jueves, 25 de febrero de 2010

Domingo II de Cuaresma (C)

28-2-2010 DOMINGO II CUARESMA (C)
Gn. 15, 5-12.17-18; Slm. 26; Flp. 3, 17-4, 1; Lc. 9, 28b-36



Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
- En el evangelio del domingo I de Cuaresma se nos dijo que Jesús estuvo en el desierto empujado por el Espíritu Santo. Allí fue tentado por Satanás. En el evangelio de hoy se nos presenta a Jesús yendo con tres de sus apóstoles a orar aun monte, y aquí tuvo Jesús un momento muy fuerte de unión con Dios y con lo sagrado. Este hecho se conoce como la transfiguración del Señor. Es decir, este domingo es la antítesis de lo experimentado por Jesús el domingo pasado. O sea, aquel domingo veíamos cómo Jesús lo pasaba mal en el desierto entre el hambre, la sed, la soledad y las tentaciones de Satanás, y hoy vemos cómo Jesús “está en la gloria”, pues conversa con Moisés, con Elías y con su Dios Padre, el cual lo llama su Hijo querido.
Puede parecer que en el domingo de las tentaciones se concentró todo lo malo sobre Jesús, y hoy, domingo de la transfiguración del Señor, se concentró todo lo bueno. Pero vamos a fijarnos un poco más: En el episodio de las tentaciones de Satanás Jesús contó con dos ayudas inestimables: por una lado, la Palabra de Dios que lo asistía para responder a cada una de las tentaciones y, por otra lado, la presencia y compañía del Espíritu Santo, el cual lo empujó al desierto y lo acompañó todo el tiempo. En el episodio de la transfiguración, cuando más cerca estaba Jesús de Moisés, de Elías y de su Padre Dios, sin embargo, le hablaron de su muerte, de la muerte que iba a tener pronto en Jerusalén. Como se ve, nada hay tan malo tan malo, que no tenga algo bueno. Ni nada hay tan bueno tan bueno, que no tenga algo malo.
No obstante lo anterior, yo creo firmemente que las tentaciones que sufrió Jesús no fue algo malo, ni la transfiguración de Jesús fue algo bueno. Toda vida humana tiene sus momentos, y todo nos ayuda a ir creciendo en caminando hacia Dios y a encontrarnos con Él. Así es como tiene que ver un cristiano su vida en el mundo.
Voy a contaros a continuación dos historias de transfiguración, es decir, de encuentro con Dios y con los hermanos, los hijos de Dios. Estas historias y hechos nos ayudan a ser un poco mejores. Una sucedió… no sé dónde y la otra en Asturias. Vamos con la primera, la que sucedió no sé dónde: “Un niño pequeño quería conocer a Dios, sabía que era un largo viaje hasta donde Dios vive, así que preparó su mochila con pastelitos y refrescos, y comenzó su jornada. Tras caminar por aquella larga avenida, se encontró con una mujer anciana. Ella estaba sentada en el parque, sola, ahí parada contemplando algunas palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su mochila. Estaba a punto de beber su refresco, cuando notó que la anciana parecía hambrienta, así que le ofreció un pastelito. Ella agradecida aceptó el pastelito y sonrió al niño. Su sonrisa era muy bella, tanto que el niño quería verla de nuevo, así que le ofreció uno de sus refrescos. De nuevo ella le sonrió. ¡El niño estaba encantado! Allí estuvieron toda la tarde, comiendo y sonriendo, pero ninguno de los dos dijo nunca una sola palabra. Cuando empezó a oscurecer, el niño se percató de lo tarde que se había hecho, se levantó para irse, pero antes de seguir sobre sus pasos, dio vuelta atrás, corrió hacia la anciana y le dio un abrazo. Ella, después de abrazarlo le regaló la más grande sonrisa de su vida. Cuando el niño llegó a su casa y abrió la puerta, se encontró con su madre que estaba sorprendida por la cara de felicidad que tenía. Entonces le preguntó: - Hijo, ¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz? El niño contestó: -¡Hoy almorcé con Dios…! Y antes de que su madre contestara algo, añadió: -¿Y sabes qué? ¡Tiene la sonrisa más hermosa que he visto! Mientras tanto, la anciana, también radiante de felicidad, regresó a su casa. Su hijo se quedó sorprendido por la expresión de paz que había en su rostro, y preguntó: -Mamá, ¿qué hiciste hoy que te ha hecho tan feliz? La anciana contestó: -¡Comí con Dios en el parque…! Y antes de que su hijo respondiera, añadió: -Y ¿sabes? ¡Es más joven de lo yo pensaba!”.
La segunda historia, que le sucedió a un amigo mío, dice así: “Estaba en la sala para pacientes cuando escuché a Olaya preguntar a su familia si podría recibir la comunión antes de la operación. Tiene 17 años y me impresionó. La familia le comentó que ya habían solicitado la presencia del capellán a las enfermeras y que éstas lo intentarían. Finalmente apareció el capellán. Más tarde, hablé con la familia de Olaya. Ella tiene, como te he dicho, 17 años. Con cuatro sufrió un primer tumor y, por el tratamiento, perdió la audición. Ahora, se ha reproducido el tumor y mañana viernes la operan. Su madre ha muerto hace un mes de otro tumor, en apenas tres días. Y ahí la tienes, confiando en el Señor antes de entrar en el quirófano, cuando otros posiblemente no pensarían en Él. Es el calor del hogar que da el Espíritu Santo, el calor que sentí de mi esposa cuando compartimos el funeral por mi tía y yo sentía en ese momento que era el final del camino, pues entonces no tenía fe, y mi mujer, que sí tenía fe, sentía la victoria sobre la muerte que supone la Cruz, un calor que me ayudó a volver a acercarme a la Iglesia y la Fe, a cuidar mi vida espiritual. También es el calor y la serenidad que veo en mi madre que, en estos momentos, demuestra su grandeza de cristiana. El pronóstico apunta a malo. Ella, sabiendo la gravedad, nos tranquiliza y da ánimos y nos dice que debemos asumir lo que nos da Dios. En este mes no le he oído ni una queja, tan sólo ánimos. Nos suele decir que es mejor que ella tenga esa enfermedad a que la sufra un hijo. Anima a las compañeras de habitación y la familia de estas nos comentan que ahora, cuando igual le dan el alta hospitalaria, que lamentan su marcha. Para mí es un buen ejemplo, un gran ejemplo de cristianismo vivo. Bueno, perdona todo este rollo, pero necesitaba escribirlo y compartirlo con alguien más que con mi mujer. Un abrazo”.
- Estas historias nos enternecen y acercan más a Dios. ¿Sabéis por qué? Pues porque, como nos dice San Pablo en la segunda lectura, “nosotros somos ciudadanos del cielo”. Hace pocos días salía de mi casa por la mañana, en Oviedo, y vi toda la calle sembrada de cascotes de botellas, de vomitonas y de suciedad. Todo ello era fruto de los restos del carnaval. Nosotros no nos sentimos atraídos por esa manera de vivir la “alegría” (¿?), yo al menos, sino que a nosotros nos motivan las cosas de Dios y la cercanía a los seres humanos. Ahí es donde somos transfigurados por el Señor. Que Él nos lo conceda en esta Cuaresma que estamos celebrando.

5 comentarios:

Any dijo...

Como se ve, nada hay tan malo tan malo, que no tenga algo bueno. Ni nada hay tan bueno tan bueno, que no tenga algo malo.
Sabis apalbras .. sabes me abuela decia siempre dentro lo bueno hay alguito malo .. y viceversda .. tus dos hostorias me han hecho llora.. estoy muy sensible en estos dias y Dios sabra el porque .. pero justo tu palabra me ha hecho entender que no debo estar triste sino buscar dentro de esta tristeza que siento lo bueno .. y ahora Andres se qie lo encontrare ..... Gracias ¡¡
Hermanos un buen fin de semana par ustedes ... y que la paz del Señor reini en sus vidas

Pepitina dijo...

En el Prefacio de la misa de este día dice:” En verdad es justo y necesario….Quien, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección.” En algunas traducciones del evangelio comienzan diciendo: En aquel tiempo..en otras sin embargo dice: Unos ocho dias después..y es que, como nos recuerda el Prefacio específico de esta fiesta de la Transfiguración, en su actividad por Galilea, pero caminando hacia Jerusalén, Jesús les hace a sus discípulos el primer anuncio de Su Pasión y les da las condiciones para quien desee seguirle. Es a los ocho dias de esta noticia cuando les muestra Su Gloria, para animarles en su seguimiento y mostrarles la Cruz, como camino hacia la Resurrección. No hay otro camino, sino el que Él mismo siguió por obediencia al Padre; unos viven la cruz desde la enfermedad, o bien la soledad, otros desde la incomprensión, el fracaso personal o familiar o bien desde ese “aguijón” de su propio carácter que más que a los demás le hace sufrir a él mismo. Sólo el Señor sabe cuál es la Cruz que nos llevará a cada uno a la Resurrección, sólo Él. Creo que no hace falta pedírsela, Él la concede y nos corresponde abrazarla a cada uno de nosotros. También vemos en ocasiones como la Cruz de alguien cercano necesita de nuestra ayuda y es entonces cuando veo que se hacen realidad esas palabras del P. Andrés de la homilía, que “nada hay tan malo tan malo, que no tenga algo bueno.”, pues al ayudar al hermano a llevar la suya, la mia me pesa menos, mucho menos. Como en el ejemplo del niño y la anciana, dar me proporciona felicidad siempre, aunque los problemas y la cruz continúen ahí. Y, ¡ojalá fuéramos conscientes de tantos momentos de Luz, que el Señor quiere regalarnos pero no puede hacerlo!!, porque ..nos alejamos de su seguimiento. ¿qué hubiera pasado si los apóstoles, después del anuncio de la Pasión, por miedo a continuar con Él, no hubieran aceptado su invitación al Tabor a orar? No hubieran conocida la Gloria a la que estamos destinados.¡¡qué pena!!
¡¡Santa semana amigos, llena de la Luz de esta hermosa fiesta!!

Pepitina dijo...

¡¡Otra vez yo!! ¡qué pesada! teneis razón, pero es tan bueno lo que os traigo...
Este evangelio, me recordó otra homilía del P. Andrés que comparto con vosotros. Porque realmente: Jesús los lleva consigo a orar y en este pasaje se ven claramente todas esas condiciones de la oración, que tantas veces no comprendemos. Creo que pertenecen a una homilía de unos Ejercicios espirituales:
“El modelo genuino de oración es Cristo Jesús. En El hemos de mirarnos y de El debemos de aprender todos. Jesús quiere que sus amigos más íntimos participen de sus secretos y de sus alegrías, por eso llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan.
Al orar hay: 1) una transformación en todo el que ora. Aunque nos distraigamos, aunque parezca que es un pérdida de tiempo, sin embargo, hay algo que cambia en nuestro interior e incluso en nuestro exterior (las facciones del rostro se suavizan). Otra cosa es que no lo percibamos o que no lo percibamos siempre o que no percibamos todo lo que acontece en nosotros y a nuestro alrededor. En el caso de Jesús “mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.” 2) Al orar las realidades espirituales, que no están a los ojos de los que no oran, de los que no son hombres de espíritu, se manifiestan: Con Jesús estaban Moisés y Elías y hablaban con El.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño, porque se aburrían, porque no percibían nada, como nos pasa a nosotros en muchas ocasiones en nuestros tiempos de oración. Pero, en cuanto Pedro, Santiago y Juan perciben algo, todo cambia: ya se encuentran bien allá y no quieren marcharse ni que aquello se acabe. En la oración hay ratos de total claridad (Pedro y los otros dos veían la gloria de Dios), pero también de oscuridad (entraron en una nube y se asustaron). El aburrimiento forma parte de la oración. La consolación forma parte de la oración. El miedo (la nube) forma parte de la oración. ¿Qué es lo más importante en la oración: el aburrimiento, la consolación o el miedo? Pues lo más importante en la oración es DIOS. ¿Qué más da si me aburro, si está Dios, qué más da si tengo consolación si está Dios, qué más da si tengo miedo si está Dios?
En la oración también escucharon la voz de Dios, que les decía que Jesús era su Hijo y que lo escucharan. ¿Cómo podemos saber que lo que sentimos en la oración es auténtico y que no nos engañamos? Si la oración nos lleva a Jesús, es un signo de que estamos en el camino verdadero.
Cuando todo pasó, nada más vieron a Jesús. Y es que en la oración todo es temporal. Habrá que esperar a entrar en el Reino de los cielos para que todo esto lo percibamos de un modo pleno, total y perpetuamente. “
Allí nos encontraremos amigos, ¡santa semana!
¡¡AAhh!! ¿A qué es bueno? Es del P. Andrés, os recuerdo y como veis no tiene desperdicio.

Chony dijo...

La Palabra de Dios siempre viene en nuestra ayuda, a construir, a abrir caminos de esperanza.
Hoy se nos pone delante la narración de Lucas sobre la transfiguración de Jesús, mientras oraba. Parece que nos quiere hacer ver, la importancia de la oración, una vez mas, cuando nos encontramos en esa situación, orando, es cuando mas cerca estamos de Dios, ya que mantenemos un diálogo con Él, su cercanía me va sosegando el corazón, y a su vez se nota en mi semblante, mas relajado, incluso hasta sonriente. No obstante, en esos momentos hay situaciones de dolor, como vemos en Jesús, que lo que habla con Moises y Elías, es de su próxima pasión y muerte. sin embargo el Padre está cerca para sostenerlo en esa situación.
Esto no es ni mas ni menos que lo que nos ocurre a cada uno de nosotros, al menos hablo por mi; me doy cuenta de que Dios siempre está cerca, en los momentos difíciles, así como en los dichosos.
Tiempo de desierto, debilidad, tentaciones, combate, invitación a retroceder; pero El E.S. me empuja, me sostiene y anima a seguir el áspero camino, a pesar mio, porque me muestra lo que me espera al final, porque me recuerda de que si quiero resucitar, antes he de morir, y cargar con mi cruz cada día; si es muy pesada, Él alivia la carga arrimando su hombro, como un gran cirineo. La transfiguración de Jesús, me habla de resurrección; es la gran esperanza en medio de la tribulación.
Es verdad que todo esto, ya podemos vivirlo aquí, como un anticipo y primicia de lo que vendrá.
Me parece muy hermosa la primera historia que nos cuentas, sea cierta o no, quizás pueda parecer una simpleza, una pequeñez, pero a Dios, se le encuentra en las cosas pequeñas, "en la brisa suave" en la sencillez de una sonrisa, en la ternura de una caricia, en el calor de una palabra de cariño, en tiempo de escuchar a quien lo necesita, en coger la mano a un enfermo y oprimírsela con delicadeza transmitiéndole cariño y esperanza; etc. etc.
A mi hoy me alegra y consuela el pensar en esas pequeñas transfiguraciones que me ocurren a lo largo de la vida, esos encuentros personales con mi Señor, que me llenan de alegría y de paz, y me invitan a ser testigo de Jesucristo, allí donde me encuentre.
Una vez mas Andrés, te doy las gracias por tanto trabajo en favor nuestro.
Hermanos, que el Señor esté siempre con nosotros en esta travesía.
BENDITO SEA DIOS.
Chony

Anónimo dijo...

Cada experiencia de la vida, si la sabemos ver a través de ls ojos de la fe, tiene su catequesis. Siempre podemos aprender de los momentos malos, y de los buenos, en todos, se encierra la semilla de la Sabiduría Divina, y hay que estar preparado para "sacar conclusiones", de todo los que nos acontece. El Señor, nos va mostrando nuestro camino, a través de hechos muchas veces sorprendentes, desde el sentimiento de decepción de esa persona que inexplicablemente nos falla, hasta la muerte de un ser querido,etc., y también pasando por momentos realmente gratificantes y alegres en nuestra vida,si todo lo impregnamos de Dios, es decir, nos confiamos a su Voluntad, veremos cómo se despejan nuestras dudas, cómo nuestro dolor se mitiga, y cómo también fuimos hechos para vivir en plenitud la alegría de existir, de compartir y de celebrar lo bueno que nos regala Dios a lo largo de nuestra existencia.
Gracias D. Andrés, por ayudarme a comprender mejor los caminos del Señor.
Un fuerte abrazo a los hermanos del blog.