viernes, 6 de junio de 2008

Domingo X del Tiempo Ordinario (A)

8-6-08 DOMINGO X TIEMPO ORDINARIO (A)
Os. 6, 3b-6; Slm. 49; Rm. 4, 18-25; Mt. 9, 9-13



Queridos hermanos:
- Veamos algunos aspectos de la fe de Abraham. En un primer momento Dios le había dicho a Abrahán que saliera de Ur, de su tierra de siempre y en donde tenía posesiones, familia y amigos, pues Dios le iba a dar una tierra para él. (¿Qué hubiéramos hecho nosotros ante esta propuesta divina? Ya conocéis el refrán: más vale pájaro en mano que ciento volando); pero Abraham obedeció a Dios y salió de lo conocido, de sus seguridades y salió sin saber a dónde iba. Sí, él se fió de Dios y de su promesa. Y lo hizo, no a los 20 años, sino que lo hizo con más 80 años. Hay una pregunta que me hago en muchas ocasiones desde que era seminarista, en este caso y en otros: ¿Qué sabemos de los que se quedaron en Ur de los caldeos, la tierra que vio nacer a Abraham? Nada, no sabemos nada. Pero lo más importante es ¿qué sabe Dios de ellos? Quien sigue la voluntad de Dios permanece; quien no la sigue, ¿dónde está? ¿Cómo está?
Hubo otra prueba de fe que Dios pidió a Abraham y que se nos narra en la segunda lectura: Abraham, apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. No vaciló en la fe, aun dándose cuenta de que su cuerpo estaba medio muerto -tenía unos cien años-, y estéril el seno de Sara. Ante la promesa no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete.” Sí, cuando se le dijo a Abraham que iba a tener hijos (él con 100 años y su mujer más de 70 años), Abraham se lo creyó, aunque sin entender nada. ¿Por qué Dios no le había dado hijos cuando ambos eran más jóvenes? ¿Por qué hacer las cosas tan difíciles? Por su fe Abraham engendró vida desde la vejez y desde la esterilidad, y de él salió una prole numerosa: los israelitas, Jesús y nosotros. Nosotros somos del linaje de Abraham en la fe. Y es que la fe implica saltar al vacío en alguna ocasión… o constantemente. ¿Quién de nosotros se hubiera fiado de la promesa de Dios en las circunstancias de Abraham? ¿Quién de nosotros se hubiera fiado de recibir una tierra que no tenía en mano y para ello debía de dejar otra que tenía? ¿Quién de nosotros se hubiera fiado de ser padre a la edad de 100 años y con una mujer vieja y estéril?
A la muerte de Abraham, ¿Dios había cumplido sus promesas? Una de ellas sí que la había cumplido: tenía un solo hijo, Isaac, pero que en aquel mundo de violencia podía ser asesinado en cualquier momento. Mas Abraham no tenía al morir la tierra que le había prometido Dios. ¿Qué linaje y qué tierra era esa que no tenía Abraham a su muerte y que pasarían muchos años hasta que se lograra? Pero la Palabra nos dice bien claramente que Abraham “se fió del que se lo había prometido”.
Hace unos días una persona, que pasaba por unas pruebas muy duras, en donde todos los planes de su vida, de su familia, trabajo, casa, etc. se iban derrumbando me decía con lágrimas en los ojos: “Una fe sin obras está muerta, como dice el apóstol Santiago. Pero, ¿cuáles son las obras de la fe? No son las buenas obras (limosnas, sacrificios, etc.) las obras de la fe. Estas obras de la fe son: ‘sal de tu tierra…’, ‘ofrece tu hijo en sacrificio…’.” ¿Tengo yo una fe como para hacer esto, o como para que Dios haga esto en mí?
- En la primera lectura y en el evangelio se nos dice que el Señor quiere más nuestra misericordia que nuestros sacrificios. No se refiere aquí a los sacrificios que podemos hacer de ayunar o de privarnos de tabaco, café, TV, o de rezar el rosario de rodillas. Se está aludiendo a que los israelitas sacrificaban a Dios en el templo vacas, ovejas y otros animales, y por ello ya creían que tenían todo logrado ante Dios. Por eso, el profeta Oseas les dice de parte de Dios: “Quiero misericordia, y no sacrificios.” Y sus palabras son citadas por Jesús en el evangelio de hoy: “Andad, aprended lo que significa ‘misericordia quiero y no sacrificios’: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.”
¿Qué quiere decir misericordia? Trataré de explicároslo con un cuento. Se titula el cuento de la vieja y la cebolla. Había una vez una vieja muy tacaña y de mal genio; tenía una huerta en la que cultivaba sus hortalizas y frutas. No compartía nada con nadie y vigilaba con mucha atención la huerta para que no le cogieran nada, ni siquiera los pájaros. Nunca daba o regalaba nada. Resultó que un día murió la vieja y fue derecha al infierno. Su ángel de la guarda quiso sacarla de allí y habló con S. Pedro para lograrlo. Pero S. Pedro le contestaba que no podía ser, que la vieja no había hecho nunca nada bueno por los demás. Mas tanto insistía el ángel de la guarda de la vieja que S. Pedro le dijo que, si encontraba una buena acción de la vieja, entonces podría sacarla del infierno por esa única buena acción. Mucho buscó y rebuscó el ángel hasta que dio con una buena acción: resultó que en una ocasión la vieja dio una cebolla muy raquítica a un hombre que le pidió por amor de Dios algo de comer. Este hombre había cogido a la vieja en un rarísimo buen momento. El ángel se lo dijo a S. Pedro, y éste le contestó que cogiese aquella cebolla, que la estirase hasta el infierno diciendo a la vieja que se agarrase fuertemente a ella, pues, si lograba salir asida de la cebolla y llegar al cielo, entonces se salvaría. Así lo hizo el ángel y la vieja se agarró fuertemente a la cebolla e iba saliendo del infierno, pero, al ver esto otra gente que allí estaba, se cogió a las piernas de la vieja para salir también ellos de aquel lugar de tormento. La vieja, al sentir que la gente se agarraba a sus piernas, empezó a dar patadas para desasirse de la gente y gritaba: “¡Soltadme, que es mi cebolla; sólo para mí!” En cuanto dijo esto, la cebolla se rompió y cayeron la vieja, los agarrados a ella y la cebolla para siempre al infierno. Moraleja: En la lógica del cielo, cuanta más gente se agarra a una cebolla raquítica y miserable, y esto se hace por misericordia, entonces más fuerte se vuelve la cebolla y más peso soporta. Y al contrario, cuanta menos misericordia hay, más débil se vuelve la cebolla. ¿Entendéis el cuento de la vieja cebollera? ¿Entendéis un poco más lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios” del profeta Oseas y de Jesús? Pues hagámoslo realidad en nuestras vidas.
De Isaac el Sirio: “¿Qué es un corazón misericordioso? Es un corazón que arde por toda la creación, por todos los hombres, por los pájaros, por las bestias, por los demonios, por toda criatura. Cuando piensa en ellos y cuando los ve, sus ojos se llenan de lágrimas. Tan intensa y violenta es su compasión, tan grande es su constancia, que su corazón se encoge y no puede soportar oír o presenciar el más mínimo daño o tristeza en el seno de la creación. Por ello intercede con lágrimas sin cesar por los animales irracionales, por los enemigos de la verdad y por todos los que le molestan, para que sean preservados del mal y perdonados. En la inmensa compasión que se eleva de su corazón –una compasión sin límites, a imagen de Dios-, llega a orar incluso por las serpientes.”

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Tengo que darte las gracias por la homilía tan maravillosa de esta
semana. Me ha conmovido profundamente y he podido rememorar mis primeros pasos en la Fe...
Llevo un tiempo de mucha sequía, pero después de leer lo que has
escrito me doy cuenta de que no estoy tan lejos de Dios como yo estaba creyendo. El párrafo de Isaac el Sirio es sencillamente lo que yo siento interiormente.
Gracias por tu amistad.

Anónimo dijo...

Las homilías de los domingos pasados han sido para mi un recuerdo y una enseñanza para celebrar la Eucaristía, algunas cosas las sabía y me alegro porque así lo vivo en el momento de la celebración, otras las sabía, pero se me habían convertido en monotonía y otras no las sabía.
La primera que no sabía era la del Acto Penitencial. Yo me desesperaba recordando los pecados y me queda un gran sufrimiento porque generalmente no alcanzaba a recordarlos, pero ahora me ha quedado una gran paz de saber que lo necesario es sentirme pecador. La segunda es la Oración Colecta que no le había dado la dimensión de la gracia de Dios a nosotros y de nosotros a Dios, esto me da mucha alegría, porque yo no me quedaba mas que en las ofrendas que se llevaban al altar yo algunas veces me he atrevido y he puesto mi vida cuando la celebración ha sido dirigida a mi.
La primera de la rutina es la de la señal de la Cruz que a veces ni siquiera me entero y hasta el final, todas las distracciones que se me pasan por la mente durante toda la Eucaristía que no son pocas, que pena siento de tantos descuidos, olvidos y desinterés al celebrar la Eucaristía, que parece que no voy a celebrar si no a pasar el rato.
También tengo que decir que en el momento de la Elevación siempre estoy presente con todo el fervor que puedo poner en mi ser, sabiendo que es tan sagrado que no puedo ni mirar hacia arriba, porque me parece que no se puede ver ese momento más que con los ojos cerrados. Siempre soy indigna de verle y como es el momento de mayor presencia me parece un abuso.
Bueno si me quedara haciendo recuento de todo, tendría que escribir todo lo que dijiste en las dos homilías, pero en eso no consiste, sino, en que mi vida se convierta en una constante celebración eucarística y en hacer conciencia de lo que celebro para vivir la celebración y celebrar la vida. Tengo que pedir esta gracia, pues él da todo lo que se le pide con fe, lo leo en los Evangelios y lo veo en el diario vivir “La fe mueve montañas” la mía no llegara a moverlas pero sé que la gracia de Dios es mucho más grande que todas las montañas del mundo.
Gracias por este regalo haré lo posible por estar más presente en la celebración de la Eucaristía y en relación con Dios que se me está dando a cada instante con toda palabra y gesto me está mostrando su presencia.

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos.

¿Cuanta es nuestra fe y hasta donde es capaz de llegar? Los tiempos que corren no son buenos y el listón que nos hemos puesto, parece que cada vez está más bajo.

Con la ayuda de Jesucristo seguro que conseguiremos levantarlo un poco más cada día y con obras llegar a realizar más nuestra fe, una vida más pendiente de lo que Dios y El desean.

"Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo", a partir de aquí seguro que construimos mejor nuestra fe.


José Manuel.

Anónimo dijo...

Se me olvidaba Cristina:

Un abrazo también para ti y para las hermanas Olga y Luciola. Y para todos los demás hermanos que van a la Misa de once y o siguen este blog.

Que Dios os bendiga siempre.

José Manuel.

Anónimo dijo...

Aumenta mi paz interior, el comprobar que una vez más, el Señor es tan Misericordioso conmigo, que aunque sea una pobre cebolla, pequeña y deteriorada por mil pecados, El, siempre está ahí, con su AMOR, para cuidar de mí, para acompañarme, para impedir que me pueda hundir en el vacío infinito de la desesperanza.
A Jesús por María, es a Ella, a su maternal amparo, a quien me acojo, para alcanzar la gracia y misericordia del Señor
Creo que de la generosidad de los seres humanos, brota siempre un arroyo caudaloso de virtudes que son agradables a los ojos de Dios.
Gracias D. Andrés, por enseñarme una vez más, que la Misericordia del Señor, está presente en mi vida, aun en los momentos más difíciles, y que la fe, aunque en mi caso débil, y muy alejada de la de Abraham, es el único medio que tengo, para caminar por este mundo.

Un abrazo para todos los hermanos del blog.

Any dijo...

Querido padre Andres ¡¡¡que hermosa la homoia de hoy .. cuanto he aprendido .. me ha llegado al corazon ... he aprendido del cuento de la cebolla ¡¡que relaidad ¡¡ y me he emociondado hasta las lagrimas con el parrqafo de Isaac .. no se puede ser que este muy sencible en esotso dias ..pero doy gracias a Dios que me permita sentir y emocionarme ante la vida .. y ante las palabras ..
Buena seman hermanos para todos llena de paz .. y pido a todos una oracion por mi hija que se esta alejando de la familia y eso nos esta destrozando el alma .. Gracias por compartir mi vida Any

Pepitina dijo...

Acabo de darme cuenta desde el precioso escrito de Isaac el Sirio, que esa costumbre cada vez mas presente en mi vida de Bendecir a los demás, la utiliza Dios para ir sembrando en mi corazón - que a veces se cansa de amar- Su Misericordia,y así poder entregarla a mis hermanos, aunque de algunos perciba desamor. Cuando entrego algo de mi misma,como es Dios mismo que le bendice,la Paz me inunda y lo veo como un fruto de la fuerza de la gracia que Dios regala a otro a través de un pobre instrumento como soy.
...Por ello intercede con lágrimas sin cesar, por los enemigos de la verdad y por todos los que le molestan, para que sean preservados del mal y perdonados...
Precioso texto el de Isaac; ya lo había escuchado pero me supo a nuevo. Gracias Pater.
He recordado una definición muy buena sobre la Misericordia que en su día me aclaró muchas cosas y que comparto con vosostros amigos.
Es la capacidad de dar algo de mi misma a la pobreza del corazón de mi hermano. La misericordia pasa por el esfuerzo de arrancar algo de mí, para que sirva al crecimiento humano del otro.
Por si teneis interés en el, es de un libro de edit. Verbo Divino, Diez catequesis para descubrir al Dios de la misericordia. (la Casa de la Biblia)No es propaganda, pero a mi me ha servido de apoyo en trabajos de grupo, parroquia y personalmente.
un abrazo para todos

auror dijo...

Que lecturas tan bonitas e utiles!

Solo queria compartir algo que a mi me ayudo a comprender un poco mejor lo que significa la palabra misericordia.

La palabra tal y como la conocemos hoy en dia proviene de la union "Misere"-Compasion,piedad y "cordos"-Corazon.

Misericordia seria tener un corazon compasivo, sentir compasion en el centro mismo de nuestro ser, en lo mas profundo de nosotros.

Por desgracia mucha gente confunde compasion con lastima, cuando la primera es amor eficaz, y la otra es pena ineficaz.

Un saludo!

Anónimo dijo...

¡ Que hermosa homilía !
La verdad que las lecturas de hoy eran francamente bonitas, y elocuentes.
A decir verdad, llevo varios días de combate interior, en que parece que no veo nada claro, Y siento gran aridez espiritual.
Por eso cuando preguntabas si seríamos capaces de hacer lo que hizo Abraán, mi respuesta inmediata fué un nó rotundo. Creo que tengo poca fé, y por eso me agarro más a mis seguridades, aunque sean poquitas, que fiarme de Dios.
No obstante yo pensaba hoy, que un día, hace mucho tiempo, yo al igüal que Mateo escuché la voz del Señor que me decía: Sígueme; aquello a priori no suponía mucha renuncia, acaso una parte de mi tiempo. Y poco a poco comencé a caminar por una nueva ruta, que resultaba agradable y me iba atrapando poco a poco. Comenzó un nuevo amanecer en mi vida. Dios ya era algo mas cercano y familiar para mí. Tengo que decir que este descubrimiento, me hacía feliz. Pero aún pasó tiempo, antes de que me encontrara realmente con ese Dios maravilloso, que no escatimó amor ,dulzura, misericordia y todo lo bueno que se os ocurra pensar; y sin darme cuenta este Dios me cautivó.
Y hoy soy consciente de que cuanto mas me iba acercando al Señor, por su infinita misericordia, mas cosas
e idolatrías iban quedando atrás. Y es que El Señor te llena la vida, cómo nada ni nadie puede hacerlo. entonces te das cuenta de que te sobran muchas cosas que antes eran importantes.
Andrés, ese cuento de la cebollera, ya te lo había escuchado en otro lugar, en aquella ocasión, me sirvió para descubrir algún pecado que yo tengo. Esa cebolla, me hizo llorar mucho, pero también me trajo una gran paz.
Hoy de nuevo el cuento, y de nuevo miro en mi interior, y no me gusta lo que veo, por eso deseo aceptar tu invitación, y agarrarme con todas mis fuerzas a esa cebolla, soldarme a mi cruz, a la cruz de mi Señor Jesucristo, y que Él tire de mi.
También deseo que a mis pies se pueda coger mucha gente, y ser arrastrados conmigo a la casa del Padre.
Señor, todo lo dejo en tus manos, porque yo en estos momentos me siento demasiado débil; pero confío en que Tú que eres Padre, sepas cojerme en tus brazos, hasta que recupere las fuerzas.
Que Dios te bendiga, Andrés.
Bendito sea Dios.

Pepitina dijo...

¡¡Precioso y valiente testimonio el tuyo Anónimo 9º de nuestro Blog!! Es maravilloso ver lo que nuestro Dios va haciendo en todos nosotros a través de Su Palabra y de la Fe compartida y guiada por un buén Director Espiritual.¿Por qué dudamos en compartir algunas veces ? La Fe compartida crece, madura, ayuda a los hermanos a madurar humana y espiritualmente. ¿No es esto una obra de Misericordia?
¡¡Cuánto ANÓNIMO!! ¿NO OS PARECE?