jueves, 6 de octubre de 2016

Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (C)



9-10-2016                   DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO (C)
                                                       2 Re. 5, 14-17; Slm. 97; 2 Tim. 2, 8-13; Lc. 17, 11-19
            - El Evangelio de hoy nos presenta a 10 leprosos. Como os decía el domingo pasado, la lepra era (y es) una enfermedad terrible: en los afectados se pudre la carne y se cae a pedazos. En los tiempos de Jesús, el leproso se tenía que apartar de la gente y vivir como un apesta­do. Los leprosos, al caminar, debían ir tocando la campanilla para que, al acercarse uno sano, éste pudiese tener tiempo de apartarse. Los leprosos no podían ir a los pueblos. Si estaban casados y con hijos, debían salir de su casa… Por eso, ser leproso era de lo peor que le podía pasar a una persona. Pues bien, Jesús se encuentra con 10 de estos enfermos y le dicen: “-Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Jesús cura a los 10 enfermos, pero sólo uno vuelve para dar gracias. A los otros… sólo les interesaba curarse. Nada más.
Hay gente que va a Lour­des o a Fátima para curarse. Tienen mucha fe en Dios o en la Virgen María, pero… si no les cura, si no se atiende sus peticiones, esa fe se tambalea. Hace un tiempo fue una familia a Covadonga. La mujer me contaba cómo había transcurrido el día y me decía que le había pedido a la Santina SALUD. Yo le dije que era más importante pedir a la Santina la FE. Ella me respondió que lo que a ella le interesaba era la salud para ella y para su familia.
            - ¿Qué es más importante: la SALUD o la FE? Pues depende a quién preguntemos:
* Si le preguntamos a Dios, ¿qué nos dirá?
* Si le preguntamos a un santo, ¿qué nos dirá?
* Si le preguntamos a nuestros seres queridos… ya difuntos, ¿qué nos dirán?
* Si le preguntamos a un ateo, ¿qué nos dirá?
* Si le preguntamos a un anciano con muchos achaques, ¿qué nos dirá?
* Si le preguntamos a un joven sano y fuerte, ¿qué nos dirá?
* Si le preguntamos a un enfermo crónico, ¿qué nos dirá?
* Si nos preguntan a nosotros, ¿qué diremos?
            Algunas respuestas: Hablando en general, veo que en el mundo que nos rodea, quienes no tienen fe, no dan ninguna o poca importancia a no tener fe. También veo que quienes no tienen salud, dan mucha importancia a esta falta de salud y desearían mucho recobrarla: poder moverse como antes, poder dormir como antes, poder comer como antes, no tener dolores, no tener ese cáncer… Asimismo veo que quienes tenemos salud, damos poca importancia (no en teoría, pero sí de hecho) a la salud. Sólo le damos la importancia debida cuando la perdemos. A aquellos que tenemos salud puede pasarnos como al zapatero del cuento: Dios tomó forma de mendigo y bajó al pueblo; buscó la casa del zapatero y le dijo: ‘Hermano, soy muy pobre, no tengo una sola moneda en la bolsa, estas son mis únicas sandalias y están rotas, si tú me hicieras el favor...’. El zapatero le dijo: ‘Estoy cansado de que todos vengan a pedir y nadie a dar’. El Señor le dijo: ‘Yo puedo darte lo que tú necesitas’. El zapatero desconfiado viendo al mendigo, le preguntó: ‘¿Tú podrías darme el millón de dólares que necesito para ser feliz?’ El Señor le dijo: ‘Yo puedo darte diez veces eso, pero a cambio de algo’. El zapatero preguntó: ‘¿A cambio de qué?’ ‘A cambio... a cambio de tus piernas’. El zapatero respondió: ‘¿Para qué quiero yo diez millones de dólares si no voy a poder caminar?’ Entonces el Señor le dijo: ‘Puedo darte cien millones de dólares a cambio... de tus brazos’. El zapatero respondió: ‘¿Para qué quiero yo cien millones de dólares si ni siquiera voy a poder comer solo?’ Entonces el Señor le dijo: ‘Bueno, puedo darte mil millones de dólares a cambio de tus ojos’. El zapatero pensó un poco y respondió: ‘¿Para qué quiero yo mil millones de dólares si no voy a poder ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos...?’ Entonces el Señor le dijo: ‘Ah, hermano, hermano, qué fortuna tienes y no te das cuenta’”. Sí, en tantas ocasiones valoramos lo que nos falta y no lo que poseemos. La salud física y psíquica es muy importante y sólo nos damos cuenta de ello cuando nos falta. La salud es un don de Dios y hemos de valorarla y protegerla. Pero también es verdad que, desde el punto de vista cristiano, sabemos que la salud no es un bien absoluto ni eterno. En algún momento de nuestra vida se nos acaba la salud, y en tantas ocasiones he oído a familiares que estaba dispuestos a perder su salud con tal de que otros seres queridos quedaran libres de las enfermedades. Pienso en los padres que rezan y desean que los males de sus hijos les pasen a ellos.
            - Volvamos al evangelio de hoy. Se nos narra que sólo uno de los leprosos curados volvió para dar gracias a Jesús por la sanación. A los otros nueve únicamente les interesaba de Jesús su poder de curación. No les importaba su mensaje, su evangelio, si era Dios o no era Dios, si era profeta o no era profeta, si iba a morir en la cruz o no… Sólo les importaba quitar esa lacra y esa enfermedad de encima, y volver a vivir como antes: en medio de su familia, de sus amigos, de sus idas y venidas…
Pero había un décimo leproso, y que además no era judío (no era del pueblo escogido), al que le importaba su curación física, pero también le importaba ser agradecido y conocer más de la persona a la que debía su salud. Este décimo leproso era un hombre de fe y, por eso, Jesús le dijo: “-Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. Ahora Jesús le da, no solo la curación, sino y sobre todo le da la salvación que procede de su fe. La curación física afecta sólo al cuerpo… y hasta que no salga otra enfermedad o hasta la muerte. Después se acabó. La salvación que Jesús da al hombre afecta a todo el hombre y pasa más allá de la muerte y dura toda la eternidad. Por eso, digo que es más importante la fe que la salud. Las dos cosas son buenas y se han de buscar y desear, pero es mucho más importante la fe que la salud, porque es mucho más importante Dios que este cuerpo perecedero que poseemos.

6 comentarios:

Ana dijo...

Buenos días ¡, con esta bella homilia y el final solo puedo decir Amen !,,,
Gracias Andrés por ser tan claro en tus palabras

milagros dijo...

Después de leer y meditar esta homilía solo me queda decir gracias Señor por todo lo que das cada día y gracias a Vd.por sus constantes enseñanzas.un saludo

Anónimo dijo...

Estoy completamente de acuerdo en que es mucho más importante la fe que la salud, aunque las dos cosas son importantes y van muy juntas. Jesús, en los Evangelios, siempre cura a los enfermos, y aprovecha esa curación para suscitar en ellos la fe, o viceversa.

Mi experiencia reciente de cuidar a una persona muy querida que estaba enferma, es que metiendo a Jesús en medio de la enfermedad y de los cuidados, todo es mucho más fácil. Te va quitando la incertidumbre y la angustia ante la enfermedad, y te va dando más ternura, más cariño y más serenidad para cuidar al enfermo.

Don Andrés me dijo una vez que Dios mete dentro de nosotros el amor que tenemos a las personas, y que todo lo que hacemos por ellas (quererlas, cuidarlas), no es por nuestro amor, sino por el amor que Dios nos dio.

Feli dijo...

Ayer ,en la misa de la Residencia de Villamil,me encantó la homilía,que era la salud o el dinero. los residentes se daban cuenta,que la situación de ellos, no es la más feliz,pero siempre hay que dar gracias a Dios porque tienen manos y piernas,alguno esta en la silla de ruedas,pero tienen quién los cuide y los limpie.Para mí la salud es algo muy importante,pero la salud que Dios me da, con la fe,es algo impagable,serenidad,amor hacía los demás,alegría,eso es lo máximo.También tristeza,por las cosas mal hechas,pero nos da la fuerza para coger impulso.Un paso atrás,siempre debe ser para coger impulso. Un abrazo ,y que Dios siga llenándonos en la salud de la fe.

Anónimo dijo...

Me parece preciosa esta homilía que me pone delante, que es lo realmente importante para mi; he de decir que estoy pasando momentos díficiles, pero me doy cuenta de una cosa, y es que cuando puedo levantar mi alma hacia Dios, lo que me sale del corazón es: Señor dame la fe; dales la fe a mis hijos y a mis nietos; porque es cierto que necesitan, necesitamos muchas cosas, entre ellas la salud; pero desde luego, si me falta la fe nada tengo, nada me llena, no tengo donde agarrarme ni a quién recurrir, me falta el apoyo y el consuelo que solo Dios sabe dar; es por eso que lo primero que pido es la fe; teniendo fe tengo esperanza, y la certeza de que ese Jesús que me quiere tanto, que no alcanzo a entender, ese Jesús está a mi lado, y al lado de los míos es todos sus sufrimientos y problemas, dispuesto a fortalecernos y consolarnos; y llevándonos a comprender que nuestra cruz, que yo quitaría de mi vida, pués es lo que me acerca mas a Dios, y me ayuda a compartir y "entender" su sacrificio y total entrega por Amor a mi. Muchas gracias¡¡¡¡
BENDITO SEA DIOS

pepitina dijo...

La Palabra de Dios y la homilía de D. Andrés ayudándonos a profundizarla, sacan de vuestros corazones unas reflexiones preciosas y que me emocionan. Gracias por vuestros comentarios; quizás os falte salud, pero no la Fe desde luego.
Feliz día del Pilar! La Virgen está con estas parroquias de Tapia que caminan en Fe de la mano de su párroco.
Un abrazo