viernes, 19 de febrero de 2010

Domingo I de Cuaresma (C)

21-2-2010 DOMINGO I CUARESMA (C)

Dt. 26, 4-10; Slm. 90; Rm. 10, 8-13; Lc. 4, 1-13



Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

- ¿Qué es la Cuaresma? Hoy celebramos el primer domingo de Cuaresma. Ésta dura 40 días: desde el Miércoles de Ceniza hasta antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo.

La Cuaresma es un tiempo fuerte para los cristianos.

La Cuaresma es el tiempo litúrgico por excelencia dedicado a la conversión de nuestras vidas, lo cual es un medio excelente para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua de Resurrección. La Cuaresma no tiene sentido en sí misma, sino como preludio y preparación de la fiesta cristiana por antonomasia: la Pascua.

La Cuaresma es un tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de nuestra vida tantas veces vivida de espaldas a Dios, y también es un tiempo para cambiar algo en nosotros a fin de ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo. En efecto, en la Cuaresma, Jesús nos invita a cambiar de vida.

La Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la ira, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos.

Para mejor vivir este tiempo cuaresmal Dios y su santa Iglesia nos propone algunos medios que nos faciliten este camino hacia El:

La lectura de la Palabra de Dios, especialmente los textos que se leen en las Misas durante estos cuarenta días tienen una fuerte exigencia para nosotros. Esta lectura sosegada ha de estar acompañada de la oración.

Además, en la Cuaresma la Iglesia nos insiste en vivir la austeridad y en hacer penitencia. Y esto no es por masoquismo, sino por seguir el ejemplo de Jesús, nuestro Señor, que vivió pobre y austeramente toda su vida.

La participación en las celebraciones litúrgicas también nos facilitará la vivencia de la Cuaresma. Así, en la Iglesia se nos presentan varios signos externos que nos ayudan a vivir y profundizar en este tiempo, por ejemplo, la imposición de ceniza al inicio de la Cuaresma, practicar el ayuno el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, la abstinencia de comer carne los viernes de Cuaresma, y también el color morado de las casullas de los sacerdotes que ofician la Misa o en los atriles de los templo. Este color morado es signo de penitencia.

Compartir con el prójimo nuestros bienes y haciendo obras concordes con la voluntad del Padre.

Como veis aquí os propongo algunas pistas para que podáis elaborar un plan para la Cuaresma, al cual siempre aludo por este tiempo. Cada uno ha de preparar este plan de acuerdo a sus posibilidades y circunstancias concretas. Es preferible proponerse poco y cumplirlo, que mucho y dejarlo por el camino. Sería también conveniente que, al final de la Cuaresma, examinarais el plan en cuanto a su cumplimiento y los frutos espirituales alcanzados.

- El desierto en la vida del cristiano. Nos dice el evangelio de hoy que el Espíritu Santo fue llevando a Jesús al desierto.

Dios nos invita a todos nosotros a entrar en el desierto, como a los israelitas, un lugar donde se pasa sed, calor, hay alimañas y peligro de perderse; pero entrar en el desierto y atravesar es desierto es necesario para llegar a la tierra prometida: Jesús.

Como ya podemos barruntar, el desierto no es un lugar geográfico. No tenemos que irnos al desierto de los Monegros (Huesca), ni al de Tánger u otro parecido. El desierto es aquella vivencia en la que se da una situación ambivalente: es el momento propicio para encontrarnos con Dios y sentirlo muy cerca sin cosas extrañas y superfluas que nos distraigan, pero también el desierto es el momento de la tentación, de la rebeldía y del pecado. Este fin de semana pasado estuve en la Casa de Ejercicios de Meres (en las cercanías de Oviedo) dando una tanda de ejercicios espirituales. Estuvimos allí cerca de 50 personas. Aparte de las charlas, la Misa diaria, el tiempo prolongado de oración y silencio, tenía entrevistas con las personas que acudieron a los ejercicios. Ellas me contaban cómo lo estaban pasando: Algunas tuvieron ganas de marcharse de allí enseguida, otras se aburrieron por momentos, otras lo pasaron mal al mirarse interiormente y no gustarles lo que vieron[1], y muchas percibieron la gracia de Dios y su amor generoso y desbordante.

Ir al desierto, como Jesús, significa pasar hambre, sed, ser tentado por el demonio, pero también significa salir más purificado y percibir mucho más cerca a Dios. Por tanto –repito– el desierto no es un lugar geográfico, sino que se trata de una experiencia de conversión, de comunicación con Dios y de lucha.

Hay varias cosas que debemos tener claras y que yo tengo el deber de decíroslas por la misión que Cristo me confió como sacerdote:

1) Todo creyente que quiera llevar una vida auténticamente cristiana ha de pasar necesariamente por esta situación de desierto, es decir, de luchas, sufrimientos, tentaciones, pero también de presencia y de cercanía de Dios. Podemos no querer entrar en el desier­to, pero entonces nos quedamos, como los israelitas en Egipto, como esclavos. Son los que no pueden superar la primera tentación de Jesús. Piensan que sólo de pan vive el hombre, que lo importante es que tenga uno el estómago lleno, aunque sea esclavo del demo­nio, de su propio miedo a sufrir, de su comodidad.

2) Dios no nos deja solos en el desierto. Lo mismo que acompañó al pueblo de Israel, lo mismo que el Espíritu Santo guió a Jesús, así Dios está con nosotros: confortándonos y guiándonos.

3) Esta lucha nos llena de alegría y de fe, porque nos esforzamos por algo que tiene sentido. Esta lucha está llena de agradecimiento, porque todo lo que consigamos es porque Dios nos lo ha dado. Esta lucha está llena de sentido, porque caminamos hacia la tierra prometida, es decir, la resurrección de Cristo y la nuestra, hacia una vida feliz, ya aquí en la tierra y mucho más feliz en el cielo.

¡Señor, ayúdanos a serte fieles durante esta cuaresma y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal! Amén.



[1] Hace ya un tiempo, una señora me decía que había mirado su vida anterior y se daba cuenta cómo había sido: “En mi vida anterior fui soberbia, falsa, presumida y un poco ‘gilipollas’, perdón por esta palabra”.

7 comentarios:

soco dijo...

Este viernes pasado acudí a una cena cuyo fin era recaudar fondos para colaborar en el arreglo de la Iglesia del pueblo de unos amigos.

La convocatoria fue todo un éxito.

Lo primero que me llamó la atención fue ver a tanta gente respondiendo a la llamada de la Iglesia, de su pueblo, pero Iglesia al fin.

El cubierto costaba 40 euros y la cena fue espléndida en todos los sentidos, tanto en organización como en servicio y en la degustación. Al final de la misma se nos informó de cómo iban las obras y nos comunicaron que la recaudación había sido un éxito pues la dueña del local donaba todo lo recaudado para las obras.

Pero lo que mas me llamó la atención es que en ningún momento se hizo ninguna alusión religiosa. No se bendijo la cena ni se dieron gracias al final.

Era un acto cultural.
Espléndidamente organizado pero acto cultural al fin y a la postre.

De vuelta a casa me hacía la siguiente reflexión: ¿Las Iglesias son cultura o para el culto?, ¿Si no estuvieran consagradas para dar culto a Dios serían cultura?. ¿Se perdió una muy buena ocasión de hablar de Dios?.
Humildemente creo que sí pues pienso que el interés de la gente de la zona por mantener la Iglesia, cosa que quedó patente, es para seguir acudiendo a ella y celebrar bautizos... primeras...
comuniones...bodas...celebraciones,etc. Para conciertos y exposiciones pictóricas hay otros lugares.
Seguro que un buen numero de las personas que estaban allí presentes no acudan a Misa pero era un momento de oro para hacer alguna mención a Dios.

Sólo quería compartir con vosotros la alegría que llevé al ver que la gente responde a las convocatorias de la Iglesia aunque Dios no sea invocado.

Feliz semana a todos y buena Cuaresma

Pepitina dijo...

¡Silencio, Desierto! Por extraño que parezca ambos "lugares", me atraen.¿Don? Como diría el P. Andrés -nos es dado- porque todo amigos nos es dado menos el pecado. Nunca podré olvidar aquella primera vez que estas palabras del Profeta Jeremías me tocaron el corazón (en el desierto): "La llevaré al desierto y le hablaré al corazón." "Tú me has seducido Señor, y yo me he dejado seducir; has sido mas fuerte que yo, me has podido." Ciertamente como nos dice la segunda lectura de hoy:" La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón." Y cuando esa Palabra ha sido escuchada, acogida y forma parte de nosotros por acudir a ella diariamente al orar, acaba dándole dirección a nuestras decisiones y forma a nuestras actitudes.Cuán importante es el Silencio para escucharle y cuánto nos purifica el Desierto, cuando intentamos ser dóciles al Espíritu, aunque suframos tentaciones, pero el Señor viene en nuestro auxilio desde luego. No nos deja solos.
Tuve la suerte de poder asistir a los Ejercicios Espirituales en Meres y fueron una gracia de Dios.Las alimañas que intentan distraernos y apartarnos del Señor, se hicieron presentes en mi en el primer día y enseguida brotó de mi corazón algo hermoso; fue un versículo de un salmo: "Este es el grupo que busca al Señor"..y así por varias veces volvían a salir de mi, sin yo proponérmelo ni tenerlo pensado, el mismo versículo. Aquella oración, Palabra de Dios, venció la tentación. Luego pude ver, que efectivamente había sido una tentación de Satanás,que la Palabra de Dios ha salido de mi interior porque está en mi corazón,y también fue claro que es el Espíritu quien ora en nosotros y nos llena de su gozo y paz.
En las lecturas de hoy,
Moisés nos habla de la escucha: "El Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión.." y también el salmo: "me invocará y lo escucharé"...si tuviésemos fe en Su Palabra, viviríamos las palabras de Jesús que en la primera tentación nos narra Lucas:"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."(Mt.) Desaparecen entonces las alimañas y los ángeles no sirven(narra en las tentaciones Marcos)esos frutos de paz, gozo interior y confianza, sabiendo que el Señor nos cuida.
Ojalá nos llenemos de ese Silencio que nos pide este tiempo cuaresmal, para Escucharle.Es un regalo que le pido para este querido Blog.Bonita homilía, Pater. Muy bonita.
Santa semana amigos.

Anónimo dijo...

Para mi la Cuaresma como tiempo de preparación y de conversión, va mucho más allá de los 40 días preceptuados. Cuando llega la Pascua, nos sentimos ligeros, como quien anda un camino tortuoso, lleno de peligros, y llega a una magnífica posada,segura, se asea, come, y queda nuevo.En mi caso, pronto aparece el desierto nuevamente sin horizonte, y de nuevo el intento de caminar y de llegar a buen destino. Yo creo, que la Cuaresma, representa fielmente el ciclo de la vida de todos los seres humanos, y como es lógico, de forma ostensible durante esos 40 días. Estamos siempre caminando con obstáculos, y aprendiendo de ellos, es decir, crecemos con las dificultades, es cierto que unas veces este crecimiento, no es el idóneo, odio, por amor, venganza por perdón, pero... creciendo, en lo bueno y en lo malo, pues el diablo aprovecha nuestra debilidad, y cualquier motivo será utilizado para devastar la fe, y la Cuaresma, es una buena excusa para que el diablo haga su trabajo. Jesús lo padeció y lo sufrió en su desierto, pero El supo seguir y hacer frente a las tentaciones. El hambre, la sed, el deseo de estar cómodo, y de "gobernar", no pudieron contra su voluntad, no se rindió, salió de la prueba resplandeciente, y nos dejó su testimonio para ejemplo en nuestras vidas, testimonio, que como todo su Evangelio, es imperecedero y actual.
Tampoco me importa, hacer de mi vida una Cuaresma permanente, si con ello, llego a la deseada Páscua, quizás porque el tiempo de Cuaresma, me gusta especialmente, pues de las etapas de la vida, me parece la más rica, y la que me sitúa, en la realidad de mi débil condición de creyente.
Me sumo a las conclusiones del comentario que hace Soco, de la ausencia de Dios en muchos de nuestros macroproyectos con excelentes finalidades sociales y humanitarias, dónde la figura de Dios, y el nombre de Dios, se diluyen curiosamente, y pasan a ser algo "que se supone", dato extrapolable a Haití, y un largo etc. Dentro de unos pocos meses, me imagino que Haití ya no estará en nuestra memoria, ni los sutnamis, ni los terremotos de Honduras, a lo más, estas zonas, se beneficiarán de nuestro esfuerzo económico, con el riesgo de que pasemos página, sin llegar a una reflexión más profunda, "no solo de pan vive el hombre". La humanidad tiene una implicación directa, y muy grave con su conducta agresiva al medio ambiente, enseñemos a cuidar con esmero y respeto "el hogar de la tierra", que Dios nos regaló a todos los seres humanos, para uso y disfrute permanente.

Gracias D. Andrés por esta magnífica y difícil Homilía sobre la Cuaresma, y gracias al Señor, que lo ha puesto en medio de este desierto como guía, para llegar al oasis de la Páscua.
Un abrazo a los hermanos del blog.

Any dijo...

Silencio .. soledad .. desierto .. tres palabras que no me asustan .. sino por el contrario .. son los momentos en que escucho mi alma .. son los momentos que dia a dia necesito para escuchar a Dios .... mi abuela decia " en la oracion no existe soledad .... quien tiene a a Dios en su corazon .. no teme al silencio .. al disierto ..pues su voz lo acompaña...
En esta cuaresma abramos nuestro corazon ... y en el silencio ... escuhemos su voz..
Feliz semana amigos ¡

Anónimo dijo...

Querido D.Andrés y demás hermanos:

Me llama la atención las diferencias entre la forma de creer de los protestantes y los católicos y en este sermón, ha vuelto a asaltarme esta cuestión. Para los primeros el hombre solo necesita creer que Jesucristo es su Salvador y por el solo el hecho de afirmarlo ya esta salvado, sin contar para nada sus buenas obras. Para los católicos aparte de tener presente lo mismo que los anteriores, la confesión y la importancia de ayudar al prójimo es fundamental para el perdón de sus pecados y llegar a la meta del Cielo.

Somos católicos para esforzarnos más que nadie y con la ayuda de Dios conseguir el objetivo eterno.

Un abrazo a todos.

Chony dijo...

Cuaresma; se me pone delante un tiempo, cuarenta días, en que el Espíritu al igual que a Jesús, quiere llevarme al desierto, creo yo que para algo muy importante; en primer lugar para que vea si me fío de Dios, y me lanzo a lo desconocido, tras una promesa que Él me hace, una tierra que mana leche y miel; porque si acepto su invitación, y persevero hasta el final, podré disfrutar de esa tierra prometida, de la Pascua de Resurrección.
Es cierto que el camino será angosto, que pasaré hambre y sed, que caminaré sola en el silencio, y me atacarán toda clase de alimañas, "Mas el Señor está conmigo como un héroe valeroso".
No me asusta el silencio, por el contrario me atrae, así como la soledad, ya que en esta situación, resulta mas fácil escuchar lo que Él Señor quiere de mi; nada me distrae, ni apaga su voz. Si sé, que las tentaciones se multiplicarán, pues si hasta Jesús aceptó el pasar por ellas, fue para enseñarme el camino que he de recorrer, por tanto ya se encargará Satanás de tratar de engañarme con su sutileza, por eso se me dice que es necesario combatir con todas las armas posibles, y esas son las que D. Andrés acaba de proponer. La oración, gran tesoro que el Señor ya nos recomendó, y el mejor medio para tener ese encuentro personal con Él,: Ayuno, a veces no tanto de alimento, cuanto de otras cosas que nos atan o esclavizan. La limosna, compartir tantas cosas y dones que igualmente hemos recibido de nuestro Señor.
Son unas estupendas armas para hacer frente al maligno, que en el desierto nos va a salir al paso, y posiblemente no nos dé respiro.
La primera lectura del Dt. me recuerda una vez mas, los cuarenta años que pasaron los israelitas dando vueltas por el desierto, y cuantos se quedaron por el camino porque no se fiaron de Dios; que esto nos ayude a confiar siempre en Él, ya que sabemos que nunca falla. Esta es nuestra historia, pero el Señor tiene una gran paciencia con nosotros, y quiere llevarnos a esa tierra maravillosa.
Pero el desierto es el lugar que nos ayuda a entrar en nuestro interior, y descubrir que es lo que realmente puede separarnos de Dios, ver la necesidad de Él que lo es todo, y nuestra "indigencia" total, ya que sin Él nada tenemos ni valemos; todo nos es dado por Él.
Me alegra este tiempo, y ruego a Dios que me dé, que nos dé a todos una santa cuaresma.
Andrés, gracias y que Dios te bendiga por todo. Animo hermanos, atravesemos el desierto confiando en lo que nos espera al final.
DE COLORES, soy la hermana de Moncho. Algunos sabréis el porqué pongo esto. Un beso.
BENDITO SEA DIOS.
chony

Anónimo dijo...

Esta semana disfruté de forma especial la misa, el relato del Evangelio fue uno de esos momentos en los que la palabra de Dios te habla de una forma muy directa, ves con claridad las tentaciones en las que has caído y rápidamente miras al Sagrario para levantarte y seguir caminando. En mi caso, por ejemplo, la soberbia, cierta altanería que me lleva a olvidarme de aspectos básicos de mi vida cristiana como la oración. Sí, está muy bien colaborar con la parroquia, y no voy a dejarlo, y estudiar un poco, pero llevaba meses, meses, sin esos ratos de oración matinal por la mañana, esos cinco minutos de dedicarle a darle sólo gracias, a pedir por uno y por el mundo, más allá de la jaculatoria que puedes hacer al despertar. Lo he visto con claridad y trato de retomar el camino. Es sorprendente como uno, de repente, se da cuenta de que está en medio del desierto