viernes, 11 de diciembre de 2009

Domingo III de Adviento (C)

13-12-2009 DOMINGO III DE ADVIENTO (C)
Sof. 3, 14-18a; Is. 12; Flp. 4, 4-7; Lc. 3, 10-18


Homilía en audio de MP3
Homilía en audio de WAV
Queridos hermanos:
El evangelio de hoy tiene dos partes: En la segunda habla Juan Bautista de Jesús y de la misión de éste. En la primera parte Juan nos presenta el caso de tres tipos de personas que, habiendo escuchado a Juan Bautista, fueron tocados por Dios en su corazón y se dieron cuenta que tenían que cambiar de vida. Por eso le preguntaron a Juan qué debían hacer. Sin embargo, sería un gran error si pensáramos que la conversión de vida, o el caminar hacia Dios, o el encontrarse con Dios supone sólo repartir y compartir las cosas que tenemos con los necesitados, o contentarnos con lo que se nos da sin exigir nada más, o el no usar la violencia y el poder con los otros. Ver la relación con Dios de esta manera es una caricatura y una burla. Si las gentes, los publicanos y los soldados se acercan a Juan Bautista y le piden orientación no es principalmente porque él sea un hombre bueno o sabio, sino porque –repito- ha entrado Dios en vida de ellos; saben que no pueden seguir viviendo como hasta entonces y quieren saber qué más espera Dios de ellos.
Este encontrar a Dios y este caminar hacia Dios no es fruto de un día. Estoy completamente seguro que todas esas personas que se acercaron aquel día a Juan Bautista y le preguntaron qué debían hacer, eran personas que ya estaban desde hacía tiempo en búsqueda de Dios o, al menos, Dios estaba en su busca y los esperaba al lado de Juan Bautista.
Si me permitís, voy a leeros una experiencia de un chico que hace poco me encontré y creo que puede iluminar muy bien lo que trato de decir y, además, puede ayudarnos a nosotros. Fijaros de qué modo tan extraño Dios se vale para llegar al corazón de una persona. Se trata de Juan, un joven valenciano, que a sus 26 años acaba de entrar en un seminario español. Dejemos que él cuente su propia historia: “Nací en una familia católica, pero no practicante. A los 5 años me apuntaron a hacer artes marciales. Cuando yo tenía 8 años, llegó a casa un lama tibetano. Nos dijo que había tenido unas visiones y que pensaba que quizá yo era la reencarnación de un lama tibetano. Mis padres no sabían casi nada del budismo. El lama les inspiró confianza y decidieron darme una formación paralela. Por las mañanas yo iba al colegio como un niño normal, a los salesianos. Por las tardes, tenía clase con dos tutores budistas tibetanos que vinieron a España. Completaba mi formación con artes marciales. Mi educación estaba orientada clarísimamente a ser lama, es decir, maestro, y no un simple monje. Incluía meditación y enseñanzas budistas. Durante todo esto, mis padres sólo pidieron discreción. Nadie en mi colegio conocía mi formación budista. Fui nombrado lama oficialmente con 15 años. Para mis maestros, yo era la reencarnación de Tan-ñon-Gon-Chen-Tulku-Rimpoché, un lama ermitaño tibetano del siglo IV d.C. Ese lama estaba especializado en sanaciones espirituales, en las enseñanzas más chamánicas del budismo. Se considera que, cuando un lama vuelve a nacer, va a seguir desarrollando las mismas actividades que en su otra vida. Por eso yo atendía muchos casos de dolencias espirituales, me traían enfermos, hacía rituales de sanación. A los 21 años, vivía en Barcelona. Llegó un matrimonio hindú, de la India, recién aterrizado, porque habían oído hablar de un curandero o sanador espiritual que podía ayudar a su hija enferma. Resulta que el tal "curandero" era un cura católico; ellos ni sabían eso. El sacerdote me los remitió, porque pensó que yo, al ser budista, de una tradición asiática, podía atenderlos mejor. Por lo general, en los casos de dolencia espiritual grave, yo siempre pedía varios informes: uno médico, otro neurológico y otro psiquiátrico. Ellos estaban tan desesperados que habían venido de la India ya con la niña y con todos los informes hechos. Organicé una sesión de sanación según el ritual budista. Como de costumbre, además de los padres y la niña, estaban con nosotros unos amigos a los que yo solía invitar como testigos y ayudantes. Uno es notario, otro psiquiatra, otro ingeniero y el otro informático. Llevábamos ya 13 horas de ritual y no conseguía nada. La niña se agitaba con fuerza sobrehumana, hablaba mezclando idiomas, se ponía en trance... Yo no conseguía ninguna mejora. Y entonces la madre, que no sabía español, dijo en castellano: ‘En el nombre de Jesús libera a mi hija’. Y en ese momento la madre y la hija cayeron inconscientes. Cuando se despertaron la niña estaba curada y la madre no recordaba haber dicho nada. Aquello me impactó. Para mí, Jesús sólo había sido un hombre sabio que ayudaba a la gente. Yo nunca había reflexionado sobre Jesús. Lo conocía sobre todo por la asignatura de religión con los salesianos, pero para mí lo que me habían contado de Jesús era sólo como un cuento. Salí a pasear, a reflexionar sobre lo que había pasado. Me encontré un mendigo, que me hizo señas para que me acercase. Yo iba vestido de monje, con la túnica azafrán y la cabeza rapada. Supuse que mi aspecto le había hecho gracia y querría decirme algo. Pero él sacó un libro y me dijo: ‘ábrelo’. Era la Biblia. Lo abrí 3 veces y me salía la sanación de Jesús en Gerasa. Y entonces entendí que mi vida era seguir a Jesús. Mi maestro budista me dejó marchar. Dijo que siguiera mi corazón. El budismo enseña que la mente a menudo es tramposa, pero el corazón no miente. Dijo que si Jesús estaba en mi corazón, que lo siguiera. Ellos pensaban -y siguen pensando- que volveré al budismo. Así que volví ‘al mundo’. Incluso estuve saliendo con algunas chicas. Visité a los capuchinos, que me enseñaron el cristianismo. Me hice terciario capuchino, su rama laica. Pero me parecía que Dios me pedía más. Me dediqué a conocer las órdenes monásticas, los movimientos católicos, y también los ambientes protestantes, ortodoxos, el islam sufí... Buscaba entender lo que Dios me pedía. Hice los Ejercicios Espirituales de los jesuitas. Me hablaron de un seminario que parecía serio. Un médico amigo mío, diácono permanente, me preparó una cita con el obispo. Hablé con él después de la Misa, y vimos que Cristo me había tocado. ¿Mi vocación es diocesana o monástica? No lo sé, pero en el seminario, en silencio y estudio se irá descubriendo. De Jesús me impactó su Dios, el Padre que nos quiere, que nos ha creado a su imagen y semejanza. También me impresiona el testimonio de Jesús, su coraje de morir por nosotros. Es impresionante cómo lucha con todos en contra. Hay muchos maestros espirituales, pero sólo Él ha muerto por los hombres. Me impresiona la Pasión: Ese ‘muere por nosotros’... Si no es el Hijo de Dios, no puede morir por nosotros. Ni Buda, ni Moisés ni Zoroastro murieron por los hombres. Después de mucha reflexión pienso que Dios es como la cima de una montaña. Cima sólo hay una. Caminos hay muchos. Ojo, unos son de piedra, otros de fango; no son todos iguales. Pero hay un camino recto, el de Cristo. Del budismo mantengo cosas valiosas. La disciplina del budismo, la práctica de la meditación, es muy valiosa. El adiestramiento de la mente, el cuerpo y del espíritu. La ascética es un esfuerzo del hombre, un método, no está mal. Pero la mística es la acción del Espíritu, Dios que actúa y te rompe hasta el método. El voto de pobreza y el de castidad no me resultan difíciles. El de obediencia, el concepto de jerarquía, son cosas que me resultan más novedosas. En ello estamos”.
Termino: estamos en Adviento; Dios nos sale al encuentro y toca nuestro corazón, o lo quiere tocar, si nos dejamos; nosotros quisiéramos seguirlo; y le preguntamos, como aquellos del evangelio preguntaron a Juan Bautista: ‘Entonces, ¿qué hacemos ahora?’ La respuesta es individual y personalizada para cada uno de nosotros. Abramos el oído y que El nos dé la fuerza de seguir sus indicaciones.

10 comentarios:

Pepitina dijo...

¡¡Cuántas veces he leído la Palabra de este Domingo!!Leído y meditado, orado. Y ha sido la homilía la que me ha dado la luz que buscaba, pues al leer el evangelio me extrañaba que esa "segunda parte, en la que Juan Bautista, habla de Jesús y su misión", -de que nos habla la homilía-,pareciera quedarse como un apéndice siendo la primera parte la importante, la guía para Convertirnos. Las palabras del P. Andrés me han aclarado cómo, es ese fuego del Espíritu Santo el que será capaz de realizar el cambio en nosotros, el Encuentro con Jesús, la Conversión en nosotros, en mi. Juan pide frutos de justicia y de amor, pero desde la fuerza transformadora de Dios y a veces se nos olvida esto último.
Nos quedamos en lo primero:hacer cosas,"Marta, Marta, ¿por qué te agitas?".., sin buscar antes el Encuentro sincero con el Señor, o lo que es lo mismo estar abierto a Él; parecemos una ONG en ocasiones -ser buenas personas nos basta-,(con todos mis respetos por estas organizaciones); pero como leí en una ocasión: ¿realmente crees que Cristo murió por ti,tan solo para que seas "Buena persona"? ¿no querrá tu santidad, además de esos valores humanos que tanto te atraen?
Anoche mi marido colocó ante mi la pag. 69 de la Nueva España de Gijón, luego me comentas -me dijo-....no por escrito ciertamente, eso queda para el Blog.En gran título leo: Padre Angel: "En pleno siglo XXI no se debería excomulgar ni quemar a nadie"; mas adelante dice:"he nacido para bendecir, y no para maldecir ni excomulgar";sale en una foto con Bono y esposa, destacando Bono: "El P. Angel defiende a los que no tienen paí, ni televisión, ni casa". Por supuesta hay que leer el artículo completo; simplemente opino que si alguien me preguntase por una ONG podria comentarle sobre Mensajeros de la Paz, de la que este sacerdote es fundador y presidente; si alguien me preguntase por un sacerdote, le enviaría a otro, no al P. Angel. No me ha recordado a Juan Bautista, ni a Jesús obediente,manso y humilde. Tampoco a Juan, cuyo testimonio en la homilía de hoy, me deja mas claro aún de lo que lo tenía, la importancia, el valor y necesidad de la Obediencia-que el mismo Cristo asumió realizando la voluntad de Su Padre- y que los católicos-también los sacerdotes- debemos a la Jerarquía eclesial.El testimonio de Juan, en la homilía de hoy,me da pistas para opinar y vivir:"Pero la mística es la acción del Espíritu, Dios que actúa y te rompe hasta el método. El voto de pobreza y el de castidad no me resultan difíciles. El de obediencia, el concepto de jerarquía, son cosas que me resultan más novedosas. En ello estamos”. Al menos este seminarista "está en ello", a muchos puede costarle tanto,que prefieren no plantearse la obediencia al Obispo y la Iglesia, y vivir su Fe a su manera como buenas personas. A medida que he ido escribiendo me he indignado un poco, y es que creo que este tipo de entrevistas hace mucho daño a las personas con poca fe y falta de formación y lo grave es que venga de la mano de una persona que es popular y además y sobretodo sacerdote.
AAaa!! Si yo supiera escribir...!!daría razones de mi Fe, ante estos personajes de quienes prefiero pensar, no se dan cuenta del daño que pueden hacer.
En este Año Sacerdotal pido mucho por nuestros sacerdotes, y hoy particularmente por el P. Ángel, a quien deseo encomendar, sin poder evitar mi pena,con caridad cristiana.
Buen finde amigos.

soco dijo...

Me ha hecho pensar eso de que "la mente puede ser tramposa, el corazón no engaña". Estoy de acuerdo con ello.
Para las cosas importantes es posible que haya que anteponer la cabeza al corazón porque conviene tener la cabeza fria, razonar, sopesar, medir, calibrar... etc. pero para las cosas muy importantes -o vitales- soy partidaria de fiarme del corazón.
Yo no puedo querer a alguien despues de haber madurado la idea y de analizar pros y contras, la quiero y punto. No me pidas razones,no se por qué la quiero. La quiero porque me sale del corazón.
Un abrazo y que tengais buena semana.

Pepitina dijo...

La Palabra de Dios es Viva y Eficaz…y no algo etéreo o simplemente espiritual. Esta mañana leí en la Misa de 10 de mi parroquia. Me llamaron para la primera lectura del Profeta Sofonías; hermosas palabras nos dirige el Señor “que viene”, “¡que está viniendo en Su Palabra para todos y cada uno de nosotros!”. Con la seguridad de saberme simple altavoz de las palabras de nuestro Dios, éstas iban invadiendo mi corazón con sus nota alegres y gozosas, mensajeras en tono festivo del amor de mi Dios que “se complace en mí, que me ama y se alegra conmigo en fiesta perenne”.
Y os digo que esta Palabra es viva y eficaz porque hoy amanecí con dolores, cansancio y desánimo –hay días que comienzan así- y el Señor durante y después de la celebración de la Misa, me recordó que la Iglesia hoy celebra su Día, como Domingo Gaudate. Realmente, “¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.”, como nos dice hoy desde el Salmo.
La liturgia nos convida hoy a “Dar un paso más” en el camino de Adviento que vamos preparando para el Señor, un paso lleno de Alegría, esa que sólo nos puede dar Él, aunque amanezcamos tristes, doloridos y cansados…porque Él, que Vino y Vendrá, está viniendo continuamente a nuestro corazón y nos habla de Su Amor y desea volcarlo en nosotros.
“Estad siempre alegres en el Señor”, hagamos caso de Pablo que sabía mucho.
Buen Domingo, alegre Día del Señor para todos.

Anónimo dijo...

Queridos D. Andrés y demás heramnos:

Algunos habrá que después de testimonios como este del joven que fue budista, pensarán: primero le engañaron los budistas y después los cristianos, a mi no me engaña nadie ¿como puede haber gente que se trague todo esto en estos tiempos tan "avanzados"? Y la respuesta solo se la puede dar Dios directamente o através de otras personas.

¿Quien se esconde detrás del budismo? ¿Cuantas almas se perderán por esta religión-engaño? Mientras el hombre esté ocupado en otras creencias, mejor para El de Abajo.


Un abrazo a todos.

Fernando del Busto dijo...

¡¡Menudo testimonio!! Un auténtico regalo, lleno de material para aprender. Una bendición. Tenemos que dar gracias a Dios por este joven y por que lo siga guiando en su camino.

Chony dijo...

Domingo de Gaudete, domingo de la alegría, la palabra de Dios nos hace una llamada, el cristiano ha de ser alegre, porque conoce el amor de Dios y la salvación que nos ofrece.
Una piensa que hay demasiado dolor en el mundo, y en ocasiones no es fácil esta alegría, sin embargo yo puedo decir que sí es posible, que en medio de las dificultades, uno puede estar contento. Esta alegría no nos viene del exterior, está dentro del corazón; la alegría del cristiano viene a través de la paz y el amor que el E. S. enciende en nuestro interior; de tal manera, que puedes hacer frente a la adversidad, con ese gozo santo, de saber que no estás sola, que siempre Jesús te acompaña, es una alegría serena, sosegada, es la dicha que da la fe.
Me ha impresionado el testimonio de Juan, este seminarista que nos cuenta su preciosa historia del encuentro con Jesucristo.
Es precioso el saber la historia que el Señor hace con las personas que elije para si, hay que ver las vueltas que ha dado la vida de este hermano, hasta que se convenció de que solo hay un verdadero camino para llegar a esa meta que todos ansiamos.
Es verdad, el Señor cuando entra en tu corazón, lo pone todo patas arriba, cambia tu vida por completo, los proyectos que tu tenías, resulta que no son los que Él quiere, y te muestra otros que a priori lo mas fácil es que no los encuentres atractivos, pero si te fías y sigues su voluntad, pronto te das cuenta de que aquello es lo que realmente te hace feliz, porque esto es lo quiere el Señor para nosotros, que seamos felices. Para esto nos da una muy preciosa receta a través de su palabra, en el sermón de la montaña.
Yo hoy también me pregunto, o le pregunto al Señor ¿que quieres que haga? porque me doy cuenta de que sin duda tantas veces ha pasado a mi lado, o me ha hablado, y no he sabido escucharle; por eso hoy le pido como Abrahan, "Señor mio no pases sin detenerte" párate a mi lado hasta que me ponga en movimiento, necesito de tu ayuda.
Yo creo que lo que me pide es que dé lo mismo que recibo; es decir, si de Él recibo amor, yo debo dar amor, recibo perdón, he de perdonar a mis enemigos, Él me da Su vida, debo de estar dispuesta a dar la mía, renunciar a mis apetencias para dar mi tiempo a mis hermanos necesitados de compañía, de consuelo etc. a mi se me anuncia la buena noticia, el evangelio, pues creo que he de evangelizar, bien de palabra, o siendo testigo con mi vida de la salvación y del amor de Dios; en definitiva de la vida eterna, la vida que nos espera al lado del Padre, y también la que podemos vivir aquí y ahora, en la paz de Jesucristo.
Andrés, estoy contenta, porque cada día el Señor es mas generoso conmigo, recibo sin parar; lo que me lleva a pensar, que he de responder en la misma medida, y eso me preocupa, porque se que soy demasiado débil, y tantas veces no diré sí a mi Señor. Lo que espero es que ese Espíritu que habita en mi, sea el encargado de hacer rentables los talentos que el Señor me concede.
Muchas gracias de nuevo por todo. Que el Señor te bendiga.
Feliz semana hermanos.
BENDITO SEA DIOS.
Chony

Ricky dijo...

Que testimonio tan hermoso. Me ayuda con lo que estoy pasando ahorita, conviviendo con mis suegros que hace menos de un año salieron de la iglesia y ahora siguen como protestantes. El cambio fue grande y no ha sido facíl, pero lo que estoy mirando y en especial despues de leer este testimonio es que podemos aprender de los otros religiones, sectas, denominaciones, etc.

Por ejemplo la necesidad de defenderme de sus comentarios sobre el católocismo me han hecho levantar la Biblia y concerla aún más. Mi esposa y yo ahora estamos en nuestro segundo año del Instituto de Formación Biblico aquí en Los Angeles donde hemos aprendido bastante y ahora entiendo porque "los católicos ignorantes, almanecen protestantes."

Pues es importante leer y estudiar la Biblia, tal como es importante convivir y compartir la fe que todas las personas sean católicos o no. A mi se me hace chistoso que algunas personas les llaman "hermanos" solo a los miembros de su propia iglesia, pero si somos hermanos en Cristo y miembros de Su cuerpo, porque no se lo dicen a todos? Claro, es una pregunta retórica, pero me hace reflexionar sobre la hermandad del Cristianismo.

Pues espero que el Espíritu Santo me sigue guiando por este camino tan hermoso y yo lo seguiré. Saludos y bendiciones a todos ustedes. Gracias otra vez Andrés por su homilía.

Ricky Jones
www.CristoEnMi.org

Ricky dijo...

Escribí aún más en mi blog... Le invito a leerlo aquí http://www.cristoenmi.org/557/testimonio/la-dificultad-es-ensenanza/ y por favor deja un comentario... Me gustaria compartir pensamientos y por eso seguiré leyendo sus homilias y espero que usted lea tambien a mi blog... Luis Alfredo Diaz me hablo de usted y dijo que seria bueno hablar... pues esto es mi manera de hacerlo... Gracias y mucho gusto conocerle ;)

Pepitina dijo...

Aunque sea un poco pesada por tanto comentario, no quería pasar la oportunidad de comentar este testimonio de nuestro nuevo amigo Juan.
Querido Juan:Desde el domingo pasado que apareciste en nuestro Blog, he pensado mucho en ti; en el laberinto de la vida que has vivido, en las personas que han pasado por tu vida y sobretodo en el amor tan grande que Dios te tiene que a pesar de cuánto has caminado en zig zag, no se ha apartado de ti, hasta conseguir tu amor, tu mirada, tu entrega..Cuánto daño hacemos a los nuestros desde nuestra incoherencia- como en el caso de tu familia católica y no practicante y también la falta de atenciónde un colegio católico que no supo ver
lo que estaba viviendo un niño del que eran responsables unas horas del día y que dejaron sin educar al menos en la fe. ¡cuánta omisión! ¡cuánto te pudo haber evitado! pero ahí estaba tu Dios, siempre paciente, esperando el momento para entrar en tu vida..cuando llegué al final de tu testimonio pensé:realmente para Dios no hay nada imposible. Tu vida lo demuestra Juan. Gracias. Afirmas mi Fe, con el laberinto de tu vida. Pediré para que en el Seminario descubras el valor hermosísimo de la obediencia y desde ella comprendas el concepto de jerarquía que te resulta novedoso. Al menos tu te lo planteas en tu formación, hay católicos que prefieren no hacerlo por no querer compromisos.Pido al Niño que celebramos estos dias que siga contigo, bendiciéndote "que siga rompiendo tus métodos, tus moldes y todo aquello que solo el Espíritu sabe hacer:hacerlo todo nuevo en ti.
Un abrazo amigo seminarista de Valencia,
Pepitina

pd. Bienvenido al Blog, Ricky; me gusta esa frase tuya: "los católicos ignorantes, almacenan protestantes.".Esperemos espabilar todos con la crisis...las dificultades nos hacen crecer.

Anónimo dijo...

El corazón, y la mente ¿convivimos con esta dualidad de sentimientos, o es realmente un solo sentimiento el que actúa de dos formas diferentes? El bien y el mal, pueden estar detrás de estas percepciones, se dice que cuando una persona analiza las cosas con detenimiento, sopesando pros y contras, es muy "cerebral", o "tiene discernimiento", en cambio, cuando una persona actúa según el primer impulso, ese que te dice ahora o núnca, el que te obliga a extender tu mano sin mirar a quién, el que hace una elección equivocada, pero..., que en ese momento sintió esa necesidad, ese es simplemente "un necio".
Yo creo que el Señor, está en nuestro corazón y en nuestra mente, es decir, es un único sentimiento, es nuestro espíritu,somos su morada terrena, y cuando actuamos, lo hacemos por algo y para algo, unas veces calculando las consecuencias y otras sin hacerlo, lo interesante para mi, es conocer cómo será mi respuesta en las dos situaciones, en aquellas que fueron meditadas y en las que no lo fueron, veo en todas la oportunidad de hacer el camino con el Señor, porque al final de eso se trata, de asumir errores y bonanza, y porque creo firmemente que el Señor está en todos los actos de mi vida, los que realicé con el corazón y los que elaboré con la mente.
Me gusta mucho el testiminio de ese seminarista, el Espíritu está logrando que su mente-corazón descubra a Jesús en toda su plenitud.
Gracias D. Andrés por enseñarme tanto sobre el camino hacia el Señor.
Un abrazo a los hermanos del blog.