viernes, 30 de octubre de 2009

Todos los Santos (B)

1-11-2009 TODOS LOS SANTOS (B)
Ap. 7, 2-4.9-14; Slm. 23; 1 Jn 3, 1-3; Mt. 5, 1-12
San Juan María Vianney (Santo Cura de Ars) (I)

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Queridos hermanos:
Como ya sabéis, al llegar la festividad de Todos los Santos suelo hablaros de un santo, y proponeros su vida y sus palabras como modelo. Los santos estaban y están hechos de la misma “pasta” que nosotros. La única diferencia es que ellos se dejaron modelar dócil y totalmente por la acción del Espíritu. En el día de hoy quisiera hablaros del Santo cura de Ars. Ars es un pueblo pequeño cerca de Lyon, una ciudad del sureste francés. ¿Por qué os hablo este año precisamente de este cura francés de mediados del siglo XIX? Pues porque este año se cumple el 150° aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, conocido como el cura de Ars, y el Papa Benedicto XVI, con ocasión del comienzo del Año Sacerdotal (desde la festividad del Sagrado Corazón de Jesús de 2009 hasta la misma celebración en 2010), lo ha propuesto como modelo para todos los sacerdotes.
Siendo seminarista leí una biografía suya y enseguida quedé prendado de su persona, de su vida y de su unión con Dios. Como a mí me ayudó mucho, tanto en mi vida sacerdotal como en mi vida de discípulo de Cristo, quiero ahora poner, junto con el Papa, ante vuestros ojos y vuestro corazón a este cura humilde y bueno, a este cura santo.
En muchas ocasiones, al contemplar a los santos, los ojos se nos van hacia sus acciones más maravillosas, pero a mí me gusta mucho más… 1) indagar y conocer cómo han llegado a la cima de la unión con Dios y 2) palpar los tesoros de su corazón. Juan María, de niño y de adolescente, siempre fue muy devoto y amante de Jesús. En sus primeros años de existencia vivió los tiempos del terror de la Revolución francesa, cuando la Iglesia católica, los sacerdotes, los fieles y los actos de culto estaban perseguidos. De hecho, Juan María en muchas ocasiones acompañó, siendo muy pequeño, a su madre de noche por los caminos para ir a la Misa que celebraba un sacerdote en un pueblo cercano. O también Juan María tuvo que recibir la Primera Comunión de noche en una habitación con todo cerrado para no ser descubiertos.
Con poco más de veinte años se restableció en Francia la libertad de culto y pudo por fin acudir a un centro para estudiar y ser sacerdote a fin de “llevar almas al cielo”. Los otros seminaristas eran diez años menores que él. A Juan María le costaba memorizar, comprender las ideas abstractas de la filosofía y de la teología, pero sobre todo le costaba el latín. Entonces las clases se daban en latín, pero los profesores a él tuvieron que dárselas en francés. Sin embargo, tenían que exigirle el latín, pues era el idioma en que se celebraban los sacramentos y se recitaban muchas oraciones, y el sacerdote tenía que conocer el latín de modo suficiente. En una ocasión un compañero suyo que lo ayudaba con este idioma, y sintiéndose impotente de meterle “los latines” en la cabeza, en un arrebato le dio un bofetón delante de los demás compañeros. Juan María se arrodilló inmediatamente y le pidió perdón por su torpeza. Entonces el otro también se arrodilló y se abrazaron. Al poco tiempo de este episodio Juan María sintió un gran desaliento y quiso dejar los estudios, pero el sacerdote-formador que lo acompañaba le dijo: “¿Y las almas para el cielo?” Aquello traspasó el corazón y entonces Juan María redobló sus esfuerzos con el latín. Supo lo justo para pasar. De hecho, en el examen que le hizo el vicario general, al ver que iba muy justo, preguntó al resto de profesores si era piadoso, si tenía devoción a la Virgen María, si sabía rezar el rosario, y le contestaron que Juan María era un modelo de piedad. Entonces el vicario general dijo: “La gracia de Dios hará el resto”.
En estos años de estudiante Juan María aprendió en sus propias carnes que no podía confiar en sí mismo, que no era nadie, que no era mejor que los demás, que no tenía destreza, ni conocimientos, ni ciencia. El era nada y Dios haría de aquella “nada” alguien a quien nada ni nadie se resistirían. Con el tiempo Juan María traspasaría los secretos del corazón de todos los que vinieran a él, atravesaría almas, derrocaría los razonamientos más seguros de sí mismos y contestaría a las preguntas más intrincadas[1]. Parecía que Dios le había puesto multitud de obstáculos para alcanzar el sacerdocio, pero Juan María practicó el abandono, la confianza absoluta en Dios y la aceptación de Su voluntad.
Una vez ordenado sacerdote Juan María fue enviado a Ars y allí estuvo desde 1818 a 1859. Si algún día vais a Ars, encontraréis a la entrada del pueblo una estatua en donde aparece el santo con un niño. Resultó que la primera vez que Juan María fue a Ars se perdió y no encontraba el camino hasta que le preguntó a este niño, quien lo llevó al pueblo. Al ver las primeras casas, Juan María dijo al niño: “Tú me has enseñado el camino a Ars; yo te enseñaré el camino al cielo”.
El Obispo, al mandarle a esta parroquia le dijo que no había mucha fe allí, pero que él tendría que dársela. Así su oración inicial era ésta: “Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. En cuanto llegó, consideró el templo parroquial como su casa y allí pasaba muchas horas, aunque también se dedicó a visitar casa por casa, y familia por familia.
El Santo Cura de Ars enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fieles a orar, acudiendo con gusto al sagrario para hacer una visita a Jesús Eucaristía.”No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”, les enseñaba el Cura de Ars[2]. Una anécdota muy famosa que le ocurrió es la siguiente: Un día entró en la iglesia y vio a un parroquiano sentado delante del sagrario. Estaba quieto, con la vista fija en el sagrario y no movía los labios. El Santo cura le preguntó qué hacía y el parroquiano le contestó: “Yo le miro, y El me mira”.
Amor a Jesús Eucaristía. Para animar Juan María a sus feligreses a que estuviesen tiempo ante el sagrario les decía: “Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”. Y les persuadía: “Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él...”. También les decía: “Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis”.
[1] Recuerdo que en una ocasión un famoso predicador de toda Francia llegó a su parroquia y se puso a predicar desde su púlpito. Juan María escuchaba con mucha atención y devoción, pero sus fieles le miraban a él y no a aquel sacerdote “extraño”, pues no entendían las ideas teológicas de aquel predicador. Este se bajó del púlpito y dejó que Juan María subiera. El lo hizo y predicó. Cuando bajó, el predicador le preguntó que de dónde sacaba aquella sabiduría y aquellas cosas que llegaban al corazón. Juan María señaló al sagrario. Lo que él sabía de teología lo aprendió en la oración de Dios y de Dios directamente, y no en los libros.
[2] Un parroquiano le preguntó una vez, porqué cuando predicaba hablaba tan alto y cuando oraba tan bajo, y él le dijo: “Ah, cuando predico le hablo a personas que están aparentemente sordas o dormidas, pero en oración le hablo a Dios que no es sordo”.

6 comentarios:

Any dijo...

Gracias Andres por contarnos la historia de este Santo .. que conocia de nombre como el cura de Ars ..pero nunca habia ondado en su historia ...Me ha llenado de gozo el leerla .. y he comprendido que solo se puede escuchar al Señor con HUMILDAD en el corazon . Que buen ejemplo nos has dado Gracias ¡¡¡He buscado mas sobre du vida y encontre esta Oracion que aqui la dejo para todos los hermanos que semana a semana seguimos al Padre Andres ...

" TE AMO, OH MI DIOS "
Autor: San Juan María Vianney

Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora
Final aumentes y perfecciones mi amor por Ti.
Amén.

Beatriz dijo...

Me encantó la historia de ese Santo. Cuanto tenemos que aprender de él. Gracias porque nos enseñas mucho y tus homilías no tienen desperdicio. ¡Qué Dios te bendiga!.

Anónimo dijo...

Me emociona mucho la frase de D. Andrés, cuando dice que él es Sacerdote por y para su Señor Jesús. No me extraña que siguiera desde su juventud la vida y ejemplo del Santo Cura de Ars, se nota que D. Andrés es un buen discípulo.
Le pido al Señor que nos envíe buenos y santos Sacerdotes, que vivan por y para Jesús, que sean radicales en su fe y en el testimonio de su vida, coherentes con lo que dicen y hacen, capaces de moldear los corazones endurecidos por las decepciones de la vida y el pecado, pues es Dios quien a través de ellos, nos perdona y nos concede siempre la gracia de volver a su lado.
Cuidemos a los Sacerdotes, son un bien muy preciado, no olvidemos núnca que el Señor actúa a través de ellos de forma extraordinaria, por medio de los Sacramentos, dándose a Si Mismo.
Pidamos al Señor más vocaciones sacerdotales. Oremos que para mande pronto a nuestra Diócesis un Arzobispo.
Gracias D. Andrés por hablarnos del Santo Cura de Ars, personalmente me apasiona su testimonio de vida sacerdotal, y me doy cuenta de lo afortunados que fueron todos sus feligreses, que aprendieron a orar y conocieron al Señor Jesús de forma muy intensa, también nosotros tenemos suerte parecida, pues le tenemos a Vd. con cuyo testimonio de vida y su ejemplo como Sacerdote, nos anima a seguir cada día más ilusionados, el camino del Señor Jesús, que El le bendiga.
Un fuerte abrazo para los hermanos del blog.

Anónimo dijo...

Querido Don Andrés y demás hermanos:

Siempre es el miedo lo que no nos deja avanzar, y el temor a que Dios nos pida demasiado, cuano solo hay que confiar en El, tan solo esto y ponernos en sus manos, es lo único que debemos hacer, lo demás es de su cuenta.

Todas las piezas encajan con la perfección divina en el puzle de nuestra vida, si miramos atrás nos percataremos de tantas cosas que no han sido fruto de la casualaidad y nos han llevado a la fe y a hacernos mejores.

Repasad hermanos, porque es para descubrirlo y quedarnos con la boca abierta y entender su grandeza y misericordia infinitas.

¡Bendito sea Dios!

Un abrazo para todos.

Chony dijo...

Me ha parecido preciosa la homilía, me ha "tocado" el corazón.
Escuchando la predicación, me atraía la gran humildad de este santo, su sencillez y abandono a la voluntad de Dios, porque él era consciente de su torpeza, se dio cuenta de que no era nada ni nada podía hacer, mas cuando al darse por vencido decide dejar de lado su vocación, sabe escuchar las palabras de su formador y seguir adelante confiando en la gracia de Dios.
Yo veía mi propia torpeza, mi incapacidad para todo, y mis deseos de "abandonar" porque tengo la sensación de que no sirvo para nada, y nada doy a los que me rodean, y eso me angustia, pero a mi también "alguien" me dijo, sigue, sigue rezando aunque estés seca y nada sientas, y el Señor me concedió obedecer, y acudir cada día a la oración, consciente de mi incapacidad para ver y escuchar al Señor. Si tenia segura una cosa, que Él veía en el fondo de mi corazón, que Él me miraba y compartía mi angustia, y que le agradaba el que yo estuviera allí; casi sin hablar, porque como dije había una gran sequedad, por lo casi me limitaba a "estar".
Sé que al Señor no le importa mi torpeza, ni mis limitaciones, porque ya se encarga Él, su E.S. de en los momentos precisos, poner en mis labios las palabras adecuadas; por eso cada día soy mas consciente de lo importante que es, el dejar "hacer" al Señor, abandonarte a su voluntad, es Él quien te lleva. Y yo me pregunto, ¿y esto como lo consigo? porque a mi me gustaría que así fuese, pero veo que no puedo; la respuesta me la da el mismo Jesús "Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá" Esto es, pedírselo a mi Señor, "Señor Jesús , hijo de David, ten compasión de mi que soy un pecador" QUE VEA SEÑOR. para poder decir: "Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad".
!Que don tan maravilloso el de la humildad¡ solo en el humilde puede el Señor actuar,porque aquel sabe que necesita Su ayuda y la busca.
¡Cuan necesaria es a veces una bofetada, para darnos cuenta de nuestra torpeza!
Mucho me hace reflexionar este cura, pero ya me alargué demasiado.
Gracias Andrés, muchas gracias, que el Señor te bendiga en todo momento.
Queridos amigos, que tengáis una buena semana.
BENDITO SEA DIOS.
Chony

Pepitina dijo...

Creo que si el Cura de Ars se asomara a nuestro Blog nos diría: Venga rezad mas, sacrificaros, ayunad si es preciso (y creo que lo es) para tener mas y santos sacerdotes; recordad lo que yo logré con una parroquia en cenizas y "¡con lo corto que era!", yo puse lo que pude, el resto lo hicieron Su Amor y Su Gracia.
Este finde tuve la suerte de retirarme a Covadonga por tres dias, ¡preciosos! me fui con el Hno. Rafael y nuestro Santo Cura de Ars...buena compañía fueron. Me dieron una buena batida de parte del Señor, menos mal que allí estaba la Santina y dulcificaba cuánto recibía, con su presencia.
Un Oblato santo, un Cura de pueblo santo y el Padre Andrés....merecen nuestra reflexión sobre cuánto hemos de agradecer a Dios el Sacerdocio.Como dice esa bonita oración de este Año sacerdotal: Jesús,..guarda inmaculadas sus manos ungidas que tocan cada día tu Sagrado cuerpo; guarda inmaculados sus labios, diariamente teñidos con tu preciosa sangre; guarda puros y despojados de todo afecto terrenal sus corazones, que Tú has sellado con las sublimes marcas del sacerdocio.¡Bendícelos, multiplícalos, santifícalos...
Si pedimos esto amigos, ¿nos lo negará el Señor? No creo.
Buena semana para todos y mi cariño