miércoles, 14 de noviembre de 2007

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (C)

18-11-2007 DOMINGO XXXIII TIEMPO ORDINARIO (C)
Mlq. 4, 1-2a; 3, 19-20; Slm. 97; 2 Ts. 3, 7-12; Lc. 21, 5-19
Queridos hermanos:
Estamos ante el penúltimo domingo del este año litúrgico. El siguiente domingo será ya el de Cristo Rey y con él terminaremos el año. Habitualmente en este mes de noviembre la Iglesia nos propone lecturas y evangelios que nos hablan de muerte, de resurrección, del fin del mundo y de persecuciones. En efecto, en el evangelio de hoy se nos dice por parte de Jesucristo: “Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio […] Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.” Jesús nos habla a sus discípulos y nos anuncia que, por seguirlo a él, por ser discípulos suyos seremos perseguidos de un modo u otro: nos arrastrarán a la cárcel, nos quitarán los bienes, nos quitarán la fama, nos quitarán el trabajo, seremos traicionados por nuestros propios amigos y familiares más íntimos, nos odiarán, se burlarán de nosotros. Nos pondrán en la disyuntiva de decidirnos por conservar nuestros bienes materiales o nuestra fe, por conservar nuestra fama ante los demás o nuestra fe, por conservar nuestro trabajo o nuestra fe, por conservar nuestros amigos o nuestra fe, por conservar nuestros familiares más íntimos o nuestra fe… ¡¡Qué duro resulta caminar contra corriente y en la más espantosa de las soledades cuando queremos ser fieles a Dios!! Pero Jesús nos dice que, si perseveramos en nuestra fe y en nuestro amor a Dios Padre, salvaremos nuestras almas.
Desde la experiencia de la Iglesia y de tantos y tantos cristianos sabemos que hay persecuciones cruentas, es decir, con derramamiento de sangre. Un caso que cuento con mucha frecuencia se refiere a una niña que vivía en El Salvador hacia 1980. Tenía unos 12 años. En su aldea no estaba habitualmente el sacerdote, sino que éste iba por allí cada 3 ó 4 meses. Había en la aldea una capilla en donde se reunía cada domingo la comunidad de creyentes, leían la Palabra de Dios, oraban y cantaban a Dios. En aquellos momentos existía en el país una confrontación entre el ejército y los guerrilleros. Pues bien, un domingo llegó una patrulla del ejército al poblado y entró en la capilla. Casi toda la gente de la aldea estaba en aquel recinto. El capitán con una pistola en la mano les acusó a todos de ser guerrilleros y la gente lo negaba. El capitán cogió el crucifijo que estaba sobre el altar, lo tiró al suelo y ordenó que fueran saliendo todos, pero, antes de salir, debían de escupir al crucifijo. Quien no lo hiciera así, sería fusilado. Hubo un silencio muy tenso y, al cabo de unos minutos interminables, salió primero un hombre de la aldea y escupió al Cristo. El escupitajo le cayó en pleno rostro a Jesús. Inmediatamente se adelantó la niña de 12 años, se arrodilló ante el crucifijo y aplicó sus labios en donde había caído el escupitajo y besó a su Amado Jesús. El capitán, al ver aquello, aplicó la pistola a la cabeza de la niña, le pegó un tiro y la mató. El padre de la niña se tiró a su hija y la abrazaba llorando. El capitán se quedó cortado y ordenó a sus hombres retirarse del poblado. Esta niña murió por Jesús y salvó su alma. Yo me pregunto en muchas ocasiones qué habrá sido del hombre que salvó su vida al escupir el crucifijo, y rezo por él y por mí, porque yo soy él en muchas ocasiones.
En otras ocasiones hay también persecuciones incruentas, es decir, sin derramamiento de sangre. Estas últimas son las que más, estadísticamente hablando, nos pueden tocar a nosotros. Como dice el Papa Benedicto XVI en su libro de Jesús de Nazaret, para esta sociedad moderna y occidental la fe en Dios debe de estar circunscrita únicamente al ámbito privado e íntimo de la persona y no debe de salir al exterior (pg. 60). Si sale al exterior, entonces se pueden producir burlas y desprecios. Voy a contaros algún ejemplo de esto: 1) Recuerdo el caso de un soldado, cuando existía el servicio militar en España, que, a la hora de acostarse en el pabellón de literas, él se arrodilló, como hacía habitualmente en su casa antes de acostarse, y se pudo a orar. Sus compañeros reclutas que lo vieron en esta postura se arremolinaros a su alrededor y comenzaron a mofarse de él. Un capitán que pasaba por allí, al ver el tumulto y pensando que podía ser una broma pesada que gastaran a un novato, se acercó para poner orden. De un vistazo se dio cuenta de la situación y les dijo a todos que aquel chaval tenía más “coj…” que todos los demás juntos, pues estaba rezando a Dios independientemente de lo que pensaran o dijeran el resto, mientras que ellos nunca se atreverían a mofarse de este chico de uno en uno. 2) Hace un tiempo leí en un libro, que se titula “Ligar con Dios” en donde unas chicas, que se metieron a monjas de clausura, cuentan alguna experiencia de burla por defender su fe: “Me acuerdo ahora de un desprecio que sufrí. Conocía a un chico al que intentaba “convertir”; discutía con él sobre la existencia de Dios o la virginidad de María. Yo no sé de dónde me salían las palabras, pero tenía un celo infatigable por la gloria de Dios. Un día, en que vi a ese chico hablando con sus amigos –había mucha gente alrededor- noté que no cesaban de mirarme y se reían entre sí. De pronto, se me acerca y me dice: ‘Oye, tú que tanto defiendes a Cristo y sigues el Evangelio, si te abofeteo en una mejilla, ¿pones la otra?’ Yo me quedé parada unos instantes, sin saber qué responderle. Veía a los amigos riéndose y a tanta gente a nuestro alrededor… Si decía que sí, me iba a llevar unos cuantos tortazos; y si decía que no en ese momento, era para mí traicionar a Jesús, siguiéndole con palabras y no con obras. Entera y serena le dije: ‘Sí, la pongo’ En décimas de segundo me arreó un tortazo en una mejilla y me dijo: ‘¿Pones la otra?’ Yo, con los ojos en el suelo y colorada de vergüenza, le dije: ‘Sí’. Y me pegó una y otra y otra vez… De repente, se quedó confundido, y paró. La gente no me sacaba ojo; los amigos se quedaron corridos y él aún más. Yo le miré y le dije: ‘¿No sigues?’ Hubo un silencio y continué: ‘Yo seguiré siempre a Cristo, aunque tenga que poner mil veces la mejilla’. Y viendo que no me decía nada, me fui ‘alegre de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.’” 3) Teniendo yo 16 años y estando cursando 6º de bachiller en el Instituto de Virgen de la Luz de Avilés se me acercó un compañero y me preguntó si era cierto que yo iba a ir para el Seminario el curso siguiente. Esto sí que era cierto, pues COU ya lo cursé en Oviedo. Pensé que, si decía que sí, iba a ser la rechifla de todos mis compañeros el resto del curso escolar y entonces dije que no al que me preguntaba, le dije que no era cierto. Aquella negativa mía por miedo a la burla me acompaña en muchas ocasiones. Le pedí perdón a Dios por ello muchas veces y sé que, a pesar de todo lo que Jesús hizo por mí siempre, yo soy capaz de volver a hacerlo, es decir, soy capaz negarle una vez más como Pedro, o de traicionarle como Judas.
¡¡Señor, concédenos ser siempre fieles a ti y a tu santo evangelio en medio de las persecuciones cruentas e incruentas, y nunca te separes de nosotros para que así podamos SALVAR NUESTRAS ALMAS. Amén!!

9 comentarios:

Aloya dijo...

No solo se niega explícitamente con la palabra a Jesús, la intolerancia, la falta de misericordia, el egoismo, la soberbia,etc., son caminos abiertos en la vida cotidiana, para negar la presencia y la vinculación con Jesús. Contra estas situaciones, solo cabe hacer el dificil ejercicio de " ostentación de la fe ", con el riesgo de oir alguna necedad, pero vale la pena intentarlo.
¡ Cúanto debió Jesús de querer a Pedro, cuando le encomendó el gobierno de su Iglesia ! No se acordó de sus debilidades.
Todos somos Pedro..., pero Jesus, es la Misericordia infinita, así que tranquilos, El nos quiere tal y como somos. Estamos en su proyecto, y si hoy hemos sido débiles para testimoniarle, mañana nos dará renovadas energías para proclamar nuestra fe, porque sólo El, sabe leer en nuestro corazón arrepentido.
D. Andrés, yo hubiera contestado lo mismo que Vd. a la pregunta de sus compañeros de Instituto, todos sabemos como se " las gasta " el personal en un caso así. En esos momentos Jesús estaba " ocupado en otras cosas ", ni se enteró. Como a Pedro, a Vd., le tenía reservado el Ministerio Sacerdotal, desde donde nos ayuda e instruye en la Palabra del Señor, El le ha elegido, ¡ enhorabuena ! Que Dios le bendiga.
Un abrazo a todos los amigos del blog.
Aloya

Anónimo dijo...

Son impresionantes las palabras que nos trasmite el Señor a través del evangelio de este domingo y tal vez nos pueden causas pánico y angustia, pero si lo miramos bajo la perspectiva cristina son noticia de salvación.
Hoy de una manera especial nos invita a enfrentarnos con lucidez y responsabilidad a una vida que se nos presenta con grandes dificultades de todo tipo, catástrofes, guerras, inundaciones, terremotos, muertes violentas, de conflictos humanos, todo ello porque el hombre ha destruido y se ha negado a VIVIR SEGÚN EL QUERER, EL PLAN DE DIOS, y en lo que tiene que ver con los que lo queremos seguir, los que intentamos vivir a pesar de nuestra débil condición humana, el evangelio, tenemos que enfrentarnos a burlas, indiferencia de los que están a nuestro lado o muy cerca de nosotros, incomprensión, juicios etc.etc... Pero en el mismo evangelio de hoy Jesús nos promete su ayuda, su asistencia en todos estos momentos difíciles y en todas estas situaciones y es: “haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrán hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro”. Y fue así como esta niña de El Salvador pudo con valentía hacer frente y morir por Jesús. Fue así como estas chicas que se metieron de monjas de clausura pudieron ser fuertes ante esas burlas por defender su fe y fue así también como a pesar de decir NO por temor a una rechifla, por miedo a la burla el Señor asiste con su LUZ a Andrés para pedir perdón por haberle negado y escucha en lo profundo de su corazón que a pesar de la debilidad y de nuestro barro podemos cambiar el NO por un SI definitivo de SEGUIMIENTO Y DE FIDELIDAD.
También hoy el Señor me invita a trabajar por adquirir en mi vida o por crecer en varias virtudes: No perder LA CALMA, CONFIAR, mantener LA FIRMEZA, ser CONSTANTE y PERSEVERANTE, resistir las tribulaciones por pequeñas o grandes que sean y de una manera especial a ser TESTIGO de DIOS AMOR, en este mundo de sinsentido de la vida, de odio y de convulsión que nos está tocando vivir.
EL señor nos siga asistiendo con su Espíritu, nos conceda la fidelidad en el Don que hemos recibido de Él y con nuestra tarea iremos haciendo vida lo que también se nos dice en el Evangelio de este domingo “CON VUESTRA PERSEVERANCIA SALVAREIS VUESTRAS ALMAS”
Un abrazo y una feliz semana para todos, de una manera especial los amigos del Blog.
GRACIAS HOY Y SIEMPRE porque vuestros comentarios me acercan más a Dios.
Olga

José Manuel dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Como bien dices: "nos arrastrarán a la cárcel, nos quitarán los bienes, nos quitarán la fama, nos quitarán el trabajo, seremos traicionados por nuestros propios amigos y familiares más íntimos, nos odiarán, se burlarán de nosotros".

Ocurra lo que sea, quitennos todo hasta la vida, pero que no nos quiten la fe, por renegar de DIOS o JESUCRISTO, eso jamás, Pues:

¿De qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si se pierde así mismo? (San Lucas, 9, 25)

Pablo dijo...

No llegaremos muy lejos con esta iglesia de cobardes, donde no nos fiamos de dios, y ahora lo estamos pagando.
No convencemos, no somos ejemplos de nada y aún a veces creemos que hacemos la voluntad de Dios, mejor que otros.
Sé por experiencia lo que sentí una vez al negar a Cristo delante de todos, y le prometí que nunca más, y desde entonces intento endurecer el rostro como pedernal como lo hizo Cristo y seguir hacia delante.
Es muy duro dar testimonio fuera de la sacristía, pero lo prefiero mil veces que tener el amargo sabor de la traición en mis labios al decir que no Le conozco.
Tenemos que fijarnos en el testimonio de los mártires, que no dudaron, no amron tanto su vida que temieran la muerte.Encomendémonos todos los días a ellos, como lo hacía el Papa Pio XII, en momentos más difíciles que los que la iglesia vive ahora, y notaremos como ellos hablan a Dios por nosotros.

mariangeles dijo...

Desde Valdemoro (Madrid) sigo sus homilías las cuales me encantan por la sencillez y claridad que hay en ellas.
Por mucho que juremos y digamos que nunca negaremos al Señor, no sabemos como reacionariamos si nos encontraramos en esa situación ¡ojalá fueramos valientes y no le negaramos nunca!, pero somos débiles y si lo hiciesemos El nos perdonaría porque El es Amor y día tras día nos perdona las faltas que cometemos sin dejar de amarnos.
¡Que Dios le Bendiga!

José Ramón dijo...

Andrés: Por primera vez escuché tu homilia en audio.- Ya la había leído, pero noté una gran diferencia.-Anteriormente la leía y luego te oía.-Si hay personas que solamente las lean y no tengan la posibilidad de escucharte " en directo ", sería conveniente, es mi criterio, que se les aconseje oírlas por este medio.- Gracias.-

Pepitina dijo...

¡¡Cuánto me ha revuelto este evangelio, que en un principio pude pensar que había sido "tan leído"!! Esta vez entró en mi corazón y llevo dias enfrentándome a mis múltiples y distintas infidelidades al Señor y ¡¡con tal dolor!!, que no sabría explicarme. Si he recordado una ocasión, en la que me negué a escucharLe, pues "veía" lo que se me venía encima..era duro, demasíado para mi y huí. Siendo consciente de esa huída, continué la carrera en dirección contraria y el corazón se me endureció. Estábamos Él y yo solos, pero le negué, me negué a escuchar Su voz en mi corazón.¡¡cuantísimo dolor a continuación!! Pero el Señor no nos deja y si huí de sus brazos, también he de decir que me hizo aterrizar en otros- los de mi director espititual, que eran continuación de los Suyos- y esta vez si que NO ME DEJÓ ESCAPAR.Aquella infidelidad me enseñó a ser un poco mas humilde, comprensiva ante los fallos y debilidades ajenas, porque no hay duda de que nuestro Dios, escribe derecho incluso en los renglones torcidos de nuestro pecado.
Un fuerte abrazo para todos.

Anónimo dijo...

Es cierto que en muchas ocasiones negamos a Dios en clase, en el trabajo, con nuestros amigos...
Sólo nos atrevemos a hablar de Él cuando alguien mas es creyente, entonces sí, salimos en su defensa y nos enfrentamos aquien sea.
¡Que cobardes somos! ¡Que cobarde soy!
Sin embargo cuando ante una situación de blasfemia a Dios salimos ante su defensa hay veces que no me reconozco las palabras que digo a mis compañeros, no entiendo por qué siento esta paz y mansedumbre delante de esas fieras que tiene salida para todo, hasta intentar llegar a convencer que lo que yo defiendo no tiene sentido, no merece la pena.
¡No estamos solos! Ya lo dice el evangelio, esa pa y saber expresarse que a veces experimentamos solo te lo da Dios, es como un agradecimiento por salir en su defensa y la alegría y tranquilidad que recibes solo puede proceder de Él.
Señór ayúdame a tener mas coraje par defenderte, para hablar de tí. Los católicos siempre hemos sido perseguidos y hoy no serán menos que mañana.

samalea dijo...

El Evangelio de este domingo no afirma que la vida será un camino fácil. No promete una existencia histórica dichosa. Habla de dificultades y persecuciones, pero no lo hace para meter miedo, sino para que este prevenida y entrenada. No me dice que ser cristiano sea una vida fácil. Exige sacrificios, vencer dificultades, pero me asegura que Él, el Maestro y Señor, estará a mi lado para darme aliento.
Me llamaba la atención el final del Evangelio cuando dice: “Con vuestra perseverancia salvareis vuestras almas” Y yo pienso que la perseverancia en mi vida es la de Dios.
Entre a hacer oración en la parroquia y me encontré con los niños del catecismo e hice memoria de mi vida (ahora que esta tan de moda la memoria histórica). Recordaba cuando yo estaba en el catecismo, y tantos años redescubriendo mi fe e intentando hacer vida en mi la Palabra que escuchaba. Y pensé: ¡Qué paciente ha tenido Dios conmigo! Que constancia, que perseverancia la del Señor para que yo no me perdiera.
Siento un gran agradecimiento al Señor porque ha estado siempre a mi lado, en los momentos buenos y en los malos, siempre me he sentido protegida por el Señor. Sin importarle que yo lo negara o me olvidara de El. ¡Pero El nunca se ha olvidado de mi!
Y digo como San Pablo (Romamos 8,38-39) “Que ni la muerte ni la vida, ni el presente ni el futuro ni cualquier otra criatura puede separarnos del amor de Dios, el amor que él nos mostró visiblemente en Cristo Jesús, Señor nuestro”
La paz