo más frecuentemente de lo deseado, así que me imagino que el problema empieza en los Seminarios. La trascendencia de una Homilía bien preparada, encaminada a anunciar la Palabra del Señor, y situarla en el contexto social actual, tiene un valor inconmensurable, tanto, que muchas personas sin fe, empezaron a conocer a Dios, a través de las Homilías de Sacerdotes que se esforzaron en su cometido tarea-don, y que llegaron a sus corazones de forma sencilla, pero con la eficacia que da el trabajo bien realizado con la ayuda del Señor.
Gracias D. Andrés, por su esfuerzo, que es Don del Señor, y por el esmero con que trata la Divina Palabra, para que llegue intacta y renovada a nuestros corazones.
Un abrazo a los hermanos del blog.

Ricky Jones dijo...

Saludos a todos. Me impactó la homilia de P. Andrés aun otra vez. Mi esposa y yo estabamos hablando de las mismas cosas hace dos semanas y usted sola afirma mis pensamientos. Yo se usted es uno de los padres buenos pero desafortunadamente, muchos no hacen el trabajo que hace usted con sus homilias. Hacen la Misa con prisa y sus palabras no impactan a la gente. Escribí un articulo sobre esta tema y les invito que la lean aquí.

Gracias otra vez P. Andrés y que siga predicando y inspirando a las vidas del pueblo de Dios. Y que todos toman el decision de apoyar a nuestros sacerdotes y hacer nuestro propio trabajo de servir al Señor.

Bendiciones,

Ricky Jones
www.cristoenmi.org

Pepitina dijo...

¡Hola Ricky! Me ha alegrado escucharte.
Es hermoso ver la acción de Dios en nuestras vidas a través de Su Palabra.¡Cuánto bien hace la labor de un sacerdote cuando en la homilía preparada concienzudamente acerca la Palabra de Dios fidedignamente a nuestra vidas cotidianas, enseñándonos a profundizar en ella para que sea Luz en nuestro camino.!Tenemos suerte con el P. Andrés...¿a qué sí? También con tus enriquecedores y sencillos testimonios. Gracias a los dos, a tu esposa y a ti.
Este Año Sacerdotal, que nos acerca tanto a nuestros sacerdotes orando por ellos, yo he notado cambios estupendos en muchos de ellos. No sólo se emocionan por tanta oración como "reciben" de los fieles laicos,sino que "perciben" y nosotros también, una nueva conversión hacia el Señor, Sacerdote eterno, a cuyo corazón vuelven una y otra vez renovando su sacerdocio.Dios les bendiga a todos ellos y nos sigan mostrando a Cristo siendo "evangelio vivo".
No dejéis de orar por todos aquellos que en este Tiempo de Cuaresma- que ya está ahí- pasaremos unos días de Ejercicios espirituales, muy cerca del Señor, descansando en silencio junto a Él.
Buena semana para todos, amigos.