viernes, 30 de noviembre de 2007

Domingo I de Adviento (A)

2-12-2007 1º DOMINGO ADVIENTO (A)
Is. 2, 1-5; Slm. 121; Rm. 13, 11-14a; Mt. 24, 37-44
Queridos hermanos:
- Comenzamos hoy el año litúrgico en la Iglesia. Es el año A y leeremos en los domingos de este año mayormente el evangelio de S. Mateo. El año litúrgico lo comenzamos con el tiempo de Adviento en el que preparamos la venida de Jesucristo. No es este tiempo de Adviento simplemente para celebrar que Jesús ha venido hace más de 2000 años, sino para preparar la definitiva llegada de Jesús, Mesías y Salvador.
En esta semana me preguntaba una persona cuál era la diferencia o diferencias entre el tiempo de Adviento y el tiempo de Cuaresma. Parecen bastante iguales o similares, pues en ambos se utiliza el color morado en la casulla y en otros paños litúrgicos; en ambos se da paso a otros tiempos litúrgicos más fuertes: Navidad y Pascua; y en ambos se hace penitencia –me decía esta persona.- La verdad es que los dos primeros puntos son ciertos, pero no el último. En efecto, el tiempo de Adviento no es propiamente un tiempo de penitencia, sino que es un tiempo de espera y esperanza, un tiempo de ilusión y de oración, tiempo de preparación a la venida del Señor. Sí, lo que importa preparar en estas cuatro semanas es que el Señor viene. Por eso, el evangelio de hoy nos anima con estas palabras: “Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor […] Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.”
Recibí el miércoles una carta de una religiosa que me escribía lo siguiente: “quiero encomendar a sus oraciones a una hermana de la comunidad, que falleció anoche, a las nueve de la noche. Dos días antes estando cenando le dio un infarto cerebral y a las 48 horas fallecía. Hacía 9 años que le había dado algo parecido y se recuperó bastante. Por lo tanto, nadie esperaba este desenlace tan repentino. Verdaderamente el Señor viene como ladrón en la noche, y hay que vivir preparados, pues una muerte santa no se improvisa.” Tiene toda la razón esta religiosa: una muerte santa no se improvisa… y una vida santa tampoco. El Señor pasa a nuestro lado a la hora de la muerte, pero igualmente pasa de modo constante para tocar nuestro corazón.
Recordáis que el otro domingo os hablaba de una señora que está mal, bastante mal. Ese mismo domingo, por la tarde, fui a verla y la más entera de todos los que encontré en su casa era ella. Tenía una paz que no era de este mundo. Las lágrimas se nos saltaban a sus hijos, a su marido, a mí…, pero a ella no. Ahí os van algunas de las perlas que he visto y escuchado en esa tarde del domingo:
* Al quedar a solas con esta mujer para administrale los sacramentos me dijo que tenía una gran paz, que el Señor estaba haciendo con ellas cosas grandes y que notaba que la estaba preparando. Ella sentía como si estuviera subiendo una montaña y percibía que estaba ahora muy cerca de la cumbre.
* Una de sus hijas le decía: “Mamá, tú ¿por qué no lloras?” Y la madre le contestó. “Porque a mí no se me va a morir nadie”.
* Decía un yerno: “Es tan injusto esto, que le pase esto a ella”. Pero esta mujer lo vive con gran paz.
* Algunos le pedían a Dios poder entender lo que le está pasando a esta mujer, pero ahora dicen que no es cosa de entender, sino de vivir.
* Me decía esta mujer que tenía que preparar yo la Misa de su fallecimiento: que quería que fuera una Misa de alegría, y no de un funeral como otros (de tristeza). Ella pasa a otro lugar en donde estará mejor, me decía.
* Le decía yo a una de sus hijas que tenían que tener una grabadora al lado de su madre, pues las palabras de ésta estaban verdaderamente inspiradas y rezumaban una sabiduría y una paz que no era de este mundo.
* Esta mujer, como dice S. Pablo, sembró espíritu durante su vida, por eso ahora cosecha y recoge Espíritu. Pero quien siembra en esta vida sólo para la “carne”, únicamente cosechará y recogerá luego “carne”.
Que por qué os cuento esto, pues por lo que decía la religiosa más arriba: una muerte santa no se improvisa y una vida santa tampoco. Os lo cuento también porque esta mujer está preparando su Adviento y está diciendo en su corazón: “Ven, Señor Jesús.” Durante años esta mujer quiso vivir al lado del Señor, con muchos pecados y fallos, pero al lado del Señor. Quiso vivir ella y que viviera su familia y las gentes cercanas a ella de un modo muy próximo al Señor. Esta mujer quiso ser del Señor y para el Señor, y sembró, y ahora está recogiendo los frutos.
- En la segunda lectura nos dice S. Pablo: “Dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo.” Sí, es necesario que sembremos espíritu para cosechar Espíritu, y que no sembremos “carne” para no recoger después sólo “carne”. Por ello, un año más os propongo que hagáis un plan para este Adviento. Así lo estoy proponiendo en las penitencias que impongo estos días a las personas que se confiesan conmigo. Os doy algunas ideas que puedan ayudaros:
* En el ámbito espiritual sería bueno que 1) nos pudiéramos plantear el acudir más frecuentemente a la Eucaristía entre semana; 2) podemos meditar en la oración sobre las lecturas de la Biblia que se nos proponen en cada Misa; 3) podemos realizar una confesión en medio del tiempo de Adviento; 4) podemos frecuentar más el Sagrario como medio de cercanía a nuestro Amado Jesús.
* En el ámbito humano y familiar y de trabajo podemos luchar contra un defecto que se nos resiste o por fortalecer una virtud que el Señor nos pide con más ahínco. Por ejemplo, dejar algo más de lado la televisión, el ordenador, Internet, la lengua, los gastos-compras superfluos, los regalos superfluos, no tomar dulces navideños hasta el día 24 de diciembre por la noche, el hacer más tareas en casa o en nuestro trabajo o estudio, ser ordenados en nuestros horarios de levantarnos o de acostarnos, o ser puntuales en nuestras citas, sujetar el genio, mortificar el egoísmo o la soberbia, visitar enfermos o gente que sabemos que nos agradecerá un poco nuestro escuchar o nuestra presencia, dar dinero o cosas o “cacharritos” que no nos dejan movernos hacia el Amado Jesús. Ser más cariñosos con los que nos rodean, perdonar a los que nos ofenden, pedir perdón a los que herimos…
* En el ámbito pastoral o de apostolado, ver qué puedo hacer en la Iglesia, parroquia, movimiento… en los que Dios me ha puesto.

9 comentarios:

Pepitina dijo...

Nos dices del Adviento que es un tiempo de espera y esperanza y puede que sean las palabras que mas podamos desear vivir en este tiempo en el que todo se conoce, se sabe ó se tiene y a pesar de esto se vive en un gran vacio. Quizás por eso si darnos cuenta la gente en general gusta de preparar la Navidad, aunque lo haga de forma profana, esperando a Alguien ó algo, incluso un regalo pero que sea sorpresa.Necesitamos el Misterio, aquí, está todo tan sabido
Leía ayer que, este tiempo de Adviento siendo un tiempo de espera, no lo es de forma estática; hay que ponerse en camino. Decía:--María y José también caminan. Caminan hacia Belén. No esperan en casa la llegada del Niño. Caminan ...¡y se cansan!..hasta llegar a Belén.Y en Belén llega Jesús a sus vidas, para darles el descanso y la paz.-- Merece la pena hacer y apurar el camino por duro que sea a veces (tengo presente a esta mujer amiga tuya que está muriendo), cuando tenemos la certeza en Fe de que llegará nuestra Paz y Descanso, en el mismo Jesús, que vendrá, pero que continuamente pasa rozando apenas nuestro corazón; me gustó como lo dices, Pater.
--una muerte santa no se improvisa… y una vida santa tampoco--parece una frase lapidaria..y que cierta es. Esta buena mujer que ve la cercanía de Dios con tanta paz está preparando su Navidad - su muerte-, y con su fe y la paz que el Señor le concede va preparando también a su familia para la ausencia que sentirán. ¡¡de cuánto hemos de des-instalarnos, para estar realmente preparados para recibir a Cristo que viene.!!Le preparamos cosas y Él solo desea una, la única e importante,nuestro corazón.Intentaré revisar esas armas de la luz y así vestirme ó revestirme de Jesús, para identificarme con Él al menos un poquito.
¡¡VEN, SEÑOR JESÚS!! Ojalá esta jaculatoria tan preciosa nos acompañe estos dias de Espera, de manera profunda y especial.
Buena semana a todos.

Andrés Pérez Díaz dijo...

Querido Andrés:
Leí la Homilía y de repente me vino a la memoria lo que voy a transcribir hoy en el comentario.
“Sólo se espera lo que se cree que va a llegar” y se espera con alegría e ilusión, si eso que se espera, mejor dicho si a quien se espera es alguien que quieres de veras y sabes que él o ella también te quiere…
Estoy convencida de que, sin la fe y el amor, no tiene fuerza la esperanza, por lo tanto en este tiempo de Adviento, venida, espera, llegada…debemos dejarnos iluminar por esa fe, que aunque sea débil y tenue, nos haga fortalecer esa esperanza de que el Señor viene y viene a cada uno de nosotros, en cada momento, en cada acontecimiento de la vida, y que nos ama como nadie lo puede hacer…
Veo muy acertado el que no recuerdes que ni la vida, ni la muerte, se improvisan, son fruto de ese ser conscientes de que el que viene, es el Señor, (Como decían los Apóstoles, cuando se les aparecía después de Resucitado. De ahí ese Velar, estar vigilantes, darnos cuenta de que llega en cada momento, de que nos envuelve con su amor, si nos dejamos en sus manos amorosas de Padre o de Madre.
A mí me invita este Adviento a vivir así, consciente, no como un “Robot”, sino con la ilusión y la alegría de que me acompaña la persona que más y mejor me quiere, en esta vida y que se perpetuará en la eternidad feliz, de la que quiero disfrutar.
Comprendo perfectamente la actitud de la señora que describes en la Homilía. Esa lección maravillosa, me movió a escribir y sobretodo a intentar vivir el día a día intensamente la presencia del Señor, que llega, que llegará, cuya venida celebraremos en la Navidad.
Gracias Andrés, por la oportunidad que nos das de reflexionar, de compartir con otras personas esa reflexión y sobre todo por ayudarnos a vivir mejor este tiempo de espera, deseando llegar a la gran fiesta, no sólo de la Navidad, sino, el encuentro definitivo con el Señor.
Me uno a todas las reflexiones que hagan los que leen o escuchan tus Homilías, para todos mis mejores deseos de paz y felicidad.

José Manuel dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Siempre me acordaré de un sacerdote que repetía vivir todos los días de vuestra vida como si fueran el último.


Cuando alguien muere en gracia de DIOS y muere de una muerte lenta y consciente, puede describrir su todo lo que apercibe de allá arriba, como esta señora. Ella está entre dos mundos y puede sentir la paz de la Eternidad. Sabe de antemano que la otra vida es continuación de esta y que aquella no tiene punto de comparación a esta.

Morir para nacer a la eternidad definitiva en la cual todos nuestros deseos espirituales de amor quedarán más que cumplidos. El júbilo estallará en nuestro corazón como una explosión que llenará nuestra alma sedienta de amor, para comarla hasta la saciedad al lado de DIOS PADRE, HIJO, ESPIRITU SANTO y MADRE y nuestros seres queridos en la fiesta interminable. Sin más sufrimiento, temor o preocupación, porque todo eso habrá pasado ya.

Andrés Pérez Díaz dijo...

El segundo comentario, que pone que es de Andrés Pérez Díaz, en realidad es de Violeta. Sólo que "subí" desde mi ordenador el comentario y el blog lo identificó como mío, pero REPITO QUE ES DE VIOLETA.

Anónimo dijo...

Mi corazón se ha convulsionado cuando esta mañana, en directo, escuché la homolía.
Distinguiré dos partes,la más espiritual: la historia de la señora con enfermedad terminal que provoca en mi (y aquí si se puede decir) una sana envidia. Escucho que una muerte santa no se improvisa, lo mismo que una vida santa tampoco, pero la muerte santa es la consecuencia de la vida santa, es un claro caso de "causa-efecto".
Explicaré algo que pude comprobar en mí. Al profundizar en la fe, todo mi universo cambió, fué un cambio lento pero con "poso". La visión de todo se transformó, y la idea de la muerte empezó a dejarse sentir como menos terrible. Parece que una entereza especial me domina cuándo pienso en ella, ha cambiado la visión. Sé que estoy lejos de comportarme como la señora aludida, pero doy gracias a Dios por pacificar poco a poco mi espíritu ante tal circunstancia.¡Cómo ayuda la fe!
La segunda parte, más práctica, me abrió los ojos ante el consumismo innecesario. Intentaré no dejarme atrapar. También en esto cambió mi actitud gracias a la fe. Creo que el don de la fe nos llena de sentido común.
Gracias por esta gran homilía que nos ayuda a entrar en el Adviento.
Tendré presente a la persona enferma en mis oraciones. ¡Qué Dios la bendiga!
Un fuerte abrazo para todos.

meupi dijo...

Espero que el Señor me ayude a vivir un Adviento haciendo la mitad de las cosas que propones,porque si alguien es imperfecta,pues esa soy yo.
despues de tantos años fuera de la Iglesia me parece un regalo de Dios poder vivir con alegria estos tiempos liturgicos

Eva dijo...

Queridos dod@s:
Esta es una de esas homilias queno deja a nadie indiferente, y tampoco Jesús , como dice la frase: "Dios no me deja en paz pero me dejala paz", la historia de esta "santa" que has compartido con nosotros inevitablemente nos llega la corazón, pero la mejor es que todo loque dices y mas, es cierto, ya también tengo la gracia de conocerla, siempre tiene la palabra acertada y sin pronunciarlo muchas veces te habla de Dios, en un par de ocasiones me ha pasado que sin ella saberlo me dió la solución a el momento dificil que estaba atravesando pero ella no lo sabia, no le habia comentado nada, hablámos en general de todo un poco ymucho de Dios y al marcharme me regaló un librin pequeño que me dió la vida espiritual y todo asi con ella...
es un testimonio no sólo de fortaleza en este momento sino de vivir la vida y viivrla en plenitud, desde el Señor en todos los ambitos de su vida, es lo que se respira en su casa y en su familia...me atrevo a pediros que la encomendeis a ella y a su familia y también que nso sirva de testimonio para ver que ES POSIBLE!!
La segunda parte de la homilia, me dá por todos lados, todo es poco para intentar agradar4 a mi Dios y Señor, me gustaria recibir el sacaramento del perdón con más frecuencia aún, tengo tentaciones de hacerlo a diario, no me sobraria...eso y la oración es la fuerza que me hace seguir y luchar.
Espero en el Señor...Feliz Adviento.
un abrazo, Eva.

aloya dijo...

Realmente es extraordinaria la actitud ante la muerte de la amiga de D. Andrés, como él bien dice, no es de este mundo. El Señor habla por su boca, y está dejando un mensaje de paz y esperanza para los que se quedan. Su familia, se puede sentir aun dentro de su dolor, reconfortada por el testimonio que da esta mujer admirable. La encomiendo de todo corazón.
No tengo la más mínima duda de la existencia de otra vida mejor en la Casa del Padre, la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo nos deja abierta la puerta del Cielo, si caminamos en la fe. No obstante, en mi caso, aunque el problema parece resuelto, de momento, veo la muerte como un hecho traumático heredado con el pecado original. Nos preparamos durante toda nuestra vida para trascender a otra mejor, parece un contrasentido, en esta preparación para el cambio, hay sufrimiento, miedo, decepción ¿ no restan estas circunstancias paz y felicidad a los seres humanos, incluso estabilidad, a pesar de tener fe ? Dios nos creó para poblar la tierra y ser felices en ella, siguiendo sus Divinos preceptos ¿ Puede ser la idea de la muerte atractiva ? Es un hecho fisiológico más de nuestra naturaleza caduca, pero sigue siendo una misteriosa barrera, en la que solo la fe nos va a ayudar. La muerte, incluso la prevista por enfermedad, u otras circunstancias, no deja de sorprender a los humanos siempre, no avisa del momento, mejor para todos, es un gesto del Amor de Dios, llega, golpea nuestros corazones, y se desvanece hasta la próxima visita. Solo nos va a salvar una vida Santa como dice D. Andrés. Hoy como siempre, me pongo en manos del Señor, y espero de su misericordia, la ayuda de Padre, para cuando llegue mi hora.
Gracias D. Andrés por ofrecer este testimonio de la vida extraordinaria de su amiga.
Comparto totalmente con Vd., la idea de una Navidad, austera, vivida en la esperanza que nos trae el Niño Dios, y sin concesiones al consumismo desaforado, que nos impide avanzar en nuestra vida de fe y sobre todo, nos impide ver el sufrimiento real de otros hermanos que no pueden tener la " Navidad ", que nos venden por ahí.
Un abrazo a todos los amigos del blog. Me impresionan sus comentarios, me ayudan mucho.
Aloya

Olga dijo...

Impresiona la entereza de esta señora amiga de Andrés, es fruto de una vida que supo paso a paso aprovechar el momento de Dios, descubrir su llamada, hacer su voluntad en todos los momentos y circunstancias de su vida, descubrir el paso de Dios. ¡Que alegría y que paz para ella y para todos los que están a su lado!, perciben esas perlas fruto del AMOR DE DIOS Y DE LA RESPUESTA DE ELLA A ESTE AMOR. Por ello lo que nos dice Andrés “Esta mujer, como dice S. Pablo, sembró espíritu durante su vida, por eso ahora cosecha y recoge Espíritu”.
“una muerte santa no se improvisa… y una vida santa tampoco. El Señor pasa a nuestro lado a la hora de la muerte, pero igualmente pasa de modo constante para tocar nuestro corazón”.
Si, el toca mi corazón de muchísimas formas pero mi respuesta no es siempre la que quiere el Señor.
Me ha llegado por Internet esta reflexión quiero transcribirla a través del comentario:
“Este tiempo de Adviento es una nueva oportunidad que nos ofrece la liturgia de la Iglesia para recomponer nuestro camino y volvernos a Dios. Pero, evidentemente, nadie vuelve de donde no cree que esté. Por tanto, el primer paso para volvernos a Dios es hacernos concientes de que nos hemos alejado y que nuestros pasos nos están llevando, por lentamente que sea, lejos del amor de Dios, conduciéndonos hacia el vacío absoluto. No es fácil dar el paso de la conciencia lúcida que es capaz de reconocer la distancia que nos separa del amor. El hijo pródigo de la parábola evangélica, necesitó verse sumido en la miseria, sin poder comer ni siguiera las ‘algarrobas’ que les daban a los cerdos… (Lc. 15, 16). Pedro necesitó sentirse mirado amorosamente por su maestro… (Lc. 22, 61). Pablo tuvo que caer al suelo, sintiéndose fulminado por una luz que lo dejó ciego por varios días… (Hch. 9, 4). Ignacio de Loyola necesitó que una bombarda de cañón le dejara una pierna rota y otra muy maltrecha…
Distintas experiencias que invitan a regresar a la casa del Padre… ¿Por dónde nos conducirá el Señor a nosotros? ¿Nos llevará hacia Él a través de una enfermedad o un golpe de dolor? ¿Nos atraerá como la miel atrae a las abejas? ¿Nos seducirá como un enamorado busca atrapar al amor de sus sueños? Cada uno de nosotros tiene un camino nuevo e intransitado para ir a Dios, como bien dice el poeta español, León Felipe:
“Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios por el mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre,
guarda un rayo nuevo
de luz el sol,
y un camino virgen Dios”.
Revisa tu camino y descubre las llamadas que Dios te está haciendo para que vuelvas a Él. Aprovecha este tiempo de Adviento para regresar a la casa del Padre y déjate atraer por su amor infinito, que no quiere otra cosa sino darte vida y vida en abundancia (Jn. 10, 10). No rechaces las invitaciones del Señor, así vengan vestidas de fracaso o de éxito, de alegría o de dolor. Todas ellas son regalos de Dios para ti en esta Navidad que se acerca”.
VEN SEÑOR JESÚS, transforma mi corazón, nuestro corazón, que tu gracia nos acompañe, para que dejemos las actividades de las tinieblas y andemos como en pleno día, con dignidad.
Un abrazo para todos los amigos del blog y que nuestro adviento sea lo que nos dice Andrés hoy en la homilía: “tiempo de espera y esperanza, un tiempo de ilusión y de oración, tiempo de preparación a la venida del Señor”
Olga